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La novela

¿Realidad o ficción?

 

Nubia Amparo Ortiz Guerrero

 

La novela, fundamentalmente la costumbrista y realista, coadyuva a pintar magistralmente las costumbres o caracteres locales de  conjunto de poblaciones y provincias, en donde el tiempo parece que se detiene tornándose indefinido, y que viven un tanto al margen de los vaivenes y dinámica del progreso;  el que si en alguna forma se manifiesta, permite que esas costumbres  muy particulares contribuyen a enriquecer la personalidad histórica de una nación o sociedad determinada.

Óscar  Gerardo Ramos, refiriéndose a la novela  del siglo XIX, nos dice que el narrador era ante todo un cronista  que aspiraba  a resaltar con precisión el mundo circundante; así le añade perfiles imaginarios,  consigna su testimonio, describe costumbres que desaparecen, critica aquellas que perduran sin validez, para ayudar a su abolición a exaltar los méritos para  enriquecer la tradición.  En su hora, faltaban sociólogos y antropólogos y él se apresuró a reemplazarlos.  El  mismo Eugenio Díaz considera que los artículos de costumbres son el suplemento de la historia de los  pueblos. 1

Pero, en esencia, ¿Hasta qué medida podemos hallar acercamiento entre historia y novela y qué diferencias existen entre la historia que ambos géneros narran y la conexión que tienen con la realidad?

Indudablemente tienen relaciones y también distancias; el fundamento en ambas es  contar historias en donde generalmente se relatan manifestaciones de la realidad humana (Una excepción pueden ser las novelas de ciencia-ficción); en ambos casos, pude hacerse necesario recoger información, evaluar y comparar situaciones, aunque, sin lugar a dudas, para la historia estas son una necesidad inexorable más no es así para la novela.

Dentro de las distancias encontramos  cómo la novela no tiene rigurosamente que ser verdadera, y sus  construcciones pueden tener un carácter imaginario; mientras que en  la historia, la narración de hechos verdaderos en su finalidad básica y su carácter científico le impone ciertos rigores como heurística, hermeneútica y finalmente la interpretación y el análisis.

Pero no hay que olvidar que la novela es escrita  por personas que reflejan en una forma u otra, la realidad social individual o de grupo, y si bien no se trata de una narración histórica o de costumbres, el autor deja de ver la imagen o el ideal que se forja de la sociedad donde se desenvuelve.  De ahí que este tipo de creación sea una fuente histórica de carácter supletorio, mucho más si se trata de la novela histórica   que se nutre de los relatos mismos de la historia  y los enriquece y amplia con la información que suministra en conocimientos históricos.

En lo referente a la importancia de la novela como documento histórico;  es preciso tener en cuenta el carácter del mensaje expresado, al que puede ir encaminando desde un ángulo a señalar bajo la óptica del novelista, una problemática real existe; en otro caso, el autor nos puede presentar cuadros que no obstante manifiestan cierto realismo, él pretende,  fundamentalmente mostrar un ideal, es decir, no representar un mundo real  y concreto, sino la imagen subjetiva en un ámbito objetivo; la búsqueda del modelo, de la  perfección,  la plenitud de las aspiraciones de lo que el escritor cree que debe ser.  En síntesis, son las representaciones de ese mundo que se añora  del que en verdad  vive.

Sin embargo las dos visiones son producto de las condiciones socio-históricas en que vive el novelista tanto imágenes como ideales y  símbolos están mediatizados por el complejo tejido de vivencias, creencias e ideologías que caracterizan su mundo circundante.  No obstante, cabe anotar como, no siempre una imagen predominante recoge toda la gama de concreciones reales, y no siempre existe una relación directa entre una realidad y la imagen más persistente.  De acuerdo con George Duby, señalamos como  en una sociedad pueden coexistir varios sistemas de representaciones que responden a la existencia de una gama de niveles o planes de la cultura.   En el caso de las ideologías populares, es necesario resaltar que, generalmente, no cuentan con instrumentos  culturales capaces de traducir en formas duraderas una visión del mundo, y sólo perduran en forma significativa las ideologías que responden a los intereses y a las esperanzas de las clases dirigentes2.

Cabe señalar cómo por más realista que sea una novela, no encontraremos en ella una visión neutra y objetiva del mundo, que responde a un mero registro alejado de toda deformación subjetiva; no hay que perder de vista que la realidad que el mundo nos ofrece es la de una imagen siempre personal sujeta a percepciones individuales y apreciaciones  subjetivas.3


 

Citas:

1 Ramos,  Oscar  Gerardo. De  Manuela a Macondo.  Bogotá, 1972.P.13

2 Duby, George. Historia Social e  ideología de las  sociedades 2. De. - Barcelona: Ediciones Laia, 1.985. - v.2. p.160 y 154.

3 Díaz, Fernando Op. Cit., Pág. 12

 

 

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 Docente investigadora y crítica literaria. licenciada en Literatura y LenGua Española, Especialista en Docencia de Problemas Latinoamericanos, Doctorante en Letras de la UNAM. Ha publicado artículos en la revista memoria, Gazeta de Saltillo, revista Ítaca, revista Espéculo de la Universidad Complutense de Madrid, España, revista Francachela de Chile, revista Letralia de Venezuela, revista Acequias de la Universidad Iberoamericana, entre otras. pertenece a la Red de Escritores de Fundalectura-Colombia, es integrante del Comité de Ciencia y Educación de la Fundación Colombia en México. actualmente se desempeña como profesora investigadora de la Academia de LenGuaJe y Pensamiento del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.