Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!
Inicio

 
www.tiemposdereflexion.com Anúnciate con nosotros
   Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)

El ALCA surge como una decisión apresurada del gobierno de los E.U. para hacer abortar el proyecto por el cual se estaba conformando la Mancomunidad Iberoamericana, alianza de los pueblos de España, Portugal, El Caribe y América Latina. Esto buscaba propiciar un proceso de crecimiento económico y crear un clima de seguridad socioeconómica que de veras pudiera sustentar una genuina democracia en Nuestra América.

En junio de 1826 Simón Bolívar convocó el Congreso Anfictiónico en Panamá con objeto de lograr un pacto social que fuera base para constituir, en este lado del mundo, una "nación de repúblicas", y que "nos sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete de los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin de nuestras diferencias". Estos eran los objetivos públicos. Los no públicos incluían la independencia de Cuba, intentando una concertación de fuerzas e intereses que la propiciara a corto plazo. Estos objetivos originales -considerando el diferente espacio-tiempo-histórico- siguen constituyendo, más de un siglo después, el proyecto fundamental de la comunidad de los pueblos iberoamericanos.

Simón Bolívar, José Martí y las figuras más prestigiosas del pensamiento y la acción entre nosotros, siempre afirmaron que la integración de Nuestra América en una unidad política y económica, es el procedimiento único válido para garantizar la soberanía de nuestros pueblos, su realización social y su crecimiento económico.

En 1826 los Estados Unidos y la Gran Bretaña ejercieron cuantas presiones pudieron para hacer fracasar el Congreso Anfictiónico de Panamá. Así, siglo y medio después, el proyecto del ALCA fue la propuesta para hacer fracasar el Merco-Sur y la Comunidad Andina con otros pasos de integración subregional, y para impedir la integración de la mancomunidad de los pueblos iberoamericanos que estaba conformándose. En la llamada I Cumbre de las Américas, que se realizó en Miami en 1994, convocada por el gobierno de los Estados Unidos, aparece el proyecto del ALCA, apoyado en una concepción capitalista neoliberal de la economía que pretende la libre circulación de mercancías y de capital en todo el continente americano. Eso confirmaría el régimen socioeconómico que, durante ya más de un siglo, ha subvertido nuestro crecimiento económico, incrementado la inestabilidad política y dañado gravemente todos los programas de seguridad social, desarrollo cultural y educación en nuestros países. El ALCA quiere hacer válida la falacia de que es posible institucionalizar un acuerdo económico equilibrado entre países demasiado desiguales, en cuanto a su tecnología, su estructura socioeconómica y la disposición de capitales e instrumentos de mercadeo.

El ALCA anuncia que estará plenamente vigente para el 2005. Pero sus consecuencias trágicas ya se han hecho evidentes en la Argentina, el Ecuador y el Perú. Mencionamos solamente estos países, donde el incremento de los niveles de miseria ha sido dramático. Las condiciones del trabajo, la salud y la educación se han degradado en todo nuestro pueblo-continente. Se han limitado las formas de participación popular y, sobre todo, se pretende impedir más aún la autodeterminación de nuestros pueblos.

En la escalada neoliberal implementada por los organismos financieros internacionales a fin de imponer el ALCA, se ha destacado la Organización Mundial del Comercio (OMC), que ha impuesto reglas al tráfico mediante las cuales los países pobres y los de estructuras de nivel medio han perdido importantes grados de autonomía. En otro tiempo éstos podían desarrollar iniciativas domésticas al objeto de satisfacer sus necesidades elementales e implementar, siquiera rudimentariamente, su crecimiento económico. Ya no es fácil y se pretende que no sea posible.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, ha impuesto -y está imponiendo- políticas de ajuste y reformas estructurales que exigen el establecimiento de economías de mercado abierto; quiere decir: de total desprotección para la clase trabajadora en particular y el pueblo en general, con relación a los intereses del comercio exterior y la inversión extranjera. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo de 1999 se vio obligada a manifestar que "el sistema mundial se caracterizaba por asimetrías de desequilibrio que desfavorecen a los pobres y a los excluidos", y prosigue después: "que una competencia desenfrenada, en particular cuando las armas son desiguales, jamás ha sido suficiente para activar el crecimiento, ni para implementar la prosperidad."

En el actual contexto internacional, el ALCA no es, como en fases anteriores de la historia, un programa para convertir a Nuestra América en un área de complementación económica y de subordinación política. Hoy es parte de la estrategia económico-política de las estructuras transnacionales, que ya se imponen aún a los estados poderosos, a los que luego usan como instrumentos de sus propios intereses. La acción de las transnacionales es cada vez más agresiva. Las crisis producidas en los últimos años en México, Asia, Rusia, Brasil y Argentina son apenas presagios dramáticos de la gran crisis internacional que se avizora. La única explicación para entender las excesivas presiones que el FMI ejerce sobre la Argentina, -donde por consecuencia se agravan los males- es que esas presiones y ese desastre argentino pretenden quebrar el Merco-Sur. Esto es, a la vez de desarticular el movimiento obrero y el gran movimiento en la base social que se está conformando, son los objetivos de los grandes intereses que se están imponiendo ya a muchos de nuestros pueblos.

Resulta evidente que la implementación del ALCA por la acción conjunta del gobierno de los Estados Unidos y la OMC, creará una mayor marginación en nuestro sector campesino e incrementará la inestabilidad política hasta grados impredecibles. Se producirá una mayor frustración en nuestras clases medias y profesionales, y se desbordará la emigración de las mismas hacia los E.U. Esto ofrecerá al país receptor, especialmente a los Estados Unidos, una mano de obra calificada a muy bajo costo, pues no se habrá invertido en su formación y se le pagarán salarios inferiores. A su vez, provocará el deterioro de las condiciones de trabajo en los Estados Unidos y creará las condiciones para, mediante una acción sistemáticamente dirigida, avanzar en la desarticulación del movimiento obrero y campesino, así como de los grupos de acción social, tanto en los E.U. como en los países del sur.

Esto no se presenta a mediano o largo plazo. Ya esta escalada contra el movimiento social norteamericano se está manifestando. Por supuesto, esto reclama una acción solidaria de trabajadores y activistas sociales de las dos Américas.

Se presiona a la América del Sur para que se supriman todas las regulaciones de protección a la producción agrícola nacional. Pero en Estados Unidos se ofrecen fuertes subsidios y protección arancelaria a la producción agrícola doméstica. En los países nuestros se invalida la producción familiar y su mercadeo, donde se generaban importantes niveles de empleo y una interrelación social que incrementaba la solidaridad. Esa actividad permite la supervivencia -en cuanto a la simple alimentación cotidiana- a porciones considerables de nuestra población y, de cierta manera, provee a la protección de nuestro eco sistema y al sustentamiento de nuestra cultura.

El ALCA, al imponer el neoliberalismo económico, amenaza con deteriorar y destruir el medio ambiente. Nuestras tierras, bosques y aguas, que constituyen nuestro bio-sistema, corren ya grave peligro. Hay proyectos, como el de privatizar el agua, o el de disponer de nuestras riquezas minerales y nuestra capacidad energética, para servir prioritariamente los intereses de las transnacionales en sus estrategias políticas o militares, que implican un verdadero riesgo para la población.

La implementación del ALCA tiene consecuencias más allá de lo económico. Afecta lo cultural, lo social y lo político. Por ello, se requiere una acción conjunta de todos los pueblos y activistas sociales del continente. Esto nos afecta a todos. Progresivamente se va estableciendo la subordinación de los gobiernos nacionales a los dictados de las empresas transnacionales. ¿A ese paso qué quedará de la nación?

Por el momento, lo que se pretende con el ALCA es disminuir más aún la capacidad de los estados nacionales para controlarles macroestructuralmente su economía. Además, se da luz verde a las corporaciones para presionar sobre los gobiernos contra cualquier ley o regulación que pueda disminuir las ganancias particulares de aquéllas, inclusive contra las medidas que estén para proteger a los consumidores y el medio ambiente, o para evitar que se exploten sin restricción nuestros recursos naturales.

Si la proposición identificada como ALCA se presenta como la oportunidad única de entrar sin estorbos en el más amplio y opulento mercado del mundo, un análisis más fino y profundo del tema conduce a la irrecusable evidencia de que desemboca en el empobrecimiento cada vez más insuperable de nuestros países del sur, y muy en especial de los estratos obrero y campesino. Los sectores sociales actualmente más marginados se verán en condición más asfixiante, y como habrá mermado, o casi desaparecido en muchos, la disposición de la soberanía, la capacidad de abordar los problemas e intentar soluciones se hará cada vez más difícil.

Una competencia irrestricta en medios tan desigualmente desarrollados sólo puede traer la degradación del trabajo -por ende, la devaluación progresiva de la hora/trabajo-, la marginación creciente de población laboral y la liquidación progresiva de espacios de producción y servicios, hoy ocupados por los sectores medios de la población, que aún subsisten en el macrosistema industrial-comercial vigente. El desnivel tecnológico entre la potencia y los estados que se subordinen, tenderá a concentrar tanto la producción como los mercados de alto nivel, en núcleos cada vez más restringidos, quedando cada vez más sin espacio los modos rudimentarios de la producción y el comercio donde sobrevive una porción cada vez más creciente de la población en la América Latina.

Así pues, el ALCA que no es más que un subproyecto sectorial del llamado "plan para la globalización", donde se aprovechan la debilidad política estructural de nuestros países, las abismales diferencias de clases producidas por un desarrollo catastróficamente desordenado y violento, y los hábitos de pasividad manipulada de la población (a todos los niveles), para facilitar el ya anormal crecimiento de la potencia hegemónica y servir de contrafuerte y apoyo de la misma en su enfrentamiento con las otras potencias económicas y militares en crecimiento o proyección del planeta, a saber: Europa, Asia (Japón, China e India) y Australia-Oceanía.

Es necesario, pues, en primer lugar, desarrollar una conciencia clara de nuestra realidad actual y de adónde nos puede llevar, como a chicos embaucados por el prestidigitador, por la promoción publicitaria a todos los niveles del proyecto ideal ALCA, el seguimiento de tal carnada.

El punto de partida debe ser la defensa y fomento de la organización de los trabajadores, por el momento única estructura social que comprende a los no propietarios y sí dependientes del salario, para su supervivencia en nuestras muy desiguales sociedades. Así de importante son la organización y defensa de la clase campesina, la más irremediablemente afectable en países de tales desniveles de propiedad y de instrumentación tecnológica como los nuestros. Pero no es menos necesaria la acción consciente de los sectores intelectuales y tecnocráticos que tienen la misión de prever y participar en el cambio social.

En última instancia, esto no es simplemente un problema de programación socioeconómica, ni de acomodación de los grupos sociales a un orden no discutido, sino de política, de la conducción de la comunidad entera y de la organización y templanza de la estructura social para su más coherente eficacia. Dramáticamente se trata de convencer, defender y orientar a una población a la realización de unas metas y a la colaboración solidaria en el esfuerzo.

Por eso la clave de todo está en la salvaguarda de la soberanía (hoy en grave riesgo) y en la organización de la población en un proyecto de reafirmación nacional, el cual puede expresarse en una mancomunidad de naciones fundamentada en los principios de libertad y justicia que en momento de su desintegración fueron sostenidos por los próceres más significativos y genuinos que condujeron a sus pueblos al intento de lograr e institucionalizar el ejercicio de su soberanía en un estado social de derechos, en el que, por supuesto, se incluya el compromiso de la sociedad en garantizar el ejercicio de los derechos sociales y políticos de la persona.

Réplica y comentarios al autor: r.simeon@psrdc.org




*
Anúnciate con nosotros

Recibe nuestro boletín mensual
*
* Tu email:
*
*
*
*
*

Noticias
*

Archivo
*
* Consulta los boletines de ediciones pasadas. *
*

Panel de Opiniones
*
* Opina sobre este tema o sobre cualquier otro que tú consideres importante. ¡Déjanos tus comentarios! *
*

Escribe
*
* Envía tus ensayos y artículos. *
*
___
Logos de Tiempos de Reflexión cortesía de Matthew Nelson y Chago Design. Edición, diseño y actualización por Morgan y MASS Media
Resolución mínima de 800x600 ©Copyright pend. Acuerdo de uso, políticas de protección de información