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No se. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve sin encontrarla nuevamente.
Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa subita, repentina campanula temblando, la noticia.
Saber de pronto que iba a verla otra vez, que la tendria cerca, tangible, real, como en los sueños. Que explocion contenida!
Que trueno sordo rondandome en las venas, estallando alla arriba bajo mi sangre, en una nocturna tempestad! Y el hallazgo, en seguida? Y la manera de saludarnos, de manera que nadie comprendiera que esa es nuestra propia manera?

Un roce apenas, un contacto electronico, un apreton conspirativo, una mirada, un palpitar del corazon gritando, aullando con silenciosa voz. Despues (ya lo sabes desde los 17 años) ese aletear de las palabras presas, palabras de ojos bajos, penitenciales, entre testigos enemigos, todavia un amor de <<lo amo>> de <<usted>>, de <<bien quisiera, pero es imposible...>> De <<no podemos, no, pienselo usted mejor...>> Es un amor asi, es un amor de abismo en primavera, cortes, cordial, feliz, fatal. La despedida luego, generica, en el turbon de los amigos. Verla partir y amarla como nunca; seguirla con los ojos, y ya sin ojos seguirla mas lejos todavia, hecha de noche, de mordedura, beso, insomnio, veneno, sangre, muerte... Hecha de esa sustancia conocida con que amasamos una estrella.