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SISTEMA INMUNE

Es un extraordinario mecanismo de defensa de nuestro organismo que actúa de inmediato contra la agresión por parte de los muchos microorganismos que nos rodean. Está conformado un conjunto de células y moléculas que además de protegernos contra las infecciones, evita el desarrollo de células tumorales y ayuda a eliminar moléculas nocivas originadas por el envejecimiento, trauma o procesos metabólicos.

Funciones


El sistema inmune es especial para la vida y le permite a los seres vivos preservar su identidad e integridad. Un individuo normal alberga unas 600 especies de microorganismos en tal cantidad que puede superar los 1.250 g, casi lo equivalente al eso del hígado. De éstas, un 80%, 1.000 g, están en el intestino; 20 g en la boca; otro tanto en la vagina y 200 g en la piel. De no se por el sistema inmune, muchos de estos organismos pudrían invadir los tejidos causando enfermedad y muerte. Para sobrevivir entonces un organismo necesita reconocer moléculas, distinguir si son propias o extrañas, a fin de aceptar las primeras y rechazar las segundas. Gracias a este fenómeno, los microorganismos y las células malignas son reconocidos como extraños y por esto son rechazados.


Células del sistema inmune


En los procesos de defensa inmune participan una serie de células, la mayoría originadas en la medula ósea.


Ontogenia:La célula pluripotencial de la medula se deriva del mesodermo, permanece en un número limitado pero constante que al transformarse en diferentes líneas, genera u trillón de células diariamente requeridas para renovar las que se destruyen, la mayor parte por apoptosis. Estas células son los polimorfos nucleares, los macrófagos, las células dentricas, los linfocitos y las plaquetas.


Los Ls se dividen en 3 categorías: los B (LsB) que son los responsables de la producción de Acs, base de la inmunidad humoral, los T productores de sustancias llamadas cito quinas y los neutros o células asesinas (NK) que atacan y destruyen células tumorales o células invadidas por virus.



Las plaquetas participan activamente en el proceso de la inflamación y los eritrocitos desactivan complejos inmunes.

Endotelio vascular: Es la célula de origen no hematopoyético más importante en la respuesta inmune. Hasta hace poco las células del endotelio eran consideradas como simples barreras mecánicas. Hoy se sabe que el endotelio produce diferentes cito quinas y además expresa moléculas que facilitan la adherencia a los vasos de células que deben pasar por la sangre a los tejidos.


Órganos del sistema inmune


Órganos linfoides: Son aquellos en donde se producen, concentran, reproducen, y actúan, los Ls. En la arquitectura de estos órganos participa especialmente el tejido reticular, en el cual es necesario distinguir dos componentes: las células reticulares y las fibras reticulares. Las primeras forman una esponja, gracias a las prolongaciones citoplasmáticas que se anastomosan o conectan entre si. Estas células no tienen función fagocitaría y o los Mo e histiocitos forman el sistema reticuloendotelial. Ellas secretan las fibras reticulares que forman una red que sostienen los elementos linfoides. Esta estructura reticular es común a todos los órganos linfoides; si bien se modifica para dar a cada uno de ellos sus características morfológicas y funcionales específicas, su función es la de filtrar la linfa y la sangre, y retirar de ellas las moléculas extrañas que son luego fagocitadas por los Mo. Por otra parte, retienen las partículas antigénicas para presentarlas paulatinamente a los LsT. Los órganos linfoides poseen, por lo tanto, una población celular fija de células DCs reticulares, y otra migratoria de L y Mo y DCs.



Como la variedad de Ag que pueden entrar en contacto con el sistema inmune es casi infinita y las vías de acceso muy variadas, nuestro organismo ha desarrollado órganos linfoides especializados que están en contacto con el medio ambiente a nivel de la piel, de las mucosas respiratoria, gastrointestinal y urogenital, así como otros que se enfrentan a los Ag que invaden los tejidos o que llegan por la sangre.



Inmunidad innata o natural



Dentro de la misma especie, la susceptibilidad o resistencia a determinados microorganismos patógenos puede variar en forma considerable de un individua a otro, de un grupo racial a otro o de acuerdo con la edad.



Inmunidad de especie. La rata es muy resistente a la difteria, en tanto que el ser humano y el cobayo son muy vulnerables. El estafilococo ataca al hombre y al chimpancé, mientras que la mayor parte de las demás especies animales son resistentes a el. El perro es muy susceptible a la rabia, en cambio la rata lo es en muy poco grado.

La susceptibilidad a una infección no denota necesariamente falta de resistencia; por ejemplo, el ser humano es muy susceptible a los virus del catarro común, pero todos los individuos que logran controlar la infección y prácticamente, no hay mortalidad atribuible a ellos. No sucede lo mismo con otras infecciones como la rabia, que en términos generales es siempre mortal.

Inmunidad racial.

Existen factores controlados genéticamente que predisponen a ciertos grupos raciales a sufrir determinadas infecciones con mayor frecuencia, o gravedad. Los negros, por ejemplo, son más susceptibles al coccidioidomicosis y a la tuberculosis que los blancos. Por el contrario entre el 70% y el 80% de los individuos de raza negra son resistentes a la infección por plasmodium vivax, mientras que la mayoría de los blancos son susceptibles, por tener en la membrana de sus eritrocitos el Ag del grupo Duffy, que sirve de receptor para el plasmodio. Otras diferencias en los glóbulos rojos obran a favor de la raza negra en cuanto hace relación a la resistencia a otras especies de plasmodio: la hemoglobina S y la deficiencia de glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa, que se encuentra con relativa frecuencia en la rza negra, le otorgan cierta resistencia contra el plasmodium falciparum.

Inmunidad de edad.

Durante la infancia y la vejez las enfermedades infecciosas y malignas se presentan con mayor frecuencia. Los niños nacen con un sistema inmunitario poco desarrollad, que necesita del contacto con los distintos agentes patógenos para aprender a defenderse de ellos. Este periodo de aprendizaje se acompaña de una mayor frecuencia de enfermedades infecciosas y procesos malignos. Pasados posprimeros años, el ser humano empieza a manifestar una inmunidad creciente contra todo proceso infeccioso. Después de los sesenta años, el sistema inmunitario, como los demas del organismo, empieza a decaer en su capacidad funcional y este deterioro conlleva un incremento de enfermedades infecciosas y una mayor incidencia de procesos malignos.

Antígenos


Inicialmente se llamo antígeno (Ag) a la molécula que fuera reconocida por un Ac. El concepto incluye actualmente a toda aquella que pueda ser reconocida por los receptores de los LsB, LsT y por las células presentadoras de Ags.
Funcionalmente es la molécula capaz de inducir una respuesta inmune, por lo cual se le conoce también como un inmunógeno.

Características de los antígenos.


INMUNOGENICIDAD Y CANTIDAD DEL INMUNOLOGICO.



La producción de una adecuada respuesta inmune requiere una determinada concentración del Ag. Muy pequeñas cantidades de él o grandes cantidades del mismo, pueden alterar la respuesta. Pequeñas dosis de inoculadas repetidamente pueden inducir tolerancia. Por otra parte la introducción o producción interna de grandes cantidades de un Ag puede dar lugar a la llamada parálisis inmunológica. Es el caso de la neumonía lobar, la rápida proliferación del neumococo da lugar a la liberación de tal cantidad de Ags, que éstos no pueden ser manipulados oportunamente por el sistema inmune, produciéndose una parálisis inmunológica inicial.

ORIGEN

El poder de un Ag para inducir una respuesta inmune es tanto mayor cuanto más extraño sea el organismo en el cual penetra. Una proteína incapaz de producir una respuesta inmune en un animal de la misma especie puede ser potente inmunógeno cuando se inyecta en otra especie animal. La albúmina humana, inyectada de un individuo a otro, no produce respuesta inmunológica; en cambió, en el conejo desencadena la producción de una gran cantidad de Acs contra ella.

COMPLEJIDAD DE LA MOLÉCULA.

Mientras más compleja sea la molécula inmunogenica, mayor será su capacidad de inducir una respuesta inmune. Los polipéptidos lineales son más débiles como Ag que los polipéptidos de igual peso molecular pero con ramificaciones de cadena. El aminoácido Terminal de las cadenas laterales es igualmente importante. Los Ags sintéticos con una cadena básica de polilisina serán antigénicos o no, dependiendo de las secuencias de aminoácidos de las cadenas laterales. Por ejemplo, una cadena lateral de tres aminoácidos, Glu-Tir-Ala, confiere antigenicidad a la molécula si se une a la cadena vertebral de polilisina por la alanita, dejando libre la porción glutamil-tirosina. Pero, si por el contrario, la cadena lateral se une a la vertebral por el segundo glutamil-tirosina, quedando en libertad la alanita, la molécula no es antigénica.

TAMAÑO DE LAS MOLECULAS


Las moléculas de peso molecular inferior a 5.000 de rara vez son inmunogénicas, salvo cuando están unidas a una proteína portadora. En cambio, las moléculas de 100.000 o más de peso molecular suelen ser potentes Ags. Las células extrañas al organismo o los gérmenes, como bacterias, hongos, virus y parásitos, tienen gran potencial inmunogénico.