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   Por la independencia de Suecia y la democratización de Cuba
por Carlos Manuel Estefanía
Director de la revista "Cuba Nuestra"
Estocolmo

Carta abierta al gobierno Sueco

El 6 de octubre de 2006, en la presentación del programa y de los ministros de su gobierno, el señor Fredrik Raifeldt expresó el compromiso de contribuir, de una manera concreta, a impulsar la democracia en Cuba y Bielorrusia. Siendo Cuba Nuestra una publicación especializada en el tema del movimiento democrático cubano, la primera y más antigua de su género en Escandinavia, aparecida en 1995, consideramos oportuno este momento para recomendar a la nueva administración sueca los pasos necesarios para facilitar el tránsito en la isla de un modelo político autoritario y unidireccional a otro que garantice la mayor participación posible del pueblo en la toma de las decisiones que atañen a su estado, economía y sociedad. Lo hacemos conscientes de la necesidad que tienen éste y otros gobiernos de la Unión Europea de tener claro cuál es el camino que debe seguir la solidaridad con Cuba. Asimismo, nos enfrentamos con esta carta a la confusión sembrada en distintos punto de la vieja Europa por organizaciones y activistas, vinculados a los sectores más irracionales del exilio cubano en Miami. Nos referimos a los que asumen, por dinero, ineptitud o ideología, la tarea de transformar el respaldo de los europeos a la liberación de los cubanos en el sometimiento de Europa a la equivocada estrategia norteamericana hacia la isla caribeña. Esto sólo beneficia al régimen de La Habana, facilitándole el trabajo a quienes le defienden a capa y espada en este continente. Como se ve, también en el caso de Cuba los extremos se encuentran y eso hay que evitarlo. Si otros, con el fin de lograr el aplauso o el dinero que viene de Estados Unidos, están dispuestos a tirar por la borda su experiencia en Cuba, así como las lecciones que se desprenden de las revoluciones de 1989 en Europa Oriental, ése no es el caso de quien firma esta carta. Colocamos, por tanto, nuestro intelecto al servicio de Suecia y de Cuba, proclamando la necesidad de independencia de la primera, para que pueda contribuir con inteligencia y efectividad a la democratización de la segunda.

Consideramos que para ayudar a Cuba, Suecia no debe involucrarse en proyectos que pasan de ser anticastristas para convertirse en anticubanos por las consecuencias que se pueden derivar de ellos. No queremos que un gobierno sueco, mal aconsejado, termine contribuyendo a mantener viva la popularidad del lo que un día fue la revolución cubana, mientras obstaculiza sin querer la aparición, dentro de las estructuras cubanas, de un Alexander Dubcek o un Mijail Gorbachov, capaz de emprender desde arriba la reforma que Cuba necesita. Queremos que Suecia, en lugar de debilitar, como hacen los Estados Unidos, impulse el ascenso en Cuba de quienes mañana se convertirán en viabilizadores internos de una transición democrática. Queremos que la nación escandinava se convierta en la auspiciadora de éstos, ayudando a que en Cuba aparezcan figuras como las hubo en las transiciones de España y de Europa Oriental: personalidades que, pese a su impoluta hoja de servicio al régimen, resultaron figuras claves del cambio, como fueron: en España, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez González; en Polonia, Wojciech Jaruzelski; en Checoslovaquia, Ladislak Adamec; en Hungría, Gyula Horn, Imre Pozsgay, Rezso Nyers y Miklós Németh; y en Alemania Oriental, el todavía comunista Egon Krenz. Se trata de nombres olvidados, pero que en su momento jugaron un rol fundamental. Fueron líderes que, al optar por el diálogo en lugar de la represión, completaron la labor de opositores como Lech Walesa. Por ello, es necesaria una política de distensión e intercambios entre los estados, de la que Suecia debe ser ejemplo. Esto no excluye críticas y denuncias a las violaciones de los derechos humanos en el país latinoamericano. En lo que no debe caer el gobierno sueco es en esa confrontación permanente que existe entre Estados Unidos y la isla, que es a donde se intenta arrastrar a Suecia desde Miami. Para lograr este objetivo, se parte de la falacia de que la oposición es el único sujeto del cambio en Cuba, omitiéndose el rol que juega en este proceso el desarrollo de elementos democratizadores en el interior del sistema y que terminan por desencadenar su crisis. Hablamos de una maduración que, lejos de acelerarse, se inhibe con las medias de congelamiento o aislamiento.

No se trata de apoyar al estado comunista en todas sus manifestaciones. Suecia debe saber distinguir entre aquellas actividades que responden a objetivos meramente propagandísticos o represivos, y aquellas que benefician al pueblo, como pueden ser proyectos de salud, culturales, alimenticios etc. Con respecto a los segundos, el gobierno de Suecia debe seguir facilitando la presencia de organizaciones no gubernamentales suecas en la isla, como es el caso de Erikshjälp y cualquier otra que no esté sometida, desde el punto de vista ideológico, al gobierno de la isla. Asimismo, debe fomentar encuentros entre profesionales de la isla y el país escandinavo, de modo que estos creadores de opinión por excelencia puedan difundir en Cuba los aspectos positivos y también negativos de la sociedad sueca, como referencia útil de hacia donde ir cuando los cubanos puedan dejar atrás el totalitarismo.

Del mismo modo, el gobierno sueco no está obligado a comprometerse con cualquier manifestación de anticastrismo, por el simple hecho de que se proclame como democrática. Tanto fuera como dentro de Cuba existen grupos antigubernamentales con los que los partidos que conforman la coalición que hoy gobierna en Suecia deberían marcar distancia. Un ejemplo lo tenemos en la organización favorita de los sectores intransigentes del exilio cubano, la llamada Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba. La directiva de esta organización no ha tenido el menor escrúpulo en solicitar que Estados Unidos no cese con las sanciones económicas contra Cuba y, cual si fuera poco, intenta involucrar, sin éxito afortunadamente, al Proyecto de Bibliotecas Independientes en la campaña lanzada desde Miami bajo el título "yo no coopero", en la que se llama además a no colaborar con las "actividades económicas de producción del régimen. El problema es que en un país de economía centralizada, no existe diferencia entre actividades económicas del gobierno y las de la nación, algo que muy bien conoce la economista ex comunista Martha Beatriz Roque, líder de la APSC. Se trata, pues, de fomentar un boicot económico, que solamente afecta al pueblo y por tanto resulta inadmisible. El daño que le hace la línea de esta organización al proceso democratizador es bien conocida por el régimen. Suecia debe evitar involucrarse con grupos que promueven, en términos generales, lo que no acepta en ella, como es la desobediencia civil. En primer lugar, porque se trata de una propuesta suicida, que activaría la violencia en un país donde la represión es despiadada y bien organizada -menos implacable que en los años sesentas admitámoslo, pero mucho más dura de lo que lo era en los países comunistas a finales de los ochenta-; en segundo, porque de tener éxito esta "desobediencia" sobrevendría un caos. Así aparecería el único motivo capaz de desencadenar una intervención de Estados Unidos en Cuba, que la transformaría en un segundo Irak o algo peor. No es eso lo que Suecia debe desear para Cuba.

Suecia debe avalar con su solidaridad expresiones auténticamente independientes, como la que representan las damas de blanco en su lucha pacífica por la liberación de los prisioneros de conciencia de la primavera del 2005; como el programa Todos cubanos que impulsa el Movimiento Cristiano Liberación para incorporar a la ciudadanía a la reflexión sobre sus derechos y al trabajo pacífico que conduzca al control democrático de las instituciones por parte del pueblo, todo sobre la base del respeto de la legalidad vigente. Otra iniciativa que merece el respaldo pleno del gobierno de Suecia, por avenirse al espíritu de la democracia imperante en este país, es la Acción contra el Terrorismo Ideológico y Político hacia la Diferencia, que impulsa Arco Progresista, y que busca que la ONU declare terroristas a quienes agredan a opositores. Asimismo, debe respaldarse desde el gobierno de Suecia, y al margen de sus diferencias ideológicas, el intento de la coalición de presentar ante la Asamblea Nacional del Poder Popular propuestas de leyes para institucionalizar "la promoción de la no violencia". En cambio, no merecen el respaldo ni el compromiso de Suecia los grupos que en el exilio o en la isla aboguen por medidas militares o económicas que afecten directa o indirectamente al pueblo de Cuba. De lo contrario, Suecia se ganará el repudio de los cubanos. Recuérdese el caso de España bloqueada por la ONU en el año 1946. Entonces no le resultó difícil al franquismo movilizar a miles de ciudadanos, quienes protestaron contra la ONU vista como enemiga de su país. Lo mismo se hace en Cuba cada vez que, desde afuera, se intenta castigar al régimen en el plano económico.

No se puede simplificar la situación de Cuba. No se pueden proponer estrategias "democratizadoras" que, de ser aceptadas, equivaldrían a cometer, por parte de los demócratas, el mismo error que cometió la extrema izquierda latinoamericana cuando quiso imitar la revolución cubana siguiendo una visión abstracta y limitada de lo que ésta había sido. Aquella, en los años sesenta, intentó reproducir la revolución cubana, sobre la base de los esquemas guevaristas, al no tomar en cuenta la decadencia total del régimen de Batista, incluso el colaboracionismo con el que contaron los opositores dentro de las fuerzas armadas. Esa visión limitada, lo único que logró fue inundar a Sudamérica de muertos y traer regímenes aún más represivos que aquellos que habían sido combatidos por los émulos de Fidel Castro. Algo similar pasaría en Cuba sino se aprende la lección completa de Europa Oriental.

Suecia tiene que trabajar, pues, en respaldar tanto a los "Gorbachovs" como a los "Walesas" de Cuba. La fórmula sueca tiene que ser la del tendido de puentes, tanto a las estructuras que representan al poder, como a las de la oposición, como vía para acelerar la maduración de las condiciones del cambio. Que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo. Suecia debe mostrar su amistad con Cuba en el ámbito internacional, y lo hará denunciando la falta de derechos humanos en el país, pero también condenando cualquier medida que afecte a su pueblo como es el caso del embargo de Estados Unidos. Según las cifras oficiales más recientes, el embargo ha causado a la economía cubana un daño que supera los 86 mil 108 millones de dólares. En el seno de la UE, el gobierno Sueco debe abogar para que no se vuelva a interrumpir el diálogo, como ocurrió tras el encarcelamiento de los 75 opositores políticos pacíficos. Suecia debe exigir en todos los foros la liberación de los prisioneros de conciencia, así como aquellos presos políticos que no hayan cometido crímenes punibles dentro de la propia Suecia, a modo de no darle argumentos a los defensores del régimen en el país escandinavo para contrarrestar esta campaña. Suecia debe abstenerse de participar en medidas punitivas contra los altos cargos del régimen, por las razones que sea. De lo que se trata ahora es de lograr la libertad y la democracia en la isla, no de castigar ni aterrorizar a nadie, en particular a quienes tienen en su mano la posibilidad de desencadenar los cambios.

El gobierno sueco debería auspiciar, asimismo, el contacto de la sociedad civil sueca con las asociaciones civiles cubanas, sean partidarios del régimen o no, tratando de auspiciar, a través de conocidos comunes, el diálogo entre todas éstas. Cualquiera que sea el gobierno de Suecia, éste debe oponerse a toda confrontación, al tiempo de ofrecerle su mano a quienes con iguales dosis de valor e inteligencia trabajan en Cuba por la libertad de su pueblo. Suecia puede ganar para la causa de estos demócratas a los miles de cubanos crecidos y adoctrinados por el sistema, que a pesar de los pesares se creen protegidos y representados por él. La liberación de los cubanos se logrará, más que con actos de fuerza, con inteligencia. Es lo que pedimos al gobierno de Suecia.

Réplica y comentarios al autor: carlosm_estefania@hotmail.com

Para consultar otros documentos sobre el tema visite la revista Cuba Nuestra.




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