Los relojes

 


Renato Tinajero Mallozi

El número de los relojes es finito y los mecanismos que los mueven son perecederos.
Este reloj se ha oxidado. Aquél se desprendió de una muñeca.
Cayó al suelo. Se rompió.
En el camarote del capitán había un reloj clavado a la pared
y el barco se ha hundido.


Algunos relojes desaparecen un buen día en el fondo de un cajón.
Otros quedaron bien guardados en el ataúd de sus constantes dueños.
Los demás han sido robados o se extraviaron
en alguna grieta del camino o en una alcantarilla.

Un día acabarán por desaparecer todos los relojes.
Será como despertar en una habitación a oscuras.
Aguzas el oído. Palpas las sábanas. Respiras.
Una sordina inmensa ha descendido sobre el viejo tic tac
y es tu respiración lo único que oyes.
En la torre en ruinas la aguja señala el minuto que fue.

Alguien habrá mirado, sin saberlo,

el último golpe de la manecilla

tras recorrer el hueco entre un minuto y el siguiente.

 

En el libro de visitas

(sus hojas amarillas, su olor a encierro y moho)
no cabe otra firma, la última de sus páginas
está repleta de nombres hasta el borde inferior.
El día que desaparezcan los relojes
lanza a las aguas una piedra y la verás flotar
en el punto exacto donde ha caído.
Será posible entonces cruzar dos veces
el mismo río.

Caminar
simultáneamente en direcciones opuestas.
Alquilar habitaciones en dos hoteles distintos,
echarse a dormir,
y despertar en el punto de partida.
Los meseros habían recogido las sobras de un banquete
y el banquete ha vuelto a celebrarse hoy,
el mismo vino y los mismos invitados.
Colmado gota a gota el vaso se derrama.
Da en el blanco la flecha definitiva.

El arco vuelve a su posición original.
Y la pequeña piedra va rodando libre,
río abajo,
a flote, sin quebrantar siquiera la superficie de las aguas.

 

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Este registro se añadió el 28 de octubre 2009

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Escritor Mexicano

(Ciudad Victoria, 1976).

Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Autor de cuentos, poemas y ensayos aparecidos en publicaciones seriadas y en diversas antologías, como los volúmenes de la serie Literatura joven universitaria (UANL, 1997 y 1998), Novísimos cuentos de la República Mexicana (CONACULTA, 2004) y Región sin dónde/2. Antología de la Poesía Actual de Nuevo León, México (Revista de poesía Aullido, 2005). Es autor de tres libros: Una habitación oscura (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997), La leona (UANL, 2000) y Yorick (Diáfora/UANL, 2008). En el 2012 fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la especialidad de Poesía.


Otros textos del autor

La leona

Páginas de sociales


Un reloj automático es un señala tiempo dotado con un mecanismo en el que el resorte se carga moviendo el reloj y no actuando sobre la corona. El primer relojero que quiso dotarlo de un movimiento perpetuo fue, en el siglo XVIII, Abraham Louis Perrelet, que nació en Le Locle (Suiza) en 1729 y que lo realizó alrededor del año 1770 empleando una masa semicircular sin amortiguación, con el centro de oscilación en el centro de la platina del reloj.