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Una sociedad sin Dios se revuelca contra el hombre

Cumbre mundial de intelectuales católicos en la UNESCO


PARIS, 3 mayo (ZENIT).- En la perspectiva del inicio del nuevo milenio, el Consejo Pontificio de la Cultura junto con el Centro Católico Internacional para la UNESCO, ha organizado un coloquio internacional que comenzó hoy en la sede de la UNESCO y con el patrocinio de ésta. El coloquio, que termina mañana, se inscribe en una serie de iniciativas emprendidas por el Consejo de la Cultura orientadas a promover un nuevo humanismo cristiano como fundamento imprescindible de una nueva sociedad.

El Centro Católico Internacional para la UNESCO (CCIC), constituido en 1947, agrupa y coordina la presencia de las Organizaciones Internacionales Católicas ante UNESCO, bajo la dirección de Gilles Deliance. El CCIC actúa como canal de mediación entre la UNESCO y el mundo del asociacionismo católico. Las Organizaciones Internacionales Católicas, (OIC) presentes en los más diversos campos de la cultura, desempeñan un papel insustituíble en la promoción y afirmación de un nuevo modelo de hombre.

El Congreso, tras el saludo de acogida del director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, se abrió con la conferencia inaugural del cardenal Paul Poupard, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura.

En su conferencia, el cardenal Poupard trazó en primer lugar un diagnóstico de los males de la cultura contemporánea. Partiendo de la «meta-tentación» de la modernidad, que es el intento de crear un mundo sin Dios, el presidente del Consejo de la Cultura recordó las proféticas palabras de H. de Lubac, citadas por Pablo VI en Populorum Progressio: «El hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre», para delinear a continuación los siete males de la cultura contemporánea: la economía, la política, la cultura, la familia, la sociedad, la educación y los medios de comunicación social. Constató que la crisis fundamental que está en la base de todos estos aspectos es la crisis del hombre.

A continuación, el purpurado que copresidirá el próximo Sínodo de obispos de Europa, abordó el proyecto de un nuevo humanismo para el nuevo milenio. Este proyecto, se estructura en torno a dos ejes fundamentales: retornar al centro, --al centro del hombre, a su corazón-- y encarnar el amor. La evangelización de la cultura, que se impone como una urgencia en la misión de la Iglesia, no es un proyecto político que requiera poder, sino un ideal evangélico en que el amor impulsa a compartir. «Sólo la vida amada puede vivirse humanamente», concluyó el cardenal Poupard, invitando a las organizaciones internacionales católicas a encarnar el amor de Cristo en todas sus dimensiones.

Tres relatores presentaron ponencias-marco, base para la discusión subsiguiente. El profesor Jaime Antúnez Aldunate, director de la revista «Humanitas» de la Pontificia Universidad de Chile analizó las características fundamenta-les de un humanismo pleno; el profesor Henri Awit, responsable de la Escuela de formación del profesorado para las escuelas católicas del Líbano, trató acerca de los aspectos de la educación para un humanismo cristiano. Finalmente, Léon Zeches, director del Luxemburger Wort, habló de las relaciones interpersonales como base de construcción de este nuevo humanismo en el ámbito social y de los medios de comunicación. Modera los debates el padre Bernard Ardura, secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, así como Gilles Deliance, director del CCIC.

Por su parte, las Organizaciones Internacionales Católicas intervienen a través de diversos representantes de las mismas, analizando diferentes aspectos de la actividad en los campos en que están presentes. Asociaciones y organizaciones internacionales católicas operantes en el campo de la educación, la caridad, los medios de comunicación social, con acentos procedentes de Europa, América Latina, Africa, completarán el cuadro de conjunto.

Un comunicado emitido por organizadores del congreso explica que «Frente a la situación actual, rica de posibilidades y esperanzas, pero no exenta de tensiones y amenazas, la pregunta por el hombre, su ser y su vida, su sentido y su futuro, adquiere una amplitud nueva». «En esta encrucijada histórica --añade--, en el umbral del tercer milenio, la Iglesia presenta un modelo de humanismo nuevo y perenne a la vez, cuya novedad brota de la fuente inextinguible del Evangelio. La Iglesia, como lugar de creación de comunidades donde se hace visible el amor que supera la muerte y el odio, se convierte en esta etapa de la historia una vez más en madre y maestra de civilizaciones y pueblos, creadora de una cultura nueva».


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