A la
Patria
Ante el recuerdo bendito de aquella noche
sagrada en que la patria alherrojada rompió al
fin su esclavitud; ante la dulce memoria de
aquella hora y de aquel día, yo siento que en el
alma mía canta algo como un laúd.
Yo siento que brota en flores el huerto de mi
ternura, que tiembla entre su espesura la
estrofa de una canción; y al sonoroso y ardiente
murmurar de cada nota, siendo algo grande que
brota dentro de mi corazón.
¡Bendita noche de gloria que así mi espíritu
agitas, bendita entre benditas noche de la
libertad! Hora del triunfo en que el pueblo vio
al fin en su omnipotencia, al sol de la
independencia rompiendo la oscuridad.
Yo te amo... y al acercarme ante este altar de
victoria donde la patria y la historia
contemplan nuestro placer, yo vengo a unir al
tributo que en darte el pueblo se afana mi canto
de mexicana, mi corazón de mujer.

Nocturno a
Rosario
¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón; que
es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última
ilusión.
Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que
están mis noches negras, tan negras y sombrías, que
ya se han muerto todas las esperanzas mías, que ya
no sé ni dónde se alzaba el porvenir.
De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada, las
formas de mi madre se pierden en la nada, y tú de
nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en
vez de amarte menos te quiero mucho más.
A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?
Y luego que ya estaba concluido el santuario, tu
lámpara encendida, tu velo en el altar, el sol de la
mañana detrás del campanario, chispeando las
antorchas, humeando el incensario, y abierta allá a
lo lejos la puerta del hogar...
¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos; tú
siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos
una sola alma, los dos un solo pecho, y en medio de
nosotros mi madre como un Dios!
¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida; y al
delirar en eso con alma estremecida, pensaba yo en
ser bueno por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño que me
envolvió en sus besos cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores; la
luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi
lira de poeta,mi juventud, adiós!

Adiós
Después de que el
destino me ha hundido en las congojas del árbol
que se muere crujiendo de dolor, truncando una
por una las flores y las hojas que al beso de
los cielos brotaron de mi amor.
Después de que mis ramas se han roto bajo el peso
de tanta y tanta nieve cayendo sin cesar, y
que mi ardiente savia se ha helado con el beso
que el ángel del invierno me dio al atravesar.
Después... es necesario que tú tambien te alejes
en pos de otras florestas y de otro cielo en
pos; que te alces de tu nido, que te alces y me
dejes sin escuchar mis ruegos y sin decirme
adiós.
Yo estaba solo y triste cuando la noche te hizo
plegar las blancas alas para acogerte a mí,
entonces mi ramaje doliente y enfermizo
brotó sus flores todas tan solo para ti.
En ellas te hice el nido risueño en que dormías
de amor y de ventura temblando en su vaivén,
y en él te hallaban siempre las noches y los
días feliz con mi cariño y amándote también...
¡Ah! nunca en mis delirios creí que fuera eterno
el sol de aquellas horas de encanto y frenesí;
pero jamás tampoco que el soplo del invierno
llegara entre tus cantos, y hallándote tú
aquí...
Es fuerza que te alejes... rompiéndome en
astillas; ya siento entre mis ramas crujir el
huracán, y heladas y temblando mis hojas
amarillas se arrancan y vacilan y vuelan y se
van...
Adiós, paloma blanca que huyendo de la nieve
te vas a otras regiones y dejas tu árbol fiel;
mañana que termine mi vida oscura y breve ya
solo tus recuerdos palpitarán sobre él.
Es fuerza que te alejes del cántico y del nido
tu sabes bien la historia paloma que te vas...
El nido es el recuerdo y el cántico el olvido,
el árbol es el siempre y el ave es el jamás.
Adiós mientras que puedes oír bajo este cielo
el último ¡ay! del himno cantado por los dos...
Te vas y ya levantas el ímpetu y el vuelo,
te vas y ya me dejas, ¡paloma, adiós,
adiós!

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