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JESÚS EL MESÍAS: PROFECÍAS Y CUMPLIMIENTO

 

(Isaías 52:13-53:12; Lucas 4:16-21)

 

Mesías es el título dado a Jesús, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Tanto en hebreo (mashiakh) como en griego (χριστος) significa: ungido. En tiempos bíblicos se ungía la rey, al sacerdote y al profeta, como un significado espiritual. De ahí la unción simbolizaba la consagración del ungido a Dios para una función particular dentro de los propósitos divinos. Ejemplos: Saúl, Eliseo y Ciro.

 

Durante el reinado de los reyes, el pueblo hebreo esperaba que cada rey mostrara las características de un "ungido de Dios", pero con el fracaso sucesivo de los diversos reyes de Israel, se comenzó a proyectar esa esperanza hacia el futuro. Ante cada desastre en Israel, se esperaba un pronto auxilio de Dios por medio de su Mesías. Desde ya se comenzó a gestar la "esperanza mesiánica", donde Dios enviaría a su Mesías como instrumento de redención.

 

Es por eso que los profetas comienzan a anunciar que este Mesías sería un personaje con poder sin límite, que establecería definitivamente la paz y la justicia sobre el mundo (Cf. Is. 9:7; 11:4; Os. 14:2-9; Am. 9:11-15). El profeta Isaías hace hincapié que este Mesías será diferente a las expectativas humanas y que más bien será el "Siervo sufriente de Jehová", que en lugar de dominar es oprimido y angustiado, y en vez de vengarse de sus enemigos, acepta humildemente el injusto castigo que éstos le dan (Is. 53:1-9). Para el profeta Jeremías el Mesías tiene más bien una función sacerdotal, es un representante de Dios y también representa al pueblo ante Dios (Jer. 23:5-6; 33:8.15-18). Por último, el profeta Zacarías muestra al Mesías como "justo, salvador y humilde" (Zac. 9:9). Por el eso el Mesías en el Antiguo Testamento es el Salvador del pueblo.

 

Cuando Jesús aparece en la escena de la historia salvífica y comienza a ser llamado el Mesías, es ese el significado que le da el pueblo: el salvador del mundo. Él tenía conciencia de las expectativas del pueblo que anhelaba su pronta liberación; sin embargo, Él no descarta esa justa aspiración popular, sino que quiere ir más allá: la liberación plena, es decir, una liberación que involucre a la persona y a su entorno social. Jesús al leer al profeta Isaías quiere enfatizar que todo lo que se ha dicho acerca de su persona, es cierto y que ahora dará cumplimiento de las mismas. En todo su ministerio terrenal da evidencias que efectivamente él es el Ungido del Señor.

 

Hoy la Iglesia, es la iglesia que estableció el Señor Jesús y que ha prevalecido a través de los tiempos, es la heredera del cumplimiento profético y está llamada a proclamar a Cristo, el Mesías, el Ungido del Señor. En medio de un mundo incrédulo y turbulento, es necesario darle a conocer, pero no con sólo palabras, sino con acciones productos de la fe y el amor. Jesús es el Mesías esperado, aún todavía entre los humildes, los pobres, los desvalidos, los marginados, los violentados de nuestra actual sociedad. La función profética de la Iglesia debe ser ejercida con firmeza y con mucha, confiando que no estamos solos, sino que Jesús, el Mesías, está siempre con nosotros. Él sigue siendo nuestro señor y Salvador, nuestra esperanza, nuestro consolador, nuestro pronto auxilio en la tribulación. El mundo necesita tener evidencias de todo lo que estamos afirmando y comprobar que las profecías acerca del Salvador, se cumplieron definitivamente.

 

Que el Señor nos siga acompañando en la Misión y nos siga bendiciendo en medio de las pruebas. Amén.

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

 

       


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