CURIOSIDADES HONDUREñAS

LLUVIA DE PECES EN YORO

"El aguacero de pescados, como le llaman los nativos, es característico: se inicia generalmente a las cuatro o cinco de la tarde, con una nube negra, seguida de fuertes descargas eléctricas y terribles huracanes, que aparece en el cerro de Mata Agua..."

Es uno de los más curiosos fenómenos que se observan en Honduras. Tiene lugar en las cercanías de la ciudad de Yoro, a un kilómetro de distancia, hacia el Suroeste de la población, en la llanura llamada "El Pantano", que limita al Oeste con el cerrito de "El Mal Nombre". Es este un volcán apagado, que hizo erupción en época remota, según lo atestiguan las muchas piedras de sulfuro de hierro que en la expresada llanura se hallan dispersas.

Lo que más llama la atención en esta "lluvia de peces", es la periodicidad con que se verifica; anualmente, por una sola vez, en los meses de mayo o junio, al principiar la estación lluviosa en esta pintoresca región.

El "aguacero de pescados", como le llaman los nativos, es característico: se inicia generalmente a las cuatro o cinco de la tarde, con una nube negra, seguida de fuertes descargas eléctricas y terribles huracanes, que aparece en el cerro de "Mata Agua", por el Noreste del lado Atlántico, que es, de donde proceden los vientos alisios de esta zona. Terminada la tormenta, las sardinas, como de tres a cuatro pulgadas de largo, quedan saltando, vivas aún, sobre la verde sabana de "El Pantano", dispersándose, a veces, en torno de un lagunato, que existe en la base Noreste del cerrito de "El Mal Nombre", depósito de agua que se seca totalmente en el verano.

Nosotros, cuando niños, hemos tenido oportunidad, más de una vez, de ir en compañía de otros chicuelos del barrio, una vez pasada la tempestad, a recoger los sabrosos pececillos, regresando contentos a nuestros hogares para gozar de las delicias de una suculenta cena.

Varias teorías se han formulado para explicar científicamente, este curioso como interesante fenómeno; pero la que parece más acertada es la que lo atribuye a una tromba marina procedente del Atlántico, por la constante dirección de donde la nube procede, por ir el aguacero acompañado de frecuentes y formidables descargas eléctricas, y por caer invariablemente en la planicie de "El Pantano", en donde, debido a la existencia de minerales de hierro, hay quizá, un polo que atrae a la tromba, en la cual vienen los misteriosos pececillos.

Carlos Jeremias Giron Rivera, Opina sobre lo que vio de este fenomeno, lo siguiente:

Estimado Mario:

Los datos contenidos en tu nota son los esenciales. Lo que siempre ha quedado en vilo es el origen de los animalitos, que son como bien tu lo apuntas sardinas, pero ojo que son de las que se dan en agua dulce y no de las marinas, de allí que la tésis de una tromba queda debilitada, en algunas ocasiones han sido recogidas también algunos especímenes de ¨mojarras¨ que es una especie con mucho parecido a los guapotes y las llamadas japapas¨¨, peces que abundaban antes en todos los ríos, arroyos y quebradas de Honduras junto a los ¨juilines¨ especie de bagre de pequeño tamaño, que aún hoy son muy frecuentes en las corrientes naturales de agua.

En los años 80, a finales de la década viajé a Yoro con el objeto de observar el fenómeno, para ese tiempo trabajaba en la redacción de La Prensa y en compañía del corresponsal Héctor Oseguera, fuimos al sitio y entre las cosas que me llamaron la atención fue que en ningún momento pudimos percibir a los peces cayendo del cielo, aunque al terminar el aguacero brincaban en medio del monte conforme el agua se iba secando.

Colocamos un apr de sábanas en varas al estilo manteado y dejando que formaran un hueco y alelí no estaba ningún animalito, lo que nos dijeron los vecinos es que al sentirse sin agua estos habían saltado, cosa que es factible pero que tampoco puede ser tomada como una verdad absoluta sobre si los peces caen o no del cielo en la famosa Lluvia de Peces.

La teoría que en aquel momento nos expuso un anciano del sector es que en las proximidades, justo donde tu apuntas que existe un ¨lagunato¨ brota una corriente subterránea a cause de la lluvia que se acumula en otro punto del sector y esta corriente arrastra los peces que sorprendidos por la creciente se dejan arrastrar y quedan atrapados en el llano donde el agua alcance varios centímetros de altura durante el aguacero.

De cualquier manera es uno de los fenómenos que ya debieron de ser investigados por los estudiosos de las universidades nacionales ya que a las autoridades les interesa mucho más como abrir empleos y gastar los fondos del presupuesto nacional.

Hay otro fenómeno en el sector de Villanueva, el que también comprobamos aunque no investigamos a fondo y que si te interesa te lo relato luego.

Es el de una quebrada que se seca en verano pero si haces un ruido fuerte echa una fuerte creciente. Me dices si te interesa. Desde Sta. Rosa de Copán. Saludos.

MAS DE LA LLUVIA DE PECES

Por: Orsy Campos Rivas

Cada vez que veía al cielo cubrirse de nubarrones, mis esperanzas de que cayera un buen chaparrón crecían más y más.

Y no tanto porque necesitara la llovizna, sino porque ansiaba ver la casi legendaria “lluvia de peces”, la que me hizo viajar casi 600 kilómetros desde San Salvador hasta llegar a la cabacera departamental de Yoro, que también se llama Yoro.

Ese fenómeno climatológico, meteorológico, natural —o como quieran llamarlo— es real, no es ninguna quimera ni ningún cuento, y todo comienza cuando hacia el suroeste del poblado, por donde está el cerro Yoro, el cielo es cubierto por una nube tan negra, que hasta infunde miedo a cualquiera que la vea, un nubarrón que los científicos llaman “cumuloninbus mammatus” debido a que su base tiene la apariencia de mamas.

¿Qué día sucede exactamente? Eso nadie lo sabe, ni los más ancianos que ya han disfrutado la lluvia de peces por más de 60 ó 70 años. Simplemente ocurre cualquier día entre junio y julio de cada año, y eso es lo único certero.

Uno de los testigos de ese prodigio es don Miguel Rafael Aguilares Espinoza, un viejo bonachón de 79 años y de un carisma natural. Pues este señor es originario de Choluteca (Honduras), pero por cosas del amor se estableció en Yoro.

Él, al igual que otras personas, era de los incrédulos en cuanto al tema de los peces, a pesar de que desde la escuela ya les informaban de ese suceso.

Miguel Rafael Aguilares Espinoza es uno de los testigos del evento que sucede cada año.

“Yo había escuchado, pero nunca me imaginé por qué sucedía y cómo se daba”, menciona. Él recuerda sus primeros años en Yoro: “Me decían de la lluvia de peces; llovió aquí o allá, pero yo siempre dudoso no lo creía...”.

“Pero una vez —dice don Miguel—, allá por 1963, con unos amigos fuimos a cercar un terreno de cinco caballerías... Entonces montado en un caballo les llevaba la comida para la semana.

Cuando regresaba, a eso de las 2:30 de la tarde, ahí por donde caía el avión (una antigua pista de aterrizaje que le llaman El Pantano), se puso una tormenta bien rara al lado de donde nace el sol”.

“Con una nube negrísima espesa, el viento se hacía cada vez más fuerte, y se empezaban a escuchar los rayos; entonces empezó a caer una tormenta demasiado fuerte, por lo que me puse el capote y seguí cabalgando.

“De repente el caballo se torcía para un lado, para el otro, no quería caminar recto, entonces sentí en el sombrero algo y vi en la sabana el revoloteo de algo que brillaba... Eran los peces. Yo nunca había visto algo así, yo había escuchado que aparecían, pero no sabía cómo”.

“No eran peces grandes; era una especie de sardina plateada que venía con el agua. Cuando empezó a bajar la tormenta continué el camino, pero observaba que en el agua que corría se miraba un revoloteo de pececillos que sacaban la nariz para agarrar aire”.

“Ver eso me impresionó, porque yo era uno de los escépticos. Después les dije a los niños a que fueran a pescar y ellos iban a traer canastadas de peces, y hasta tuve la oportunidad de comer de eso...

Algunos yoreños han conservado los peces que han aparecido después de las lluvias.

El sabor, eso es algo especial; no se iguala a los otros pescados; varias veces lo he comido. Para mí esto es un misterio que Dios le ha dado a este pueblo”, menciona don Miguel con aquella seguridad convencedora y que ahora le permite decir que la lluvia de peces ya es natural para él.

Peces para el hambre

Otro de los testimonios de la lluvia de pescados es el de Eda Celina Rodríguez viuda de Maldonado, una septuagenaria simpática que con mucha lucidez recuerda su primera experiencia con los peces.

“Mi primera lluvia de peces, eso fue lindo, tenía seis años. Con mi abuela andábamos en un rezo por El Pantano cuando allá nos agarró el vendaval. Viera (hubiera) visto, llovió con truenos, rayos, vientos, un vendaval completo. Cuando pasó la lluvia, veníamos de regreso como a las tres y media de la tarde y vimos la correntada de agua que llegaba a una laguna, y esa agua estaba llena de peces. Viera qué lindo brincaban los pececitos”.

“Como antes se usaba un manto para los rezos, mi abuela metió el manto en el agua y agarró los pescados. Yo me puse nerviosa y mi abuela me dijo: ‘Esta es la bendición que Dios nos manda no te pongás así’.

“Nosotros como todos los años sabemos que en el mes de junio se da, y cuando empezaban los vientos fuertes, mi papá decía: es la lluvia de peces, y ya tenía lista las alforjas para ir a traer pescados”.

“Nosotros los cocinamos, les quitamos las escamas, hacemos sopa, frito. Había una señora que era pariente de nosotras que lo hacía en tusas y lo metía al rincón del fuego y viera qué ricos son. Mi abuela lo ponía salado al sol, luego lo molía y nos hacía torta”.

“Que de dónde vienen estos peces, mi abuela me contó que el padre Manuel de Jesús Subirana (un misionero de finales del siglo XIX), al ver la pobreza en que vivían los indígenas xicaque pidió un milagro, para que así pudieran tener algo que comer; entonces rezó por tres días y tres noches, y al terminar la oración se vino una tormenta fuerte y luego aparecieron los pescados.

Desde entonces llueven peces en Yoro”, asegura doña Eda.

Los relatos de estas dos personas son similares a los que cuentan otros yoreños. Todos afirman que ese suceso es verídico. Por eso cada vez que veía al cielo cubrirse de nubarrones, mis esperanzas de ver ese fenómeno eran más firmes, aunque al final, después de tres días de espera, ni siquiera agua recibí del cielo.

Suceso anual

El fenómeno que sucede en Yoro es un evento que la ciencia lo ha documentado también en otras partes del mundo, hay dos hipotesis, aunque los investigadores se inclinan sólo por una. (Ver gráfico).

No obstante, a diferencia de otros lugares, en Yoro sucede periódicamente cada año, entre junio y julio. No se obtuvo la referencia escrita más antigua de este hecho, pero la tradición oral estima que ha sucedido continuamente por lo menos durante cien años.

Envuelta en un manto mágico en el que la realidad se mezcla con el mito, para algunos yoreños los peces caen del cielo, a pesar de que la mayoría asegura que nadie los ha visto caer, debido a que la tormenta que se genera es demasiado fuerte y es eléctrica, por lo que prefieren refugiarse, y los que han tenido la osadía de ir a presenciar el fenómeno han fallecido a causa de un rayo.

No obstante, doña Eda Celina Rodríguez, quien relató su experiencia con los peces cuando tenía seis años, recuerda a un señor llamado Manuel, que iba montado a caballo en El Pantano, la sabana donde tradicionalmente han caído los peces, a quien un pez que caía del cielo le golpeó un dedo y se lo descompuso.

En todo caso, la lluvia que dura hasta 45 minutos deja unos peces de hasta una cuarta de tamaño, que apenas sobreviven un par de horas, por lo que nadie ha podido mantenerlos vivos en una pecera. “Como que sólo caen para que los comamos”, menciona convencida doña Eda.

Otra particularidad es que este suceso se da en los lugares despoblados. Antes sólo sucedía en la llanura El Pantano, ubicado a un kilómetro y medio al suroeste del pueblo, ahora cae en otros sitios inhabitados pero circundantes al municipio.