*REFLEXION*
El conocimiento de nosotros mismos, sin dejar de ser realista y objetivo, ha de permitirnos localizar la atención en nuestras cualidades más relevantes, aquellas que nos permitan sentar las bases de una autoestima que nos impulse a la acción y realización de nuestros mejores deseos, de nuestros ideales. Un obstáculo que fácilmente puede surgir al mirar hacia dentro de nosotros mismos con ojos de sincera autocrítica, con justicia y sin presunción es que caigamos en la autocompasión y el desánimo al ver nuestras carencias y limitaciones y la distancia a que nos encontramos de nuestros ideales y objetivos.
Hacerse a sí mismo es
un valor que va tomando forma en el ser humano, a medida que crece en edad y en
inteligencia y se va haciendo más autónomo, más responsable y maduro. Para
llevar las riendas de la propia existencia, sortear los obstáculos que surgen a
cada paso, saber frenar y acelerar en el momento oportuno, conducir a velocidad
prudencial, con firmeza y mesura, sin peligro para los demás, por las
autopistas del mundo de hoy, la delicada máquina de nuestra persona, de nuestro
yo, exige un elevado índice de AUTOCONTROL, al que sólo es posible acceder por
dos vías obligadas: la del conocimiento de nosotros mismos y la del dominio y
control responsable de nuestros actos.