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A PROPÓSITO DEL BIEN Y LA VIRTUD EN EL LIBRO I Y II DE LA ÉTICA NICOMAQUEA DE ARISTÓTELES

Mayra Messina

UABCS*

 

 

El libro primero de La Ética Nicomaquea de Aristóteles aborda la problemática del bien y su relación con la felicidad del hombre así como la disciplina que debe guardar el alma en su caminar, es decir, la virtud. De alguna manera se entiende que existe cierta estructura en la vida moral del hombre; cuando este pensador divide las diferentes situaciones que producen felicidad y propone que ellas están jerarquizadas, esta diciendo que la contemplación del bien, la visión del bien común que en su acepción más amplia es la política, y la vida del placer, no pueden estar al mismo nivel; un placer individual como lo es el comer o el beber, no se puede comparar con lo sublime de la actitud de contemplar el bien y en menor medida con la grandeza de ver por el bien de todos. En efecto, un hombre es más apreciado cuando hace una acción a favor de otros que cuando se come un pollo o tiene una relación amorosa que le produce mucho placer.

Es interesante como el autor recurre demasiado a la opinión (doxa) para corroborar, refutar o aclarar las ideas en torno a la virtud y la felicidad. La naturaleza de una acción se puede medir cuando tomamos en cuenta el dolor y el placer como parámetros dentro de la idea de la virtud como el término medio de Aristóteles (1096 a). Es aquí donde vemos que este pensador basa su sistema moral en el sentido común, ya que recurre a ejemplos, aclaraciones y corroboraciones que tienen su origen en la opinión general.

Toda acción tiene un fin, y este objetivo que puede estar presente en cualquier movimiento humano tiene la posibilidad de ser bueno o malo de acuerdo a las consecuencias personales o alternas que contenga el acto en sí mismo; hay que fijarnos cómo el autor se niega a anclar, fundamentar o argumentar sus ideas con la noción de bien platónico aunque en el fondo siempre está presente. Si para Platón el bien es la idea perfecta por excelencia, y es en torno a ella que las demás ideas se organizan o cobran estructura y además el mundo de las sombras también se rige por este orden externo al hombre, Aristóteles se esfuerza por confirmar sus argumentaciones desde el sentido común; sin embargo siempre esta suponiendo un orden dado que no acaba de decir qué es lo que lo fundamenta. La acción humana pues, tiene también jerarquización, hay acciones mejores que otras debido a que existe el bien y nuestras acciones tienden a él, algunas de ellas son menos importantes porque de alguna manera no persiguen de manera clara al bien mismo.

El bien es un centro totalizador de la conducta humana, de tal manera que siempre que estamos haciendo algo nos estamos fijando en alguna consecuencia, efecto o condición del bien, o en el bien mismo. Es desde esta perspectiva como podemos creer que existe una estructura de la conducta humana, y que ella no es un movimiento sin sentido donde cada quien hace lo que le viene en gana.

La política, es la prueba de que existen acciones con finalidades más perfectas, o sublimes; en efecto este campo de la acción humana puede englobar o justificar otros tantos, de tal manera que dentro del contexto político se puede justificar la acción del pedagogo, del médico, o del artesano; es decir la intención de cuidar la salud, de educar o de hacer sillas, cobra sentido dentro de un campo de acción más general como es el caso de la política en su inclinación hacia el bien común. De esto se deduce que Aristóteles piensa que la acción de un político sea más significativa dentro de la sociedad que la de un carpintero o dentista, y que éstas cobran sentido dentro de la visión del bien para todos. De esta manera podemos entender cuando dice nuestro pensador que "el bien se expresa en su esencia, en su cualidad y su relación"(1096 a); es decir, las acciones del hombre pueden estar encaminadas hacia la posesión del bien, hacia la apetencia de una relación o al disfrute de una cualidad. Con esto se confirma la estructuración que pretende dar a la acción del hombre en torno al bien. De tal suerte que siempre que actuamos tenemos la perspectiva del bien, sin embargo las acciones son diferenciadas porque alguna se fija en un efecto, otra en él mismo, otra más en alguna relación, otra en una semejanza, etc. De esta manera tenemos que distinguir dos grandes tipos de acciones con respecto al bien: cuando el objeto de la acción es él mismo y cuando es algo relativo a él; no obstante no hay que dejar de vista que el bien es uno (1096 b).

De alguna forma todos los fines que puede poseer una acción no son perfectos en cuanto que no persigue al bien mismo. Es también por esta idea como se justifica la infelicidad, pues ella coincide plenamente con la posesión del bien y como la mayoría de nuestras acciones están encaminadas a sólo una consecuencia o relación, entonces se explica que la felicidad este tan alejada de nuestro mundo.

La felicidad es "la actividad del alma dirigida por la virtud"(1099 b) pues es el bien el principio o fundamento de nuestro movimiento como hombres. La virtud debe entenderse como una disciplina que se da el hombre a sí mismo para mejor alcanzar el bien. La virtud también debe de tomar en cuenta los excesos, de tal manera que si una persona se deja llevar por la comida, siendo esto un bien no en sí mismo sino como insumo de la vida, y come demasiado, viene a caer en una falta de virtud o carencia de ella; pasa lo mismo cuando una persona controla demasiado su deseo por la comida y puede sufrir un deterioro físico.

El alma tiene una parte dotada de razón y otra que carece de ella; nuestro pensador cree que las virtudes pueden estar apoyando esta formación, de tal suerte que existen virtudes intelectuales y morales. Las virtudes intelectuales están encaminadas hacia la mejor contemplación del bien y de esta manera contribuir a una mayor felicidad; las virtudes morales están proyectadas hacia controlar los excesos del cuerpo. De esta manera las virtudes son formas de ser que desarrolla el individuo para tener un mejor caminar en torno al ser, cosa en la que consiste la felicidad.

En el libro segundo, nuestro pensador aborda el problema de la naturaleza de la virtud; después de decirnos que el bien es el punto de referencia de todos los hombres y que todas nuestras acciones, de manera indirecta o directa, tienden hacia él. El tema que ahora nos ocupa no es el de la felicidad sino el de la virtud, sabiendo de antemano que la virtud acompaña al alma en su acción y que es precisamente esto el centro de la idea de la felicidad.

La virtud se da con la práctica, esto es, cuando una persona logra tener o forjarse un hábito admirable o digno de alabar, se debe a que de alguna manera ha tenido que trabajar en ello y llegar a tener una actitud constante con respecto a algo. La práctica de la virtud debe hacerse siempre en relación con la recta razón pues es ella la que puede ver si hay algún exceso de alguna pasión o acción. La virtud no es un estado de insensibilidad o de calma sino la capacidad de realizar acciones bellas; de esta manera nuestro pensador nos da elementos para poder refutar la idea de los estoicos que pretenden desligarse del deseo ya que ofrece una percepción de la acción humana en donde la recta razón se ve capacitada para controlar los excesos del cuerpo. Con esto podemos ver en este pensador la gran herencia que recibe de su maestro Platón: la idea del bien como eje central y a la inteligencia como capacidad por excelencia para acercarse a ella.

Podríamos pensar que el artista para su formación requiere de virtudes pues son también producto de la práctica; en efecto, un artista que pinta un cuadro, llega a lograr un objeto de esta naturaleza por su esfuerzo de darse una habilidad. Sin embargo, la diferencia que ve nuestro autor con respecto al arte es que el arte es un esfuerzo más específico que el artista debe de darse. Pensemos por ejemplo en un pianista que debe de estar frente a las teclas muchas horas para poder dar un concierto valioso o apreciable; por otra parte, la obra de arte tiene un valor intrínseco, diferente a la virtud que es valiosa en la persona que la posee. De esta manera esta diciendo que la virtud es una actitud más general en el hombre que el arte. El artista tiene un fin particular: producir una específica obra de arte; sin embargo el hombre virtuoso tiene como fin la felicidad que no es un fin específico, sino más bien a lo que deben abocarse todos los hombres en general (1105 b). Por otra parte podemos decir que existen artistas virtuosos, es decir, que tienen actitudes humanas honorables; esto sin llegar a confundirlo con la práctica de un arte específico.

La virtud es una disposición adquirida. Explicando esto podemos decir que el maestro de Alejandro Magno afirma que las pasiones son todo aquello que va acompañado de dolor o placer, de tal forma que estas pueden ser la concupiscencia, la ira, el miedo, la temeridad, la envidia, la alegría, la amistad, el odio, la añoranza, la emulación y la piedad (1105 b); y nuestras capacidades de experimentar estas pasiones son nuestras capacidades de acción, esto es, cuando una persona capta la pasión del odio puede dejarse llevar por este y darle rienda suelta a todo su impulso actuando en contra de lo que le provocó ese sentimiento. Ante esto sigue faltando la idea de un regulador de la conducta que en este caso no es ni la pasión en sí misma ni la capacidad de acción; la virtud no es pues ni una pasión ni una capacidad de acción porque en este nivel no es ético, sino simplemente humano.

La virtud es, pues, una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio en relación con nosotros mismos, definida por la razón y de conformidad con la conducta de un hombre consciente (1107 a). De tal manera que la valentía es un término medio entre el miedo y la audacia, siendo así que cuando una persona se deja llevar por el miedo cae en la inactividad y cuando se deja llevar por la audacia y pretende ser demasiado valiente, arriesga su vida innecesariamente; la templanza es el término medio con respecto al placer o al dolor, esto es, si una persona se deja llevar por su apetito sexual, se convierte en un depravado o maniático sexual, pero también si se abstiene se convierte en un frígido y apático amante; de esta manera la templanza es buscar el término medio con respecto al placer. De igual manera con respecto a la ira, cuando una persona se deja llevar por ella, se transforma en un colérico o irascible, pero también si el hombre no actúa a un estímulo ofensivo, por ejemplo, entonces es un dejado, flemático y apachurrado ser.

Queda pues dicho cómo debe ser el hombre virtuoso. Éste debe de buscar el término medio entre sus pasiones y sus acciones con respecto a sus emociones (1109 a), apoyadas de manera esencial en la razón, pues es ella la que puede guiar nuestro caminar y de esta manera hacerlo feliz.

 

Comentarios finales

Mediante esta lectura podemos entender el concepto de virtud en Aristóteles y la relación que esta guarda con la felicidad. La virtud consiste en guardar el término medio entre nuestras pasiones y acciones mediante la razón. Esta disposición es aprendida mediante la práctica, la virtud se enseña, se aprende y se lleva a cabo auxiliados por la inteligencia que tiene como objetivo al bien.

 

Es interesante la cercanía con respecto al pensamiento de Platón a pesar que casi siempre que estudiamos a Aristóteles lo vemos como el "realista" en contraposición con el "idealista" de su maestro. La noción del bien, que no define, pero que pone en el centro de sus ideas éticas, es entendida de manera semejante por su maestro ya que en el mundo de las ideas la idea central es el bien, y en torno a ella se organiza todo.

 

 

*Universidad Autónoma de Baja California Sur.

 

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