
Seven Chances
Bastaron las primeras imágenes de Seven Chances para que me identificara con el personaje que interpreta Buster Keaton. Un joven serio, educado (nótese la forma tan sutil de echarme porras), platicando tímidamente con una muchacha bonita, sin atreverse a pedirle que sea su novia. Un año después, Jimmy Shannon [a.k.a. Buster] y Mary platican de la misma manera, en el mismo lugar, y con la misma calidad de amigos.
Aparte de pocos huevos, Jimmy, como todo buen personaje de película muda de los años veintes, es muy inocente: él y su socio han sido vilmente engañados y están a punto de perder su bisnes e ir a la carcel. Afortunadamente para ellos existe salvación: Jimmy recibirá una herencia (siete millones de dólares) con la condición de que esté casado antes de las 7 pm del día de su cumpleaños número 27. Por supuesto, nuestro héroe se entera de esta situación siete horas antes de que se venza el plazo. Jimmy tiene unas cuantas horas para pedirle a la muchacha (a la cual no se ha atrevido a declararle su amor en todo un año) que se case con él de inmediato. Con siete millones de dólares en juego, cualquiera se arma de valor, así que Jimmy va con Mary y le explica la situación aunque sin escoger las frases correctas. Mary, creyendo que Buster lo hace sólo por el dinero rechaza la oferta de matrimonio.
Aunque con el corazón roto, Buster se lanza al Country Club para buscar posibles víctimas. Después de inspeccionar, descubre que conoce a siete muchachas. Como su orgullo y dignidad valen obviamente menos de siete millones de dólares comienza a proponerle matrimonio a todas y cada una de las chavas, pero (supongo, porque es cine mudo) cometiendo el error de omitir la parte referente a los siete melones. Todas rechazan su propuesta y, lógicamente, se burlan de él.
Jimmy está desesperado y empieza a tirarle la onda a [casi] todo lo que traiga faldas. Mientras tanto, su amigo pone un anuncio en la edición vespertina de un periódico. Acertadamente menciona en su "aviso oportuno" el pequeño asunto de los siete megas de billelle verde. Cientos de mujeres vestidas de blanco aparecen en la iglesia, deseosas de convertirse en la Sra. Shannon.
Lo que se me hace más interesante de esta película es que va de un extremo a otro:
Según he leído, la película no fue un gran éxito en su época, e incluso, la escena final de las piedras rodantes se la agregaron al ver que la test audience no se había reído mucho durante el desarrollo de la historia. Sin embargo, a mí me gusta mucho. A lo mejor no tiene los trucos y acrobacias impactantes de "Sherlock Jr." o "The General" pero es una película sencilla, lógica, políticamente incorrecta, y muy divertida.
Aunque el argumento intenta justificar las acciones de los protagonistas (Buster quiere el dinero y el matrimonio con tanta urgencia sólo por evitar la carcel, Mary finalmente acepta su propuesta de matrimonio por amor y no por interés económico, etc.) refleja a fin de cuentas un comportamiento poco ético. "Todos tenemos nuestro precio" podría ser la moraleja de la historia. Nuestros valores, orgullo y dignidad pueden ser deshechados si nos ponen enfrente varios milloncitos de dólares.
La película ha sido calificada de misógina, juicio con el cual no estoy totalmente de acuerdo (but then again, mi punto de vista es el de un misógino). Lo que sí es que la cinta es obviamente racista: la única mujer a la que Keaton no le pide matrimonio es a una afroamericana (nótese que viví dos años en Canadá y aprendí a ser politically correct), y hay otro par de gags cuyo "blanco" son los negros. Pero bueno, así era seguramente la vida en los U.S. of A de los años '20s. La película refleja fielmente la idiosincracia gringa de su época.
En fin, Seven Chances es ingeniosa y divertida. Una de las películas de Buster Keaton que más me gusta, aunque también debo aclarar que desgraciadamente no he visto muchas.
Lino Evgueni Coria Mendoza
Guadalajara, 1999
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