
En Gran Bretaña el origen
del Romanticismo es un tanto difuso. Como se vio en el
Neoclasicismo inglés <../../genios/estilos/12.htm>,
el estilo nacional es un problema para los autores, que no encuentran
precedentes propios sino que han de remitirse a corrientes estilísticas
continentales. El hecho de que autores como
Gainsborough <../pintores/1994.htm> y Lawrence combinen temas eternos
del arte inglés, el retrato y el paisaje, permite al fin la introducción de lo
específicamente británico. Es, pues, a través de estos géneros como se introduce
el Romanticismo; eso sí, mantienen dependencias de otros países, como en este
caso el Romanticismo alemán
<../../genios/estilos/17.htm>, estrechamente ligado al inglés. El
Romanticismo en Gran Bretaña se hizo acompañar de una revolución filosófica y
literaria. Las figuras del alemán Kan, del propio Marx más tarde, o el
movimiento neo-medievalista literario, abanderado por el poeta Wordsworth, son
los pilares culturales de la expresión artística. En todos ellos, el valor del
individuo es el que prima. Esto conduce indirectamente a revalorizar todo el
arte de los estilos anteriores, puesto que ya no se depende de las normas
establecidas para el período vigente -como ocurría en el Neoclasicismo- sino que
lo importante es el efecto que una obra de arte ejerce sobre la sensibilidad del
sujeto, que varía de uno a otro. El valor del pensamiento subjetivista responde
también a la crisis de valores religiosos (cristianismo) y racional
(Ilustración); ahora el individuo busca los valores en su propio interior. En el
arte, el peso de este posicionamiento es tremendo, puesto que cualquier objeto o
tema es digno de reflexión artística, siempre que el sujeto o el pintor sientan
aludida su sensibilidad. El mejor ejemplo está en los primeros cuadros
románticos, realizados a finales del siglo XVIII: frente al paisaje de corriente
cientifista que pretende documentar la Naturaleza a manera de catálogo, el nuevo
paisaje trasluce los sentimientos del espectador o de su autor. El paisaje puede
ser ahora dramático, sereno, noble o sublime. Los elementos que protagonizan el
paisaje ya no son mitologías, narraciones bíblicas o gestas heroicas, sino el
propio paisaje: la luz y el color conforman la atmósfera, cuya presencia inunda
los lienzos. La vaporosidad y la libertad de ejecución se ve reforzada gracias a
la técnica de la acuarela
<../../genios/materiales/2.htm>, como fue el caso de
Turner <../pintores/3492.htm>. El
tratamiento del paisaje es muy literario y sometido a la visión personal, por lo
que es frecuente que un autor realice series del mismo paraje visto desde
diversos enfoques, en diversas estaciones, etc. Esto lo consigue con maestría
Constable. Se pone más Naturaleza que referencias reales, lo que lleva en
ocasiones a un simbolismo criptográfico, sólo descifrable por algunos
conocedores. Una rama muy particular del Romanticismo inglés la constituyen los
llamados Visionarios; éstos, que ni siquiera pueden denominarse como Escuela,
fueron tres: el poeta, pintor y místico
William
Blake <../pintores/1300.htm>, el suizo Füssli y el escultor Flaxman.
Sus obras suelen ser grabados que ilustran sus propias obras. Predomina en ellos
el dibujo, muy lineal y sinuoso, con grandes contrastes de luz y oscuridad, y
profundamente minucioso. Sus figuras tienden al clasicismo, con anatomías,
ropajes y peinados en el estilo de las esculturas griegas. Pero sus escenas son
místicas, en busca de una nueva religión cristiana que responda al vacío creado
en el hombre de la industrialización: esto se aprecia de manera singular en el
grabado Elohim creating Adam <../cuadros/66.htm>
de Blake. Inventan una nueva técnica, la impresión iluminada, relacionada con el
grabado <../../genios/materiales/9.htm>
que colorean a la acuarela. Su mayor importancia consiste en ser los primeros en
contar con lo onírico y el subconsciente en las realizaciones del arte. Sus
figuras son pesadillas, sueños, traducciones monstruosas de las fobias del
hombre moderno que no tienen parangón hasta la llegada del
surrealismo <../../genios/estilos/69.htm>.
También la pintura de los visionarios conduce en su desarrollo hacia el
Simbolismo <../../genios/escuelas/70.htm>,
paralelo a las tendencias realistas de fines del XIX. La culminación del
Romanticismo tuvo lugar en una asociación tardía, de 1848, entre varios pintores
con inquietudes religiosas, ya en el período victoriano: la Hermandad de los
Prerrafaelitas, con William Dyce, Maddox Brown, Rossetti, Millais, Hunt... A
caballo del realismo, se valen de su lenguaje para realizar obras cargadas de
símbolos morales y religiosos, que ningún profano podía llegar a entender. Su
sentimentalismo exaltado les llevó a caer en el morbo y el puritanismo, con una
simbología que desembocaba en una visión pervertidamente sexual de temas
inocuos. Estuvieron muy influidos en su estilo por los pintores nazarenos del
Romanticismo alemán; sus fuentes de inspiración fueron la Biblia, Shakespeare y
el Medievo. Realizan lienzos religiosos vistos en primer plano, protagonizados
por mujeres delgadas, pálidas y de largos cabellos. Los fondos son muy planos y
decorativos, dando protagonismo a la figura. Continuaron pintando hasta la
muerte de la reina Victoria de Kent, pero la sociedad, a la que pretendían
iluminar, les rechazó de plano. Sus cuadros son un híbrido entre los realismos
de fin de siglo y el más desenfrenado simbolismo. La influencia del Romanticismo
británico se sintió lejanamente en los movimientos paralelos de
España <../../genios/estilos/16.htm> o
Francia <../../genios/estilos/14.htm>.![]()