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El despertar se pintaba... paulatinamente... con un rosaceo hermoso. Con una mano invisible, como tijeras inmensas, se recortaba el perfil, multicolor del alba... cuando comenzaba a despertarse.
Unos rayos de luz colgados del cielo, daban la impresión que se metían al agua, para lavarse los pies llenos de algas y se recogían junto,en la orilla larga como puñales marrones puestos en órden.
Y mi río se iba plateando intenso... como papel de celofán arrugado... por traviesas manos. Y poco a poco... se iba desperezando... los bostezos del alma, hiriéndo los últimos luceros... que despegaban del cielo, al paso de la luz inmensa que llega.
Ya los pájaros han cantado, las gaviotas volaron sobre el río, y el viento como grande abaníco, apagaba la última luna de ese día.
© Raúl Toscano












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