

I No tan cerca del amigo que bien querido se sabe; ni tan lejos del amigo que en ansiedad nos reclama.
No dejar crecer la hierba en caminos de amistad, y que haya vino en la mesa para ofrendar pan y sal.
II A quien tiene un buen amigo dio dos almas el Señor; pero perder al amigo ésto no perdona D-os.
Y que no medre la hierba en sendas de afinidad, y no falten en la mesa la sal, el vino y el pan.
III Gozar con el viejo amigo nuestra moneda más nueva; sufrir con el nuevo amigo nuestra más vieja querella.
No pueblen cardo ni hierba veredas de intimidad porque tenga nuestra mesa camino franco al llegar
IV No tan cerca del amigo con cariño que empalague; ni tan lejos del amigo que nuestra imagen deslave.
Arrancar la mala hierba, y hacer fuego en el hogar; que no agrie el vino la mesa, ni amarguen la sal y el pan.
Ernesto Abad y Soria

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