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LAS DOCE FIGURAS-SÍMBOLO DE JANUS LACINIUS THERAPUS

EL CALABRÉS

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(Parte III y final)

(Apiano León de Valiente)

 FIGURA 11

 

 

Para que la materia de la Piedra sea pulimentada, debe actuar sobre ella un Mercurio Activo que nace y dimana de la Fuente Original. Esta energía mercurial sustenta y depura al estado endurecido de la Piedra, a fin de que retorne a la Vida Enaltecida y, asimismo, despierta al Mercurio que está incrustado en el interior de la tierra.

El Mercurio Divinizador fluye como luminoso caudal, cuya brillantez se degrada al descender, para adaptarse a la resistencia de la materia que lo recibe. Posee todo lo esencialmente necesario para liberar a la Piedra de su duro engrosamiento, siempre que aquella se prepare para recepcionarlo.

Se precisa de la disolución de los cuerpos metálicos, para domeñar el poder que ejerce nuestra materia en su estado mineral. Sin embargo, bajo esa dureza del metal, está la Vida latente del Ser verdadero. Cuando la tierra es removida, ella recobra su existencia Espiritual, que la propulsa a una Vida Real.

Para que la materia de la Piedra alcance una mediana elaboración, y pueda catar su propia naturaleza interna, debe dar comienzo a un largo y eslabonado proceso de transmutaciones alquímicas, hasta que en ella se restaure y se hagan activas sus escondidas cualidades contenidas en esa Agua Mineral que extrae de si misma, mediante la compresión y disolución de su armadura metálica.

Los sabios insisten en sostener que toda dureza de la Piedra es Sal, porque en ella está contenida la semilla, en forma de Mercurio Inactivo, de similar origen al Alkahest, sólo que completamente coagulado.

La elaboración de la Obra tiene por objeto la restauración del metal, desarrollo que alcanza su plenitud cuando el Mercurio Externo, pueda tocar y hacer germinar a la tierra, y reproducir el oro o simiente que está coagulado en el vaso o cuerpo.

Atendido lo precedente, los Cinco Servidores que representan a otros tantos estados de la Obra- imploran al Todo Poderoso que les confiera la conexión cabal con el Alkahest, para iniciar su propia Gran Obra.

La materia, en esta etapa, ha logrado un ordenamiento que le permite atraer y asimilar a los fluidos magnéticos que la nutren desde lo Alto.

Lentamente, empieza la tierra a atraer la potencialidad de la Luz.

Mientras sea evidente la debilidad del discípulo, más retendrá su ilusorio sufrimiento.

Desde el comienzo de la Gran Obra, el buscador de la verdad, es impelido a trasmutar sus debilidades en posibilidades de cimera índole, para iluminar cada acción que realice.

Cuando el educando trasciende sus bajos estados, trasformará su hacer en Luz, tal actuar lo mantendrá imantado con el Mercurio Divinizador.

Todo ha de ser elaborado dentro de una sola unidad, que abarque y contenga la Pureza del Espíritu, y este quehacer se manifestará, según sea la gradación espiritual que la materia posea al momento de recibir la galvanización Superior.

 

FIGURA 12

Cuando la materia experimenta la vorágine superior y propia del desarrollo de la Obra, comienza a sufrir sucesivas transformaciones, que se manifiestan a través de un continuo flujo de cambios. Con todo, es esta una tarea de lenta maduración, porque la tierra es inducida a desnudar sus intrincados laberintos, mediante un régimen muy suave, para no ensoberbecer a su bestia, o parte oscurecida de su naturaleza que, si es tocada se retrae y esconde en su madriguera.

El desarrollo de esta etapa incorpora la elaboración y reconstrucción de un Nuevo Cuerpo, midiendo siempre, para este efecto, la resistencia de la tierra, hasta encausarla en el hacer de su Naturaleza Original.

En esta etapa concurren y se apersonan Ángeles que toman, uno a uno, los lotes de huesos, y los depositan sobre la tierra, sitio en que las osamentas se tornan blancas, transparentes y firmes. De esto, naturalmente se infiere que la Obra debe ser elaborada por tramos y etapas sucesivas. El séquito de Ángeles canaliza a la energía del Mercurio Divinizador, para que penetre con una mayor intensidad en el vaso o cuerpo..

Esta Flama Celeste desciende como un fuego gradado, que al traspasar a la tierra: separa en ella la cizaña del trigo, y libera a la esencia o Mercurio Coagulado, de la cárcel de los albañales y excrecencias, y enciende al Fuego Interno. Este fuego Interior o Secreto, tiene la facultad de elevarse para ordenar a los estados también ascendentes de la tierra, para unirlos en un nivel más depurado, induciéndolos a nuevos cambios de estado, que conforman el forjado de un Cuerpo Nuevo o Cuerpo de Luz..

Lo anterior, significa que la sustancia que compone a la forma, actúa como una masa más unificada, que acentúa la permanencia de un actuar energético más intenso del Alkahest, que opera como un Fuego Verdadero que aviva a todas las virtudes de la tierra.

En la medida que la Energía Exterior impone su cuño, la tierra adquiere mayor potencialidad, estado que el alquimista debe aprender a mantener y conservar, para imantar con el ardor de este Fuego, toda acción que realice.

 

 

Colocación del primer

Grupo de Huesos en la

Tierra:

Con este simbólico traslado de los huesos, se inicia la etapa de la depuración de los huesos, con el descenso, proporcional y gradado, del Alkahest, en un flujo y concentración que resista la tierra, sin vitrificarse, ni quemarse.

 

Colocación del segundo

Grupo de Huesos en la

Tierra:

Aquí se prepara el vaso o cuerpo, para que asimile a las energías celestes, las retenga y produzca con ellas una ebullición más continuada en el interior del cuerpo o vaso.

 

Colocación del Tercer

Grupo de Huesos en la

Tierra:

Una vez logrado el estado de ebullición en el vaso, el cuerpo se adhiere a la luminosidad o energía Mercurial Externa, que desciende y acalla la algarabía proveniente de los sentidos externos que, si imponen su desorden, terminarán por apagar la combustión en el vaso, que aún no es consistente.

 

Colocación del Cuarto

Grupo de Huesos en la

Tierra:

Al mantenerse en el vaso un permanente estado de ebullición, la materia sufre una interna descomposición, estado que atrae con mayor continuidad a la imantación de la Energía Externa, que trasmuta integralmente a una pequeña partícula, de la parte endurecida de la materia de la Piedra.

Esta diminuta porción de materia aflora a la superficie, como una primera substancia corrosiva, algo más atenuada que el resto de sus congéneres.

 

Colocación del Quinto

Grupo de Huesos en la

Tierra:

Esta traslación de huesos alude a la elaboración del azufre corrosivo, se observa que éste ha expandido sus hilos o conexiones, para unirse con lo más elevado, con el Alkahest. Para ello, la esencia mercurial se volatiliza, para ser magnetizada por el Alkahest, que las transforma en una sustancia pura. Aquí empieza la limpieza de la materia de la Piedra.

El discípulo no debe retrogradar, llevado por el anhelo de buscar lo que dejó atrás, y que aún tanto le complace.

Vale decir, que no debe ensuciar de nuevo a su materia con otros tantos aspectos pétreos de la forma.

Esta elevada unión de la materia con el Mercurio Divinizador, se logra a través de repetidos lavados ígneos, pues el azufre volatilizado y el Mercurio Superior, ambos en estado de vapor, deben permanecer por largo tiempo unidos, a través de sucesivos toques mutuos, producidos en cada Solve et Coagula, antes que se manifieste el resultado de esta indisoluble unión.

El cuerpo o vaso por su doble composición: Material y Espiritual, está condicionado para ser sustentado por el Fuego Externo, fuerza que, imperceptiblemente, lo imanta, retroalimenta y eleva.

Una vez que internamente se capta la inversión o cambio que produce el Alkahest, después de limpiar las duras excrecencias de la tierra, y trocarlas en fértil y luminoso torrente, puedes iniciar un difícil trabajo de galvanización y transmutación de tu materia.

La energía negativa que ejercía su dominio sobre la materia de la Piedra, es reemplazada por el Fuego del Mercurio Divinizador. Con ello se activan los sentidos internos y se comprende que la forma es incapaz de sustentarse por sí misma, mientras no elabore y asiente un estado enaltecido en la materia. Ésta siempre oscilará, derivando su curso entre el bien y el mal, entre lo realmente puro y lo impuro. En esa situación se alcanzará la comprensión de lo inútil que resulta perder fuerzas en el entorno, y tratar de imponer un dominio pasajero sobre las habituales acciones mundanales.

La labor comienza cuando se asume que, en la propia tierra, se puede construir un estado superior, sin que por ello se evadan las responsabilidades hacia quienes nos rodean.

Se alcanza un alto estado de perfección, al recibir la magnetización permanente que deviene de la Divinidad, la cual despierta a la Luz Coagulada yaciente en nuestros planos inferiores.

De lo anterior, aparece que el estado metálico que tiraniza a la tierra y, en particular, que desvía el correcto curso de la energía la cual, desorientada, se torna negativa y seca a lo esenciado desde su raíz u Oro escondido.

Este material noble, el Oro Coagulado, puede ser liberado mediante la acción del Solve et Coagula, que extrae lo más esenciado de la tierra que, volatilizado, se funde y entrefunde con la Energía Suprema, para encender a su constitución pura con el Fuego del Origen, y luego retornarla a la tierra remanente y sin laborar, para que se fije en las profundidades de lo obscurecido, liberando a las esencias prisioneras en el enmohecido sótano, donde predominan las sentinas del cuerpo.

Del quehacer anterior, puede surgir el primer estado, o condición propia de un cuerpo más brillante, dúctil y moldeable, que aliviará el peso de las durezas metálicas del vaso, que impulsara al propio crecimiento hacia estados superiores, situados en ascendentes niveles, que proporcionan un nuevo rejuvenecimiento a la tierra o cuerpo, se está apto para emplear todas sus facultades latentes y las actuantes.

La madurez lograda por esta mercurización interna, permite captar el eco del sonido interno y verificar si su reflejo está afinado o desafinado, en cualquiera de nuestros actos.

El buscador o buscadora de la verdad, admitirá que el bien atrae al bien y que el mal atrae al mal según sea la vibración del propio sonido.

En el texto que se analiza, se indica que: "La quinta y la sexta parte rejuvenecen al igual que la séptima, la octava y la novena parte: Aquí se hace referencia a los Depósitos de huesos Ns 5, 6 , 7 8 y 9

Esta frase hace hincapié sobre la continuidad de la costosa y larga elaboración del proceso de la Obra, por la cual la tierra es removida para que evidencie un hacer afinado, que se hace manifiesto en un ordenamiento interior, que es dirigido por las Energías internas del cuerpo, correctamente impulsadas y dirigidas por el Mercurio Divinizador, todo lo cual se expresa en un fluir suave y delicado.

La tierra actúa en relación a la calidad de la energía que la imanta que, si es de índole superior, como las que aquí se tratan, su influencia elabora y espiritualiza a la materia, en un quehacer más continuo que, en síntesis, se permite un fluir mercurial más acentuado y puro que embebe a la materia y la protege con el accionar de Fuegos altamente Divinizados.

Todo esto se logra mediante la práctica del Solve et Coagula, o "Palabra Perdida" (extraviada sólo para los profanos, puesto que los Adeptos siempre la han poseído). Este conocimiento, desde el principio de los tiempos, ha permitido a los iniciados, la depuración de su materia, para que ascienda al más elevado estado de purificación.

La etapa de sublimación, descrita en los párrafos que preceden, es denominada por los Filósofos: "Un Regio Rejuvenecimiento", que consiste en un renovado impulso de purificación, llevado a cabo por la Energía Superior en el cuerpo o vaso.

Los profanos, cuando hablan de un rejuvenecimiento provocado por medios alquímicos, sólo reparan en un mínimo resultado, que se acusa en la forma, sin comprender que el valor de todos los procesos anteriores y los que se comentan, radican en la Pureza Interna que desencadena a esos y otros infinitos efectos.

En lo que respecta a las etapas, simbólicamente encuadradas en la "octava y novena parte": La tierra en que reposan los huesos, se torna roja como la sangre del rubí. Ya en estas etapas la materia está en condiciones de vivenciar estados de mayor sublimación, y de experimentar un ordenamiento interno, evidenciando una aguda sensibilidad que le permite percibir, con mayor claridad y certeza, el surco que se ha abierto en la propia tierra, para recibir la Gracia permanente de la Divinidad (Mercurio Divinizador).

Lo que antecede, equivale a decir que la tierra recepciona con avidez a la Lluvia Áurica que fertiliza y multiplica al compuesto más puro de la Piedra, Esencia, o Mercurio Coagulado.

Esta Lluvia Divinizada, al contactar con la tierra, desprende de ella todo lo innoble, e impulsa el florecimiento de lo escondido, que se adhiere a la emanación pura, produciéndose una constante comunión entre el Cielo y la Tierra. Entonces se apreciará una bellísima blancura que se mostrará al exterior, como un ampo de limpieza y elevación de la propia tierra.

Una vez que se ha alcanzado esta blancura, que precisa de un estado más avanzado de depuración del endurecido compuesto del cuerpo, el vaso se activará movido por el impulso de su Fuego interno, ocasión en que se sucederán colores varios, hasta alcanzar la obtención de un rojo débil, que se intensificará, a medida que se obtenga una mayor impregnación proveniente del Alkahest.

El color rojo evidencia un estado superior, que ha liberado a la materia de todas las ambigüedades superfluas, y la resucita de la tumba en que ha permanecido encerrada por la costra externa que le inmoviliza, para renacer como un Sol u Oro naciente, de transparencia indescriptible, que irradia su esplendor en plenitud, manifestando lo esenciado de la Tierra. Resplandece la pureza de la Luz de ese primer fruto, ya maduro, o Esencia, que se manifiesta con naturalidad a aquello que siempre ha permanecido escondido.

 

FIGURA 13

El Rey que aparece sentado sobre el féretro, es la resultancia de la prolongada sublimación ejercida sobre la materia o cuerpo del Hijo.

Es el resultado de la amalgamación del Padre con el Hijo, o del Espíritu con la Materia, efectuada dentro del ataúd herméticamente cerrado.

De esta fusión surge, con vestiduras reales, el Mercurio Interno o Mercurio Divinizado, que une al Rey y al Hijo en un solo compuesto Mercurial.

Este nuevo Rey, representa un avanzado estado de la preparación de la Obra, el cual se ha desarrollado á partir de la descomposición, putrefacción, transmutación y posterior elevación de la materia de al Piedra que, en esa ocasión, accede al primer despertar de su esencia inactiva o Mercurio Coagulado.

Se ha alcanzado un alto grado de cocción en la materia, cuya potencia invierte al proceso de obscuridad que ha embebido y aplastado a la tierra, para transmutarlo en un compuesto dúctil o Mercurio Divinizado, o Mercurio Interior, con cualidades similares a las del Alkahest.

Este estado se ha alcanzado debido a la constante irrigación del Mercurio Divinizador, que descompone a la reciura y rigidez de la tierra, y fertiliza a la similla o Mercurio Coagulado. Se trata de una combustión interna que rechaza a la obscuridad y da vida a la Luz.

Lo precedente, para que brote de la tierra el agua viva o azufre ardiente que, en estado de vapor, se ha de mezclar con el Alkahest, para mercurizarse y retornar a la tierra desde donde emergió, a fin de devolverle la pureza natural y eclosione en esa materia el florecimiento de su Espíritu Interior. El Mercurio Divinizado que retorna a la tierra, tras el ejercicio de cada Solve et Coagula, permanece, se fija en ella, y la reelabora, peñasco a peñasco, y la conduce a la germinación y a una fructificación que acalla y sobrepasa todo sufrimiento.

El cuerpo o vaso fija en sí esa radiancia elaborada que, en su desarrollo y despliegue, se atisba, en su inicio, en el Mercurio Coagulado y, posteriormente, hace que el buscador o buscadora de verdad, llegue a degustar ese estado invisible, que tiene el poder de limpiar y transformar a la materia de la Piedra, labrando en ella surcos para alcanzar la maduración de su Mercurio Coagulado y, simultáneamente, circule por esas roturaciones el Agua Pura de Vida o Mercurio Divinizador, que comanda todo el proceso destinado a que en la materia se exprese, gradualmente, la inmanifestada belleza de todo lo escondido, y sea infinitamente purgada, hasta alcanzar el primer florecimiento interior.

Es esta una labor magnífica que no es posible llevar acabo si sólo se cuenta con el cuerpo, entregado a sus propias fuerzas. Para afinar este trabajo, es indispensable que se produzca la amalgama entre el Espíritu y la Materia, entre el Rey y el Hijo. Esta amalgama proporciona a todo alquimista esa radiancia de índole superior, en la cual se genera y concentra todo su poder de Servicio al Bien.

Que en esta figura el Rey aparezca sentado sobre el ataúd, evidencia el renacimiento de todas las facultades adormidas en su interior, que han alcanzado un estado que sobrepasa al odioso condicionamiento de la forma.

Que el Rey esté nuevamente vestido con lujosos atuendos, alude al poder que ejerce el despertar de la Energía Interna. Esta potencialidad de Fuego tiñe a cada capa externa de la forma, y la hace relucir como oro naciente, que brilla con una luz natural.

Todo este resplandor sintetiza al profundo conocimiento que entrega el progresivo despliegue del Arte Alquímico, que proporciona al estudiante todas las claves para descubrir, desentrañar y vivenciar El Secreto que yace tras el compuesto de cada forma.

La Alquimia, nunca bien ponderada por el profano, es el motor que mueve el eje de tu Rueda Interna, que movida por la Rueda superior y Cósmica, te otorga el impulso vital que guía y mide tus pasos, y te ofrenda el conocimiento para comprender, además, que según sean los devaneos de tu forma, así será también el caos en tu interior, pues quien permite el crecimiento de las malezas externas, también contaminará el hacer interno, y quien, por el contrario, ilumina su hacer externo, propende a la manifestación de su Ser Interno.

 

FIGURA 14

En esta figura aparece, en primer plano, el Rey o Mercurio Interno o Divinizado, que liberado de todas sus ataduras, puede ya compartir sus poderes con los Cinco Servidores, que representan a los cinco procesos más significativos de la Obra: Descomposición, Putrefacción, Coagulación, Multiplicación y Conjunción.

 

La materia se ha ennoblecido al desprenderse de su naturaleza abajada, para ser dirigida por la Magnificencia Sidérea, condición que permite que la Sal o Mercurio Coagulado, se disuelva en la primera agua mercurial o azufre licuado, para fusionarse, posteriormente, con el Mercurio Divinizador o Alkahest, y, así, trocarse en Mercurio Interno, Corporal o Divinizado.

Todo este quehacer permite reordenar a los Cuatro Elementos: Tierra, Agua, Aire y Fuego, que forman parte de la misma materia de la Piedra.

En esto consiste la espiritualización del cuerpo y, a la vez, la corporificación del Espíritu, lo que permite la fluida canalización del Alkahest, que se prende a la vida de la forma, y da nacimiento a un centro de poder que se expresa como un gigantesco imán , cuyo poder de atracción, está destinado a engrandecer el contenido de la materia de la Piedra.

El caudal de Mercurio Divinizador que recibe la tierra, es simbolizado por el Rocío Celeste, Agua que purifica a toda forma existente, y entrega a quien la recibe, a través de la práctica diaria del Solve et Coagula, el poder de traspasarse a sí mismo.

Toda esta simbología representa viva y fielmente ese logro obtenido, luego de desmalezar la propia tierra; limpieza que se cumple con el beneplácito del Todo Poderoso, que está siempre dispuesto a iluminar a quien procesa su fuego, desde su estado oscurecido, para elevar el extracto de su Esencia a lo Alto, para que su propio azufre mercurizado, retorne a la tierra desde donde emergió, y se fije y coagule en ella, fertilizando con Luz al endurecido terreno.

Alabado sea Dios y la Creación, porque Uno son.

Sólo resta al cuerpo, permaneciendo en este mundo, abandonar su sucia vestidura y cambiarla por el brillo de su invaluable Mercurio Interior.

El cuerpo no requiere más que tener la disposición adecuada y practicar jornada tras jornada el Solve et Coagula, para ser impulsado por el Mercurio Superior.

Se trata del Poder de la Divinidad manifestado en la tierra, que se expresará con una pureza y brillantez, propia de la liberación de la Naturaleza Superior, aprisionada y sojuzgada en la materia. Es la glorificación del cuerpo Superior o Cuerpo de Luz, que se hará visible y manifiesto en lo inferior.

<<<RETROCEDER

Agradecimientos a Apiano León de Valiente por enviarnos este bello material (dibujos y texto)

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