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Cuba es soberana por historia, porque sus hombres más esclarecidos y su pueblo así lo han proclamado, y han pagado el precio que ha sido necesario por el ejercicio de ese derecho.
Cuba es soberana por derecho, ya que hemos plasmado a través de nuestro proceso histórico en las constituciones nuestra soberanía no condicionada. En la de 1901, bajo la ocupación norteamericana y por imposición de su ejército, tuvimos que aceptar un ignominioso apéndice -la Enmienda Platt- repudiado por el pueblo y por nuestros próceres indignados.
En nuestra Constitución de 1940, indiscutible producto de la Asamblea Constituyente Soberana, se estableció como fundamento la soberanía del pueblo; por ende, del estado en que éste se constituye para su relación con los otros estados. Esta soberanía del estado nacional consecuentemente se proclama, por supuesto, sobre los bienes de la nación y como fundamento de su política económica. A ese efecto citamos del texto constitucional lo siguiente:
Artículo 2: La soberanía reside en el pueblo y de éste dimanan todos los poderes públicos.
Artículo 3, párrafo 3: La República no concertará ni ratificará pactos o tratados que en alguna forma limiten o menoscaben la soberanía nacional o la integridad de su territorio.
Artículo 7, párrafo 1: Cuba condena la guerra de agresión, y aspira a vivir en paz con los demás estados y a mantener con ellos relaciones y vínculos de cultura y comercio.
En el Titulo VI, del trabajo y la propiedad, aparece un amplio desarrollo específicamente sobre el tema que motiva este artículo. El trabajo es un derecho inalienable proclamado por la Constitución y demanda al estado que provea los recursos necesarios para que cada persona pueda ejercer ese derecho.
El Artículo 87 dice: El estado cubano reconoce la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social.
El Artículo 88 establece que el subsuelo pertenece al Estado.
El Artículo 90 proscribe el latifundio.
Y en cada paso nuestra última Constitución legítima proclama que la economía ha de estar al servicio de la sociedad.
Por historia, sin extenderme en la proyección del pensamiento cubano, al objeto de este artículo sólo me refiero a lo que considero imprescindible.
La voluntad de afirmación nacional del pueblo de Cuba ha sido casi obsesiva en su historia; así ha reafirmando su soberanía, no enajenable por ley alguna, ni mucho menos por un proyecto extranjero.
Cuando se constituyó la Liga de las Naciones, al concluir la Primera Guerra Mundial, nuestra voz enérgica se hizo escuchar para proclamar la soberanía de las naciones y la ilegalidad de la injerencia extranjera en los asuntos internos de cada una. Cuando se formó la Organización de las Naciones Unidas, al concluir la II Guerra Mundial, Cuba rechazó el derecho al veto de las grandes potencias y el ejercicio de la fuerza para dirimir los conflictos internacionales. Se opuso también a reconocer el estado de Israel sin reconocer un estado palestino porque ello provocaría un conflicto in crescendo de consecuencias impredecibles.
Fundamentados en esos principios y en la constante histórica, los cambios políticos en Cuba han de realizarse por los cubanos y mediante un proyecto nacional. Así lo hemos hecho siempre los que sentimos la patria "de todos y para el bien de todos". Hemos rechazado la injerencia extranjera y aspiramos al regocijo de recibir la solidaridad de los pueblos hermanos, a los que Martí llamó Nuestra América, o nuestro pueblo, porque no somos más que uno, y nuestra desdicha fue nuestra desintegración.
En la primera guerra por nuestra independencia recibimos la solidaridad de los pueblos de Nuestra América y del incipiente movimiento obrero norteamericano que hacía suya nuestra causa según comenzaba a conocer nuestro empeño libertario. Chile nos brindó su colaboración sin condiciones; Bolívar y Páez su espada y su vida después de la obra ciclópea de libertar pueblos de Sudamérica sin condicionar su libertad. En México el presidente Guadalupe Victoria ofreció toda su colaboración real y efectiva al comité constituido por cubanos y otros hombres de Nuestra América sin condicionar la sociedad que se pretendía crear enarbolando la bandera de la libertad. En aquella situación el gobierno de Estados Unidos ejerció la fuerza de su poder naciente, boicoteando o impidiendo el proyecto bolivariano y paralizando la solidaridad de Guadalupe Victoria. Eran los tiempos que creían que "la fruta estaba madura y España decadente".
En nuestra segunda guerra por la independencia, inspirada en la ética política de Varela y la visión profética de Martí, se pretendía libertar dos islas en el Mar Caribe que reclamaban soberanía y libertad, Cuba y Puerto Rico, ofreciéndole hogar y respeto a todo español que amara la libertad. Cubanos, puertorriqueños, españoles -Miró Argenter-, dominicanos -Máximo Gómez-, norteamericanos -Henry Reeve- y muchos más llegaban hasta de la vieja Europa; todos en uno ofrecieron su espada y la vida por el nacimiento de un pueblo soberano sin condicionar su aporte generoso. En la fase final de la guerra que ya vislumbraba el triunfo, el gobierno de Estados Unidos intervino y ocupó Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El pueblo norteamericano había tomado partida por la lucha independentista y el gobierno norteamericano decidió el retiro del ejército de ocupación, pero nos impuso la Enmienda Platt.
La revolución auténtica
Algo más de treinta años costó a nuestro pueblo librarse de la Enmienda Platt. El 10 de septiembre de 1933 se constituyó el Gobierno Revolucionario liderado por el Dr. Ramón Grau San Martín y el Dr. Antonio Guiteras Holmes -el primero hijo de españoles nacido en Cuba; el segundo nacido en Estados Unidos de padre emigrante cubano y madre irlandesa- después de anular el injerencismo norteamericano al tratar de imponer "el gobierno mediacionista" en sustitución del gobierno del General Machado que se desplomaba por la acción popular y la clase obrera. Ese mismo día el presidente desde el balcón del palacio presidencial, ante el pueblo, revocó la enmienda impuesta, que lesionaba gravemente la dignidad y soberanía nacional.
El gobierno revolucionario fue breve -120 días apenas-, pero en ese breve término se consolidó el pensamiento revolucionario, se ofrecieron los instrumentos necesarios a la clase obrera para ser protagonista del destino nacional y se proyectó una orientación social.
Los factores regresionistas que ocuparon el poder al caer el gobierno revolucionario no pudieron impedir que el proceso conformara sus características propias, las cuales se institucionalizaron en la Constituyente Soberana de 1940 y crearon una convivencia democrática que hicieron posible el acceso al poder de gobiernos democráticos comprometidos en el proceso libertario que pugnaba por protagonizarse en Nuestra América.
Los presidentes Auténticos, Ramón Grau San Martín primero, y Carlos Prío Socarrás, después, fueron ejemplo del respeto a las libertades ciudadanas y de solidaridad con los pueblos que reclamaban el ejercicio de los derechos sociales y políticos. En nuestros pueblos y en la Organización de Naciones Unidas que recién se creaba, Cuba, miembro fundador, mostró su compromiso con la libertad y el rechazo de la hegemonía que imponían las cinco potencias dominantes con el derecho al veto.
El Proceso Revolucionario Cubano pierde su cauce
Un golpe cuartelario en el que aparecía como jefe "un sargento llamado Batista" destrozó el régimen institucional. Sin condiciones, el gobierno norteamericano lo reconoció como legítimo, y le brindó su apoyo hasta que la creciente lucha popular lo hizo insostenible.
Los sectores económicos dominantes en Cuba y el gobierno de Estados Unidos viabilizaron que el sector menos políticamente ideologizado asumiera el poder. No se alcanzaba a comprender que las fuerzas populares, motivadas por la ruptura que se acababa de producir, eran capaces de vencer su frustración y de creer que los valores del proceso histórico revolucionario cubano eran entonces realizables.
Muy pronto el nuevo régimen surgido fue fragmentando la sociedad cubana. Los cómplices de la dictadura emprendieron la fuga, y sus familias fueron hostigadas; los sectores económicos dominantes, bien por idealizar la sociedad norteamericana, o por estar vinculados a los intereses de la misma, emprendieron la emigración, cosa que pensaban temporal porque "el gobierno de los Estados Unidos no permitiría un gobierno no dependiente a 90 millas de sus costas".
El gobierno que asume el poder al desplome de la dictadura de la que era titular el General Batista, muy pronto manifestó su carácter unipersonal. Se produjo un enfrentamiento ideológico con los revolucionarios que sustentaban un programa histórico. Por una parte obró la presión de las empresas y del sistema financiero transnacional, y por otra, la de los grupos sociales desplazados que pretendieron asumir -sin éxito- el liderazgo de la oposición.
Se produce un enfrentamiento ideológico con los revolucionarios que sustentaban un programa histórico
El Comandante en Jefe de la Revolución -título que sibilinamente comenzó a emplear el partido estalinista al referirse al Dr. Fidel Castro- define en los primeros tiempos que la revolución cubana es verde como nuestras palmas. Más tarde se proclamaría marxista-leninista bajo la tutela de la Unión Soviética en la Constitución de 1976; al desplomarse la URSS se suprime la normativa constitucional, y sin el más elemental rigor teórico, afirma que la República de Cuba es marxista-leninista martiana. Proceso variante e inconsistente del actual gobierno que ha producido, primero, una fractura grave de la sociedad cubana, después una creciente alienación y frustración de la misma; incrementada ésta por la propaganda anti-nacional financiada y la asistencia a grupos armados, y el bloqueo financiero y comercial impuesto, condenado por la Organización de las Naciones Unidas en múltiples ocasiones y por sectores sociales y personalidades internacionalmente reconocidos.
Un proyecto injerencista
Hoy en Cuba y en la emigración se vislumbra un proceso de cambio; la alienación y la frustración comienzan a retroceder, pero la enajenación persiste. Pero se pretende abortar este tenue amanecer por el publicitado proyecto del actual gobierno de Estados Unidos presentado para ayudar a lo que el Sr. Bush llama "transición política", proyecto elaborado por un grupo de funcionarios de Norteamérica denominado "Comisión de Ayuda a una Cuba Libre" que propone incentivos a un nuevo gobierno y financiación para ciertas organizaciones que pudieran apoyar el plan en un programa de dos años por un monto de 80 millones de dólares, previéndose aumentarlo en 20 millones para el año 2009. Además, aumentar el presupuesto que se dedica a las campañas políticas radiales y televisivas contra el gobierno actual de Cuba y a opositores que no comulgan con las orientaciones normadas por Washington.
El proyecto en su plan de ejecución pretende rastrear el destino de las exportaciones cubanas, prohibirlas o dificultarlas y prohibir el envío a Cuba de remesas de cubanos trabajadores desde los Estados Unidos. Quizás muchos no pueden comprender la razón de la insistencia de los gobiernos norteamericanos en mantener una política de bloqueo que no ha dado resultado durante mas de cuatro décadas.
Se da publicidad a cada desertor, ficticio o real, del régimen de Fidel Castro; y a cada episodio trágico o feliz de cada grupo de emigrantes que llega por vía legal. Pero los cientos que llegan conforme a los tratados vigentes entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba no motivan los reportajes periodísticos.
Los sostenedores de esa política consideran que la misma ha de producir una explosión social en protesta a las duras condiciones de vida consecuencia del bloqueo. Se manifiesta así una vez más el desconocimiento de la historia y la sicología social, ofreciéndose además una situación creada por una potencia extranjera como justificación al régimen totalitario y a sus reiterados errores, ineficiencia y descomposición social en las instituciones administrativas y empresas de producción y de servicio.
Este proyecto, en el mejor de los casos, es ceguera e incultura histórica que los hace desconocer la psico-sociología de nuestro pueblo, y... que se repita un fatalista adagio popular: "Más vale malo conocido que bueno por conocer". O puede ser que se pretenda, como sucedió en 1948 y 1961, abortar un movimiento de reencauzamiento de la revolución cubana que se está emprendiendo.
Si este proyecto en primer término no manifiesta el menor espíritu de solidaridad con los que trabajan, viola la dignidad nacional al no respetar la dignidad del pueblo cubano que históricamente no ha tolerado ayuda condicionada.
El proyecto pretende la restauración de bienes privados a empresas, personas, sucesoras o herederos de bienes sin acción legal previa que justifique su adquisición, y demuestre que no afecte un interés o servicio social. Pretende establecer que la institucionalidad social, económica y política no entre en contradicción con la de los Estados Unidos y sus intereses. Sobre estas seguridades previas al sistema empresarial y al gobierno de Estados Unidos versa la primera sección del capítulo secreto dado a conocer a personas y entidades beneficiadas para que ofrezcan su apoyo al proyecto.
La segunda sección es seguramente las garantías que se le brindarán a funcionarios y militares que pudieran sumarse el proyecto de Washington y sanciones para los que lo rechacen. El proyecto, de más de 90 páginas, involucra más de 100 funcionarios de 17 agencias y dependencias federales bajo la autoridad de Caleb McCarry, designado por el Presidente Bush como encargado del proyecto, el cual ha de presentarse mediante el Proyecto de Ley denominado "Promoción de la democracia".
No obstante, para nosotros no es lo importante discutir el articulado del proyecto y analizar cuán distante o coincidente pueda ser un proyecto sobre el destino político de Cuba. Creemos firmemente en la necesidad histórica de trabajar crecientemente por una activa solidaridad de los pueblos todos, y muy especialmente los llamados pueblos latinoamericanos por lograr una sociedad en que la persona pueda ejercer su plena libertad y los pueblos su soberanía. Trabajamos por que la persona y los organismos en la base social sean la base de una democracia real.
Reencauzar la revolución cubana
En nuestro quehacer social reiteramos que los cambios políticos en Cuba han de realizarse por los cubanos mediante proyecto nacional. Por tanto, nos sentimos en la obligación de rechazar toda injerencia de gobierno alguno en nuestra realización histórica, y recibimos agradecidos la solidaridad que nos brindan organismos de las bases sociales de cada pueblo. Hemos sido solidarios y seguiremos siéndolo, trabajamos para reencauzar el proceso de la revolución cubana, y continuaremos dentro de nuestras posibilidades colaborando por el logro en libertad y justicia de la integración económica y política de Nuestra América.
Fuimos solidarios en las guerras bolivarianas, combatiendo hombro con hombro junto a Bolívar. Nuestros hombres combatieron junto a Washington y nuestras familias aportaron recursos a su gesta por la independencia. En la Revolución Mexicana estuvimos presentes junto a Carranza, y fuimos solidarios al gobierno y al pueblo cuando el crucero Cuba llegó a puerto mexicano con el propósito de proteger y salvar la vida al presidente Madero y sus acompañantes.
Constantes de la conducta de nuestro pueblo en su devenir y de las normas de derecho que lo sustentan han determinado que Cuba es soberana por historia y por derecho. Fundamentados en esta determinación, rechazamos el proyecto injerencista de la administración Bush en pretender intervenir en la sucesión, transición o proceso de cambio que pueda ocurrir en Cuba a corto o mediano plazo.
Réplica y comentarios al autor: r.simeon@psrdc.org
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