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   UNA SOLA COSA ES NECESARIA PARA SERVIR AL SEÑOR:

SALIR DE LA RUTINA

 

(Lucas 10:38-42)

 

 

Este breve relato nos indica que Jesús está camino a la ciudad de Jerusalén a cumplir con Su misión: dar su vida por los demás. No está solo en su caminar, lo acompañan sus discípulos. Al llegar a una aldea es recibido y hospedado por una mujer llamada Marta, quien tiene una hermana llamada María. Estas dos mujeres son las hermanas de Lázaro quienes vivían en Betania, ciudad a unos tres kilómetros al oriente de Jerusalén (cf. Juan 11:1-2, 18). En ese contexto casi familiar, sucede un acontecimiento nuevo ante los ojos de los demás: la actitud de María ante Jesús.

 

María al escuchar que Jesús que está enseñando, decide dejar todo lo que está haciendo para dar lugar a esa novedad: las Buenas Nuevas del Señor. Deja la rutina por algo nuevo. Ella está dispuesta a no dejar pasar esta gran oportunidad. Hasta ahora ha vivido una vida rutinaria, ocupada en los quehaceres domésticos, esclava del tiempo, y no le han permitido vivir una viva en plenitud. Ante esta opción de vida que ha hecho María, su hermana Marta reacciona indignada y reclama a Jesús el por qué María no está en las tareas de la casa, ella sola no puede estar sola en eso. Hay que lavar, cocinar, coser, planchar, barrer, atender a los invitados, etc. Marta no se da cuenta de lo nuevo y trascendente que ha llegado a su puerta: Jesús el Salvador. Es la reacción de lo rutinario ante lo nuevo. Hoy en día muchas personas reaccionan igual que Marta, prefieren vivir subsumidos en lo rutinario, en lo cotidiano, lo hogareño, más aún, en sus propias convicciones. No se atreven a dar lugar a lo nuevo, a lo trascendente. Prefieren perder la oportunidad que se les presenta para quedarse en sus propias cosas. Sin embargo, reaccionan adversamente si alguien decide tomar un camino diferente y nuevo. María no era la excepción en su tiempo. Ella decidió abandonar la rutina por algo mejor.

 

Jesús reacciona ante esta actitud de Marta y la llama a reflexión, le hace ver que su tiempo y su existencia están absorbidas por múltiples tareas. Esto la hace estar inquieta, preocupada y estresada, cosa que atenta contra su salud. No es bueno estar en esas condiciones, ya que no le permite ver las nuevas oportunidades que se le presenta. Hay que dedicarse a una sola cosa y hacerla bien. Hay un refrán que nos puede ayudar a reflexionar también: “quien mucho abarca poco aprieta”. Por otro lado, Jesús destaca la disposición que ha tenido su hermana María, la de escoger la mejor parte y que eso nadie se lo podrá quitar. Es muy probable que Marta a sus adentros se habrá preguntado: ¿Cuál es esa mejor parte y que nadie se la podrá quitar?. Sin duda que la respuesta cae por su propio peso: María se atrevió a dejar la rutina por algo nuevo. Tal vez nosotros mismos nos estemos haciendo esa misma pregunta y no encontramos respuestas. Jesús es esa novedad y nos desafía a servirle con excelencia. El apóstol Pablo nos exhorta a servir al Señor con excelencia y no en mediocridad: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24). Pero una cosa es cierta, no  podemos servir al Señor con eficiencia y calidad si es que no nos atrevemos a dejar lo rutinario de nuestra vida, lo cotidiano de nuestro ministerio, lo rutinario en nuestro servicio a los demás. La única alternativa es cambiar nuestras actitudes por aquello que es nuevo, diferente, excelente, que genera vida. Este es el reto que el Señor Jesús nos invita a tomar por medio de sus enseñanzas. Amén.

 

Para reflexión.-       

 

1.       ¿Sabían Marta y María que Jesús vendría a casa a visitarlas?

2.       ¿Por qué María decidió escuchar a Jesús y dejar a Marta en las tareas del hogar?

3.       ¿Cuál fue la reacción de Marta?

4.       ¿Cuál es nuestra actitud en la vida diaria? ¿Es igual a Marta o María?

5.       ¿Qué es lo que nos pide el Señor para servirle?

6.       ¿Qué actitud debemos tomar ante quienes nos proponen cambiar nuestra condición de vida sólo por medio de filosofías y tratamientos seculares? ¿Hay otra alternativa? ¿Cuál?

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

      


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