Arturo Zárate Ruiz - Ciencia Ficción en Tamaulipas 

 Inicio | Relatos | Poetas | Ensayo | Taller | Autor | Links

 

Ciencia ficción en Tamaulipas: la visión de los épsilon

 

Arturo Zárate Ruiz

Colegio de la Frontera Norte, Matamoros

La ciencia ficción ocupa ahora un lugar importante en la literatura tamaulipeca. Es un género muy frecuentado por nuestros cuentistas. Es un género en que han destacado nuestros mejores escritores. Y es un género al que ellos han hecho destacadas contribuciones.

 

La prominencia de la ciencia ficción en Tamaulipas

Figuras prominentes de la literatura en Tamaulipas son reconocidas internacionalmente gracias a su ciencia ficción. Destacan, entre otros escritores, Federico Schaffler y Guillermo Lavín, y por muchas razones. El primero, neolaredense, recibió en 1997, el Premio Kalpa por su “Secreto de confesión”, y, también en ese año, el Premio Charrobot de la Asociación Nacional de Ciencia Ficción y Fantasía por su trayectoria artística. El segundo, victorense y no tan asiduo a la ciencia ficción como Schaffler, desde 1993 ha merecido aun así, por ese género, tres menciones honoríficas del Premio Más Allá de Argentina y Axxón Primordial, también de Argentina; un 2º y un 4º lugar del Premio Puebla; otros 2º y 4º lugares del Premio Kalpa; es más, el 2º lugar del Premio Alberto Magno 1999 de España. Uno es fundador y editor de la revista Umbrales, dedicada casi por completo a la ciencia ficción y al horror; el otro fundador y editor, junto con José Luis Velarde, de A Quien Corresponda, más diversa. Estas revistas destacan por no ser mera plataforma de autores locales, sino en gran medida de autores nacionales y aun internacionales. De hecho, A Quien Corresponda ha dedicado varios de sus números a autores argentinos, chilenos, españoles, para no hablar incluso de los autores rusos contemporáneos.(1) Schaffler y Lavín han sido ambos egresados de talleres y ahora son directores de talleres literarios. Así, en gran medida, han sido preceptores de muchos de los narradores más jóvenes quienes hoy inundan con sus letras nuestro estado, no pocas ocasiones acudiendo también a la ciencia ficción.

Conviene expandir esta lista de celebridades. Destaca, entre otros autores, Gerardo Sifuentes Marín. Aunque este tamaulipeco no resida en el estado, ha publicado varias obras suyas en nuestras prensas. Con su cuento “Perro de Luz” ganó en 1998, en España, el premio internacional Phillip K. Dick.. Es una historia postapocalíptica en que los sobrevivientes se arrastran entre túneles y grietas subterráneas repletas de chatarra. Toda vida, salvo los parásitos y gusanos que atormentan a los humanos, ha sido borrada de la superficie de la Tierra. Frases breves resumen la catástrofe: “El mundo quedó como una caja de zapatos, después de su uso original se puede guardar cualquier cosa en él”.(2) En esta historia, sin embargo, no deja de alborear la esperanza. Ésta no es obvia. El lector tiene que descubrirla: Luz es una artista que con chatarra da vida a nuevas creaturas, entre otras, su perro; con ellas recuperará la superficie de la Tierra.

Una figura más de ciencia ficción es la reynosense Olga Fresnillo, quien ganó en 1992 el Premio Nacional Puebla de Cuento por su obra “Feliz Advenimiento”. Con ella introduce el debate feminista en los textos mexicanos de este género.(3)

Vale la pena mencionar también, por la rareza de su trabajo, al músico matamorense Gabriel González Meléndez. Compuso y puso en escena la ópera El marciano, basada en Crónicas Marcianas de Bradbury.

La importancia de la afición tamaulipeca por la ciencia ficción y fantasía nos la aclara Federico Schaffler:

Los autores nacidos en Tamaulipas... han merecido los siguientes reconocimientos: unos los Premios Nacionales “Puebla”, “Kalpa” y “Umbrales” y los Premios Philip K. Dick y Alberto Magno de España; otros han sido becados en Tamaulipas y Nuevo León o han sido finalistas en concursos de Argentina, España y México; varios han sido publicados en estos tres países, además de hacerlo en Venezuela, Uruguay, Australia, Dinamarca, Rumania, Estados Unidos, Canadá y Brasil, y han sido traducidos al alemán, inglés, portugués e italiano.

Su obra se ha visto en el cine y en el teatro. Sus historias se han transmitido por radio y video. Su presencia es mundial a través de sus múltiples apariciones en Internet.(4)

Cabe también notar que si su ciencia ficción es una narrativa que surge en la frontera y muchas veces se sitúa literariamente en la frontera, aun así los vínculos artísticos de estos autores no se extienden por la coordenada fronteriza. La producción de la ciencia ficción y fantasía, nos explica Schaffler,

se concentra en tres ámbitos: la Ciudad de México (obvio, con sus veintitantos millones de habitantes); Puebla (donde se creó y promovió a partir de 1984 el Premio Nacional de Cuento de Ciencia Ficción “Puebla”) y Tamaulipas. Se estima que alrededor del 80 por ciento de los escritores mexicanos tienen su origen o residencia en una de esas tres áreas.(5)

De allí que pudiera ser inapropiado identificar la ciencia ficción de estos tamaulipecos con un movimiento literario en sí fronterizo.

 

El pesimismo tamaulipeco en su ciencia ficción

Gabriel Trujillo parece reservar a la ciencia ficción el surgir del preguntarse “¿qué pasaría si...?”(6), como si esa cuestión no fuese la que animase todo esfuerzo creativo.(7) Para precisar más esa pregunta 1) hay que agregarle el condicional de “si la vida floreciese o encadenase a un específico desarrollo o retroceso científico o tecnológico(8) o aun político”,(9) 2) hay que advertir también que este cambio no ocurre en el vacío sino lo vive o sufre un grupo de personas, y 3) finalmente hay que caer en cuenta que el cambio no es aséptico, sino que tiene sus ventajas y desventajas, es decir, presenta una serie de oportunidades o retos o amenazas, frente a los cuales los personajes actuarán y detonarán la historia.

En consecuencia, los relatos que así surjan no hablarán tanto del adelanto o retroceso científico mismo y menos del futurismo a éste asociado (la ciencia ficción puede colocar su historia en el pasado como ocurre en La Guerra de las Galaxias, e incluso en tiempos que nada tienen que ver con nuestros patrones lineales). Así, los relatos nos hablarán más bien de sus personajes y de lo que hacen a la hora de enfrentar ese “futuro”. Hasta cierto punto el “futuro” no es más que el pretexto para escribir una historia sobre personajes que no son del “futuro” sino, en alguna medida, de la época o lugar en que al autor le tocó vivir. El “futuro”, precisa Trujillo, simplemente “es un espejo donde se refleja el rostro multitudinario de la época de cada autor: el imaginario colectivo de cada cultura”.(10)

Ciertamente, todas las formas de escribir ciencia ficción—épica, catastrofísta, “mística”, neoludista, ciberpunk...—de alguna manera u otra quedan matizadas por la perspectiva cultural y personal del autor, especificidad que parece restarle a los cuentos esa vocación universalista que digo que gozan.

Vengan unas comparaciones breves. En la serie Viaje a las estrellas, la frontera mítica del oeste americano se extiende al espacio infinito. En “La última defensa” de Federico Schaffler, la frontera norte de México sigue siendo la misma aunque con el agravante de que los estadounidenses son más agresivos, xenofóbicos, paranoicos, racistas, a punto de mantenernos a los mexicanos en perpetuo estado de guerra defensiva.(11) En Estados Unidos la experiencia religiosa consiste en poseer “la fuerza”, como se ve en la serie cinematográfica La Guerra de las Galaxias, o consiste en los encuentros “místicos” con extraterrestres, como se ve en Contactos cercanos del tercer tipo y en E.T., todo esto muy en tono con la “espiritualidad” new age hollywoodense. En México lo que tenemos son curas diocesanos debatiendo contra los curas jesuitas sobre si los robots pueden ordenarse sacerdotes o disfrutar del sexo virtual, según leemos en “Padre Chip” de Jorge Cubría(12) y en “Secreto de confesión” de Federico Schaffler.(13) La guerra de los mundos, de Wells, debe darse en el soberbio Estados Unidos, porque si los marcianos han de atacar y destruir el centro del poder terrícola, el blanco, “por supuesto”, es Nueva York. No así en “Visión de los vencidos” de Gabriel Benitez, un autoflagelante mamotreto que intenta explicar la caída de la gran Tenochtitlan por una invasión de marcianos previa a la de los españoles: éstos pudieron con nosotros porque ya encontraron todo destruído.(14) No así en “Cipactli”,(15) de Federico Schaffler, otro autoflagelo donde el malvado de la federación intergaláctica es desterrado a México, el único lugar donde lo peor del universo es bien recibido: si viene de fuera, aun lo malo tiene que ser mejor que lo nuestro:

Afuera, lo esperaba una multitud enardecida que había sido congregada por un mensaje anónimo en la red, anunciando que Quetzalcóatl regresaría pronto, para cumplir su promesa de salvar al reino mexica y conducirlo por el camino correcto e iluminado del sexto sol.(16)

No así, en “Así fue. Lo demás es puro cuento”, de Juan Guerrero Zorrilla, donde la invasión marciana no sólo ocurre y triunfa, sino que además conlleva la destrucción de la cultura terrícola, como les ocurrió a su modo a los aztecas.(17)

Si consideramos la época, en el siglo XVIII Manuel Antonio de Rivas en su Almanaque celeste expresa el cansancio novohispano de los áureos siglos españoles y el ansia mexicana—para ser más precisos, yucateca—por gozar de los vientos frescos de la Ilustración. El protagonista francés de la historia lo resume así:

Hice mis primeros estudios en mi patria—dijo—, más viendo que la filosofía de la escuela era inútil, y que no podía hacerme docto ni chico ni grande, pase a París, en donde me entregué con aplicación infatigable al estudio de la física experimental, que es la verdadera, y con esta ocasión, después de una meditación pausada en las obras de aquel espíritu de primer orden del suelo británico, el incomparable Newton, me hice dueño de los más profundos arcanos de la geometría.(18)

En 1818, con su Frankestein, Mary Shelley no puede—razonablemente—esconder su puritanismo novoinglés ante la posibilidad de devolverle la vida a los muertos sin pedirle permiso a Dios. En pleno siglo XIX, en el apogeo positivista, Julio Verne rebosa optimismo con sus máquinas que viajan bajo el agua o que son enviadas a explorar la luna. Ya en el nada ingenuo siglo XX, con Un mundo feliz, Aldous Huxley no duda en ningún momento sobre las posibilidades de la tecnología, pero le asquean por sí mismas sin tener que explicar su repulsión aludiendo directamente alguna rebeldía contra el Señor.

No quiere decir esto que escaseasen los optimistas en la centuria pasada, por ejemplo, Isaac Asimov, quien, como perfecto humanista secular creyó que bastaban el avance de la ciencia y de la tecnología—crear robots perfectos(19) para resolver los problemas del hombre. De él nos dice Garardo Porcayo:

...se lee una novela de Isaac Asimov de los años sesentas y su personaje es un científico que está en el espacio, que habla con una computadora y blablablá, pero que cada vez que necesita hacer un cálculo, este científico necesita sacar su regla de cálculo. ¿Por qué?, porque en ese momento ese es el instrumento más revolucionario y se pensaba en la computadora como una cosa mágica, como un ser de silicio lleno de bulbos al que le hablabas y te contestaba cualquier cosa.(20)

Gerardo Porcayo agrega que hoy las computadoras nos son cotidianas no sólo a los científicos, sino a un público masivo, por lo cual “se empiezan a escribir historias en las que los protagonistas no son más gente prominente sino gente de la calle, que de alguna manera está buscándose la vida y enfrentándose a este nuevo mundo”.(21) Se sigue hablando, añade, de los avances científicos como los implantes quirúrgicos de ciberórganos, las realidades virtuales, la conexión directa del cerebro con la máquina, pero, sobre todo, el entorno sociológico: nos narra la ciudad, nos narra la convivencia del protagonista con todo su entorno hipertofriado de ciudades atestadas, de sobreinformación, de un sin fin de cosas...(22)

Y puntualiza: en el trasfondo lo punk del género se impone a lo ciber; prevalece la actitud filosófica de no hay futuro, lema, grito, de la generación punk.(23)

La ciencia ficción tamaulipeca es en gran medida hija de esta época pesimista. Por supuesto, el panorama oscuro no tiene que ser obvio. A veces se esconde tras un gran resplandor. Es el caso del amable neoludismo de algunos de nuestros autores. Juan Guerrero Zorrilla, por ejemplo, escribe historias que se desarrollan en paradisíacos mundos donde todo es paz y armonía. Sin embargo, la tecnología es rústica: naves espaciales de madera, carretas, ferrocarriles de hechura familiar, etc.(24) Detrás de sus tiernos cuadros se esconde, sin embargo, la sospecha si no es que horror al desarrollo tecnológico que hoy vivimos. Esta sospecha no se queda tan oculta en su cuento “Mi gran aventura”, donde su protagonista acompaña a unos extraterrestres a un mundo cuyos progresos no sólo tecnológicos sino políticos se han disparado. La protagonista, sin embargo, se siente agobiada, asfixiada de tanta “perfección”, por lo cual regresa feliz a su caótico Monterrey.(25) Este pesimismo neoludita es ya muy claro en “El regreso de los héroes no se produjo nunca” de José Luis Velarde. Su historia gira alrededor de la emigración y la desolación que sufre una ciudad donde el progreso jamás se hizo presente. Sin embargo, los pocos que en esa ciudad quedaron fueron más afortunados que los que huyeron a zonas de progreso donde la guerra y la muerte se volvieron cotidianas y culminaron en el exterminio.(26)

Las historias pueden ser de amor y tener incluso un final tierno, muy feliz, como “Lluvia de estrellas” de Federico Schaffler. Pero su trasfondo es la petulancia extrema de un adolescente que encuentra insoportable la vida, que se suicidaría, a menos que tenga él no sólo contactos “místicos” sino también sexuales del tercer tipo, ¡órale!(27) Ciertamente, en estos cuentos no sólo no se ha perdido todo, sino hay ganancias, como en “Contrato Nahual” del mismo Schaffler. Nos presenta allí una Barcelona aun más cosmopolita que la actual: las razas de todo el mundo ya se han reunido allí a tal punto que a un comensal se le aproxima un mesero de rasgos orientales quien, aunque su primera lengua es el español, lo atiende en inglés y le sirve un expresso. Hay incluso “retroaztecas que no esperaba encontrar fuera del Zócalo del Distrito Federal o en otro rincón de México”. Pero el contexto social es de disolución:

Mientras avanzaba rumbo al lugar del encuentro vi... Jóvenes drogados, algunos con químicos convencionales y otros con impulsos y adicciones electrónicas... Puestos de revistas y prostitución de todo tipo, desde pedofílicos a zoofílicos.... Parejas hetero y homosexuales, caminando, acariciándose y en un caso haciendo el amor al aire libre...

Hay además monstruos—el nahual y el vampiro—condenados a seguir viviendo descontentos de su entorno y de sí mismos.(28)

He aquí una característica muy peculiar de la ciencia ficción tamaulipeca: su hibridación con otros géneros, especialmente el de horror. Si el horror ya es indicador de pesimismo, este pesimismo se acentúa porque en los distintos cuentos pululan engendros que, aun triunfando, detestan su suerte. En “Simbiosis”, de Jesús D’León-Serratos, un vampiro que podríamos considerar afortunado se contamina con una forma de vida extraterrestre que le permite ser inmune al sol. ¡Ah, desdichado! ¡Ya ni en el astro diurno puede cifrar su esperanza de ponerle término a su execrable existencia!(29) En “Los últimos cinco”, un relato aparentemente épico y mexicanista de Ramberto Salinas Rodríguez, los últimos vampiros mexicanos estacan a los últimos vampiros norteamericanos justo en el mítico Álamo, en San Antonio, Texas. Lo hacen, sin embargo, para eliminar a la competencia en un mundo postapocalíptico en que se extinguen los hombres: quedan muy pocos a quienes chupar su sangre. ¡Victoria pírrica!(30)

Hay, pues, relatos épicos, y no pocos con una coda triunfal. Pero la gloria suele empequeñecerse por darse sobre una catástrofe infinita y total que la rebasa. Es el caso ya comentado de “Perro de Luz”, de Gerardo Sifuentes. Tras vaciar la Tierra de toda vida decente, el hombre sólo contempla una alternativa: el rellenar su planeta con máquinas simpáticas.(31) Es también el caso de “Vuelo libre” de “Federico Schaffler. Por fin se desarrolla una máquina biocibernética que con nanotecnología se preserva indefinidamente a sí misma y que, he aquí lo importante, limpia la contaminación que agobia el planeta. Pero para desarrollarla se tuvo que llegar antes a esos niveles de polución y construir de manera “políticamente correcta” la máquina con embriones humanos.(32) Tenemos además “Nanograffiti” de Schaffler. Una niña fronteriza y un científico clandestinos desarrollan por fin los instrumentos para desafiar a la dictadura mundial. Su desafío consiste sin embargo en, ¡aaah!, escribir nanotecnológicamente la palabra “libertad” en las paredes.(33) Otro cuento similar es “Bajo el huracán” de Jorge Eduardo Álvarez. En un contexto de espionaje satelital y de la red, y de azote de un huracán al nordeste de México, cae por fin el cruel gobierno totalitarista de Washington tras uno de sus funcionarios enamorarse perdidamente y como por arte de magia de una rebelde en la frontera mexicana, a punto éste de deponer al tirano de la Casa Blanca. ¿Podría haber mayor pesimismo que reducir nuestra épica y campos de batalla a un colchón? Es más, por muy inicuos que sean y hayan sido los gringos, ¿debemos por ellos también emponzoñar nuestra literatura hasta el tuétano con el resentimiento?(34)

Hay, he de reconocer, un pesimismo sensato en algunas de estas historias, por ejemplo, en “Muerte en Telepress de Oriente” de Federico Schaffler. Como en la serie cinematográfica Matrix, unos inconformes logran destruir la red de internet con que las megacorporaciones ocultamente gobiernan y oprimen a la humanidad. En el cuento hay incluso personajes quienes, adquiriendo la estatura de redentores, sacrifican su vida por la causa: Paola Tapia. Sin embargo, tras destruir esta red—esta es la más grande diferencia con Matrix—, el mundo no necesariamente cambia, pues el problema es más profundo: el hombre sigue siendo en alguna medida cochino y corrupto. Uno de los héroes de la historia concluye sus días vendiendo ciberpornografía a un público siempre ávido de ella.(35) La sensatez de la historia consiste en no esperar milagros de no cambiar antes el mismo hombre. Lo que quiero notar es que por muy sensato que sea este pesimismo no deja de ser pesimismo.

Tras el hallazgo del hombre, la ciencia ficción en alguna medida desaparece. Aterrorizarse con extraterrestres es lo de menos cuando se conoce por fin a los humanos, y a punto de asquearse. En “Bajo la máscara del Fantasma”, Jesús D’León-Serratos nos relata la historia de una mujer menos preocupada por un alienígena asesino que en segundos la hará trizas que por la iniquidad de sus recién fallecidos amigos—entre ellos su esposo—, iniquidad la cual justo apenas ha conocido, y muy tarde.(36) En “La canción de Samantha” de José Luis Velarde, una cabaretera entra en escena en el fronterizo Wet Back Where You Once Belonged Bar. Ofrece a su público un número verdaderamente musical. Mientras, en la frontera espacial un grupo de hombres intenta sobrevivir frente al asedio de las pandillas de Anancefálicos producto de los malvados Maquiladores. En la Tierra de nuevo, el público de la prostituta no quiere, sin embargo, arte, sino que ella exhiba lascivamente su cuerpo. No lo hace, por lo que la abuchean. Una botella que le lanzan se estrella en su rostro. ¿Acaso, tras leer esto, asustará más al lector que los hombres a mil años luz no logren sobrevivir el asedio de los Anancefálicos?(37)

Nuestros cuentos, pues, alcanzan niveles purísimos de pesimismo. El cinismo es la marca de “Náyade”, de Jorge Eduardo Álvarez. En la frontera ya no hay “merengue-house, ni fiestas, ni hablar de las pocas hembras”, sólo una zona hipermilitarizada que intenta impedir a los ilegales cruzar a Estados Unidos. Un migrante, quien aparece en un primer momento como héroe, es sin embargo ejecutado y echado al río donde los deshechos químicos y biológicos, los ácidos, lo descomponen en un líquido lechoso. Esa es toda toda la historia.(38 Lo melodramático a punto de melcocha es lo que caracteriza la desesperanza de Schaffler en “Fresa impoluta”: en un refugio subterráneo que los protege de la lluvia ácida, un padre le da de comer a su hijo las últimas fresas limpias; él reserva para sí una, que al caer al suelo, se contaminó.(39) La negrura de ánimo la destila en su concentración máxima Guillermo Lavín en “Sueño inducido”. El protagonista sufre el desconsuelo total al enfrentar la inevitable muerte por un cáncer. No quiere morir. Considera, sin embargo, la posibilidad de que en el futuro haya una cura para su mal y se somete a un sistema de hibernación todavía en estado experimental. El protagonista, ciertamente no perece, pero, dentro de su “sueño inducido”, le toca por años sin fin el tormento de las peores pesadillas:

...con una descarga eléctrica apareció ante sus ojos la figura de un látigo que flotaba hacia él, y el látigo era sostenido por una mano sin cuerpo, la mano de Javier [su amigo], la mano cubierta por un guante de hierro, el guante de Hernán Cortés, y el látigo lo azota mientras él trata de hacer el amor con la mujer más bella de...(40)

El pesimismo es repugnantemente egoísta en “Radiotekhnika cantina” de Gerardo Sifuentes Marín: a los protagonistas no les basta aturdirse con drogas químicas y computadorizadas, no les basta el querer morirse; quieren además que el final llegue para todos, que un satélite que alguna vez perteneció a la Unión Soviética cumpla con su programación y detone cuanto antes la destrucción del orbe.(41)

En Un mundo feliz, de Aldous Huxley, los épsilon son el grupo social del sótano, muy por debajo de los deltas, los gamas, los betas, y ni se diga que de los alfas. Son la escoria. De repente parece que la ciencia ficción tamaulipeca nos ofrece la visión futurista de estos marginados, sin el beneficio, concedido por Huxley, de sentirse artificialmente felices. De algún modo, los escritores tamaulipecos parecen hablarnos del futuro de su tierra, Epsilonia, zona fronteriza, extremo maquilador. Si, como dice Gabriel Trujillo, la ciencia ficción refleja las aspiraciones de un grupo,(42) entonces encontraríamos que, más que aspiraciones, los tamaulipecos tenemos expectativas, al parecer tercermundistas. Guillermo Lavín, por ejemplo, nos dice:

...el asunto empezó un lunes: Ray llegó a la oficina, instalada en la polvorienta ciudad de Matamoros, ciudad con rango de primer maquila mundial... y encendió el micro-holovisor, sujeto a su muñeca, para ver las noticias.

Se sintió aburrido.

Ya no existían noticias interesantes. Todo se iba en publicidad, inventos, descubrimientos, avances médicos, actos culturales, sociales, modas y demás.(43)

Del mismo Lavín es “Llegar a la orilla”. Según un experimento salarial en la zona maquiladora de Reynosa, un obrero recibe como pago en especie un programa computadorizado que lo narcotiza directamente en el cerebro. La empresa usa, sin embargo, un chip pirata, y el obrero se convierte en adicto y sufre horriblemente con cibersueños chafas; es más, su hijito sin saberlo se inserta en su cerebro el mismo chip que le está costando la vida a su papá.(44) D’León-Serratos, por su parte, escribe:

Esto sigue siendo un desierto, la gente vive en unas chozas—muy mal hechas—... los mezquites pedían brazos para poder defenderse de cómo llegaba la raza a tumbarlos, al menos que les dieran patas, para correr y que esto se quedara todavía más amarillo. No volvió a llover desde la gran inundación del 2025... Ahí están todos—bueno, estamos, yo a veces—, asaltando pipas que vienen de los Yunaites Esteits, y que en ocasiones vienen a tirar agua a la pinche presa del Bravo, otras veces son químicos que se llevan de encuentro a uno que otro puto... La capital nos tiene relegados, parecemos apestados o roñosos. Nunca vienen, y cuando lo hacen, vienen con afán de burlarse o ponernos de ejemplo: —Mira, hijito, ¿Ves como esta chusma no tiene el vochito volador que te acabo de conseguir? Te traigo aquí, para que te des cuenta que hay gente que está mucho más en el fondo. Cuando escuché a ese chilango, los odié a todos.(45)

Jorge Eduardo Álvarez, en “Cenizas de Fractal”, afirma:

Sobrevivir le era inconcebible de otro modo en una ciudad fronteriza como aquella, donde la siguiente esquina podía contarle la historia de un niño que acuchilló a su hermano para comer su cerebro y saborear de ahí los resquicios de N-dopanodrofil que le permitieran continuar un fútil sueño.(46)

Schaffler, yendo un poco más allá del territorio tamaulipeco, describiría a Monterrey así:

Cuando salí del nivel inferior, quince minutos después, el cielo milagrosamente se había aclarado lo suficiente para que pudieran verse rastros de azul en el cielo. Vi muchas cabezas volteando hacia el suroriente, de gente alegre, dándose de palmadas en los hombros e incluso abrazándose. Al llegar al resto derruido del Monumento al Sol de Tamayo y pasar bajo él, vi el motivo de su alegría. A lo lejos, se veía claramente nuestro símbolo. El Cerro de la Silla. Esta sí es una buena noticia. Es la primera vez en cinco años que desde esta distancia puede verse con toda nitidez la montaña. Me regocijé al sentirlo como una señal de que todo tendría éxito. Me acordé de Dios en ese instante y le di las gracias, mientras aceptaba y correspondía con gusto el saludo y abrazo de un perfecto desconocido, que imprudencialmente se había quitado los filtros nasales y el visor ante tan magnificente vista. La ocasión no es para menos, pero yo no soy tan pendejo.(47)

Jorge Eduardo Álvarez preferiría desaparecer a Monterrey del mapa, sin darle mucha importancia:

Aún se recordaba la desaparición de la ciudad de Monterrey en una explosión accidental de la planta nucleoeléctrica. Los expertos habían atribuido la falla a la negligencia del millonario fabricante de los aislantes antirradioactivos, pero aunque fue demostrada su culpabilidad nunca se le castigó por motivos desconocidos.(48)

José Luis Velarde, acotando el alcance de la destrucción, la reservaría no obstante para ciudad Reynosa.(49) Es más, entre los tamaulipecos, aun las experiencias “místicas”—los encuentros cercanos del tercer tipo—se derivan de un vulgar ahogarse en el río Bravo por simplemente no saber nadar, como en el relato “La visita” de Marcos Manuel Rodríguez Leija.(50)

Me pregunto por qué se pregunta José Luis Velarde el que los tamaulipecos mezclemos y aun fundamos los géneros de la ciencia ficción y del horror.51 ¿Qué no ve que los pronósticos, para quienes vivimos en Epsilonia, pintan negro negro?

 

El buen humor de los tamaulipecos

En su humor, como usted, atento lector, pudo haberlo ya intuido en algunos de los ejemplos que he citado.

No puede uno tomar sino con una pizca de jovialidad el que Schaffler, tras relatarnos extensa y aparatosamente una guerra intergaláctica, castigue al villano convirtiéndolo en Presidente de los Estados Unidos Mexicanos,(52) o, como narra el mismo Schaffler, el que un sacerdote esté tan chapado a la antigua que, cuando se le conceden todas las licencias, sólo se permita practicar, y con muchas reservas, el sexo virtual,(53) o como, según cuenta este chocarrón neolaredense, un ministerial tamaulipeco supere a los expertos del FBI norteamericano en el resolver asesinatos: el muy imbécil perdió antes un ojo biónico y medio hígado artifical al chuparse, en la escena del crímen, el ciberveneno, el cual creyó sabroso vino por encontrarlo en la licorera de la víctima.(54) No puede uno sino dejar escapar una sonrisa tras saber, casi al concluir un cuento de José Luis Alverdi, que el mayor y más guapo héroe en la lucha espacial contra el opresor es potente en las batallas para ocultar así su impotencia en otras lides.(55) Y si bien, los héroes son menos comunes que los anti-héroes en Epsilonia, éstos más fácilmente poseerán el atributo de la fregonería. He allí los engendros, de D’León-Serratos, que derrotan a un “chamuco chilango” haciéndole creer el “viejo truco” de que allí viene Dios.(56) He ahí el cosmografocillo mexicano, de Guillermo Lavín, que para salirse del hastío en su vida rompe, con algunas trampillas, el monopolio estelar que guardaba una gran corporación, heredera de lo que fueron los Estados Unidos y Rusia.(57)

Es en este contexto risueño cuando uno puede empezar a apreciar mejor lo que es “la visión de los épsilón”. Ciertamente la risa la aplicamos, ante todo, a nosotros mismos, de otra manera se convertiría en burla y dejaría de ser buen humor.(58) Pero por lo mismo, por ser buen humor, no lo reservamos a Epsilonia sino lo extendemos a todo el género humano. Sin duda, sería violencia el restringir estas referencias de José Luis Velarde a México, no digamos Tamaulipas:

Las ranuras en la parte superior del cráneo se popularizaron en la quinta década del Siglo XXI cuando se volvieron un requisito indispensable para los alumnos de nivel básico. Esta disposición redujo el número de maestros, acabó con el sindicalismo magisterial y las escuelas fueron adaptadas como viviendas de interés público. El Estado Autárquico que regía el destino de los habitantes de la Tierra absorbió el costo de los implantes...

Desde el 2056, los niños recibían el chip correspondiente a su grado académico... No escaseaban... las propuestas...que ofrecían licenciaturas, maestrías y doctorados; aunque entre estas últimas prevalecieran las estafas que propiciaron una legión de ignorantes desempleados al ser instruidos con sistemas deficientes.(59)

De allí que nuestra visión de los épsilon no sea restrictiva a nosotros, excluyente de los demás. Abarca a todo el género humano, si por medio de la risa, bueno, no es fácil desapercibir lo ridículo que todos somos. De cualquier manera, es este esfuerzo incluyente y hermanador el que José Luis Velarde identifica como la contribución de Schaffler—y, digo yo, de muchos tamaulipecos—al género de la ciencia ficción:

Con el paso del tiempo las opiniones vertidas sobre la Ciencia Ficción... han ido volviéndose más favorables... Poco a poco han ido olvidándose las historias pulp que encasillaron a la Ciencia Ficción como interminables variantes colonialistas donde los héroes blancos luchaban contra extraterrestres que representaban con frecuencia las características raciales de los enemigos de turno del imperio estadunidense... Algunos llegaron a creer que la Ciencia Ficción siempre era barata y desdeñaron a los maestros del género que la mostraban desde otras perspectivas más ambiciosas... otras posibilidades donde la humanidad entera se veía involucrada y la Ciencia Ficción se volvía universal, ya que la anticipación o la especulación de sus planteamientos nos correspondían a todos. No era la simple propuesta del escapismo, no era la literatura olvidable; se trataba de la literatura destinada a perdurar.(60)

De algún modo, ser épsilon se ha convertido finalmente en una ventaja para los tamaulipecos. Ciertamente no podemos darnos los aires de ser alfas, ni siquiera deltas. Pero por ello nos es muy difícil dejar de reconocernos miembros de un mismo género, el de los humanos. Es por esto que nuestra literatura, especialmente nuestra ciencia ficción, es de lo más universal.

 

Notas

1 Ver, por ejemplo, los ejemplares de enero a abril del 2000 dedicados de lleno a la literatura fantástica rusa.

2 Gerardo Sifuentes Marín, “Perro de Luz”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 251–252.

3 Ver Olga Fresnillo, “Feliz advenimiento”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 85–98.

4 Federico Schaffler, antologador. “Territorio de quimeras, fantástica ficción fronteriza”, El Cuento fantástico en Tamaulipas, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000), 9–10.

5 Federico Schaffler, antologador. “Territorio de quimeras, fantástica ficción fronteriza”, El Cuento fantástico en Tamaulipas, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000), 9.

6 Ver Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines, Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana, (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 13. Trujillo quizá extienda dicha pregunta a la literatura moderna, pues tras llegar la “ilustración”, se despejó, nos explica, el oscurantismo y la intolerancia y los autores por fin pudieron sentarse a pensar a su antojo. De todo esto uno podría predicar, entonces, que El Infierno de Dante y Las Metamorfosis de Ovidio son tremendamente faltos de imaginación.

7 En contraste con Gabriel Trujillo, Umberto Eco prefiere considerar que “la CF no es sino una versión moderna de los cuentos de hadas e incluso de las novelas de caballerías.” Ver su artículo “La Ciencia Ficción y el Arte de la Conjetura”, reproducido por la revista Umbrales (Nuevo Laredo: octubre de 1997) 2.

8 Umberto Eco es más estricto que yo al definir el género: “Insisto que la CF es la narrativa de la conjetura por una razón más sencilla: la buena CF es científicamente interesante no tanto porque hable de maravillas tecnológicas—de hecho puede no hablar de ellas—sino porque se ofrece a sí misma como un juego narrativo, jugando con la esencia misma de toda la ciencia: su conjeturalidad. En otras palabras, la CF es una narrativa de hipótesis y abducción, de acuerdo con la definición de este último proceso hecha por C. S. Pierce” [ver su artículo “La Ciencia Ficción y el Arte de la Conjetura”, reproducido por la revista Umbrales (Nuevo Laredo: octubre de 1997) 2]. Prefiero mantenerme en los límites más amplios de mi definición para así cubrir también el espectro amplio de la ciencia ficción tamaulipeca, la cual si no cae en expresiones ingenuas, tipo las películas mexicanas de El Santo, tampoco se restringe a los parámetros tan estrictos de Eco, los cuales de hecho excluyen del género a La máquina del tiempo de H. G. Wells. La ciencia ficción tamaulipeca, si bien disciplinada, se encuentra animada sobretodo por una vigorosa fantasía. Y es, como diré más adelante, más bien un pretexto para aproximarse a la condición humana. En esto coincido con Trujillo [ver Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines, Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana, (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 12].

9 Con base en la ciencia política se puede también concebir literariamente un “futuro”, escribir ciencia ficción.

10 Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines, Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana, (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 12.

11 Ver Federico Schaffler, “La última defensa” Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 21–25.

12 Ver Jorge Cubría “Padre chip”, Bajo el signo de Alpha. Antología, varios autores, (Ciudad Victoria: libro digital, 2000) 63–74.

13 Ver Federico Schaffler, “Secreto de confesión”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 225–232.

14 Ver Gabriel Benítez, “Visión de los vencidos”, Bajo el signo de Alpha. Antología, varios autores, (Ciudad Victoria: libro digital, 2000) 15–41.

15 Ver Federico Schaffler, “Cipactli”, 9·9·99, Federico Schaffler, coordinador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 1999), 109–124.

16 Esta autoflagelación de Benítez y Schaffler es tolerable en el mar de su muy diversa y valiosa obra: debemos apropiadamente tomar su “complejo de inferioridad mexicana” como una broma.

17 Ver Juan Guerrero Zorrilla, “Así fue. Lo demás es puro cuento”, Así fue. Lo demás es puro cuento, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2001) 49–54.

18 Manuel Antonio Rivas, Almanaque celeste, 1773, citado por Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines, Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana, (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 21.

19 Las tres leyes de “robótica” de Asimov son: 1) un robot jamás hará ningún daño a un hombre ni permanecerá inactivo como para permitir que un hombre sufra el dañó; 2) los robots obedecen todas las ordenes de los seres humanos salvo las que contradigan la primera ley; 3) los robots protegen su propia existencia a no ser que contradiga el hacerlo las dos primeras leyes. Ver Isaac Asimov, I Robot, en su sección Handbook of Robotics, 56th Edition, 2058 A.D.

20 Gerardo Porcayo, “Cyberpunk”, Umbrales #33 (Nuevo Laredo: septiembre de 1997) 3.

21 Gerardo Porcayo, “Cyberpunk”, Umbrales #33 (Nuevo Laredo: septiembre de 1997) 2.

22 Gerardo Porcayo, “Cyberpunk”, Umbrales #33 (Nuevo Laredo: septiembre de 1997) 2.

23 Ver Gerardo Porcayo, “Cyberpunk”, Umbrales #33 (Nuevo Laredo: septiembre de 1997).

24 Ver, por ejemplo, Juan Guerrero Zorrilla, “¿De madera?”, “La compañía de transporte de pasajeros cuenta su historia”, “Retozón de cabriola”, “Mi papá”, Así fue. Lo demás es puro cuento, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2001) 11–28, 55–65, 125–130 y 159–175.

25 Ver Juan Guerrero Zorrilla, “Mi gran aventura”, Así fue. Lo demás es puro cuento, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2001) 141–156.

26 Ver José Luis Velarde, “El regreso de los héroes no se produjo nunca”, Cuentistas tamaulipecos. Del fin de siglo, hacia el nuevo milenio, antologador Orlando Ortiz (Ciudad Victoria, Tamaulipas: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes: 2000) 439–444.

27 Ver Federico Schaffler, “Lluvia de estrellas”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 34–38.

28 Ver, Federico Schaffler, “Contrato Nahual”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 39–47.

29V er Jesús D’León-Serratos, “Simbiosis”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 53–81

30 Ver Ramberto Salinas Rodríguez. “Los último cinco”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 189–193.

31 Ver Gerardo Sifuentes Marín, “Perro de Luz”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 247–258.

32 Ver Federico Schaffler, “Vuelo libre”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 53–63.

33 Ver Federico Schaffler, “Nanograffiti”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 9–20

34 Ver Jorge Eduardo Álvarez, “Bajo el huracán”, Ocho lecturas para el baño, compilador Federico Schaffler, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1995) 8–16.

35 Ver Federico Schaffler, “Muerte en Telepress de Oriente”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 66–98.

36 Ver Jesús D’León-Serratos, “Bajo la máscara del Fantasma”, 9·9·99, Federico Schaffler, coordinador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 1999) 45–56.

37 Ver José Luis Velarde, “La canción de Samantha”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 261–268.

38 Ver Jorge Eduardo Álvarez, “Náyade”, En las fronteras del cuento, ed. por Orlando Ortiz, (México: Consejo de la Cultura y las Artes, 1998) 65.

39 Ver Federico Schaffler, “Fresa impoluta”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 48–52.

40 Ver Guillermo Lavín, “Sueño inducido”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 143–155.

41 Ver Gerardo Sifuentes Marín, “Radiotekhnika cantina”, El cuento fantástico en Tamaulipas, Federico Schaffler antologador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2000) 225–246.

42 Ver Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines, Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana, (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 12.

43 Guillermo Lavín, “El futuro es tiempo perdido”, Final de cuento (México: Fondo Editorial Tierra Adentro, 1993) 25.

44 Ver Guillermo Lavín, “Llegar a la orilla”, Bajo el signo de Alpha. Antología, varios autores, (Ciudad Victoria: libro digital, 2000) 91–106.

45 Jesús D’León-Serratos, “Los malditos”, Génesis de letras muertas, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 59–60.

46 Jorge Eduardo Álvarez, “Cenizas de Fractal”, 9·9·99, Federico Schaffler, coordinador, (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 1999) 15.

47 Federico Schaffler, “Muerte en el Telepress de Oriente”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996) 81–82.

48 “La visión” Ilógicas simplicidades, Colección Tierra Ignota #2, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1995) 46.

49 Ver José Luis Velarde, “La sombra descendió desde lo más alto del cielo” A Quien Corresponda (Ciudad Victoria: octubre de 1999) 35.

50 Ver Marcos Manuel Rodríguez Leija, “La visita” Exhumación de sueños lúgubres (Nuevo Laredo: Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 40–46.

51 Ver José Luis Velarde, “Sendero al Infinito” A Quien Corresponda (Ciudad Victoria: agosto de 1996) 28.

52 Ver Federico Schaffler, “Cipactli”, 9·9·99, (Nuevo Laredo: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 1999) 107–124.

53 Ver Federico Schaffler, “Secreto de confesión (Pecata minuta)”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996) 26–33.

54 Ver Federico Schaffler, “La solución”, cuento inédito (Nuevo Laredo: 2003).

55 Ver José Luis Alverdi, “Siete y el rayo”, 9·9·99, (Nuevo Laredo: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 1999) 25–32.

56 Ver Jesús D’León-Serratos, “Los malditos”, Génesis de letras muertas, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 59–66.

57 Ver Guillermo Lavín, “Razones publicitarias”, Final de cuento (México: Fondo Editorial Tierra Adentro) 74–94.

58 Este punto lo desarrollo más extensamente en “El sentido del humor en la frontera” Fronteras, Revista de diálogo cultural Nº 17 (México: CONACULTA, verano del 2000) 23–30.

59 Ver José Luis Velarde, “Los crímenes que conmovieron al mundo”, A Quien Corresponda (Ciudad Victoria: junio de 1999) 24.

60 José Luis Velarde, “Sendero al Infinito” A Quien Corresponda (Ciudad Victoria: agosto de 1996) 28.

 Inicio | Relatos | Poetas | Ensayo | Taller | Autor | Links

 

Este registro se añadió el 28 de octubre 2009

Contador de visitas para blog

*

 

Arturo Zárate-Ruiz trabaja para  El Colegio de la Frontera Norte, en Matamoros. Se doctoró en Artes de la Comunicación en la Universidad en Wisconsin en Madison. Se especializa en retórica. Estudia el discurso político y literario en la frontera de México y Estados Unidos. Entre sus libros se hallan La Ley de Herodes y la "guerra" contra las drogas (Plaza y Valdés, 2003), A Rhetorical Analysis of the NAFTA Debate (University Press of America, 2000) y Gracián, Wit, and the Baroque Age (Peter Lang, 1996).

Otros textos del autor en el sitio:

IV Letras en el Borde

Las cuentistas tamaulipecas y sus propuestas tanto radicales como escépticas de redefinición genérica

Literatura como fuente e instrumento de observación para aproximarse a la nueva literatura tamaulipeca

 





Literatura Virtual es un sitio dedicado

a los autores contemporáneos

desde mayo de 2001

Si usted desea presentar sus trabajos en Literatura Virtual, mande un texto de acuerdo a las siguientes recomendaciones: No incorpore su trabajo al cuerpo del mail, es preferible enviarlo como archivo adjunto en cualquier formato de Word. No añada elementos de diseño (sangrías, tabulaciones, columnas, subrayados, diversos tipos de letras, numeración o notas de pie de página, etcétera). Basta con que el texto venga justificado a la izquierda con interlineado de un espacio.

Cumplir con estos requisitos no garantiza la publicación.


Mande sus textos a:

literaturavirtual@hotmail.es