HISTORIA
El Grito del 10 de noviembre en Los Santos.
De todos es conocida la actitud hostil que manifestó Veraguas, a través del Cabildo Santiagueño, hacia la temprana manifestación emancipista declarada por el pueblo de Los Santos en Cabildo abierto. La explicación de esta actitud encuentra eco en raíces más profundas, inclusive en los orígenes distantes de las estructuras socioeconómicas de Azuero y Veraguas.
Haciendo un poco de historia social y económica de ambas regiones cabe recordar que la alcaldía mayor de Natá que abarca todo el territorio de Azuero, estaba bajo la administración española desde 1522. Veraguas pasó al dominio castellano en 1558. Natá se organiza repartiendo entre sus fundadores los indios de los alrededores bajo el sistema de encomienda. La Corona sin embargo, recomienda alrededor de 1558 la abolición de la encomienda.
“Tanto se abusó del sistema que Carlos V oyendo las protestas de las personas de bien contra el atropello inhumano a los indios, abolió las encomiendas”(1).
Esta acción dio origen a la conquista de Veraguas por Francisco Vásquez y a la dispersión del natariego por Azuero, en pequeños grupos familiares para garantizar su supervivencia. Esta dispersión originó una serie de fenómenos muy propios como son: la distribución de la tierra entre muchos titulares y el hecho de que ésta no está en manos de terratenientes sino en manos de pequeños y medianos propietarios.
Mientras que en Azuero se abolía la “sociedad señorial” en Veraguas se prolongaba un siglo después y posiblemente hasta el siglo XIX bajo otras formas. Mientras que en Azuerose proponían cierto equiparamiento por lo menos en el derecho español con el indígena y se repartían las tierras entre muchos, en Veraguas la relación de servidumbre se prolongaba y la tierra quedaba en manos de unos cuantos, concentrándose el grupo blanco dominante en los centros urbanos.
“La proximidad de la ruta y la flexibilidad de su estructura permitió tiempo después que Azuero se incorporara al contrabando comercial natariego que se iniciara en 1716. Aunque Santiago, capital veraguense desde el siglo XVII quedaba en un área menos accesible y carecía de puerto, fueron sus estructuras de corte señorial y agropecuaria, lo que impidió su participación en el contrabando”(2).
En marzo de 1820 llegó la primera imprenta a Panamá. La operaba don José María Goitía. Pronto se publicó un periódicoque se llamó La Miscelánea. Formaban el cuerpo de redacción los próceres Juan José Argote de nacionalidad colombiana y los panameños Mariano Arosemena, Manul María Ayala y Juan José Calvo. Este semanario circuló por todas las poblaciones del Istmo.
“…en él se hablaba de libertad, de independencia, de los sabios ejemplos de la revolución Francesa, de la independencia de los Estados Unidos, de los logros de Bolívar, San Martín, Morelos, Sucre, Santander y todos esos grandes mensajeros de la libertad…(3)”
La estrecha relación con la zona de tránsito, de la cual obtenían parte de sus ingresos, les permitió participar de los intereses de quienes en la capital gestaban el movimiento separatista. Los veraguenses en cambio más conservadores y apegados al agro, mantenían su criterio de sumisión a la Corona. Esto explica la actitud con que José de Fábrega, encargado del mando del Istmo, intentó sofocar el grito de la Villa; sólo mediante coacción del Cabildo Natariego el pueblo de Santiago se adhirió, en razón de los hechos consumados, al Acta de Independencia el 1º de diciembre de 1821.
Aún gestores del movimiento independentista en la capital como Mariano Arosemena y otros vieron con cierto desdén el gesto separatista de La Villa, porque lo consideraban “irregular y deficiente”.
“Al grito de Independencia de la Villa de los Santos hay que reconocerle su arrojo y espontaneidad”(4).
Surge como el de la capital por razones económicas ya que la ruta de tránsito y su comercio se vinieron abajo, pero a esto hay que agregar el rigor de las circunstancias en las cuales los interioranos se movían, precipitando la decisión sin reparar en consecuencias.
“Su gesto heroico apresuró los planes de la Capital”(5). Este es, sin lugar a dudas, el mérito del grito santeño.