Arturo Zárate Ruiz
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Literatura como fuente e instrumento de observación para aproximarse a la nueva literatura tamaulipeca

 

Arturo Zárate Ruiz

Colegio de la Frontera Norte, Matamoros

En estos años, la periferia parece, por fin, cobrar existencia tras distraer algunas de las miradas adictas al centro. Sucede que no pocas personas especulan que las uñas, y no el ombligo de la república, son la bola de cristal desde donde se puede atisbar lo que será no sólo México, sino la sociedad mundial en el nuevo milenio.

Eduardo Barrera, del COLEF (1), sonríe al contemplar los numerosos académicos que acuden al “límite” entre México y Estados Unidos para hacerlo sinécdoque de la “posmodernidad”. No sólo lo que será América del Norte por el TLC, sino toda la humanidad tras verse barrida por las corrientes “globalizadoras” hacen que a esta región se le “tema” (2) como “heraldo del futuro”, concluye Geoffrey Land (3).

Este interés por la frontera, muchas veces futurista, ha alcanzado a la literatura. Pero, a primera vista, dicho interés se manifiesta como extra-literario. Por ejemplo, algunos hombres de letras, digamos Carlos Fuentes en Cristóbal Nonato, se acercan, cual sociólogos, a la frontera para retratarla más que para producir literatura, y algunos sociólogos —he allí Willivaldo Delgadillo y su Virgen del Barrio Árabe (4)— producen literatura, no como fin en sí mismo, sino como medio para conocer mejor su objeto de estudio. Parecen tener en mente no tanto el producir una obra literaria, sino el informar mejor desde el Parnaso al mundo si el destino nos depara finalmente, no consideremos ya el apocalíptico “soylent verde”, sino el aún más amedrentador “espanglés”.

Yo no aspiro a vidente, sólo a ver. No pretendo más que acercarme aquí a la literatura fronteriza, en cuanto literatura. Pretendo acercarme en particular a la nueva narrativa tamaulipeca.

 

La literatura como fuente e instrumento de información

 

No hay que desechar, sin embargo, apresuradamente la idea de que la nueva narrativa tamaulipeca pudiese servir a algún interesado como fuente de información, ni que algún escritor talentoso se sirva de su pluma para recoger “literariamente” esa información. Hay de hecho ejemplos numerosos del usar o el acercarse así a la literatura. Por un lado, no pocos investigadores han estudiado el Quijote para informarse de la España de Cervantes (5), y la Divina Comedia para saber de la Italia de Dante (6). Por otro lado, intelectuales destacados parecen recurrir al lenguaje literario para capturar en toda su complejidad su erudición sobre un tema. He allí El nombre de la rosa, con la cual Umberto Eco parece ofrecernos un cuadro de Europa justo antes de la Gran Peste. La literatura como fuente y como instrumento de información es, pues, posible. Sin duda, muchos lectores desinformados aprenderán algo sobre Tamaulipas y su frontera si acuden a su nueva narrativa.

Sabrán —¿acaso alguien lo duda?— que aunque seco y con apenas pocos mezquites (7), lo surcan ríos, algunos tal vez más llenos de piedras que de agua, como el San Marcos, pues allí los que caen “entre 7 y 8 boulevard” se descalabran (8); pero otros lo suficientemente hondos, como el Bravo, para servir de frontera con los Estados Unidos (9) y ahogar en sus remolinos a “los debiluchos” (10); es más, otros incluso navegables, como el Pánuco, por donde llegan marineros de todo el mundo a Tampico, no sólo a mercar sino también ávidos a retozar con fogosas porteñas (11). Gabriel Trujillo Muñoz considera a la literatura, “un espejo donde se refleja el rostro multitudinario de la época de cada autor: el imaginario colectivo de su propia cultura” (12). Así, la nueva narrativa regional nos informaría, por ejemplo, de los mitos tamaulipecos—y no sólo de los nuestros, sino también de los que compartimos con México y aun el mundo, digamos, los nahuales, el coco, los duendes, los vampiros y los hombres lobos (13). Es más, nuestra nueva narrativa, con su gusto por la ciencia ficción, divulgaría, sugiere Trujillo Muñoz (14), no sólo especulaciones atrevidas de la física, sino también las aspiraciones futuras de un grupo, en este caso, los tamaulipecos (15). Encontraríamos entonces que, más que aspiraciones, los tamaulipecos tenemos expectativas, al parecer, tercer mundistas (16) y aun apocalípticas (17).

Y si el lector considera que las expectativas de Tamaulipas, especialmente su frontera, anuncian lo que todo el mundo “globalizado” ha de esperar, entonces contemplará que ese futuro es maquilador, aun en sus detalles cachondos según los repasa Bambi Brayda (18). Con todo, algunos lingüistas podrían acercarse a esta literatura y cerciorarse que adolece poco del “espanglés”, si se le compara con escritos de otras fronteras, como la bajacaliforniana (19). Podrían de allí concluir que “los tamaulipecos somos más puristas en nuestro hablar”, no obstante las maquiladoras.

En fin, saltan ya las salvedades respecto a acudir a la literatura como fuente e instrumento de información. Tal vez no nos ofrezca más información que sí misma ni más lenguaje e “imaginario colectivo” que el de su autor. No hay que olvidar que no poca literatura, sin duda mucha de estos tamaulipecos, tiene por vocación la fantasía. Es, pues, peligroso tomar ésta apresuradamente como apegada a la realidad.

Sin más elementos que el haber leído “Como un viejo” en una colección de cuentos fantásticos de Guillermo Lavín (20), no puedo tomar la anécdota allí relatada del revolucionario Alberto Carrera Torres como fiel a la historia; es más, ni aun como leyenda que colectivamente conserven los tamaulipecos. No lo sé. Hacerlo sería como pensar que los ingleses de hecho desayunan pastes de riñones con anchoas todos los días, porque lo leí en un Agatha Christie; o pensar que los monjes medievales de hecho no tenían otra manera de darle la vuelta a la hoja de un libro que humedeciéndose el dedo con la lengua, como nos los describe Umberto Eco en El nombre de la rosa; o pensar que los antiguos para entablar un sustancioso diálogo filosófico debían antes de inspirarse bajo la sombra de un plátano, como ocurre en un Fedro de Platón y en un De Oratore de Cicerón. ¡Vamos!, la misma Iglesia nos advierte de no leer literalmente, a la ligera, toda la Biblia. No diga más: de tomar al pie de la letra el relato “Un pacto singular”, de Manuel Robledo, me avistaría allí joven, nervioso, impaciente, bebiendo café como camello y entrevistando a un tal Roberto Manrique. En cuanto a lo último, que me acuerde, de veras, no lo hice nunca (21).

 

 

La información como trampolín para la fantasía

La información debe, pues, de desempeñar, en esas páginas, otro rol que referir factualmente un hecho. Debe de servir, tal vez, para fantasear con verosimilitud. Robledo ciertamente trata de conseguirlo convirtiendo en personajes de sus relatos imaginarios no sólo a sus lectores amigos, sino también celebridades reales de la literatura y del cine (2). De hecho, prescritivas literarias modernas ordenan que el escritor investigue con minuciosidad os hechos para darle verosimilitud a sus fantasías. para facilitarle al escritor de misterios este propósito, abundan ya en Estados Unidos libros ue detallan “las dosis mortales de los venenos” (23), guías sobre verdaderas “causas de muerte” (24) según lo admiten investigadores periciales y especialistas en forénsica; catálogos de “las armas peligrosas” que en distintas épocas y en distintos contextos sociales han empuñado los asesinos; e incluso listas sobre los procedimientos legales en los escenarios del crimen (25), y sobre los procedimientos que constriñen los trabajos de la policía (26) y de los investigadores privados (27). Independientemente de estos apoyos para los escritores, los tamaulipecos cumplen con esta preceptiva (28), al menos en lo que atañe a la ciencia ficción: parten de la erudición, como en la película La guerra de las galaxias, y no de la ingenuidad, como en las películas del Santo (29).

 Con todo, es pertinente observar que los nuevos autores tamaulipecos recurren seguido a los clichés sobre la frontera, por ejemplo, los empresarios prepotentes, los mandos medios frustrados y las obreras de la maquila en el límite (30). También evocan paisajes y circunstancias que los tamaulipecos asociamos con lo nuestro, aun nuestra historia, sean verdad o no (31). Aquí la verosimilitud de sus relatos descansaría en que el autor los construya con “información” no tanto fidedigna sino aceptada por su público.

Lo cual nos lleva a identificar un rol adicional para esta “información”: el comunicar, el servir de puente entre el escritor y el público, es más, el permitirle el escritor al público participar en la construcción de la fantasía. Entonces, el autor no informa, sino que confía en que su lector ya esté informado, para así, de una plataforma común, partir juntos en su vuelo de la imaginación. Pues no le ha sido dado al hombre crear de la nada, como Dios. Ha de partir de algunos materiales, alguna información mínima preexistente, para desbocar su imaginación. Aun autores como Orlando Ortiz, quienes con maestría se dedican a dislocar la realidad, han de partir de un referente —identificable por el lector— dislocable (32). Según indica Miguel Rodríguez Lozano, los escritores tamaulipecos actuales “responden a expectativas no tanto regionalistas sino más universales” (33). Sin duda, muchos de sus escritos rebasan el ámbito local, pues al menos buscan seducir a los públicos masivos. Lo intentan, ciertamente, con materiales accesibles a un grupo amplio de lectores. Bambi Brayda acude, por ejemplo, a lo erótico (34). No faltan textos, de otros autores que, para impactar en cualquier frontera, hacen suyas los admoniciones “políticamente correctas”, digamos, sobre la depredación de la fauna, “la realidad” del aborto, la, ¡ajá!, “fabilidad papal” o “la total imposibilidad” del celibato sacerdotal (35). Teclados, como los de Jorge Eduardo Álvarez, Guadalupe Gómez, Marcos Rodríguez, Guillermo Lavín y José Renato Tinajero, se apoyan en fórmulas de televisión como las de La dimensión desconocida (36), y procesadores de palabras, como los de los mismos Lavín y Rodríguez Leija, y los de Acosta de Piña, Robledo, Castrejón y Salinas, lo hacen en tipologías y géneros fílmicos que parecían ya cansados de tanto uso, aun los “novedosos” (37). Destacan entre estas tipologías y géneros el de horror y el de ciencia ficción.

En fin, entre todos estos textos, no faltan los que exprimen las recetas artísticas, por ejemplo los de D’León-Serratos, Tamez y José Luis Velarde, hasta lograr el más sabroso aunque enervante reductio ad absurdum (38). En cualquiera de los casos, los autores parten de materiales o fórmulas comunes al público para lanzarse a la fantasía. En conclusión, la información no informa sino sirve tanto al escritor como al lector como plataforma para su imaginación.

 

La imaginación y la generación de conceptos

 

Pero alocar la fantasía podría caer en frivolidad y a su sensibilería si no aspirase al concepto. Afortunadamente, gracias a su vigoroso intelectualismo los tamaulipecos ofrecen estimulantes textos aun para las mentes más selectas. Algunas ocasiones lo logran con una imaginación que si desbordada no deja de ser precisa (39). En otras, explotan conscientemente la forma literaria, entretejiendo varias tramas apretadamente cual un tapiz. Cuestionar el texto porque se quede en mero arte por el arte (40), o, en cambio, destile la prédica social resulta entonces irrelevante (41). En cualquiera de los casos se disfruta de la mejor literatura. En fin, los tamaulipecos no pocas veces sorprenden con las resoluciones inesperadas de sus historias, aun cuando devengan de la más estricta lógica interna del texto, de sus ideas o de sus personajes (42). Pero de estas historias, más que aparatos inferenciales, manan conceptos, ideas con un concentrado y repentino fulgor que se resuelve en dos o tres palabras—no raras veces en una sonrisa— (43), ideas cuya agudeza trasciende lo meramente especulativo para calar hondo en lo más íntimo—aunque fuese mínimo— de la condición humana (44). Así puede uno entonces especular que menos muere el vanidoso por las balas que por su falta (45), o que el Caos sólo pueda vencer al Cosmos emulándolo (46). Entra uno entonces en el terreno de la gran literatura, de la literatura universal y perenne, en la cual, a trasluz, como por un velo, uno puede atisbar la verdad, es más, al Inefable.

 

Citas del autor

 

1 Eduardo Barrra es investigador deEl Colegio de la Frontra Norte, y lo cito menos por conocer su trabajo publicado que sus presentaciones orales en eventos académicos.

2 Tal vez ese temor prejuicioso contra la frontera haya servido de acicate para que aquí en Tamaulipas sus narradores desarrollasen el género de horror- humor en los últimos años. A este se dedican muchos jóvenes neolaredenses como D’León-Serratos, Rodríguez Leija y Salinas Rodríguez. Su revista Umbrales les sirve para difundir esta literatura.

3 Geoffrey Land, “North American Free Trade and the Environment: Border Environmental Groups and the NAFTA.” (Manuscrito con la siguiente nota: “For publication in COLEF/Tijuana Journal, Jan ‘94.”) 2–3.

4 Publicado por Plaza & Janes.

5 Ver, por ejemplo, Julio Puyol Alonso, Estado social que refleja el «Quijote» (Madrid, 1905); Ricardo del Arco y Garay, La sociedad española en las obras de Cervantes (Madrid: C.S.I.C., 1951); F. García Pavón, “La Mancha que vio Cervantes” Cuadernos de Estudios Manchegos VII (1954–1955); F. Navarro Ledesma, “La tierra de Don Quijote”, Blanco y Negro (1905); José Martínez Ruiz (“Azorín”), La ruta de Don Quijote (Madrid, 1912).

6 Ver, por ejemplo, H. Hauvette, La France et la Provence dans l’oeuvre de Dante (Paris, 1929); L. Gillet, Dante et l’Italia, (París, 1941); V. Fornari, Dante e il suo secolo, (Florencia: Cellini, 1865); P. Revelli, L’Italia nella D. C., (Milán, 1923); N. Zigarelli, Lavita, tempi e le operre di Dante, (Milán: Vallardi, 1931).

7 Ver, por ejemplo, Jesús D’León-Serratos, “Los Malditos”, Génesis de letras muertas (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo para la Cultura y las Artes de Tamaulipas) 59–66.

8 Ver, por ejemplo, Guillermo Lavín, “Como un viejo”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 42–50.

9 Ver, por ejemplo, Federico Schaffler G., “La última defensa”, Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996) 21–25.

10 Marcos Manuel Rodríguez Leija, “La visita” Exhumación de sueños lúgubres, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 40–46.

11 Ver, por ejemplo, Óscar  Martínez Vélez, “La Canalla”, De ángeles, sueños o divinidades rotas que por la noche se caen, (Ciudad Victoria: CECAT, 1994) 7–11.

12 Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines. Crónica de paciencia Ficción Mexicana. (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 12.

13 Ver, por ejemplo, Ramberto Salinas R., La serenata de Dzulúm, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996).

14 Ver Gabriel Trujillo Muñoz, Los Confines. Crónica de la Ciencia Ficción Mexicana. (México: Grupo Editorial Vid, 1999) 9–14.

15 Ver, por ejemplo, Federico Schaffler G., Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996); Guillermo Lavín, “El futuro es tiempo perdido” y “Razones publicitarias”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 25–38 y 74–94.

16 Ver, por ejemplo, Guillermo Lavín, “El futuro es tiempo perdido”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 25–38.

17 Ver, por ejemplo, Federico Schaffler G., “Muerte en el Telepress de Oriente” Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996) 66–98.

18 Ver, por ejemplo, Bambi Brayda, “Maquilando éxitos”, En las fronteras del cuento, (México: CONACULTA, 1998) 95–105.

19 Compárese, por ejemplo, al “globalizado” Rafa Saavedra, Buten smileys (Tijuana: Editorial Yoremito, 1997), con Federico Schaffler G., Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996), quien no obstante su purismo fue el primero en ser reconocido nacionalmente, en 1997, por su trayectoria en la ciencia ficción (Premio Charrobot de la AMCYF).

20 En Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 51–59.

21 Manuel Robledo Treviño, “Un pacto singular” (Matamoros: texto inédito).

22 La maestra Marta Rita Prince es uno de los personajes en “El Crucificado de Puerto Bagdad”, lo es Jorge Luis Borges en “El anciano, el sótano y el espejo”, y lo es Ofelia Medina en “Viernes 13” (Matamoros: textos inéditos).

23 Ver, por ejemplo, Serita Deborah Stevens, R. N., B. S. N., con Anne Klarner, Deadly Doses, (Writer’s Digest Books).

24 Ver, por ejemplo, Keith D. Wilson, M. D., Cause of Death, (Writer’s Digest Books).

25 Ver, por ejemplo, Anne Wingate, Ph. D., Scene of the Crime, (Writer’s Digest Books).

26 Ver, por ejemplo, Russell Bintliff, Police Procedural, (Writer’s Digest Books).

27 Ver, por ejemplo, Hal Bythe, Charlie Sweet y John Landreth, Private Eyes, (Writer’s Digest Books).

28 La importancia de la información en la literatura ha sido señalada ya, desde tiempos antiguos, por muchos preceptistas. Cabe destacar, de la tradición española, a Luis Carrillo y Sotomayor, con su Libro de la Erudición Poética, publicado en 1611; y a Baltasar Gracián y Morales, con todos sus libros, especialmente Agudeza y Arte de Ingenio, publicado por primera vez en 1642.

29 Ver, por ejemplo, Federico Schaffler G., Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1996); Guillermo Lavín, “El futuro es tiempo perdido” y “Razones publicitarias”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 25–38 y 74–94.

30 Ver, por ejemplo, el cuento erótico de Bambi Brayda, “Maquilando éxitos”, en En las fronteras del cuento, ed. por Orlando Ortiz, (México: Consejo de la Cultura y las Artes, 1998) 95–105; el relato de ciencia ficción de Guillermo Lavín, “El futuro es tiempo perdido”, en Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 24–38; el mosaico de historias de Roberto Tamez (Beto. t.), “Luz y sombras”, (Matamoros: texto inédito).

31 Ver, por ejemplo, la narración fantástica de Guillermo Lavín, “La máscara”, su cuento tal vez costumbrista “La caída interminable”, y su quizás leyenda “Como un viejo” en Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 9–16 y 42–59; la crónica costumbrista de Jaime Moreno Villarreal, “Tarde para matar”, en El Bagre (Tampico: enero de 1998) 38–41; el relato de Óscar  Martínez Vélez, “La Canalla”, en De ángeles, sueños o divinidades rotas que por la noche se caen, Gajes del oficio, (Cd. Victoria, Tam: Colección Nuevo Amanecer, 1994) 7–11; y el cuento de horror y ciencia ficción de Jesús D’León-Serratos, “Los Malditos”, en Génesis de letras muertas, (Nuevo Laredo: Colección Terra Ignota, Consejo para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 59–66. Este último cuento, aunque futurista, sirve de eco a la guerra de 1847, en que los tamaulipecos sufrimos como ningunos otros. Cf., “Los Malditos” con el relato también “tamaulipeco-futurista” de Federico Schaffler, “La última defensa”, en Contactos en el Cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 21–25.

32 Ver, por ejemplo, Orlando Ortiz, Recuento obligado, (Ciudad Victoria: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1994).

33 Ver Miguel G. Rodríguez Lozano, “Nuevos narradores del norte de Tamaulipas”, A Quien Corresponda # 87 (Ciudad Victoria: mayo de 1999) 32.

34 Ver, por ejemplo, Bambi Brayda, “Superfluas nostalgias (o las andanzas de las hormigas viajeras)” y “Maquilando éxitos”, en En las fronteras del cuento, ed. por Orlando Ortiz, (México: Consejo de la Cultura y las Artes, 1998) 81–105.

35 Ver, por ejemplo, Jaime Moreno Villarreal, “Tarde para matar”, El Bagre (Tampico: enero de 1998)

38–41; Orlando Ortiz, “Quizá por eso” Recuento Olvidado (Cd. Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1994) 103–116; Federico Schaffler, “Secreto de confesión” Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 26–33; Nelson Stanley, “La rebelión del silencio”, Letras del estío, textos presentados, (Ciudad Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas)49–54. Este atraer la sensibilidad “políticamente correcta” no desdice la calidad literaria y de ideas de estos textos.

36 Ver, por ejemplo, Jorge Eduardo Álvarez, “El zapatero”, “Compensación” y “Un agujero en la calle” Ilógicas simplicidades, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1995) 11–20 y 23–26; Guadalupe Gómez, “Gracias por el fuego” y “No mires hacia atrás”, En las fronteras del cuento, ed. por Orlando Ortiz, (México: Consejo de la Cultura y las Artes, 1998) 133–149; Marcos Rodríguez Leija, “La ruta” y “La sorpresa” en Exhumación de sueños lúgubres, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 15–25; Guillermo Lavín, “La máscara” y “Final de cuento”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 9–19; José Renato Tinajero Mallozi, “Dentro”, Una habitación oscura, (Ciudad Victoria, Tamaulipas: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 30.

37 Ver, por ejemplo, Guillermo Lavín, “Elmo: el significado del verano”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 97–107, que recobra en forma inesperada, al menos en Tamaulipas, la tipología de los duendes irlandeses; Marcos Rodríguez Leija, “La visita”, Exhumación de sueños lúgubres, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 40–46, que por tan plegarse al cliché de los extraterrestres, lo vivifica; Carmen Acosta de Piña, “Tania”, Entre el Pánuco y el Bravo, una visión antológica de la literatura tamaulipeca, ed. Orlando Ortiz, (Gobierno del Estado de Tamaulipas, 1994), que no teme retomar el género de las fábulas con una dulzura infantil sin igual; Manuel Robledo Treviño, “La mutante” y “El gran negocio”, Prometeo y la mitología mexicana, (Matamoros: texto inédito, 1997), cuentos tal vez muy televisivos, y aun así bien logrados; Arturo Castrejón, “Una historia cotidiana” y “Los motivos de Freud”, La pared de mármol, (Ciudad Victoria,Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 14–18 y 25–28, que nos divierte con comedias de vampiros y de, al parecer, no lo sé, psiquiatría; Ramberto Salinas R., La serenata de Dzulum, (Nuevo Laredo: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996), cuya serie de cuentos dan un vuelco a concepciones previas del Coco, de los vampiros, de los nahuales, de los hombres lobo, etc. Los textos de Schaffler acomodan mucho en esta caracterización, pero prefiero decir “son cosa aparte”, por su complejidad en la recreación de mitos vía ciencia ficción.

38 Ver, por ejemplo, a Jesús D’León-Serratos, “Al aire”, A Quien Corresponda 88 (Ciudad Victoria: junio de 1999) 28–31, que sitúa una transmisión radiofónica “en vivo” en plena guerra; Roberto Tamez (Beto. t.), “La troca del abuelo”, (Matamoros: texto inédito), que con una concisión sin igual se regodea en los formatos del guión fílmico y los aplica a temas fronterizos con una no sé si sinceridad o si sado-masoquismo aniquilador; José Luis Velarde, “La muerte de María Celedonia Sifuentes Quintero”, 77–78 A Quien Corresponda (Ciudad Victoria, Tam: julio-agosto, 1998), 16–21, que tras rebasar el naturalismo del siglo XIX, va aún más allá de los moldes carroñeros de Duro y Directo en la televisión, para presentarnos relatos literarios no obstante muy plausibles e iluminadores: Velarde ha proclamado, con este tipo de textos, su “realismo maniático”.

39 Ver, por ejemplo, el fogoso relato de Óscar Martínez Vélez, “De ángeles, sueños o divinidades rotas que por la noche se caen”, en De ángeles, sueños o divinidades rotas que por la noche se caen, Gajes del oficio, (Cd. Victoria, Tamaulipas: Colección Nuevo Amanecer, 1994) 7–11; la perturbadora historia de Guillermo Lavín, “La máscara”, en Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1999) 9–16; el histérico reporte de José Luis Velarde, “La muerte de María Celedonia Sifuentes Quintero”, en A Quien Corresponda 77–78 (Ciudad Victoria, Tam: julio- agosto de 1998) 16–21; el humor de Arturo Castrejón, “Una historia cotidiana” y “Los motivos de Freud”, en La pared de mármol, (Ciudad Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 14–18 y 25–28; y la ficción, en cierta medida moralizante, de Marcos Manuel Rodríguez Leija, “Zona etérea”, en Zona etérea (Ciudad Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas) 29–33.

40 Ver, por ejemplo, Arturo Castrejón, “Deja vu”, La pared de mármol, (Ciudad Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997)32–33; Guillermo Lavín, “Permuta”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1999) 73.

41 Ver, por ejemplo, Roberto Tamez (beto t.), “Luces y sombras”, (Matamoros: texto inédito).

42 Ver, por ejemplo, Federico Schaffler, “Variación del principio de Arquímides”, Sendero al infinito (Colección Nuevo Amanecer, 1999) 73–76; Jorge Eduardo Álvarez, “Examen final”, Ilógicas simplicidades, (Nuevo Laredo, Tam: Colección Terra Ignota, 1995) 21; Marcos Rodríguez Leija, “Invocación” y “Amor prohibido”, Exhumación de sueños lúgubres, (Nuevo Laredo, Tamaulipas: Colección Terra Ignota, 1997) 9–14 y 53–56; Guillermo Lavín, “Cuerpo tomado”, “Final de cuento”, “La caída interminable” y “Razones publicitarias”, 17–19, 39–50 y 74–94; Guadalupe Gómez, “No mires hacia atrás (Ella sabe que es muy tarde)”, En las fronteras del cuento, comp. Orlando Ortiz (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998) 143–149; José Renato Tinajero, “Dentro”,Una habitación oscura, (Cd. Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 30; Orlando Ortiz, “Cuento póstumo” y “Vocación de colega”, Recuento obligado, (Cd. Victoria, Tam: Colección Nuevo Amanecer, 1994) 23–68, 171–192; Nelson Stanley, “La rebelión del silencio”, Letras del estío, textos presentados (Ciudad Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 9; Ramberto Salinas, “Juan y Pancho, los del rancho”, La serenata de Dzulum, (Nuevo Laredo, Tam: Colección Terra Ignota, 1996) 26–28; Jesús D’León-Serratos, “Los Malditos”, Génesis de letras muertas, (Nuevo Laredo, Tam: Colección Terra Ignota, 1997) 59–66.

43 Ver, por ejemplo, Arturo Castrejón, “Breve historia del caos”, La pared de mármol, (Cd. Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1997) 9; Federico Schaffler, “Secreto de confesión” Contactos en el cielo, (Nuevo Laredo, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1996) 26–33; Jesús D’León-Serratos, “Los Malditos”, Génesis de letras muertas, (Nuevo Laredo, Tam: Colección Terra Ignota, 1997) 59–66; Dora Elia Rodríguez, “Las cartas no mienten II (Por el pasado)”, En las fronteras del cuento, comp. Orlando Ortiz (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998) 35–46.

44 Ver, por ejemplo, Óscar  Martínez Vélez, “La canalla”, De ángeles, sueños o divinidades rotas que por La noche se caen, Gajes del oficio, (Cd. Victoria, Tam: Colección Nuevo Amanecer, 1994) 7–11; Rebeca Bowman, Los ciclos íntimos, (Cd. Victoria, Tam: Colección Nuevo Amanecer, 1997); Guillermo Lavín, “Como un viejo”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993) 51–59; Roberto Taméz (beto t.), “La piedra” (Matamoros, Tam: texto inédito).

45 Ver Guillermo Lavín, “Como un viejo”, Final de cuento, (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y las Artes, 1993) 51–59. 46 Ver Arturo Castrejón, “Breve historia del caos”, La pared de mármol, (Cd. Victoria, Tam: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.

 

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Arturo Zárate-Ruiz trabaja para El Colegio de la Frontera Norte, en Matamoros. Se doctoró en Artes de la Comunicación en la Universidad en Wisconsin en Madison. Se especializa en retórica. Esudia el discurso político y literario en la frontera de México y Estados Unidos. Entre sus libros se hallan La Ley de Herodes y la "guerra" contra las drogas (Plaza y Valdés, 2003), A Rhetorical Analysis of the NAFTA Debate (University Press of America, 2000) y Gracián, Wit, and the Baroque Age (Peter Lang, 1996).


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