Jornadas de Bibliotecología, Ciencias de la Información y Tecnología

José M. Lázaro García:
Ensayo Biográfico
por Laura R. Torres Rodríguez

Decía un ilustre un puertorriqueño que de las personas que viven domésticamente se recuerda, una vez el tiempo pone fin a su existencia con la muerte, el dolor de su partida; ,mas de los personajes históricos-los que trascienden las fronteras de lo doméstico se conmemora su natalicio como señar  visible de la continuación de su existencia más allá del episodio letal que es la muerte.

Pero ¿qué de aquellos personajes de la Historia, al igual que ciertos sucesos históricos de trascendental importancia, que por indiferencia y apatía oficial caen en el olvido, y con su olvido muere la única oportunidad de haberlos conocido para juzgarlos, apreciarlos, venerarlos, emularlos y perpetuarlos?

Tal vez no sea ese el caso del puertorriqueño ilustre cuya vida y obra trataremos - filósofo, pedagogo, crítico, ensayista, periodista, teólogo... -  pero sí en parte es don José Manuel Lázaro García uno de esos puertorriqueños - de estirpe puertorriqueñista -que saben enarbolar la bandera del país en que nacen, el cual al nacer ellos encontraran de una manera y que al pasar a la otra vida, dejan a su país en mejores condiciones espirituales, culturales, educativas y sociales, en fin.

En el presente trabajo nos proponemos trazar un boceto biográfico del insigne ilustre José Manuel Lázaro García, quien en los años que transitó por nuestra vida de pueblo supo aportar con su intelecto, espíritu creador y mente analítica, al engrandecimiento de su gente por medio de su labor titánica de maestro, catedrático, bibliotecólogo, periodista, ensayista, crítico, filósofo y patriota nacido en San Juan en 1909 y fallecido allí mismo en el 1968.

El padre de José M. Lázaro fue don José Lázaro Costa, ingeniero, venezolano de nacimiento y graduado del Colegio Universitario de Santa María en Caracas en 1898.  En 1901 don José Lázaro se trasladó a Puerto Rico.  Poco después se asoció con otro compatriota suyo e ingeniero de profesión, de nombre Antonio María Martínez, al arquitecto puertorriqueño don José Canals.

Entre los tres formaron una Compañía de Diseños y Construcción que todavía en 1987 existía.  Aquí el padre del biografiado colaboró en el diseño de cientos de iglesias, casas parroquiales, capillas, conventos y colegios, al igual que residencias particulares, edificios de apartamentos y estructuras comerciales.

Don Carlos Lázaro, hermano del biografiado; nos dijo en entrevista que le hiciéramos que don José Canals era alcalde de San Juan en aquel entonces y que fue el que contrató a José Lázaro Costa para adoquinar las calles de la Capital y colocar las tuberías del sanitario.

La madre se llamaba María García de la Rosa, puertorriqueña.  Se dedicó a las tareas hogareñas, atender su esposo y educar a los hijos. En su matrimonio procreó siete hijos, de los cuales el primero (una niña) falleció al mes de nacida. 

Vino al mundo José Manuel Lázaro Garcia  el martes 20 de julio de 1909 en una antigua casona de la calle del Cristo, frente a la Iglesia San José. Estudió sus grados primarios en el Colegio de Párvulos en el Viejo San Juan, según testimonio de don Carlos Lázaro, hermano menor.  La escuela intermedia la cursó en la Academia San Agustín, que hoy se conoce con el nombre de Colegio San José.  Marcha a Canadá donde cursa parte de su escuela superior pero en vano hemos buscado entre documentos, libros y familiares que hemos entrevistado datos adicionales que nos ayuden a clarificar las circunstancias  en que viaja a Canadá y en que sitio e institución cursó estudios.  Si sabemos  que luego regresó a Puerto Rico y completó la escuela superior en la Central High en Santurce.

De pequeño respiró en su hogar un profundo espíritu religioso, lo que ya de adulto supo continuar aunque no como sacerdote según anhelaba su señora madre.   También de pequeño reflejó vocación de maestro, vocación que siempre mantuvo pues aunque ocupó puestos administrativos, siempre regresaba a la cátedra: esa era su pasión.

Aunque su padre era ingeniero, tenían que luchar él y sus hermanos para ayudar en el hogar.  Estando en Nueva York supo José M. Lázaro tocar en orquestas para ayudarse a costear sus estudios universitarios.  Para la música también tenía talento, el que supo refinar y enriquecer estudiando este arte con don Jesús Figueroa.

Como su padre era venezolano, al nacer José M. Lázaro en 1909, fue inscrito en el consulado de Venezuela en San Juan.  Su abuelo materno trabajaba en la Intendencia. Su madre era hija única. Desde niño, don Pepe como le llamaban cariñosamente; prefería las lecturas filosóficas y religiosas.  Sus hermanos seis en total fueron todos profesionales (médicos, contables, ingenieros, secretarias).  Al momento de redactar este trabajo le sobreviven varios hermanos.

José M. Lázaro realizó sus estudios universitarios en la Universidad de Puerto Rico, en la de Fordham de Nueva York, en la de Lovaina en Bélgica (Europa) y en las de La Habana y Caracas, de Cuba y Venezuela, respectivamente.  En esta última obtiene el grado de Doctor en Filosofía y Letras en 1940 (Universidad Central de Venezuela).  Antes de doctorarse, había cursado estudios filosóficos graduándose de Licenciado en Filosofía en el Instituto Pedagógico Nacional de Venezuela.

Al concluir sus grados primarios y superiores ingresa a la Universidad de Puerto Rico. Según doña Josefina Rivera de Álvarez, don José M. Lázaro García, aunque inicia su carrera universitaria en la Universidad de Puerto Rico, tanto su bachillerato como la maestría y el doctorado los obtiene en las Universidades de Fordham (Nueva York), Lovaina (Bélgica), La Habana (Cuba) y Caracas (Venezuela).  No obstante su hija informa que su bachillerato lo había realizado en la Universidad de Puerto Rico.

Sin embargo, a tenor con la investigación que realizara Moisés Pérez, encontramos el dato que cursó estudios en la Escuela Superior Central de Santurce, mas ya para el 1927 se  hallaba en Fordham, Nueva York. Esto nos hace suponer que, como su padre era ingeniero arquitecto, constantemente por razones de su trabajo, salía de Puerto Rico, y que en uno de estos viajes fue a residir a Canadá donde el biografiado cursaría algunos años de su escuela superior.

En 1936 cursó estudios graduados en la Escuela de Filosofía y Letras de La Habana. Dos años después ejerce el profesorado en la escuela secundaria del Colegio Nacional de Instrucción de Venezuela.  En 1939 se licencia en Filosofía en el Instituto Pedagógico de Venezuela y al año siguiente se doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Venezuela.

A través de la vida de José M. Lázaro podemos ver en las diferentes tareas y ocupaciones que desempeñó, siempre como educador y otras gestiones relacionadas con el mundo académico y de los libros.

Trabajó por espacios de treinta años como profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, dedicándose a la enseñanza de materias incluidas en una de sus  fundamentales vocaciones del intelecto: el mundo de la filosofía.  Su interés en particular por la filosofía no le impidió servirle a la Universidad desde otros ángulos pues José M. Lázaro era un  intelectual de grandes capacidades; de ahí que, además de enseñar filosofía, fue Decano de la Facultad de Humanidades y Director de las Bibliotecas del Recinto riopedrense.  Entre estas Bibliotecas está la que hoy lleva su nombre de la que por breve tiempo fue Director de la misma.

En ese centro universitario también se desempeñó como ayudante del Rector además de Director del Departamento de Filosofía.  Mas no sólo se dedicó a la cátedra en Puerto Rico pues en Cuba y Venezuela también ejerció la docencia.

Residió el Dr. Lázaro en la ciudad de Nueva York donde ocupó el puesto de Jefe de Traductores en la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.).  Su constante inquietud intelectual y docente nos permite verlo ahora como catedrático de Filosofía y Lógica en la Universidad de La Habana como conferenciante en la Universidad del Sagrado Corazón en su país natal.

Como profesor en la Universidad de Puerto Rico, José M. Lázaro se inició en 1931 y sólo la muerte en diciembre lo separó de la cátedra.

En Cuba fue cofundador de la Academia Baldor, dato que corroboramos en entrevista que le hiciéramos a su hermano Carlos Lázaro.  El fundador de esta Academia, Dr. Baldor sobresalió en las Letras cubanas. En esta Academia José M. Lázaro enseñó cursos de religión y filosofía.  Estando en Cuba también trabajó como profesor en el Instituto Pedagógico del Colegio San Ignacio, en la Capital.

Como conferenciante además de sobresalir en este aspecto en la Universidad del Sagrado Corazón, dictó conferencias en la Universidad de Navarra, en el Ateneo de Puerto Rico, en el Instituto y en diferentes Universidades puertorriqueñas.  A la Universidad de Puerto Rico llegó apenas contando con 22 años de edad; ingresando a la misma como instructor de filosofía para luego ocupar la jefatura de ese Departamento.

En el estudio bibliográfico que prepara el Jefe de Catalogación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Moisés Pérez, resalta el investigador el número de instituciones en que José M. Lázaro se desempeñó como instructor, maestro, profesor y catedrático; permitiéndonos a nosotros incluir en la lista la Escuela Normal de Mujeres Y la Escuela Normal de Hombres, ambas en Caracas, Venezuela, donde trabajó como maestro. 

El cargo de Director de la Biblioteca del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico lo ocupó de 1959 a 1961, del 1961 a 1963 ocupó el cargo de Decano de la Facultad de Humanidades. Mas ante todo, siempre prefirió el enseñar, el educar, tarea que realizó con tesón y vocación desde 1931 hasta el momento de su muerte.

Durante todo ese tiempo, testimonió de manera pública lo que constantemente había hecho toda su vida: su devoción, su apego e interés por los libros y recursos impresos.  En ese sentido sobresalió como reseñador de libros de forma efectiva y objetiva.  Fue un crítico documentado, sencillo, comprensible por todos e informado sobre los autores cuyas obras reseñaba.   Sabía dar datos y notas informativas que le permitían al lector conocer el mérito de la obra y la autoridad del autor a través de la crítica literaria de José M. Lázaro.

En el 1958 al 1959 se desempeñó como Ayudante del Rector. Don Carlos F. Mendoza nos indica en su Índice Biográfico que también fue traductor.  Como traductor traducía del latín al español, además de conocer el francés, el alemán, el italiano e inglés. En la UNESCO en Suiza ocupó un puesto a la vez que recordamos su cargo de Jefes de Traductores de la sección de español en las Naciones Unidas en Nueva York de 1952 a 1958.

La madre del biografiado preocupada porque su hijo se identificaba con las ideas nacionalistas de Albizu Campos y ante el temor de que fuera víctima de la violencia, hizo que esté se marchara a Cuba.  El propósito de su señora madre, era doble: aparte del que señaláramos, era también su deseo que su hijo fuera sacerdote. Y fue a Cuba e ingresó en el Seminario del Colegio de Belén.

Don Carlos, su hermano dos dijo que el propio José M. Lázaro quería comprobar si tenía vocación sacerdotal, mas una vez comprobado que tal vocación religiosa no era la suya, decidió él mandar a buscar a su novia, Marina Paoli Villavicencio, que residía en Puerto Rico y era prima del tenor Antonio Paoli (de ahí que a ella le gustase el cántico) y con ella contrajo nupcias el 20 de enero de 1935 en La Habana. Aquí en Cuba nació su primer hijo, de nombre José Ramón.

Es en el Colegio de Belén, donde don José Manuel además de seminarista enseñaba Lógica, Filosofía, fue que Fidel Castro conoció al Profesor Lázaro. De hecho, fue maestro de Fidel en este Colegio Seminario de Los Jesuitas.

Josefina Rivera de Álvarez  lo ubica dentro del conjunto vanguardista de escritores jóvenes universitarios que se organizó en Río Piedras a comienzos de los años '30, agrupados bajo el nombre "Meñique". Estos jóvenes escritores de entusiasmo y de ideas renovadoras tomaron el nombre de "Meñique" como reflejo de un buen espíritu humanista, en oposición a otro grupo de jóvenes escritores universitarios agrupados que publicaban una revista de nombre "Índice".

En este grupo sobresalen Francisco Manrique Cabrera y María Teresa Babín, entre otros.  Reconoce Josefina Rivera de Álvarez en la figura del biografiado un escritor de sólida preparación académica, tanto en lo filosófico como en el campo de la ética, la religión y el cristianismo.  Ve en sus libros el constante espíritu de educador que el Dr. Lázaro tiene.

A José M. Lázaro lo podemos ubicar en el ambiente universitario de Río Piedras, que era el lugar donde se agruparon en torno a Antonio S. Pedreira algunos compañeros en la enseñanza universitaria, interesados éstos en el esclarecimiento de los perfiles propios que definen la personalidad cultural nacional puertorriqueña.

En 1945 se funda la Revista Asomante, hecho que Rivera de Álvarez considera como el tercer acontecimiento de gran importancia que aporta a darle cohesión a la generación literaria del '45.  En las páginas de Asomante, dirigida por Nilita Vientós Gastón, se dio la acogida a los jóvenes escritores de aquel momento convirtiéndose dicha revista en portavoz "de las inquietudes estéticas que se dejan sentir por esta época en los círculos literarios más destacados en Europa, Norteamérica e Hispanoamérica".

Cesáreo Rosa-Nieves al referirse al ensayo posmodernista y contemporáneo, que va de 1935 a 1959, señala una serie de escritos cuyas obras se caracterizan por una "mareada curiosidad por la investigación de los motivos isleños". Aparte de mencionar grandes figuras dice que vale la pena mencionar a Lázaro por fructífera labor resaltándolo en la ensayista filosófica, como uno de los mejores.

José M. Lázaro trabajó como editor auxiliar del periódico diario El Mundo editado en San Juan, durante los años de 1947 a 1950.  Para ese entonces, a finales de la Segunda Guerra Mundial, El Mundo contaba  con nuevos periodistas, entre ellos Graciany Miranda Archilla. José M. Lázaro estaba a cargo de la noticias del exterior.

Además de El Mundo, el profesor Lázaro supo colaborar en las revistas más importantes de las vida universitaria y cultural del país. También trabajo como redactor para El Imparcial y para un periódico en Venezuela. Para El Imparcial, durante licencia sabática, trabajó como corresponsal en Europa.

Además de desempeñarse como periodista para los periódicos antes mencionados, colaboró en revistas tales como Diálogos, Revista de Ciencias Sociales, Revista Extramuros, Revista de Estudios Generales, La Torre, Revista Pedagógica; todas ellas de ambiente universitario, además de colaborar en la del Instituto de Cultura, Alma Latina, Caribe, Asomante, Educación, Pedagogía, Puerto, Atenea y Boricua. 

Es autor del  libro El pensar lógico donde señala un doble propósito sobre la lógica aristotélica: servir de introducción clara a los alumnos que se inician en la materia además de presentar la lógica a nuestros estudiantes de tal manera que ellos vean que la lógica está íntimamente relaciona con la filosofía y que se puede servir con propiedad como introducción a esa disciplina.

Años antes, en el 1959, escribió para la Revista del Instituto de Cultura un interesante ensayo titulado "La industrialización y sus consecuencias."  En este ensayo señalaba que antes del 1940 Puerto Rico dependía casi exclusivamente de una agricultura de monocultivo, carecía de innovaciones técnicas, de fuerza obrera diestra; factores que convertían al país en un estado débil e incapaz para enfrentarse a los problemas en forma conjunta y en diversos frentes a la vez".  Añadía que dentro de las consecuencias que trajo a Puerto Rico la industrialización, era la migración el factor más importante como elemento de cambio en la sociedad puertorriqueña después de la Segunda Guerra Mundial.  A partir de entonces la sociedad era urbana, había abandonado la agricultura adoptando una actitud móvil y algo aún más importante: a partir de esta Guerra el Estado no era ya la estructura dominante.

En el mismo ensayo Lázaro enumeraba otros fenómenos que atribuía al proceso de industrialización, aunque ellos el desequilibrio ecológico, desequilibrio interno entre la agricultura y la industria, el desequilibrio entre las empresas locales y norteamericanas.  Ante esos cambios, el autor llamaba la atención ante el peligro que corríamos si intentábamos sustituir nuestras tradiciones culturales ( las que nos han moldeado el pensamiento ) por una civilización cosmopolita artificial, ya que tal sustitución empobrecería nuestro espíritu.

Tales reflexiones vertidas en ese ensayo nos indican las sensibilidad y la preocupación que tenía Lázaro en torno a los radicales cambios que empezó a vivir Puerto Rico en los años de 1940.

Pero además del ensayo filosófico (donde se especializó Lázaro), sobresalió en la selección y recomendación de libros  referentes a la religión, tema que también fue uno de sus predilectos y una de sus vocaciones como lector, estudioso y crítico bibliográfico.  Es precisamente el tema religioso su interés "profundo y básico a lo largo de toda su vida ."

Entre sus aportaciones bibliográficas debemos mencionar los prólogos que escribiera a libros de otros autores, tanto de filosofía como de educación y del saber en general.  Podemos mencionar el Prologo al libro Ludwing Schajowiez, La Filosofía y el mundo contemporáneo, publicado en 1964 por Ediciones La Torre de la Editorial Universitaria.  En este libro recoge nueve conferencias que en forma panorámica presentan  los lineamientos fundamentales sobre los que se mueve y actúa el pensamiento filosófico en nuestros días en sus relaciones con diversos aspectos de nuestra cultura, ciencias, religión, historia, arte y poesía.

En una breve reseña aparecida en el Catálogo General de la Editorial Universitaria, en la que se considera a Lázaro como un "respetado filósofo puertorriqueño", sobre uno de sus libros, Iniciación al estudio del conocimiento, se nos indica que su autor presenta en forma de manual el tema de la epistemología (doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico) dirigido a los que se inician en el análisis del tema.  En esta obra se refleja evidentemente las preferencias tomistas del autor en la solución de problemas epistemológicos, aunque esto no le impida examinar otras posiciones filosóficas.

Además es autor de El alma y el cuerpo de la Biblia (1966), Marx y el origen de la religión, ensayo que apareció en la Revista Puerto, de la Facultad de Estudios Generales del Recinto de Río Piedras.  También escribió Breve historia del existencialismo, Una civilización del mito; ensayos estos que escribiera para diferentes periódicos y revistas de Puerto Rico el Dr. Lázaro.

Como crítico literario, nuestro biografiado publicó en la Revista Educación una interesante reseña del libro Ética para la era atómica, de Ana María O'Neill.  Para Lázaro, la autora de este libro nos ofrece en el mismo una maravillosa inspiración espiritualista donde alude a Dios sin caer en la mentira.  Es esta obra para su crítico una en la que la autora recoge el fruto de 31 años dedicado a la enseñanza de la Ética en la Facultad de Comercio en la Universidad de Puerto Rico donde el Prof. Lázaro también dictaba cátedra.  Para él, libro como éste hacían falta y no por ello estaba exento de polémicas y críticas adversas, lo que hacía del mismo uno de sus grandes méritos. 

En La Confección de tesis en las Humanidades, José M. Lázaro sirve de traductor a la vez que de recopilador de las ideas que el Prof. Fernant Van Steenherghen, del Seminario de Filosofía Medieval de la Universidad de Lovaina (célebre universidad católica fundada en 1425 en esa ciudad belga), expuso a sus alumnos de Humanidades.  En especial ese Seminario iba dirigido a los estudiantes de Filosofía quienes tenían que escribir una tesis en el campo de su especialidad.

Esta obra coincide con su otro libro titulado La Filosofía y el mundo contemporáneo ya que en ésta también el Prof. Lázaro recopila nueve conferencias que dictó en la Universidad de Puerto Rico durante el segundo semestre del 1961-62 el grupo de profesores del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades en unión a otros profesores, entre los que se encontraba José M. Lázaro.  Dicha obra se inicia con la conferencia que dictó el Dr. Lázaro titulada Filosofía y cultura.

En una reseña biográfica sobre nuestro autor, nos topamos con el dato de que también escribió un documentado libro de Historia de la Filosofía antigua, y de un Tratado de Teatro.  Su conferencia titulada Ciencia y Cultura, dictada a un grupo de maestros  que asistió a un programa especial para profesores de ciencias en la Universidad de Puerto Rico, fue publicada en forma de ensayo en la Revista Educación.

En marzo de 1962 apareció su ensayo crítico titulado Mater et Magistra haciendo alusión a la Encíclica de ese nombre del Papa Juan XXIII publicada un año antes, en 1961.  En este ensayo su autor reconoce que en dicha Encíclica Juan XXIII y la Iglesia Católica conmemoraban un gran aniversario: el del año durante el cual un Papa moderno, León XIII, habló por primera vez "en nombre de la Iglesia de la condición de los obreros y de aquellas novedades que agitaban la sociedad del siglo XIX, enfrentándose a la vez con violencia al capitalismo y al socialismo".

Su Manual de Gnoseología es para Georges Declare una obra donde Lázaro presenta sus lecciones de Filosofía en tono didáctico y estilo familiar, características del autor que se perfilan en dicho Manual publicado bajo el título Iniciación al estudio del conocimiento.

José M. Lázaro fue defensor de la independencia para Puerto Rico.  Su amistad personal que sintió por Albizu Campos y la admiración que por él sintió, no le impidió relacionarse con aquéllos contrarios al ideal albizuístas.  Sus convicciones patrióticas, que nacen de sus inquietudes juveniles, las inició en su vida universitaria ingresando al grupo Meñique, ya que este grupo de jóvenes profesores universitarios, intelectuales y escritores, alentaban profundas inquietudes de afirmación puertorriqueñistas e hispánicas.

Nunca militó en partido político alguno, aunque sí fue de la confianza de muchos líderes políticos, entre ellos Jaime Benítez y Luis Muñoz Marín.  Con éste sostuvo ciertas discrepancias en torno a temas controvertibles, entre ellos el divorcio y el aborto.

Pocos años antes de su muerte, por razones que desconocemos, el Dr. Lázaro gestionó la ciudadanía estadounidense, según nos narró uno  de sus familiares que entrevistamos.  Tales gestiones no deben entenderse como claudicación a los ideales que defendió  para Puerto Rico, al igual que su señor padre.  Hemos constatado que en cierta ocasión un juez del Tribunal Federal de Estados Unidos en Puerto Rico le negó el ejercicio de sus derechos políticos en su propio país por haber contestado en la afirmativa cuando se le preguntó si él era partidario de la independencia para Puerto Rico. 

De acuerdo con esos principios, José M. Lázaro tuvo plena conciencia de la realidad nacional de Puerto Rico.  Le preocupaba que sus paisanos fueran conformistas, materialista y pragmáticos.  Entendía que el colonialismo también podía afectar el espíritu y el pensamiento.  De él dijo Eladio Rodríguez Otero que supo sufrir las desventuras de su patria "con el intenso dolor a que sólo pueden llegar los que además de conocer profundamente, aman también profundamente".

De ahí que en 1965 respondiera también en la afirmativa al llamado de aquel grupo de compatriotas reunidos en el Colegio de Abogados el 17 de enero de ese año, para establecer el Congreso Puertorriqueño Anticolonialista; cuyo objetivo fundamental era denunciar ante la opinión pública mundial la situación colonial de Puerto Rico.  A ese llamado también contestaron algunos antiguos compañeros de cátedra, entre ellos Nilita Vientós Gastón, Monelisa Lisa Pérez Marchand y Margot Arce de Vázquez.

José M. Lázaro veía en la Iglesia un vehículo de expresión nacional de su pueblo.  Afirmaba que una Iglesia no estaba profundamente arraigada en ningún país "mientras su jefes no fueran los hijos del país." 

Se lamentaba de que en Puerto Rico la Iglesia Católica, después de 400 años de evangelización, siguiera siendo una institución extranjera y algo peor: extranjerizante.  Criticaba que la Iglesia Católica estuviera por medio de sus escuelas realizando "una obra de su plantación de la cultura puertorriqueña.  Afirmaba enfáticamente, en entrevista que le hicieran para la Revista Boricua en 1962, que "solo un episcopado autóctono, por sus lazos de carne y sangre por nuestra comunidad, por su sensibilidad y por su forma de ver las cosas, pueden implantar la Iglesia verdaderamente en Puerto Rico y contribuir a resolver los problemas a que hoy (1962) nos enfrentamos".

La Iglesia no podía destruir ni suplantar culturas; de ahí que la creación de un episcopado puertorriqueño concernía a todos "sin distinción de clero ni banderías políticas".  Entendía que ya era el momento de que se le pidiera a la Santa Sede que pusiera en manos puertorriqueñas el gobierno de la Iglesia Católica; lo que logró en 1964 cuando el Papa Juan XXIII nombró a Luis Aponte Martínez Arzobispo de San Juan.

Recordemos que don José M. Lázaro era nacionalista y el nacionalismo en Puerto Rico en los años del 1930 al 50, en que sobresalió la figura de Albizu Campos, veía en el catolicismo una punta de lanza más en defensa de la nacionalidad.  De hecho, Albizu entendía que el hombre guiado por Dios era capaz de todo bien.  Y siendo Albizu un hispanófilo, y España para Albizu "la depositaria de a civilización cristiana", los latinoamericanos veníamos a ser, según Juan Antonio Corretjer, la síntesis de las civilizaciones indígena y cristiana.  Para Corretjer nuestra hegemonía en el antiguo mundo era inevitable para el bien del género humano; y esa era precisamente la forma de ser del neocatolicismo en Albizu Campos; ideas que defendió José M. Lázaro.

Falleció el Dr. Lázaro el sábado 28 de diciembre de 1968 en San Juan, de enfisema pulmonar según nos contó su hermano menor.  Al morir aún ocupaba su cátedra de Filosofía que venía desempeñando desde 1931.  Poco antes de fallecer había regresado de Europa.  Para el entonces Rector del Recinto de Río Piedras, Abraham Díaz González, supo don Pepe realizar todas sus funciones universitarias "con dedicación y capacidades excepcionales".  Añadía que por sus obras y trabajos de investigación, nuestro biografiado ocuparía "un sitial prominente en la historia del pensamiento puertorriqueño. 

Fue sepultado el día de su fallecimiento a las 5:00 de la tarde en el Cementerio De San Juan, después de celebrársele una misa en la Santa Catedral. Tres meses después de su muerte, en marzo de 1969, el Ateneo Puertorriqueño le ofreció un solemne homenaje en el salón de actos, en el que participaron el Obispo de Caguas quien disertó sobre el aspecto religioso de su vida; la Dra. Pérez Marchand quien abordó el tema filosófico y educativo en la obra del Dr. Lázaro; el Dr. Ramón de la Torre quien habló sobre el tema del humanismo en el homenajeado; y el Licenciado Rodríguez Otero quien abarcó el tema de la puertorriqueñidad en la vida del ilustre catedrático.

El 27 de febrero de 1969 la Secretaria del Senado Académico de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, certificaba que, en cumplimiento de la enmienda hecha por dicho Senado Académico para recomendar la distinción académica a José M. Lázaro dándole su nombre al Edificio de la Biblioteca General de la Universidad, Recinto de Río Piedra.  Tal aprobación se verificó el 20 de febrero del mismo año, contando con la denominación con el visto bueno del Rector Abraham Díaz González.

Uno de los homenajes que se le dedicó a José M. Lázaro fue el de la Exposición de libros relacionados con el tema religioso, donde se incluyeron libros raros como el de San Agustín " City of God" y el de  Tomás de Kempis "The Imitation of Christ".  Esta Exposición se llevó a cabo en la Biblioteca que perpetúa el nombre de nuestro biografiado en el Recinto riopedrense.

La Escuela Superior de Carolina lleva el nombre de José M. Lázaro; la misma está situada en la Avenida Comandante.

En primer lugar debemos consignar en estas páginas finales que el trabajo que nos propusimos realizar no fue fácil; fueron muchos los obstáculos que al paso nos salieron.  Sin embargo, siempre logramos en parte considerable lo que nos pusimos de meta: escudriñar todas las fuentes que encontráramos que nos brindaran la oportunidad de conocer algo-ideas, ideales, convicciones, preocupaciones, circunstancias personales, familiares, profesionales, sociales...

Un hallazgo interesante pero preocupante fue el que durante largas horas durante días dedicados a buscar en bibliotecas universitarias, de escuela superior, en bibliotecas particulares e institucionales, fue poco el material impreso que encontráramos que nos arrojara luz sobre la vida y obra de José M. Lázaro García. Menos mal que como muchos de sus familiares más  allegados sobreviven y fueron de fácil acceso (hermanos, sobrinos, hijos ) aquellos aspectos relacionados con su vida íntima y la alusiva a los años de su infancia y formación primaria y secundaria, estos familiares a través de las entrevistas nos pudieron ofrecer datos , aclarar detalles y dar configuración a la vida y obra, que desde sus primeros años, sus padres, sus estudios universitarios, sus ocupaciones profesionales e intelectuales, su estancia en Cuba (donde tuvo entre a sus alumnos en el Colegio de Belén al Dr. Fidel Castro Ruz), su matrimonio y familia, su gestión como literato y periodista, su aportación bibliográfica a las letras puertorriqueñas, sus ideales patrióticos, su posición como devoto cristiano ante la Iglesia Católica en Puerto Rico, su muerte, los homenajes que le rindieron y ... la deuda que tenemos con el Dr. José M. Lázaro García.

Algunos aspectos como los posibles estudios que realizó en Canadá, su estancia en Suiza y en Nueva York como Jefe de Traductores de la División de Español en las Naciones Unidas en Nueva York, su gestión relacionada con su ciudadanía estadounidense ya que al nacer él su padre, ciudadano venezolano lo inscribió en el Consulado de dicha República en nuestra Capital, y de cuya ciudadanía venezolana él nunca se despojó, son interesantes aspectos que en un futuro no lejanos sería materia de otro trabajo de investigación que nos permita tener un cuadro más abarcador y objetivo de la vida y obra de don José M. Lázaro García como hombre de letras, de ideales cristianos y de filosofía.

Porque hay hombres grandes que pasan por la vida como pequeños pero con la muerte nos damos cuenta de su grandeza. BIBLIOGRAFIA

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Dr. Cirilo Toro Vargas
Publicado en el Internet:  8 de agosto de 2001.
Revisión:  22 de abril de 2005.