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MUJER Y ALQUIMIA

(SERGIO FRITZ ROA )

"Solo un hombre no podrá alcanzar esa meta: debe tener una compañera".

(Gustav Meyrink)

 

 

La obra de autores tan importantes como Titus Burckhardt, René Guénon, Fulcanelli, Julius Evola y Mircea Eliade, ha servido, entre otras no menos fundamentales cuestiones, para desentrañar lo que fue realmente la Obra Alquímica. Ellos han demostrado que la Alquimia fue más que un mero antecedente de la química y muchísimo más que la búsqueda de la transformación del oro.

Podemos decir que la Alquimia es ante todo la ciencia tradicional que busca lograr la transformación de la naturaleza y del hombre, a través de procesos cuya semántica se caracteriza por la utilización de conceptos y símbolos ante todo metalúrgicos.

En esta obra de imitar y transformar la naturaleza, los alquimistas descubrieron lo fundamental del Alma Femenina para la realización del ser, y cómo el Amor nos conduce a la tierra de la perfección. Así, por ejemplo, en sus grabados será motivo frecuente la utilización de mujeres que ayudan al alquimista - en especial entregándole los elementos del Ars Regia- en la realización de la Opus Alchymicum; pero también podemos apreciar a través de sus textos el gran misterio que significa el Matrimonio Químico, y cuyo fin es la creación del Rebis, símbolo alquimista que se ha de identificar con el andrógino.

Pero no nos adelantemos. Tratemos con mayor profundidad algunas ideas esenciales.

 

I.- LO QUE ES ALQUIMIA

Ya hemos dado un concepto mínimo de lo que ha de entenderse por Alquimia. Adentrémonos en él.

Hemos dicho en primer término que es una ciencia tradicional. En efecto, tanto los símbolos como significaciones esenciales de la Alquimia corresponden a un saber no meramente intelectual. Es más, como saber tradicional su fuente no es siquiera humana. Además, es conocimiento que se transmite, es decir forma un todo ininterrumpido e inalterado; pues, como toda verdad, no puede sufrir alteración.

Su máximo objetivo es la transformación de la naturaleza y del hombre. Famosa es aquella sentencia de los hermetistas (nombre como también se conoce a los alquimistas) según la cual el hombre ha de ayudar a través de la Opus Alchymicum a la Naturaleza. Tal labor implica en primer lugar, un aspecto cognitivo o pasivo (conocer los métodos cómo actúa la Naturaleza), y en segundo lugar un aspecto creativo o activo (influir en la realidad).

La Alquimia es una serie de pasos tendientes a la finalidad antes señalada. Es decir, no es una labor sencilla, sino que por el contrario, es ardua y lenta. El cumplimiento de ciertos pasos obligatorios demuestra además su carácter de ciencia tradicional; o sea búsqueda espiritual seria, no profana.

Podemos decir que la simbología es por antonomasia el lenguaje tradicional. Sin embargo, en la Alquimia lo es más aún, puesto que la forma de expresión de los hermetistas es intencionalmente difícil. Se quiere que sólo seres dotados de muchísima voluntad (materia bruta) sean capaces de acercarse a los significados más profundos de este arcano saber. Es una ciencia que posee códigos propios y generales. O sea, posee conceptos que hallamos preponderantemente en ella, como también otros que son frecuentes en toda Tradición. Respecto de los primeros podemos mencionar ante todo los términos "metálicos": oro, piedra filosofal, azufre. Respecto de los segundos, sirva con nombrar por vía ejemplar la cruz, el sello de Salomón, el andrógino, entre otros.

 

II.-SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA MUJER EN EL TRABAJO ALQUIMISTA

La obra alquimista, como todo camino espiritual, no es posible sin la presencia de lo femenino. Obviamente lo femenino no tiene por qué implicar la necesidad de una mujer. Así, hay muchos caminos que no requieren de su presencia física. Pero lo que sí es insustituible es la cualidad femenina o energía femenina (la cual se halla, aunque sea de todos sabido, también en el ser masculino, a través de aspectos tales como la emotividad, la devoción, el gusto por el arte). Podemos decir entonces que la mujer es la especie y lo femenino el género.

Ahora bien, para la Alquimia tanto lo femenino como la mujer son esenciales. Y reduciendo aún más, podemos decir con precisión: la mujer es esencial (pues ella ya incluye el elemento femenino).

Evola señala con relación a este asunto que "la Mujer de los Filósofos (símbolo de la fuerza de vida) en cierto momento dejó de ser <<conocida>>: entonces la mujer terrestre fue utilizada como un medio para alcanzarla de nuevo, gracias al vértigo y al éxtasis que el eros puede producir entre los seres de los dos sexos" Esta "captura" de lo femenino es justamente uno de los mayores logros realizados por la ciencia (ciencia tradicional) hermética, la cual valorizó a la mujer de forma tan elocuente como lo hicieron en su tiempo los Fieles de Amor, sociedad esotérica a la que perteneció entre otros Dante, quien, según algunos, la habría presidido al renunciar Guido Cavalcanti

La forma de expresarse esta importancia es, en principio, a través del papel de intermediaria: Ella es quien permite al hermetista acceder a la Naturaleza (la que es femenina); ella le otorga al iniciado la llave. Pero también posee un papel de suministradora: ella entrega al alquimista las herramientas. Además cumple una función purificadora: al entregar al alquimista los instrumentos, los purifica, los limpia e impregna con su infinita bondad. Ella es también la sacerdotisa con la cual se realizan las bodas alquimistas, se consuma el matrimonio místico, asunto que trataremos con mayores detalles en el próximo capítulo.

Su amor, entonces, se manifiesta en todos los pasos que ha de dar el iniciado en la Opus Magnun. Ella lo inicia. Ella lo acompaña. Ella le permite cerrar el ciclo, completar en sí mismo el símbolo de Ouroburos.

 

 

III.- EL MATRIMONIO QUÍMICO O LA GÉNESIS DEL ANDRÓGINO

Ya hemos visto que la mujer ocupa no sólo un papel en la Opus Alchymica, sino muchos. Analicemos ahora con mayor amplitud el paso final, aquel que le permite al iniciado ser más de lo que era en su etapa profana. Veamos el sentido oculto del matrimonio químico.

La unión, o mejor, el acercamiento de dos fuerzas puede generar una tercera. Decimos puede, ya que también es posible que las dos existentes se neutralicen o se extingan en el momento del enfrentamiento. Si no ocurre esto, se crea una tercera fuerza. Si trasladamos lo señalado a un terreno plenamente metafísico, y las fuerzas comparecientes son mujer y hombre y ha de darse un resultado positivo (es decir, no negativo, que no se trate de la anulación de los contrarios), este ha de ser el andrógino. El tercer principio. El logro de la unidad primigenia. La concreción del momento anterior a la Caída. Es el retorno al Paraíso. Es la mujer que alcanza la plenitud. Es, también, el hombre pleno.

Esta realidad dual -hombre-mujer- es indicada por el Corpus Hermeticum de la siguiente manera: "Percibiendo en el agua la propia forma, concibió el deseo por ella y quiso poseerla. El acto acompañó al deseo y la forma irracional fue concebida. La naturaleza se adueñó de su amante, lo circundó y ellos se unieron en un mutuo amor. He aquí como es que, solo entre todos los seres que viven sobre la tierra, el hombre es dual, mortal en el cuerpo, inmortal en la esencia... Superior al sueño él es dominado por el sueño". Aquí se expresa la importancia del concepto amor (a (sin)-mors (muerte)= sin muerte), el que no dice relación únicamente, como suele entenderse hoy, con un cierto grado de emotividad.

En cuanto a símbolos se refiere en los tratados alquimistas, así como en sus copiosos grabados, la mujer es representada por el mercurio, y el hombre por el azufre. Ellos han de realizar el matrimonio químico, es decir la muerte que nos permite la resurrección. Tal es la importancia de este acto supremo -donde se unen los opuestos complementarios, los principios universales de masculino y femenino- que Titus Burckhardt dirá: "El casamiento del azufre y el mercurio, el Sol y la Luna, el rey y la reina es el símbolo principal de la alquimia" . Tales palabras no carecen de razón, ni son tampoco exageradas. Pues, si hemos sido capaces de darnos a entender, ha podido captarse que si algo es la Alquimia es antes que cualquier otra cosa, la reunión de las fuerzas naturales, a objeto de lograr un ser nuevo; lo cual sólo ha de lograrse a través de la confrontación que ha de llevar a la muerte de un estado, para luego realizar el misterio de la resurrección. Así ya no se es más el que se era, pues ahora hay en uno nuevos elementos y, lo que es primordial, una nueva conciencia. Así, "los dos principios -el Sol y la Luna, el Rey y la Reina- se unen en el baño mercurial y mueren (ésta es la nigredo); su alma les abandona para volver más tarde y dar nacimiento al filius philosophorum, el ser andrógino (Rebis) que anuncia la inminente obtención de la Piedra Filosofal". Sí, Luego de la muerte, es necesaria la resurrección.

 

IV.- LA VIRGEN NEGRA EN UN SENTIDO ALQUIMISTA

Un tema que debemos tratar aquí, aunque lo hagamos sólo de forma breve y sin entrar en mayores detalles, puesto que es material que abarcaría un texto íntegro, es el que constituye uno de los mayores arcanos del cristianismo: es decir, la Virgen Negra.

En primer lugar es preciso indicar que éste es, como todo verdadero símbolo, algo universal. No es privativo de un país o lugar determinado. Ni siquiera es propio del Cristianismo, pues hallamos a esta deidad en el Egipto faraónico, y en la India milenaria a través de Kali. Tampoco es signo que denota un exclusivismo racial.

Los asuntos que deben estudiarse de este símbolo, son, al menos, los que siguen:

a) El significado de lo virginal;

b) El negro como etapa de la Obra Alquimista;

c) El aspecto femenino de la deidad; y

d) La Virgen María como madre de Jesús.

Respecto del primer punto hemos de decir que representa lo no expuesto, lo no visible, la Naturaleza no tocada. En pocas palabras: la pureza y el misterio.

El segundo punto nos habla de las etapas de la Obra, y en especial de la nigredo. Digamos entonces algo básico acerca de los mencionados momentos, los cuales pueden resumirse en tres, pero que incluyen a su vez diversos matices los que aquí no hemos de tratar dado el espacio del presente trabajo. El primero es el de la nigredo (que se identifica con el color negro), es decir el período en que aún la materia está en bruto; no se ha realizado en ella ningún paso purificador. La Virgen Negra sería entonces la Naturaleza "bruta", aquella que no ha sido horadada; es por tanto la poseedora de todas las riquezas y arcanos. Luego está el albedo (que debe relacionarse con el blanco), la etapa de limpieza, de depuración, la luz. Finalmente, sigue la rubedo (es decir el rojo), la etapa de "solidez espiritual" si se nos permite utilizar tal término, el fuego, la supremacía. Aquí el hermetista ya ha logrado despojarse de todo lo nefasto para concluir la obra, transformándose por completo. La Virgen Negra nos indica de esta manera el primer paso de la Obra, donde la naturaleza existe como tal, sin ninguna depuración, ni agregación. Según Fulcanelli - quien es posiblemente el último verdadero alquimista- representa "la tierra primitiva, la que el artista debe elegir como sujeto de su gran obra. Es la materia prima en estado mineral, tal como sale de las capas metalíferas, profundamente enterrada bajo la masa rocosa".

Podemos señalar la importancia de la numerología en los procesos antes descriptos. El uno (primer paso: nigredo) es el Hombre. El segundo (albedo) representa a la Mujer. El tercero (rubedo) al Andrógino, Hombre Íntegro (indicado por la sabiduría germánica por la runa Hagal), Ser Pleno. Estos pasos los describe Julius Evola de la siguiente manera: "La Unidad es el comienzo; el Dos es el número femenino de la Tierra; el Tres es masculino en cuanto representa la Unidad, no en sí, sino con la Tierra (1+2=3)".

Las etapas mencionadas se hallan en la monumental obra de Dante, es decir La Divina Comedia; y que en palabras de Mario Antonioletti, pueden resumirse así: El primer paso es el "descenso a los Infiernos" (para nosotros, nigredo); el segundo (albedo) es aquel en el que el iniciado ya no posee el desequilibrio anterior, pero que de todas formas no es suficiente para lograr su plena autonomía espiritual; el tercer paso (rubedo) es el del silencio de las esferas planetarias, la Paz .

El aspecto femenino de la deidad (que es llamado Shakti por los hindúes) es la concreción de la dualidad existente en todas las cosas llevada al modelo divino. La Virgen, qué duda hay, es el aspecto femenino de Dios. La pureza divina.

Y también existe un aspecto que ha de indicarse respecto del misterio de la Virgen Negra: el de ser la Virgen María la madre de Jesús. Ella nos ha dado a Su hijo, lo que es igual a decir que la Naturaleza (la Virgen) nos ha otorgado lo más puro de su ser (Jesús), que es también lo más preciado.

 

V.-CONCLUSIÓN

No hemos pretendido agotar un tema tan primordial como el que aquí hemos tratado. Seríamos ingenuos si quisiéramos hacerlo. Nuestra intención, en verdad, es mucho más sencilla; pero implica una tarea no menos valiosa.

Lo que deseamos al entregar estos cortos capítulos, es señalar desde una perspectiva tradicional aquello esencial que quiere decirnos sobre la mujer (o el principio femenino) la simbología alquimista, y como según los alquimistas ella puede ayudar al estudioso de la Vía del Espíritu a develar el aspecto femenino de Dios. La comprensión de tal Verdad nos acercará cada vez más a Su Luz.

 

SERGIO FRITZ ROA (Marzo de 2000)

sergio_fritz@yahoo.com

(Publicado originalmente en revista CIUDAD DE LOS CÉSARES, N 58, Septiembre - Noviembre de 2000, Santiago, Chile)

ã2000, Sergio Fritz Roa

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