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    re-construir en tiempos de crisis

 

(Nehemías 1 y 3)

 

El libro de Nehemías refiere las memorias relativas a la misión que le fue oficialmente encomendada por el rey persa Artajerjes I: viajar a Jerusalén y encargarse de la restauración de sus murallas. Las tareas de Nehemías se desarrollan de acuerdo con un gran proyecto de reconstrucción de la ciudad y de reforma religiosa y moral del pueblo, cuya fe y costumbres habían estado expuestas, durante los muchos años del exilio, a influencias externas que a menudo lo habían desviado de la recta obediencia a la ley de Dios.

 

En esta oportunidad voy a referirme a los dos primeros capítulos de este libro divino, ya que ambos nos enseñan acerca de la actitud decidida de un siervo de Dios para cumplir una misión. El capítulo primero, da cuenta de que el pueblo de Dios está cautivo en Persia, bajo el gobierno de Atajerjes I quien le encarga a Nehemías reconstruir las murallas de Jerusalén. El capítulo segundo, tiene que ver con la actitud tomada por este varón de Dios: dar ánimo a su pueblo para el gran proyecto de reconstrucción de la ciudad. Analicemos estos dos capítulos en mención:

 

1.      La oración de Nehemías.- El capítulo primero nos relata que Nehemías al escuchar de parte de su hermano Hanani y de otros más que «El resto, los que se salvaron de la cautividad, allí en la provincia, están en una situación muy difícil y vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego», se puso muy triste; se dolió por esta desolación, hasta el punto de llorar; oró a Dios, creador de los cielos; y se puso en ayuno por varios días. En realidad, esta actitud nos muestra el gran corazón que tenía Nehemías por su pueblo y su confianza en Dios. Ahora, Pongamos atención a su oración: «Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés, tu siervo, diciendo: “Si vosotros pecáis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra, aunque vuestra dispersión sea hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa. Te ruego, Jehová, que esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo y dale gracia delante de aquel hombre».

 

Este modelo de oración intercesora por su pueblo, refleja honestidad, arrepentimiento y un reconocimiento a la misericordia de Dios. Debe convertirse en un ejemplo para nosotros hoy en día, que vivimos en una ciudad, moralmente en ruinas, con instituciones en caos, e iglesias en situación de crisis. Aquí no basta la voluntad de salir de la crisis, sino que debe haber una actitud de honestidad y arrepentimiento de parte de todos los que componemos la ciudad o las instituciones. Confiar que sólo por la misericordia de Dios podremos salir de la crisis. Los tiempos de crisis se originan cuando nos apartamos de Dios, le damos la espalda y nos rebelamos contra su santa voluntad. Ningún esfuerzo humano valdrá la pena sino está Dios de por medio. Nehemías oró a Dios y Él respondió a su oración. Dios siempre cumple sus promesas, no es un Dios mentiroso como los hombres, es un Dios de verdad y tiene palabra de honor.

 

De esta actitud de Nehemías por su pueblo podemos destacar algunos aspectos, quien bien nos puede servir de provecho hoy en día:

 

Ø   Llanto

Ø   Duelo

Ø   Ayuno

Ø   Oración

Ø   Plegaria a Dios

Ø   Confesión de pecados

Ø   Intercesión

Ø   Arrepentimiento

Ø   Misericordia de Dios.

 

2.      Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros de Jerusalén.- El segundo capítulo nos relata cómo Dios respondió la oración intercesora de Nehemías y cómo le concedió la gran oportunidad de ir a restaurar los muros de Jerusalén. Nehemías no sólo se quedó llorando y viviendo en desolación, sino que dio un paso más trascendente: compartió su dolor con el rey Artajerjes para que éste tuviera compasión. Aquí podemos otra vez, como la acción oportuna de Dios se manifiesta. De pronto, el rey le pregunta a su siervo cuál es el problema. Él, confiado de que no ha de ser desoído, le pide ir el mismo a reconstruir los muros de su ciudad. Es así como por la acción misericordiosa de Dios, a Nehemías le es concedido su pedido.

 

Estando ya Nehemías en el lugar de los hechos, puede comprobar, en el silencio de la noche, la desolación en que se encuentra la ciudad de Jerusalén, en ruinas y consumida por el fuego. En medio del dolor, del sufrimiento, de la derrota, del llanto y desolación, este varón de Dios tomó una actitud valiente, animó a sus compatriotas a reconstruir los muros de la ciudad para no seguir en una situación de oprobio. Él dio testimonio de cómo Dios estaba con él y cómo su mano poderosa estaba haciendo maravillas. De esta actitud deberíamos aprender nosotros también. Muchas veces en circunstancias parecidas solemos quedarnos en una mera actitud de llanto, clamor, ayuno, y no hacemos nada por salir de la situación de crisis que nos agobia. ¡Cuánta gente necesita tener ánimo para salir de una crisis y avanzar hacia adelante! ¡Cuántos necesitan escuchar los testimonios de un Dios todopoderoso! No basta llorar y quedarse lamentándose o estar en ayuno y oración. Hay que hacer algo de nuestra parte también. ¡La reconstrucción es tarea  de todos!.

 

Es admirable cómo ante la actitud decidida de Nehemías de salir adelante, todos unidos respondieron a su llamado y al unísono dijeron: ¡Levantémonos y edifiquemos! A partir de esa actitud de este varón de Dios, todos se esforzaron para el bien común de los demás. Sin embargo, a pesar de algunos enemigos, que nunca faltan, lograron concluir la tarea. La confianza en Dios y su protección divina permitió a todo un pueblo en crisis a levantarse de su ruina y reconstruir su cuidad.

 

Ahora bien, ¿cómo podemos aplicar esta enseñanza en nuestros días? Pienso que bien podríamos tener en cuenta este esquema:

 

Ø   Situación de crisis

Ø   Constatación de la crisis

Ø   Necesidad de interceder a Dios: ayuno, oración, confesión de pecados, arrepentimiento

Ø   Animar a nuestro pueblo a reconstruir la ciudad, la iglesia, las naciones

Ø   Reconstruir “los muros” en unidad

Ø   Confianza en que Dios está con nosotros en todo momento y Él nos da el ánimo necesario para construir en unidad para el bien común.

Ø   Éxito en la tarea y felicidad para todos.

 

De esta gran enseñanza podemos concluir que la tarea de reconstruir una situación de crisis no la podemos hacer solos y divididos. Primero, es necesario salir de la cautividad del pecado y de la desunión. Segundo, debemos de ser uno, para que el mundo crea que Jesucristo es el Señor (Juan 17). ¡Construyamos juntos una sociedad más justa y en paz, en el nombre de Jesucristo, el Señor! Amén.

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

      


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