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LA ÚLTIMA CENA DEL SEÑOR

 (Mateo 26:17-29)

Al atardecer del día jueves se va a realizar la última cena que Jesús tendría con sus discípulos. La reunión se iba a realizar en un lugar secreto para no ser sorprendidos por las autoridades religiosas que estaban al asecho de Jesús  para detenerlo. ¿Dónde sería la cena? Jesús ya lo había considerado, ya lo tenía todo arreglado, era un no a la improvisación. A sus discípulos les da la contraseña: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos". Ya en el lugar, Jesús se sienta en la mesa con sus doce discípulos. Ellos están muy cerca de su Maestro, cenarán juntos y platicarán los últimos detalles sobre la misión. Jesús los conocía a cada uno de ellos, sabía lo que había en sus corazones. Con ellos está Judas, que cree que Jesús no conoce sus intenciones, su plan; está camuflado, la hipocresía es su mejor disfraz.

En plena cena, Jesús lanza una advertencia, sabe quien lo va a delatar, después de que cada quién comienza preguntar si es el traidor, Judas al verse descubierto ya no resiste seguir fingiendo más, se delata solo. Hipócritamente le pregunta a Jesús si él es el traidor, entonces Jesús sin ningún titubeo le responde: "sí, tu eres". A pesar de ello, Jesús quería darle una oportunidad a Judas para que cambie de actitud, sin embargo, él estaba ya tentado por Satanás, no aprovechó esta oportunidad, dio rienda suelta a su ambición. Al final, treinta monedas de plata era un buen precio por la persona de Jesús.

En otro momento de la cena, Jesús quiere dar un nuevo significado a la pascua. Hasta ese momento la pascua era un acto recordatorio de la liberación del pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto. Ahora, la pascua será un pacto de amor y lealtad entre él y sus discípulos. Cada vez que lo hicieran confirmarían el pacto. Ahora bien, aquí se cumpliría la profecía de Jeremías cuando hace mención del nuevo pacto (Jer. 31:31-34). La hora había llegado, ahora la ley del amor sería puesta en la mente y escrita en los corazones de sus discípulos. Toda la Ley se resumiría en una: "Amarás al Señor tu Dios...amarás a tu prójimo..." (Mt. 22:37-40).

Jesús al realizar este acto sacramental, quiso perpetuar el nuevo pacto, es la liberación del ser humano de la esclavitud del pecado. Su sacrificio no será en vano, él carga con nuestras faltas, su sangre nos redime. Hoy en día, cuando participamos en la Santa Cena del Señor, recordamos esta última Cena del Señor con sus discípulos, la noche que fue traicionado y entregado a los soldados. Ahora bien, nosotros que somos sus discípulos mantenemos esa comunión con él, cada vez que participamos en ella, proclamamos la muerte y resurrección del Señor hasta que él venga. Por otro lado, es la señal adelantada de la verdadera comunión con el Señor. Como comunidad de creyentes al reunirnos alrededor de la Mesa del Señor, estamos anticipando lo que ha de suceder en el reino de Dios que se ha de consumar en el futuro, cuando todos habremos de participar con gozo de la plenitud de vida, junto con el Señor.

Por último, como hijos de este nuevo pacto, debemos mantener esta comunión con nuestro Señor, no permitir que Satanás se meta en uno de nosotros y destruya esta sagrada comunión, la iglesia de Cristo. Él está al asecho queriendo dividir el cuerpo de Cristo. Debemos estar unidos para poder cumplir con la Misión que el Señor nos ha encomendado. Solo el amor de Dios puede ayudarnos a vivir en armonía. Somos los pámpanos del Señor. Hagamos la promesa de vivir fieles a Él y que su gracia nos ampare. Amén.

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

 

 

       


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