Por lo general, las prácticas de brujería han desaparecido, aunque de forma esporádica surgen casos aislados en comunidades menos cultas o en regiones de escaso desarrollo social. En algunas sociedades, los brujos, algunos considerados chamanes o curanderos (véase Curandería), han desempeñado una función incuestionable dentro de su propia comunidad. Al asumir que reciben su poder de espíritus que son venerados o temidos por los miembros de su pueblo, se cree que tienen acceso a un mundo oculto y reservado sólo para ellos, siendo contemplados con respeto e incluso temor.
Los médicos brujos, al contrario que los brujos y brujas malignas de la época medieval, luchan contra las fuerzas del mal: poseen supuestamente poder para curar las enfermedades, convocar la lluvia y asegurar el éxito de la caza o de la guerra; también, practican exorcismos para expulsar a los demonios que puedan poseer a miembros de la comunidad o aplacan a los que podrían volverse hostiles; asimismo, extirpan el mal, denuncian a los malhechores e intentan llevar a cabo su destrucción.
En la India, algunas tribus o miembros de las castas más bajas acuden con frecuencia a brujos y hechiceros. Incluso los hindúes de las castas más altas recurren a ellos en tiempos de sequía o hambruna. En Birmania, Indonesia y otras zonas de Asia los brujos constituyen una parte importante de la vida cotidiana. La brujería también está extendida por todo el continente africano.
En Latinoamérica, el vudú de Haití, Cuba o Brasil, y los brujos, hechiceros y echadores de mal de ojo, todavía presentes en algunas comunidades, practican ritos mágicos y de brujería, al igual que algunos habitantes de las Islas Salomón y Vanuatu (antigua Nuevas Hébridas) que hoy continúan rindiendo culto al Diablo.
En los últimos años ha aumentado el interés general por diversos tipos de ocultismo. Se han publicado numerosos libros sobre brujería y astrología, y surgen personajes que se cree poseen poderes sobrenaturales. La aparición de formas modernas de brujería puede atribuirse a la influencia de varios escritores de culto y antropólogos de principios del siglo XX, además del creciente interés por formas alternativas de expresión religiosa. Similares en las ceremonias y en la organización a los cultos diabólicos, estas modernas organizaciones no rinden culto al Diablo ni realizan prácticas malignas. Algunos expertos consideran que las diferencias en métodos y filosofía vuelven muy complejo su estudio al ser difícil su generalización.
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Brujas (en neerlandés Brugge; en francés Bruges), ciudad del noroeste de Bélgica, capital de la provincia de Flandes Occidental, situada cerca del puerto de Ostende. Está bien comunicada mediante varias líneas férreas y canales con las ciudades de Ostende, Gante y el puerto de Zeebrugge. Aún subsiste la manufactura de encaje, que le ha proporcionado fama mundial a la ciudad, pero en la actualidad existen otros establecimientos industriales especializados en productos como los textiles, la industria química, la elaboración de cerveza y la construcción naval. La ciudad cuenta con más de cincuenta puentes sobre los numerosos canales que la recorren y que se levantan para permitir el paso de embarcaciones. Las muestras arquitectónicas de la época medieval son abundantes y de gran valor, como los Halles, antiguos mercados que datan del siglo XIII, y donde se ubica un campanario de 108 m de altura, la catedral de San Salvador (siglos XIII y XIV), la capilla de la Santa Sangre y el hospital de San Juan (siglo XII), la iglesia de Notre Dame, construida en el XIII, cuya torre mide 122 m de altura, y el Hôtel de Ville, el ayuntamiento más antiguo de Bélgica, que se empezó a construir en el XIV. Entre las ricas obras de arte con que cuenta la ciudad destaca una escultura de la Virgen con el niño atribuida a Miguel Angel Buonarroti y varios lienzos de Hans Memling y Jan van Eyck.
Los condes de Flandes fortificaron la ciudad en el siglo IX. Por aquel entonces estaba comunicada con el mar a través del río Zwyn. Vivió un periodo de esplendor que se prolongó durante cuatro siglos, en los que el puerto adquirió una gran relevancia; se convirtió en miembro de la Liga Hanseática alrededor del 1340. A finales del siglo XV, la ciudad, que había sido uno de los centros más importantes del comercio y manufactura de productos de lana, entró en un periodo de decadencia. La principal causa fue el cierre del puerto provocado por la acumulación de sedimentos en el río Zwyn, que acabó con su floreciente industria textil. La ciudad nunca recuperó su anterior esplendor como centro comercial e industrial, y antes de finalizar el siglo XVI, era conocida como Bruges-la-Morte (‘Brujas, la muerta’). Entre 1795 y 1814, etapa de la Revolución francesa y de las Guerras Napoleónicas, fue gobernada por los franceses. Pasó a ser una posesión holandesa entre 1814 y 1831, año en que Bélgica consiguió finalmente su independencia. Con la construcción, a principios del siglo XX, del canal que une la ciudad con Zeebrugge se estimuló su actividad comercial. Las tropas alemanas ocuparon la ciudad entre 1914 y 1918, y nuevamente durante la II Guerra Mundial. Población (2000), 116.246 habitantes.
Demonio, en las creencias hebrea, cristiana e islámica, nombra el espíritu supremo del mal que durante un tiempo inmensurable ha regido el universo de los espíritus del mal y es una oposición constante a Dios. La palabra viene, a través del término daeminium del latín eclesiástico, del griego daimonion, un adjetivo que significa 'calumnioso' utilizado también en griego clásico como un nombre que identifica a una persona como un calumniador. El término se utilizó en la traducción griega de la Biblia, la Septuaginta, no para referirse a los seres humanos sino más bien como traducción del ha-satan hebreo ('el satán'), una expresión utilizada al principio como título de un miembro de la corte divina que actuaba de espía errante de Dios recogiendo información de los humanos en sus viajes por la Tierra. Como algunos aspectos de esta figura divina tal vez se formaron de la experiencia con los servicios secretos reales del antiguo Oriente Próximo, no es de sorprender que Satán también fuera visto como un personaje que intentara provocar la sedición punible allí donde no hubiera ninguna, actuando así como un adversario de los seres humanos para separarlos de Dios. En toda especulación en torno a Satán, el mayor problema que se presenta es el del origen y la naturaleza del mal.
En la tradición judía, y por ende en el primer pensamiento cristiano, el título se convirtió en un nombre propio. Satán empieza a ser considerado como un adversario, no sólo de los seres humanos sino también —e incluso sobre todo— de Dios. Esta evolución es probablemente el resultado de la influencia de la filosofía dualista persa con sus opuestos poderes del bien (Ormuz) y del mal (Ahriman). Pero tanto en el modelo judío como en el cristiano, el dualismo siempre es provisional o temporal, y el demonio en última instancia está sometido a Dios. En los escritos de la secta de Qumran recogidos en los Manuscritos del Mar Muerto, el demonio aparece como Belial, el Espíritu de la Maldad.
En algunas tendencias del pensamiento rabínico, Satán está ligado al "impulso del mal" que, de alguna manera, resulta así personificado. Esta personificación es una variante judía de la suposición antigua y generalizada de que los seres humanos pueden estar sometidos a fuerzas malévolas distintas a sus conciencias. Así, tanto en el judaísmo como en el cristianismo se cree que los seres humanos pueden estar "poseídos" por el demonio o por sus servidores, los diablos.
La esencia de las enseñanzas cristianas sobre el demonio es, tal vez, que Jesucristo rompió el poder que tanto él como sus diablos tenían sobre toda la humanidad (la "posesión" de algunos es un síntoma del dominio general sobre todos) y que en la crucifixión el demonio y sus secuaces, explotando lo peor de ellos mismos, fueron, por paradójico que resulte, llevados a su última derrota.
En la edad media, el demonio jugó papeles importantes en el arte y el folclore, siendo casi siempre visto como un animal humano perverso e impulsivo con una cola y cuernos, acompañado algunas veces por sus diablos subordinados. La idea de que estos últimos podían penetrar en los cuerpos y las almas de los seres humanos sirvió la mayoría de las veces para diferenciar al ser poseído del normal más que para indicar algo sobre el estado general de la humanidad.
La complejidad, el misterio y la naturaleza combinada del mal han llevado a algunos pensadores a creer que hay que encontrar un lugar para el demonio incluso en el pensamiento moderno. El islam, que acepta el judaísmo y el cristianismo como inspirados por Dios, extrae su concepto del demonio de las mismas fuentes. Se menciona a Iblis, el demonio, en el Corán, donde es el único ángel que se niega a inclinarse ante Adán. Por lo tanto, Alá le maldice pero le deja libre para tentar al incauto, como así hace en el relato coránico del Jardín del Edén.
Satanismo, culto a Satán, por tradición relacionado con el ocultismo, la brujería y la misa negra. Si bien antes del siglo XIX muchos especialistas creyeron que la misa negra era una invención literaria, ésta se ha considerado por lo general como el principal rito del satanismo. El oficiante lleva una túnica similar a la que usan los sacerdotes cristianos para oficiar la misa, con la diferencia de que la casulla puede mostrar la imagen de una cabra, animal asociado con Satán. Otras características de la misa negra pueden ser la presencia de una cruz colgada al revés, así como la parodia y la alteración de las oraciones y los credos cristianos, el sacrificio de animales y las orgías rituales.
El satanismo aparece como un residuo del culto a los demonios, ya que no considera al diablo como un ser benefactor o maltratado sino como un enemigo más poderoso que las fuerzas del bien, que se han mostrado incapaces de cumplir las promesas hechas al mundo. La historia del satanismo es oscura. Es posible que el mariscal francés Gilles de Rais, condenado por herejía, satanismo e infanticidio, fuera uno de los primeros adeptos a este tipo de culto. El satanismo pareció revivir en Francia durante el reinado de Luis XIV y ha pervivido desde entonces, casi siempre en secreto pero, en ocasiones, continúa siendo objeto de la atención pública.
Misa negra, parodia de la misa católica que rinde culto a Satán o al demonio.
Los relatos sobre la misa negra tienen su origen en la literatura y la leyenda. En ellos se describen diversos rituales que por lo general se burlan del valor sacro de la misa cristiana. Los participantes sostienen a veces un crucifijo cabeza abajo, recitan oraciones tradicionales al revés, realizan una bendición burlesca con agua sucia, emplean como altar el cuerpo de una mujer desnuda, sacrifican animales o ejecutan extrañas prácticas sexuales.
La leyenda de la misa negra tiene su origen quizá en la edad media, cuando algunos combinaban el ritual cristiano con la magia. Los observadores han relacionado estas prácticas con la brujería o el culto satánico. Algunos expertos afirman que la imagen moderna de la misa negra surge a partir de 1600, cuando muchas personas en Europa y en las colonias de América del Norte fueron condenadas a muerte por brujería. Los tribunales debieron haber forzado a las personas acusadas de brujería a admitir la práctica de este ritual descrito en las leyendas antiguas. Las sociedades de brujería no reconocen la existencia de la misa negra.
Magia, arte de influir en el curso de los acontecimientos o adquirir conocimientos por medios sobrenaturales. La magia está relacionada con la alquimia, el ocultismo, el espiritismo, la superstición y la brujería.
El término deriva de la palabra magi (magia), uno de los elementos religiosos babilónicos que fueron incorporando los magos, casta de sacerdotes de la antigua Persia que se ocupaban de todo lo relacionado con lo oculto (véase Religión de Babilonia). Los griegos y romanos también practicaron la magia. Según los antropólogos, este tipo de creencias existen en la mayoría de las culturas primitivas. Sin embargo, ciertas prácticas, como la buenaventura, la comunicación con los muertos, la astrología y la creencia en los números y amuletos de la suerte, se han perpetuado en las culturas más avanzadas.
En las sociedades más simples, la magia se sirve de todos los conocimientos disponibles, incluidas las técnicas científicas y médicas. La ciencia moderna tiene su origen en prácticas y creencias mágicas. De este modo, la alquimia medieval estimuló el desarrollo de la química y la física modernas, y la astrología sentó las bases de la astronomía.
La magia se divide en dos categorías principales: blanca (o del bien) y negra (o del mal). La magia blanca se puede emplear para eliminar o paliar los efectos de la magia negra, que se invoca para matar, hacer daño o satisfacer el propio egoísmo. Durante la edad media, la magia negra se asociaba a la brujería, la hechicería y la invocación de los demonios.
Las prácticas mágicas pueden agruparse en cuatro categorías. La primera, llamada ‘magia simpática’, se basa en el simbolismo y la realización de los deseos. Para lograr el efecto deseado se recurre a la imitación o el uso de ciertos objetos asociados. Así, por ejemplo, se piensa que es posible hacer daño a los enemigos clavando alfileres en una imagen que represente su persona, recitando sus nombres en un conjuro o quemando cabello o uñas de su cuerpo. Del mismo modo es posible adquirir la fuerza, la velocidad o la destreza de un animal comiendo su carne o empleando instrumentos fabricados con su piel, sus cuernos o sus huesos. La práctica del canibalismo se basaba en la creencia de que al comer la carne del enemigo se adquirían sus cualidades, principalmente la valentía.
La segunda es la adivinación, adquisición del conocimiento secreto a través del sortilegio (echar la suerte), el augurio (interpretación de presagios o portentos), la astrología (interpretación de las posiciones y conjunciones de las estrellas y los planetas) y la lengua (mensajes emitidos por personas en estado de trance, ministros del oráculo o médiums).
La tercera forma de magia recibe el nombre de ‘taumaturgia’ —o capacidad para obrar milagros— que engloba la alquimia, la brujería y la hechicería.
La cuarta y última modalidad es el encantamiento o recitación de conjuros, versos o fórmulas que contienen los nombres de los seres sobrenaturales o las personas a las que se pretende ayudar o dañar. Por lo general, los ritos mágicos se basan en la combinación de todas estas formas.
Ocultismo (en latín, occulere, ‘ocultar’), creencia en la eficacia de una serie de prácticas, tales como la astrología, alquimia, adivinación y magia, basadas en el conocimiento esotérico u oculto acerca del Universo y sus fuerzas misteriosas.
Este conocimiento incluye como característica propia el concepto de las correspondencias, relaciones entre entidades del Universo —estrellas, planetas, gemas, colores—y, por ejemplo, partes del cuerpo humano o sucesos de la vida, de manera que utilizando esos conocimientos se pueden lograr curaciones o conocer el destino. También puede incluir la creencia en seres intermediarios —ángeles, dioses menores, espíritus, maestros ascendentes— entre la humanidad y Dios, con quien, los que son capaces, pueden contactar. El verdadero conocimiento oculto se obtiene a través de la iniciación con aquellos que ya lo poseen o por el estudio de los textos esotéricos en los que se expone.
Existen corrientes ocultistas de conocimiento en casi todas las civilizaciones. El ocultismo occidental hunde sus raíces en las antiguas sabidurías populares y religiones de Babilonia y Egipto, en especial la registrada y transmitida por los filósofos herméticos y neoplatónicos. Con importantes aportaciones del misticismo judío de la Cábala, tuvo una importante presencia en la edad media, a través de astrología, la alquimia y los rituales mágicos ceremoniales que convocaban a los espíritus. Muchos sabios medievales importantes, como Roger Bacon o Paracelso, fueron en realidad enlaces entre el antiguo ocultismo y la ciencia moderna. Las grandes persecuciones de la brujería constituyen una parte siniestra de la historia de la Europa moderna (entre 1400-1700), cuando miles, si no millones, de mujeres fueron torturadas y aniquiladas por sacerdotes y clérigos bajo acusaciones de mantener prácticas ocultas. El ocultismo fue considerado cada vez más por la Iglesia como un culto relacionado con Satán.
A pesar de la religión y de la aparición de la ciencia moderna, el ocultismo mantuvo su presencia intelectual durante los siglos XVIII y XIX, aunque más valorado por su significado espiritual que por sus aplicaciones prácticas. Para el médico austriaco del siglo XVIII Franz Anton Mesmer, padre del hipnotismo moderno, el ocultismo era esencialmente una manera de afirmar la naturaleza fundamental del Universo como conciencia, así como del poder de la mente humana para interactuar directamente con él. Desde semejante perspectiva, el ocultismo encontró con facilidad su función en el romanticismo del siglo XIX, que preconizaba la recuperación de las tradiciones populares antiguas, el simbolismo y el poder creativo de la imaginación. Estos elementos fueron importantes en el nuevo modo de entender el ocultismo que se dio a mediados del mismo siglo bajo las formas del espiritismo, la Sociedad Teosófica (1875) y la Orden Hermética del Golden Dawn (1889). A estos dos últimos grupos pertenecieron un gran número de artistas, poetas e intelectuales.
Durante el siglo XX se ha desarrollado un renacimiento del ocultismo desde la contracultura de la década de 1960, con el resurgir de la astrología, los objetos adivinatorios y los rituales mágicos; e incluso más tarde en el movimiento New Age de las décadas de 1980 y 1990. Aunque muy criticado tanto por la Iglesia como por los científicos, el ocultismo parece saciar determinadas necesidades humanas profundamente arraigadas de significado, poder y expresión simbólica.