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ÉPOCA DE ORO DEL CINE MEXICANO

Para la segunda mitad del año 1896 inicia la producción del cine mexicano, inaugurada por los camarógrafos que enviaron los hermanos Lumière para realizar las primeras proyecciones del cinematográfico.

En esta etapa de 1896 a 1915, se desarrolla el documental de los sucesos del momento. Pero es la Revolución Mexicana de 1910 la que da el gran tema al cine documental mexicano: Salvador Toscano, los hermanos Alva, Enrique Rosas, Jesús Abitia entre otros, filman en vivo y en el lugar de los hechos. Por otra parte, se desarrolla el cine argumental literario o "film d'art", con más solidéz a partir de 1915.

Se incrementa la duración de las películas y la estructura del discurso se va complicando. Así comienza una carrera ascendente el cine argumental. "Tabaré", de Luis Lezama (1918), y "Cuauhtémoc", de Manuel de la Bandera (1919), en las que se cantan los orígenes prehispánicos. De este mismo año es la primera versión de "Santa", de Luis G. Peredo, cuyo argumento es la famosa novela de Federico Gamboa que relata las penurias de una prostituta, que será el marco de referencia durante muchos años para los personajes femeninos del cine mexicano.

El periodo comprendido de 1917 a 1920, es considerado como el más brillante de la historia del cine mudo en México. Durante esa época se llegron a realizar en promedio más de 10 películas anualmente; de igual forma, se fundaron dos estudios cinematográficos que han significado el crecimiento de esta industria en México: Azteca Films Manuel de la Bandera.


Después de 1921 la producción del cine mudo mexicano decae, puesto que el cine norteamericano produce de 500 a 700 películas anuales, desplazando al europeo y llevando al cine mexicano a una competencia que no puede sostener.

Las oficinas distribuidoras estadounidenses se instalan en el país ahogando al cine mexicano en su producción y con la ventaja que tenían para distribuir.

En el año de 1931 se produce "Santa", de Carlos Noriega, la primera película sonora mexicana, aunque en 1930, Raphael J. Sevilla había realizado la cinta "Más fuerte que el deber" con sonido indirecto. Al final de los años veinte el cine atravesaba una situación difícil, y el sonido representaba un cúmulo de problemas técnicos y económicos para una cinematografía tan pobre, pero al mismo tiempo parecía darle ciertas ventajas; pues se suponía que el público no aceptaría las cintas con subtítulos.

Pero Hollywood atacaba de nuevo al producir las réplicas de sus grandes éxitos, ahora dobladas al español; es así como aprovecha la estancia de grandes estrellas latinas como Dolores Del Río, Ramón Novaro, Lupe Vélez y muchos otros de habla hispana.

Frente a esta situación el inicio del cine sonoro mexicano se complicó ya que el analfabetismo en nuestro país era muy alto. En los años de 1930 y 1931 se produce sólo una película al año; sin embargo, el cine norteamericano hablado en español, va cediendo terreno, el público no se habitúa al "español" de Estados Unidos y la suplantación de sus estrellas por actores de segunda son algunas de las causas del rechazo al cine de Hollywood en español.

En pocos años desaparecen las producciones del cine estadounidense en otro idioma. Esta situación ayuda de tal forma a la producción mexicana, que de una película por año entre 1930 y 1931 en 1937 se producen 38 cintas; el cine mexicano transforma su nivel en una industria seria, que durante muchos años llegó a ser una de las más importantes del país.

El cine sonoro de México va definiendo sus temas y géneros preferidos. La prostituta, instaurada por "Santa" y "La mujer del puerto". La historia nacional, a través de las películas de Contreras Torres ó Chano Urueta, filmes como "La sospecha de Pancho Villa" (1932), "Viva México", "Juárez y Maximilano" (1934), "La noche de los Mayas" (1939) y "Los de abajo" (1940). Pero es Fernando de Fuentes quien nos da las dos mejores películas sobre la Revolución Mexicana: "El compadre Mendoza" (1933) y "Vámonos con Pancho Villa" (1935).

Asímismo el cine sonoro da un gran impulso a las películas musicales y es así como surgen las películas como "Allá en el Rancho Grande" (1936), de Fernando de Fuentes y se inaugura el género musical de la comedia ranchera. Por su parte en el cine cómico, aparecen las figuras de dos grandes artistas de las carpas populares: Manuel Medel y Mario Moreno "Cantinflas".

Posterior a los años '40 se sientan las bases para alcanzar una producción regular y estable. Produciendo un promedio de 75 películas al año; es así como llega la "Epoca de Oro" del cine mexicano. América latina se entusiasma con las películas mexicanas, siendo el único competidor en el mercado de habla hispana la Argentina. España que está afectada por la guerra y los demás países de lengua hispana casi no cuentan con industria de cine.

Para 1939, el presidente Lázaro Cárdenas brinda gran apoyo al cine mexicano decretando la proyección obligatoria de películas mexicanas. En este período alcanzan su máximo esplendor las grandes estrellas del cine nacional: María Félix, Dolores del Río, Mario Moreno "Cantinflas", Arturo de Córdova, Jorge Negrete y Pedro Infante, quienes en ese tiempo eran imprescindibles en el cine mexicano.

Indudablemente la figura relevante de los años '40 es Emilio "El Indio" Fernández, en sus películas "Flor silvestre" (1943), "María Candelaria" (1944) y "La perla" (1946), en donde se conjuntan los talentos de Gabriel Figueroa en la fotografía y de Mauricio Magdaleno en la escritura. Es la época de los grandes directores como Alejandro Galindo con "Campeón sin Corona" (1945) y "Esquina bajan" (1948); Roberto Gavaldón con "La barranca" (1944), ó Ismael Rodríguez con "Nosotros los pobres" (1947) y "Ustedes los ricos" en (1948).

Se producen a partir de 1951 más de 100 películas por año, de ésta forma algunos directores como Emilio "El Indio" Fernández, Luis Buñuel con "Los olvidados" (1951) y "Subida al cielo" (1952), logran exportar sus filmes a Europa y Asia.

Es en esta etapa cuando se registra la inevitable decadencia de la vieja generación, un hibridismo progresivo y acentuado de los géneros y la aparición de un cine de calidad con películas como: "La escondida" (1955), y "Macario" (1960), de Roberto Gavaldón; "Tizoc" (1956) y "La cucaracha" (1958) de Ismael Rodríguez.

En esta etapa lo más destacado fue la gran labor de Luis Buñuel con: "Él" (1952), "Ensayo de un crímen" (1955) y "Nazarín" (1958); y la aparición del equipo de Manuel Barbachano Ponce, con "Raíces" (1954) de Benito Alazraki, y "Torero" (1956) del español Carlos Velo.

Al final de los años 50 el cine mexicano avanza hacia la crisis que se acentúa por la ausencia de nuevos directores y la ambición de los productores privados que frente a un mercado cautivo, se olvidan del cine de calidad, lo que da como resultado que no se recupera ni el 50% de lo que se invierte en las películas a nivel nacional.

La peor crisis del cine mexicano en su historia. En los años de 1961 a 1964 la producción descendió notablemente y aún más, el nivel de calidad de los filmes. Sólo destacó durante este período la actividad de Luis Buñuel con las películas "El angel exterminador" (1961) y "Simón del desierto" (1965); la revelación de Luis Alcoriza con "Tiburoneros" y hacen su aparición las iniciativas independientes, como "En el balcón vacío" de Jomi García Ascot.

Esta época es la continuación de la crisis del cine mexicano; y lo poco rescatable de este periodo son las películas de Luis Alcoriza "Tlayucán" (1961) y "Tiburones" en (1962); "La soldadera" (1966), de José Bolaños y "Tiempo de morir" (1965), de Arturo Ripstein. Los concursos de cine experimental dieron a conocer varios directores nuevos como: "La fórmula secreta" (1965) de Rubén Gámez; "Juego de mentiras" (1967), de Archibaldo Burns; "Viento Distante" (1965), de Salomón Laiter y "En este pueblo no hay ladrones" (1965) de Alberto Isaac.

Después de la represión de 1968 se manifiesta una aguda necesidad de expresarse y crece la efervescencia para realizar cine independiente, universitario y, por supuesto, cine industrial. La exhibición de películas extranjeras es cada vez mayor, pero la de películas norteamericanas se reduce considerablemente.

Es cuando surgen cineastas como Felipe Casals, Jorge Fons, Paul Leduc, Arturo Ripstein, Alberto Isaac, Humberto Hermosillo, Sergio Olhovich, Gonzálo Martínez, Juan Manuel Torres y Alberto Bojórquez. Se hacen experimentos interesantes con el cine de Alejandro Jodorowsky, Rafael Corkidi y Juan López Moctezuma. Así el panorama de dos décadas atrás había desaparecido por completo, asimismo la industria fílmica daba muestras de que la crisis había terminado.