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O d a  a  C a m e l o t


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Oh! Ciudad paradisíaca que guardas todos los bienes del mundo entero; los mejores hombres y las mujeres más bellas albergas en tu seno, los amantes más fieles y los ancianos más sabios se han forjado dentro de ti, en Camelot, sitio elegido de los Dioses para glorificar a la raza humana.



Tantos nobles caballeros han honrado tu nombre ciudad digna de admiración en todos los reinos- que la historia no puede desprenderse de ti y de tu admirable legado a la posteridad.


Tu Rey, el más sabio de todos los tiempos, te ha creado para que la humanidad nunca olvide que existió alguna vez un lugar sagrado, en donde los hombres eran héroes y las mujeres sus musas adoradas, donde los valores morales valían mas que cualquier riqueza y la búsqueda incesante del espíritu era la antorcha encendida que iluminaba el arduo camino.



Oh, Arturo!, ejemplo inmortal de nobleza y valentía, vuelve Rey mío y demuéstrale al mundo que aún vives, que tus heridas ya se han curado y tus errores han sido perdonados Que en la isla de Avalon has estado esperando el glorioso día de tu regreso, que por fin ha llegado.



Oh, mi Reina pecadora, mi Señora!, la más bella de las mujeres, la más admirada, la más elogiada, la más juzgada.



Tu amor intenso, excelso y verdadero como el de pocas, mi hermosa Ginebra, te ha hecho perder lo que más apreciabas en este mundo, sin embargo la pureza de tu noble espíritu te ha redimido y tu lealtad y devoción al amor divino te ha conservado como una mujer santa, ante la que el mundo se inclina en reverencia.


Oh, mi primer caballero!, el mas honrado y fiel de los hombres todos, el más bello, el mas fuerte, el mejor guerrero, el mejor amante. Oh!, quién pudiera tener tu nobleza y gallardía, mi amado Lanzarote, quién pudiera...


Mucho te has culpado por tus amores prohibidos con mi Reina, muchas lágrimas han derramado tus dulces ojos; pero, ah!, noble caballero, tu propio arrepentimiento y el final ascético de tus días te ha valido la pureza de tu alma y la honra eterna hasta el fin de los tiempos.



Oh, Sir Perceval, Sir Galhad, Sir Bors!, hombres sin mancha, ángeles hechos carne. Corazón, espíritu y mente, caballeros elegidos por sus inigualables cualidades de pureza y santidad.



El Creador de todas las cosas los ha honrado sentándolos a su mesa e invitándolos a participar de la sagrada misa del Santo Grial, en donde les han sido revelados los más antiguos misterios y el Hijo de Dios se ha hecho visible ante sus ojos, iluminándolos de tal manera que ya nunca volverán a ver igual.



Ah!, pero cómo podría olvidarte, sabio entre los sabios, mago sideral, maestro atemporal, hombre cósmico; si tú has creado la Sagrada Orden de Caballería con tus conocimientos del mundo y el universo.



Tanto podría decir de ti, mi amado Merlín, que aburriría a cualquiera con mis infinitas alabanzas.



La raza humana te debe innumerables odas y cánticos, puesto que has legado al futuro la esperanza de volver a crear Camelot, que en tu tiempo fue una ciudad y ahora podría ser el mundo entero.


Que en tus gloriosos días fueron poco más de cien los más destacados caballeros, pero hoy podría ser la humanidad toda la hermandad infranqueable que fuera entonces la Tabla Redonda.


Oh, nobles caballeros y hermosas damas de la ciudad mas añorada de todos los tiempos, recordemos la época dorada y soñándola en nuestros corazones volvamos a recrearla; ofrendemos nuestro anhelo sincero de hermanar nuestra Tierra y unir a los hombres del mundo en un mismo canto de Paz; proclamémonos reyes sobre nuestro espíritu y libremos las batallas en nuestro propio interior.


Y comprometiéndonos a no abandonar nunca la sagrada búsqueda del Santo Cáliz, purifiquemos nuestra alma al servicio de Dios y de la humanidad.



La redención de Camelot; la obtención de la espada Excalibur, forjada por la bella Dama del Lago, como símbolo de reencuentro de los nobles caballeros; la comprensión misericordiosa de los errores cometidos antaño; la liberación de Merlín, ansioso por regresar al mundo ideal que alguna vez soñó; el sendero de la purificación del espíritu en la búsqueda incesante del Santo Grial; la redención de cada uno de los personajes arquetípicos de la historia, que perdonándose a sí mismos y a los demás permiten que la estela dejada por la luminosidad de una época dorada quede impresa a lo largo de las edades; y todo lo sublime y excelso que los hombres podamos crear y soñar, todo esto colaborará para que hoy el aura celestial de Camelot descienda nuevamente.

Florencia Copley    

camelot@ciudad.com.ar