
En el apartado anterior hemos intentado dejar claro que la tecnología no es la simplemente una ayuda para la educación. Ahora trataremos de cuestionar una segunda visión deformada que contempla a la educación y la tecnología como independientes, con diferentes objetivos, métodos, productos y que por tanto contribuye también, a que la educación científica ignore la tecnología. Esta separación suele justificarse afirmando que la diferencia entre la ciencia y la tecnología reside en que abordan dos tipos distintos de problemas: uno cuya finalidad «es la explicación», y que se caracterizaría por responder a la pregunta «¿por qué?». Y otro cuya finalidad es «hacer algo» (objeto, sistema, proceso) y que puede caracterizarse por responder a la pregunta «¿cómo hacerlo?». Sin embargo, se trata de una simplificación abusiva de la naturaleza de la ciencia, puesto que el conocimiento científico se basa, mucho más que en la explicación, en la «predicción», y ello obliga a «hacer algo» para someter a prueba las predicciones, lo que conlleva plantear el «cómo», supuestamente una característica diferenciadora de la tecnología. Pero además, la finalidad de la ciencia no es sólo hacer representaciones del mundo para comprenderlo mejor, sino también para intervenir en él.

Frente a esta concepción que separa del todo tecnología y educación en la que sigue detectándose la distinta valoración social del trabajo «manual» e «intelectual» hemos de afirmar con rotundidad que si bien la educación se ha desarrollado durante milenios sin el concurso de la tecnología, inexistente hasta hace muy poco la construcción del conocimiento tecnológico ha sido y sigue siendo siempre deudora de la educación: basta recordar que para someter a prueba las hipótesis que focalizan una investigación estamos obligados a construir diseños experimentales; y hablar de «diseños» es ya utilizar un lenguaje tecnológico. Es cierto que, los diseños experimentales son deudores del cuerpo de conocimientos, pero su realización concreta exige resolver problemas prácticos en un proceso complejo con muchas de las características del trabajo tecnológico.
Cabe concluir que, si bien la tecnología precedió a la educación históricamente, en la actualidad las relaciones educación-tecnología constituyen una interacción que se traduce en influencia mutua.
Dar más importancia a la tecnología no supone ninguna «desviación» que perjudique a la formación educativa, sino la incorporación de aspectos que son esenciales en dicha actividad, pero a los que la educación no ha prestado la debida atención.
Sobre
la educación

Es por tanto en este marco, el de la Sociedad de la Información, en el que cabe situar a la Tecnología Educativa, como un campo específico pero influido por todo este proceso general de transformación. La propia institución educativa está en crisis debido a la multitud de cambios que se han experimentado en los últimos tiempos. Hoy en día estamos en un momento en el que debemos reinventar la escuela, el aula, porque hasta ahora ha sido muy poco flexible.
Con los nuevos planteamientos el docente no debe ser un mero transmisor de conocimientos sino que tiene que ofrecer desafíos y alternativas de trabajo a sus alumnos con el objetivo de que les ayude a construir y posicionarse de una manera crítica, activa y creativa sobre determinados contenidos. De hecho, debemos asumir que la educación por si sola no puede cambiar nada. La transformación social pasa por cambios estructurales. La educación colabora formando mentalidades, identidades personales y sociales, formando personas más sensibles capaces de situarse de otra manera delante de los problemas.
Aunque una gran cantidad de investigaciones realizadas en los últimos años señala que las tecnologías aplicadas a la educación pueden servir como catalizador para mejorar la enseñanza, no se puede afirmar nada de manera definitiva. Muchas de ellas señalan que se deben desarrollar nuevos métodos y estilos de enseñanza. Mientras el enfoque dominante en la investigación se ha centrado en los efectos de la tecnología sobre los estudiantes y la forma en que aprenden, los investigadores sostienen que se debe prestar más atención a los efectos que la tecnología educativa ejerce sobre la forma en que enseñan los profesores.

La llegada de Internet a los centros educativos puede propiciar cambios metodológicos basados en la exploración e investigación que facilita. Así, en el modelo centrado en el estudiante, los profesores motivan a los alumnos a ser responsables de su propio aprendizaje y promueven el uso de la tecnología para encontrar caminos individuales de aprendizaje. Este proceso fomenta el desarrollo de habilidades de aprendizaje para toda la vida, de tal manera que los estudiantes puedan adaptarse a los cambios constantes que la nueva sociedad parece traer. En un mundo tecnológicamente avanzado, es esencial tener la capacidad de adaptarse al cambio.
Los profesores que hagan uso del aprendizaje colaborativo y de las actividades basadas en proyectos, se convertirán en facilitadotes del aprendizaje. La tecnología se convierte así en la herramienta que ayuda al profesor a crear un ambiente de aprendizaje, interactivo, colaborativo, multidisciplinar y exploratorio. Al utilizar la tecnología como una herramienta de comunicación, los alumnos toman un rol activo, ya que se comprometen en un proceso de pensamiento de alto nivel, toman decisiones sobre formas de obtener, analizar y compartir información.
