RELATOS MEDITERRANEOS
El recuerdo de la humedad en mis narices, la barca a orillas del mar pintada a favor del amanecer, sus colores gastados por caricias excesivas de un oleaje que aguanta, y aguanta: el olor del pez recién muerto a manos de unos pies descalzos, cansados; pájaros rozando la inmensidad, la sal en mi cuerpo, la brisa, el abrazo de la arena en la piel. El sol y la luna acompañando el abismante azul, algas refugiándose bajo la espuma blanca… y me pregunto: ¿cómo puede ser todo esto solo un recuerdo? ¿Cuándo la arena dejó de sentir mis pies descalzos? Daría mis sueños por respirar a sal, por tocar la brisa que suaviza el pensamiento, por morir a cada instante en el intento de penetrar cada ola.
23/marzo/1998
Los primeros rayos de Sol, el aire frío, el camino abierto al destino, la arena opaca, mi mente flotando, navegando hacia mas allá de mis ojos, el oleaje calmo, la ciudad despidiéndome…Barcelona. Barcelona acordaba un encuentro fatal con el cautivante azul. Era el momento de abismarme hacia la incertidumbre, de llenar el cuerpo de aire y dejar de pisar tierra firme.
Desde aquellas misteriosas profundidades me enviaron dos ojos inmensos, oscuros como la noche que se avecinaba.
Aquellos ojos venidos del oriente, calmaron mis posibles temores: Gora. Gora bajó de los altos tiempos para embarcarme en la decidida travesía. El barco era de luces, la gente rondaba en colores, salían y entraban. Pero ya cuando la nave emprendió camino, el frío y la obscuridad los espanto a todos, excepto a mí. Barcelona desapareció y mis ojos la vieron más allá del horizonte. Fue entonces cuando se concilió la más pura y trasparente unión, yo y el mar abrazados en la oscuridad, de la mano de la soledad. Fue una noche llena de caricias, gotas de sal resbalaron en mi rostro, una helada brisa bañó mi cuerpo. Fue una hermosa bienvenida.
Al entrar a cubierta todo se escondió en mi alma; el mar desapareció en mis ojos. La gente, la música, las luces, las risas, las palabras - demasiadas palabras-, la comida, el alcohol, el humo, se confundieron en una noche que no dejó mantener mis párpados cerrados por más de un minuto. Todos, absolutamente todos, estaban empapados en una ficción real. La juerga encerrada en inmensas paredes, como en una noche que intenta olvidar el inevitable amanecer.
05/abril/1998
Cada día, más asombrada de la libertad. Cuando la luna dejó descansar sus hermosos encantos, y el ardiente astro preparaba el escenario para hacer brillar con plenitud todas sus facultades, dejé Mallorca. Desde aquel momento, jamás he vuelto a despedirme de lugar alguno.
Cuando la consciencia es capaz de comunicarse con el Todo, deja de existir el mañana, el hoy, el lugar y el futuro. Así, ninguna despedida puede significar en lo más mínimo.
El segundo vuelo por mojados caminos me llevó al origen. Mi mente se abrió, y dejó escapar toda la sabiduría que estuvo almacenada, protegiéndose a sí misma del mundo exterior, durante mucho, mucho tiempo...
El gran astro dorado me guió hasta la supraconsciencia, me llevó a la superficie más segura: el mar; y me bañó con su luz. Desde aquel día, jamás pude separarme de él... y me hizo recordar de dónde venía. A orillas de la proa viví el instante más instante de mi vida. Sin tiempo, sin pensamientos, sin nada más que el aire, el Sol, y el mar. Me dije: ‘esta es la felicidad’. Después del matrimonio astral, escribí unas pocas palabras: "siento que he venido a recordar, a ayudar a la memoria inconsciente. Mi pasado me reconoce. "EL" estaba allí". Todos aquellos sueños y anhelos no eran mera imaginación, estuvieron en algún lugar. Y me dije: "¡Al fin, pertenezco a este mundo!".
12/junio/1998
La luna estaba hondamente sumergida en la obscuridad, protegida, oculta, durmiente. Nuevamente el barco me llevaba bajo su estela, desde el continente hacia tierra flotante. Una gran sombra penetraba la noche. Las estrellas aletargadas, el aire más amistoso que las veces anteriores. De pronto, desde las profundidades, de ese océano calmo, el espectáculo más hermoso que podían ver mis ojos: una inmensa esfera comenzaba a asomarse. El mar la cubría tímida pero imponente; su luz iluminó hasta la más mínima sombra; la luna despertaba destello a destello. Estaba tan cerca que podía tocarla; pero, las avasalladoras olas me lo impidieron. Mientras más ascendía, era más y más inmensa. Cubrió el mar de rojo, dorado y plata. Poco a poco empezó a cubrirlo todo, y ya no sólo el mar, también el barco y la obscuridad. Todo allí tomó posesión de su cavidad rojiza. Era la esfera más perfecta que jamás haya visto, y después de salir a flote totalmente, ascendió como atraída por un imán, tan alto como la última estrella del firmamento. Fue un viaje maravilloso, mágico y tranquilo, lleno de esperanzas, de sueños, y de futuro.
Luego vinieron noches y días de esparcimiento a orillas de esas aguas tibias, que almacenan todo el cansancio de la vida. No hubo días que no bebiera una gota de su encanto, acompañada por el ardiente astro o por la luna. Vestida por el alma, nadaba en el único lugar que esa isla pudo obsequiarme: la inmensa muralla azul. Hasta que un día partí, después de un largo verano.
Fue un viaje mucho más corto el de regreso, en una nave que no me permitió acompañar la brisa, que me mantuvo, encerrada, ahogada, ansiosa.
28/enero/1999
Me encarno ante la sabia de un mar profundo. Hoy la vida camina tras mis huellas. Se repiten las ansias y la entrega al vacío. La soledad ensimismada de sí misma. Sólo albergo a un Sol que me ha seguido hasta el invierno. Abrazo sus alas de ardiente fuego y quemo mis nostalgias. Esta vez voy en busca de una respuesta. Esta vez voy en busca de la ayuda de un cauteloso oleaje.
"Mis ojos estaban tristes", me dijo una anciana al bajarnos del barco. Mallorca ya no era la isla de la esperanza. Estaba cubierta de hielo. El frío impregnaba las entrañas, y mi andar sólo demostraba confusión y nerviosismo.
La anciana tenía razón. Mis ojos no podían almacenar más tristeza. Subí al microbús y ella se sentó a mi lado. Yo no dije palabra alguna en todo el viaje; ella me miraba, hasta que segundos antes de bajarme, dijo, en confusos tres idiomas (francés, italiano y portugués): "el corazón es el que manda", "en el amor no hay duda ni sufrimiento". "La duda es un indicio de que no es "EL".
Al regresar a Barcelona, las nubes hablaron largo tiempo conmigo y me confesaron que el matrimonio con el gran astro, era más que una simple unión. Mi tristeza aumentaba y me dije: ¿cómo? ¿Cómo no estar triste si me he casado con mi propio padre?
Hoy el mar me recuerda y me trae en su memoria. Allá lejos, el mar que me atrapó y encadenó el alma…. me espera.
Erika Fritz
