

Este es un amor que tuvo
su origen y en un principio no era sino un poco de miedo y una ternura que
no queria nacer y hacerse fruto.
Un amor bien nacido de ese amar de sus ojos, un amor que tiene su voz como
angel y bandera, un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo humedo, un
amor que ya no tiene remedio porque siempre hay un amor que no tiene remedio,
ni salvacion, ni vida ni muerte ni siquiera una pequeña agonia.
Este es un amor rodeado de jardines y de luces y de la nieve de una mañana
de febrero y del ansia que uno respira bajo el crepusculo de San Angel y de
todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe por que llega el amor y luego
las manos -esas terribles manos delgadas como el pensamiento- se entrelazan
y un suave sudor de -otra vez- miedo, brilla como las perlas abandonadas y
sigue brillando aun cuando el beso, los besos, los millones y millones de
besos se parecen al fuego y se parecen a la derrota y al triunfo y a todo
lo que parece poesia -y es poesia. Esta es la historia de un amor con oscuros
y tiernos origenes: vino como unas alas de paloma y la paloma no tenia ojos
y nosotros nos veiamos a lo largo de los rios y a lo ancho de los paises y
las distancias eran como inmensos oceanos y tan breves como una sonrisa sin
luz y sin embargo ella me tenia la mano y yo tocaba su piel llena de gracia
y me sumergia en sus ojos en llamas y me moria a su lado y respiraba como
un arbol despedazado y entonces me olvidaba de mi nombre y del maldito nombre
de las cosas y de las flores y queria gritar y gritarle al oido que la amaba
y que yo ya no tenia corazon para amarla sino tan solo una inquietud del tamaño
del cielo y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma de la mano.
Y yo veia que todo estaba en sus ojos -otra vez ese mar-, ese mal, esa peligrosa
bondad, ese crimen, ese profundo espiritu que todo lo sabe y que ya ha adivinado
que estoy con el amor hasta los hombros, hasta el alma y hasta los mustios
labios. Ya lo saben sus ojos y ya lo sabe el esplendido metal de sus muslos,
ya lo saben las fotografias y las calles y ya lo saben las palabras - y las
palabras y las calles y las fotografias - ya saben que lo saben y que ella
y yo lo sabemos y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos el
alma y no llorar de amor.





