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¿Y quién lo iba a decir? Un presidente que toma protesta dando vivas al Ché, un país de Sudamérica regalando petróleo a los pobres del Bronx, Brasil paga su deuda externa... ¿Es esto un sueño, el inicio de un nuevo mundo, o una pesadilla?
El cambio no ha sido de la noche a la mañana, ni se puede decir que nada hubiese acontecido antes de tal año, como don Vicente presume, al decir que con él y su famoso 2000, el país inició su era de democracia: nada más falso que esa moneda de tres pesos.
El mundo siempre ha avanzado: el derecho de voto de las mujeres en los años cincuenta, las protestas estudiantiles de los sesenta, los intentos frustrados de instalar países comunistas en los setenta, el fin de la guerra fría en los ochenta... Se quiera o no ver, el mundo gira: Mandela ya salió del poder y su figura representa más de 30 años de lucha contra las políticas del Apartheid; el Dalai Lama tiene lustros en pugna con China, y Greenpeace insiste en el cuidado del medio desde hace decenios. Luchas ideológicas siempre las ha habido: nunca han faltado sueños y utopías al ser humano.
¿Entonces qué nos asombra?
Lo que parece ser distinto en este último quinquenio de la primera década de dos mil, es que los cambios de nuestra actualidad traen aparejado un fuerte contenido económico, lo que sí constituye un probable cambio en el orden mundial. He aquí unas razones:
Hugo Chávez difícilmente habría conseguido, por sí mismo, la fuerza que atesora: ha mostrado ser presidente inhábil para negociar con todas las fuerzas políticas de su país; un bravucón que prefiere el enfrentamiento a la distensión y presume de su amistad con el gran enemigo de los Estados Unidos, el cubano Castro, a diestra y siniestra. Chávez cuenta con un gran respaldo, y no es precisamente la preferencia de sus electores, sino la enorme cantidad de reservas e ingresos petroleros: con ellos ha auxiliado a Cuba, suscrito convenios con Brasil, prestado dinero a Argentina, dado una mano al emergente gobierno boliviano e incluso repartido combustible, en una señal de desafío muy clara a su gobierno, a los pobres de Estados Unidos: poderoso caballero es don dinero.
Evo Morales lo tiene también muy claro: su país es propietario de una gigantesca reserva de hidrocarburo. El gas puede ser la solución de los problemas económicos de Bolivia: basta con retomar su propiedad y/o renegociar nuevos convenios con las grandes compañías petroleras mundiales que, en efecto, no han hecho sino explotar las materias primas de los pobres y enriquecerse, dejando migajas a los verdaderos propietarios del mineral.
Kirchner y Lula también son conscientes de ello, y cuentan con reservas energéticas de interés. Éstos últimos han llegado a la conclusión de que unidos trabajan mejor, y son los principales interesados en un mercado común: Bolivia y Venezuela también jugarían un papel muy importante en él, de ahí el interés de mantener excelentes relaciones.
Al mismo tiempo, Brasil y Argentina han comprendido que el pago de intereses de sus deudas, lejos de ayudarles, les ha perjudicado sobremanera y han decidido cancelar sus compromisos con el FMI, pues ¿de qué les sirve el auxilio de un organismo anacrónico que es, además, el brazo derecho de los Estados Unidos de Norteamérica y a través del cual éstos últimos controlan la economía de otros países?
Y así como el ejemplo de los países del sur de América, otras minorías se han dado cuenta de que trabajando en equipo logran mucho más: las mujeres, antes escasamente representadas en política, comienzan a hacerse de un peso cada vez mayor en las decisiones mundiales. Ahí está Angela Merkel en Alemania, Bachelet en Chile... Hoy en día, cinco damas rigen los destinos de sus respectivas naciones. Las minorías han comprendido que unidas, son mayoría.
¿Mientras el gato duerme, los ratones bailan? El triunfo de Hamas en los últimos días de enero levantó muchas cejas y, sobre todo, muchas interrogantes sobre el papel de los americanos que se han limitado a pronunciamientos. ¿Acaso los radicales palestinos no son vistos prácticamente como terroristas? ¿Permanecerá Bush con los brazos cruzados?
Contrariamente a lo que se esperaba, Estados Unidos tampoco ha hecho nada respecto a Chávez, ni ha respondido a Kirchner o a Lula en sus pronunciamientos sobre el FMI (que podrían suscitar una verdadera debacle); tampoco ha opinado en lo que se refiere a la asunción de Morales de Bolivia (con todo y su negativa absoluta de seguir con el programa "Coca-Cero"). Es casi increíble.
Podríamos suponer muchas explicaciones: las próximas elecciones en USA, la guerra contra el terrorismo, la situación de Irak, e incontables más. Sin embargo, desde mi óptica, la respuesta está en el lejano oriente: debemos estos cambios, en gran medida, al desarrollo de China y de la India.
El asombroso aumento de los precios internacionales de petróleo ha revalorizado fabulosamente a los países productores de energéticos: esas naciones que se encontraban sumidas en deudas y crisis políticas recurrentes (y en las que últimamente las izquierdas han ganado comicios al presentarse como la alternativa lógica para los excluidos sociales -que antes eran minoría y han pasado hoy a ser mayoría al unirse con otros desfavorecidos-) tienen hoy la sartén por el mango.
Estos estados en desarrollo se encuentran ahora ante enormes ingresos y la posibilidad de hacer real un sueño de igualdad y reparto de riqueza. Estados Unidos, entre la espada y la pared, no logra dar una respuesta a la situación, pues si pelea con sus proveedores de crudo, éstos tienen ahora alguien más que requiere de ellos con toda avidez: China y la India. Los latinoamericanos ya no más están atados al tío Sam y sí, por el contrario, él a ellos.
Así pues, el panorama pinta muy bien para Latinoamérica en los próximos años, pero cuidado: que no se corra el riesgo de comenzar a "administrar la opulencia", como lo dijo algún presidente latinoamericano del pasado. Los hidrocarburos son una fuente de energía no renovable, y ser proveedores de uno u otro, no cambia el hecho de ser únicamente productores de materia prima: países "petroleros" (como antes fueron bananeros); si en el futuro hay cierta oportunidad económica al sur del Río Bravo, muy interesante será que junto a la equidad y la justicia social, nos preparemos para un futuro de largo plazo en el que no tendremos más oro negro para cambiarlo por cristales de tecnología. Recordemos que la historia es cíclica, muy cíclica...
(*) Trovador d’époque
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