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   Y todo a media luz...

En estos días la opinión pública nacional está cuestionando el incremento a las tarifas eléctricas a partir de determinados niveles de consumo; como quiera que se nos presente, con eufemismos o sin ellos, significa un duro golpe a las clases medias del país, precisamente los segmentos sociales que llevaron a la Presidencia de la República a Vicente Fox. No se debe olvidar que a toda acción de administración pública corresponde una factura en la contabilidad política. Es patente la actitud ambivalente que asume el gobierno federal al actuar en dos frentes.

El primero busca complementar la acción recaudadora de la miscelánea fiscal recientemente aprobada por el poder legislativo. El segundo frente pretende convencer a la población de la falta de recursos financieros en la Comisión Federal de Electricidad y en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro.

La sociedad, (léase: el pueblo), cuestiona la habilidad profesional de los responsables de la administración en las dos empresas. ¿Cómo es posible que una empresa con mercado cautivo y sin competencia alguna pierda dinero? ¿Se busca reproducir lo mismo que se hizo con Teléfonos de México durante el salinato? Es curioso -por no decir doloroso-, descubrir que la misma empresa en manos del gobierno resulta con cuantiosas pérdidas operativas y al pasar a manos privadas, como por arte de magia, la misma empresa tiene inmensas y jugosas utilidades.

Lamentablemente, el gobierno federal al intentar ciclos que ya demostraron su desventaja para la nación, enfrenta y enfrentará oposiciones abiertas, porque ya estamos cansados de las mismas recetas perversas. Los liberales tenemos la convicción de que existen alternativas para generar más electricidad y simultáneamente fortalecer el pacto federal.

Cuando se modifica la legislación, se busca mejorar las condiciones previas de la misma y no a la inversa. Nosotros sostenemos que tanto los monopolios públicos, como los privados, generan distorsiones graves en las sociedades de consumo. Proponemos que las modificaciones a la ley en materia de energía otorguen facultades y recursos a las entidades federativas para que éstas generen su propia energía, y se rompa con el nocivo efecto de la dependencia energética hacia la CFE y la CLyFC.

Hay entidades que por sus características bien pudieran aprovechar la energía solar para generar electricidad. En otras, la fuerza del viento puede proveer los requerimientos de luz para muchas comunidades rurales. En todos los casos, un clima de libertad para la inversión pública y un sano apoyo de inversión privada nacional, le resolvería el conflicto financiero a las empresas ineficientes a nivel central. Inclusive si tan grave es la situación patrimonial del gobierno federal, éste podría vender a los gobiernos estatales algunas plantas generadoras de electricidad.

El impacto en la descentralización de la administración sería realmente significativo, además se reconocería la mayoría de edad en los gobiernos estatales, se crearían fuentes de empleo bajo esquemas mixtos de inversión y se fortalecería el espíritu del pacto federal.

Por tratarse de un sector estratégico de la economía nacional, el capital privado se subordinaría al interés público, pero al mismo tiempo se reconocería -en aras de la unidad nacional- la importancia de su participación en el estímulo al mercado interno. Incluso, se plantearía la posibilidad de que el usuario final pueda elegir entre dos o más alternativas de proveedores de electricidad.

Los mexicanos hemos aprendido por tristes experiencias. Ya no es posible aceptar la simple versión de que no contamos con suficientes recursos e imaginación para hacernos cargo de la generación energética que sea compatible con el crecimiento del país. Es más, en estos momentos se exporta electricidad a California y Belice. Que no se nos engañe sobre la realidad. Afortunadamente para la República, estamos muy lejos de la carencia energética que sufren otras naciones, como lo demuestra el caso de la isla mayor del Caribe.

Un país con energía tiene la posibilidad de crecer y mejorar la calidad de vida de sus habitantes y ésta, -bien administrada- puede contribuir a sanar las graves injusticias que provocan la falta de acceso a la modernidad en miles de comunidades rurales.

Una nación dividida es presa fácil y víctima de quienes no tienen límite en sus ambiciones transnacionales.

Ahí está ejemplo del escandaloso fracaso empresarial del poderoso consorcio norteamericano de energía, ENRON. Se ha puesto en evidencia el gran proceso de corrupción y engaño de los directivos de esa empresa y hasta sus posibles vínculos con la Casa Blanca y el financiamiento de costosas campañas en varios países.

Las grandes corporaciones no son garantía de eficiencia y responsabilidad. Sólo el compromiso con las necesidades de los ciudadanos es lo que le imprime viabilidad de largo plazo a las empresas.

Ya basta de propuestas simplistas. Seamos propositivos y trabajemos con el interés de servir a quienes creyeron y votaron. Que sea por y para el bien de México.

Derecho a réplica y observaciones: salvadorordaz@hotmail.com y senadors@hotmail.com




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