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El Siglo XIX fue muy convulsionado; hubo en él pronunciamientos, luchas
entre liberales y conservadores y alianzas transitorias. Mientras las
distintas facciones disputaban entre sí, los Estados Unidos se
apropiaban, con su típico afán de expansión imperialista, de más de la
mitad del territorio mexicano. José C. Valadez dice al respecto: “De los
ocho millones de habitantes de México, apenas si el cincuenta por ciento
producía con un promedio que no pasaba de un real por día. De los 365
días del año, 130 eran festivos... ¡Cuán tristes eran los paisajes
sociales y económicos de México al comienzo del segundo tercio del siglo
XIX! Recorriéndolos con la vista y con el pensamiento, se explican todas
aquellas escenas desgarradoras ocurridas desde la guerra de Texas hasta
la caída del último gobierno santanista, pasando por los sucesos de
1847”
1
El período de la historia que abarca el México independiente de Santa
Anna, el gobierno de Juárez, hasta el primer período del porfiriato, es
apasionante. México lucha por tratar de construirse en una nación. La
época, ha dicho José Luis Martínez, fue la del “aprendizaje de la
libertad”, la del “encargo nacionalista”2
LAS CLASES INFERIORES
Todo este panorama lo pinta muy bien Payno pero
quizás lo más innovador fue el tratamiento de los personajes de las
clases inferiores. El mundo que describe Payno abarca la mayoría de las
clases sociales, así como el ambiente en que se mueven y subsisten; éste
es presentado con gran naturalidad. Así por ejemplo la Viña, el lugar
donde se tiraban los desechos más asquerosos de la ciudad, “... tenía su
población especial, que se componía de traperos, pordioseros y de
perros(...) de noche por los matuteros y rateros que no tenían casa ni
hogar.” Es muy acertado José Emilio Pacheco cuando dice que: “Payno es
el novelista de la basura; en ningún otro de su época llegan los
desechos a cobrar categoría de personaje”3
La viña tenía fisonomía especial. Por la mañana, de las ocho a las once,
presentaba un aspecto alegre, si alegría podía haber entre las
inmundicias y residuos humanos; pero el sol brillante reflejaba sobre
los tiestos de botellas y vasos rotos; los restos de legumbres que
desperdiciaban las cocineras, recobraban con el sol su tinta verde, y
las cúspides de aquella extraña serranía estaban llenas de muchachitos
casi desnudos y de hombres que, vestidos de harapos y remiendos de
colores, se destacaban desde lejos como si fueran los bocetos de un gran
cuadro.
4
La viña era un baldío de considerable extensión. Basurero, donde pululaban
traperos, pordioseros y perros. Pero el personaje de clase baja o
inferior que es muy bien descrito por Payno en Nastasita.
Entre las muchas viejecitas que concurrían a la viña había una muy
metódica, muy callada y, hasta cierto punto, más bien vestida y aseada
que las demás, que eran la imagen de la mugre y de la miseria. A las
ocho oía su misa en nuestra Señora de los Ángeles y se encaminaba
enseguida a los basureros. Juntaba únicamente fierros viejos, llaves,
tornillos, picaportes y ceniza. En baratillo tenía ya los marchantes
para la ferretería, y cuatro o seis casas sonde entregaba la ceniza,
limpia y tamizada que servía para bruñir los candelabros y vasijas de
plata. Esta viejecita que se llamaba Nastasita y le decían señá
Nastasita, estaba arrimada en una atolería del Callejón de la Condesa.
5
Inicio con este personaje, porque si bien su papel no es principal,
funciona como enlace con los otros personajes de la historia; además, es
de la condición social más humilde. Trabajó como portera pero se vio en
la calle al morir el patrón; quedó sola y desamparada. Por estas causas,
la conocemos, como una “arrimada”, en una atolería, es victima de la
sociedad. Payno critica “El gobierno no ha pensado en establecer casas
de asilo ni para el día ni para la noche. 6
Ella encuentra en ese basurero al hijo de la condesa Mariana y de Juan
Robreño, al bebé de más de un año que tiran las indias y que es
protegido, por la perra Comodina, de otros perros. Nastasita lo cuida
como su hijo; aunque intentó que el Canónigo, quizá gozaba de una
excelente condición económica, se hiciera cargo del niño, éste no quiso
aceptarlo, ya que al revisar el relicario de plata que llevaba el niño
al cuello leyó: “Está bautizado, deberá llamársele Juan Robreño; su
padre es caballero militar; su madre de la primera nobleza de México.
Dios le ayude en su vida”7.
Consideró el canónigo, después de hablarlo con Nastasita, darle una
limosna de ocho pesos al mes para el cuidado del huérfano.
Otros personajes de la clase baja son las herbolarias llamadas las dos
Marías, que para distinguirlas, a la mayor le decían María Matiana y a
la menor María Jipila. Ellas son indias, vivían en el pueblecito de la
Sal: ...terreno inservible, salitroso, pequeño e incapaz de cultura,
probablemente formaba parte de las parcialidades de San Juan y de
Santiago, es decir, de los terrenos que antes de la conquista
pertenecían a la isla de Tlatelolco (isla arenisca), terreno más elevado
sobre el nivel ordinario del lago y donde vivía la gente de comercio y
de trabajo.
Ellas formaban parte de los llamados “sin razón”, hablaban su idioma
azteca y mal el español, poco conservaban de sus tradiciones y de su
religión, y de lo moderno no conocían ni adoraban más que a la Virgen de
Guadalupe.
En un principio, la india María Matiana se dedicaba a la venta de
mosquitos, pero después que conoce el uso y preparación de las plantas
para curar, cambian de domicilio, se van a vivir a Zacualco. En
realidad, las dos indias son mujeres dedicadas al estudio de la
herbolaria, experimentan primero en los perros, después con sus vecinos
y finalmente establecieron un negocio dispuesto al público en general.
La mayor, María Matiana, se iba por el rumbo de Santa Anna y Tezontlale a
curar arrieros a los mesones. La otra, María Jipila, se iba a la esquina
de Santa Clara y Tacuba donde tenía un puesto en la calle ya acreditado.
Estas indias, aunque conservan su idioma y algunas costumbres, mantienen
significativa cercanía con “la gente de razón” provocando un cambio en
sus personas, mientras vivían en el pueblito de la Sal. Estas
pertenecían a la clase inferior, están menos desamparadas que Nastasita,
ya que poseen el poder de curar con hierbas lo que a la larga las hará
“riquillas”, pero igual de ignorantes y supersticiosas.
Ellas roban a Juan Robreño, niño de año y medio, para sacrificarlo a la
diosa Tonanzín a quien, identifican con la Virgen de Guadalupe.
Pretenden curar así a doña Pascuala, joven criolla que lleva trece meses
de embarazo.
Doña Pascuala se opone al sacrificio y ellas abandonan al niño en la viña,
donde Nastasita, con la ayuda de la perra Comodina, le salvan la vida.
Las Marías son personajes planos, pero cabe resaltar que en su condición
social inferior sobreviven mejor que Nastasita. Al parecer, la condición
de infeliz se daba sólo en los peones de las haciendas.
Como esbozo de las clases sociales imperantes en México, he creído
adecuado presentar a la más humilde de ellas con ciertos tintes
costumbristas y con detalladas descripciones, Payno nos da la imagen
realista mexicana de esta clase social de finales del siglo XIX y que
aún es palpable en el México actual.
Él capitulo que Payno titula, “El esclavo blanco”, tiene dos funciones, la
primera de mostrar a través de una digresión, el atraso educativo en que
estaba sumida la clase social más baja en el siglo pasado y que
afortunadamente en nuestra época ya que se cuenta con escuelas técnicas
que capacitan a los jóvenes en un determinado oficio.
Los jóvenes entregados eran dados en calidad de esclavos; reflejo del
pasado colonial. Así le pasaba al huérfano Juan Robreño que Nastasita
entregara como aprendiz al tornero Evaristo Lecuona. Y es aquí donde
entra en función el otro elemento estructurante de la trama
folletinesca: el tiempo, en cuanto a orden, es retrospectivo. Se
retrocede para que Payno cuente la historia del personaje Evaristo
Lecuona, uno de los más emocionantes e importantes dentro de la trama.
8
A este respecto dice Payno de sus personajes: “... no han sido inventados,
sino que son de carne y hueso. Los unos han desaparecido ya de la eterna
comedia humana, y los otros han envejecido, y el resto, aunque corto,
quizá anda por alas calles cubiertas de lodo y agua en la estación de
las lluvias, con su pantalón remangado y su sombrero forrado con un
pañuelo de cuadros a falta de paraguas. 9
De los muchos personajes de las clases inferiores, son las mujeres las que
merecen más la atención de Payno, sobre todo su cuerpo. Y así dice la
doctora Glantz: “El cuerpo de las mujeres del pueblo es visible,
manejable- casi manoseable-, pero de una forma fetichizada. 10
Como ejemplo de lo anterior tenemos a las mujeres de la atolería donde
vive la arrimada Nastasita y que crían a Juan Robreño hijo: “Era un
muchacho bien amamantado por la primera nodriza que lo crió y mucho
mejor por la segunda, que era una muchacha fea, greñuda, pero sana,
robusta, con unos pechos bronceados, duros y grandes como los de una
vaca inglesa y con una leche abundante y espesa, producto de la
admirable gramínea que era la base de la alimentación de la gente de la
atolería del Callejón de la Condesa. 11
Otra de las mujeres de la historia es Casilda. “Casilda era hija del
pueblo”, como se ve era clase baja, fue la amante del tornero Evaristo
Leucona y huyendo de él entra a trabajar como criada de don Pedro Martín
de Olañeta, licenciado que se enamora de ella; pero sus principios
morales y sus prejuicios de clase impiden materializar su deseo, y así
justamente, como en un sueño la recordará. Era de mañana cuando Casilda
le llevó el desayuno a la cama al licenciado Olañeta, éste le pide
descorra las cortinas y abra el balcón. “Lo quiso hacer con tanta
presteza que el fleco de su rebozo, con el que estaba bien cubierta, se
atoró en el aldabón y precisamente al abrir la puerta cayó al suelo y
dejó descubierto el busto palpitante y sorprendente de una Venus.
12
En las mujeres de la clase baja se “ven” sus redondeces, su cuerpo es
visible. Payno goza al hablar de ellas, la única que no pertenece a esta
clase es Mariana, la hija del conde del Sauz, de quien hablaré más
adelante.
Cecilia, Casilda y Tules, las tres tienen relación con Evaristo, personaje
importantísimo que merece un tratamiento aparte. Casilda y Tules son las
mujeres de Evaristo; aunque ya mencioné la predilección que sentía Payno
por las mujeres de la clase baja, como es el caso de Casilda, ampliaré
la movilidad social de una clase a otra. Casilda es la amante. “...hija
del pueblo, bulliciosa, alegre, de un cierto talento natural, vehemente
en sus pasiones, sabiendo apenas leer y sin más nociones ni ideas que
las de las cosas y objetos que osaban por su vida diaria; hábil, sin que
nadie la hubiese enseñado, para hacer un buen guiso al uso del país y
unos frijoles refritos; coser en blanco y asear y gobernar su cuarto;
buena y completa como ella mismo lo vociferaba, con el hombre que la
mantenía. No se había casado por... flojera... porque era necesario que
se leyeran las amonestaciones en la parroquia, pagar los derechos al
cura y... al fin era lo mismo: vivían juntos. Evaristo la quería, eran
marido y mujer, menos la bendición del cura. 13
En torno a las clases sociales, el matrimonio en el siglo pasado
significaba estatus social y económico. Por eso muchos miembros de las
clases bajas unían sus destinos sin la bendición religiosa. Se debe
recordar que el control clerical sobre los matrimonios y nacimientos
pasó al poder civil como resultado de las Leyes de Reforma, el
movimiento político de mediados del siglo XIX que atacó los privilegios
de la iglesia.
Casilda era una joven de origen humilde que recurre acompañada de
Evaristo, roba las huertas de San Angel para vender la fruta; también es
capaz de empeñar su ropa para conseguir dinero e ir pasando la vida. Es
más, podría quedarse sin camisa para sacar de la cárcel a su hombre,
pues el compromiso moral que hecho con él así lo requiere.
Pero el caso del horrible asesinato de Tules puso a la policía en
persecución de Casilda y del aprendiz del tornero. El licenciado Martín
de Olañeta supo por una plática que les escuchó a ambos de su inocencia
en el crimen y decide remediar la situación de Casilda y Juan que
trabajan en su casa como sirvientes. Al mismo tiempo pretende salvarse
de la presencia perturbadora de Casilda de quien, por otra parte, empezó
a sentir celos por la proximidad con el criado. “¿Celos yo de una
mujercita de la calle, de una cualquiera, de una fregonera? ¡Imposible!
No, no: será otro sentimiento cualquiera, pero celos no(...) Si lo que
tengo, en efecto, son celos, los dominaré; y si lo que tengo es amor, lo
dominaré también e iré a la sepultura honrado y limpio como hasta aquí”.
14
Esta cita ejemplifica lo expuesto con anterioridad, e ilustra el concepto
del honor que prevalecía proveniente de la colonia. Una unión en
desiguales condiciones le haría perder a Olañeta el estatus ganado en la
sociedad y sería objeto de burlas y chistes. De esta situación, se salva
enviando a Juan a la hacienda de doña Pascuala y a Casilda al convento
en calidad de niña; Olañeta visita a Casilda en el convento y observa un
cambio en su personalidad: más bella, más educada, más seductora,
incluso nota su modestia en el vestir y los modales de sus hermanas en
la conversación. Así se hacen planes para un futuro matrimonio, que
nunca llega a realizarse, pues del convento pasa Casilda a vivir a casa
de Relumbrón donde asiste a la hija y esposa de éste; ahí cae enferma de
pulmonía, lo que desencadena su muerte.
Casilda es un personaje que de su posición de clase baja asciende a una
mejor condición social, muestra una movilidad. Trabaja en casa de
Relumbrón y allí por sus modales es tratada como de la familia; caso
distinto es el de Tules. La esposa legítima de Evaristo Leucona. Ella,
dice Payno, era hija de una antigua criada de la condesa y también
ahijada de Agustina; es decir, formaba parte de la servidumbre de la
casa del conde del Sauz. “Tules era otra cosa. Era una mártir. Sabía
leer y escribir regularmente, dobladillar muy fino, bordar hasta
realzado con hilo de oro; la doctrina y las cosas de la religión le eran
familiares, y como su memoria era feliz, retenía la erudición que
escuchaba en los sermones. 15
Así que el matrimonio de Tules y Evaristo no funcionó dado el carácter
arrebatado y violento del personaje. De una vida tranquila y sin
privaciones, pasa Tules a soportar el carácter irascible e irresponsable
de Evaristo.
En síntesis, tanto Tules como Casilda, ambas sirvientas de origen humilde
y de clase baja, sufren un cambio social; una mejora al dejar a
Evaristo; la otra desciende al casarse con él. Casilda es golpeada y
maltratada para dejarle el camino libre a Evaristo y poder casarse con
Tules pero, el personaje masculino al aburrirse de ésta, la mata para
volver con Casilda, aunque no lo consigue. Al parecer, el destino fatal
de Evaristo, de quien trataré más adelante, dependerá siempre de una
mujer.
Cecilia la trajinera y frutera de la Plaza del Volador es otra mujer del
pueblo en quien se detiene Payno para regocijarse. “Cecilia era una
mujerona grande, hermosota de buenos colores, nariz chata, y resuelta;
ojo negro y maligno y grandes y abultados pechos que, como si estuviesen
inquietos para salir a la calle, se movían dentro de una camisa de tela
fina bordada de colores”. 16
Los pechos de Cecilia traen de cabeza a los muchos personajes de la novela
“hemos admirado y a cual más, ese pecho apiñonado y turgente que se
adivinaba debajo de una camisa fina y bordada”. Es también digna de
mencionar la importancia que la sociedad mexicana le otorgaba a la mujer
poseedora de un pie pequeño, y así lo expresa la propia Cecilia. “Los
pies es lo único que Dios me ha dado regular, y ¡qué quiere usted¡ las
mujeres de México, aunque seamos así... de la clase que soy yo, tenemos
vanidad de nuestros pies”. 17
Posiblemente, un rasgo de racismo, pues los pies de los indios son objeto
de calificativos: “pie de indio”, “patarrajada”, “memelas” y otros más.
En el siglo pasado, el pie pequeño con un empeine alto le otorgaba a la
mujer que lo poseía un sello de elegancia y distinción. Novelistas, como
Cuéllar, hacen referencia a la fortuna que poseía una mujer que era
dueña de un pie pequeño. Guillermo Prieto, otro autor que resalta los
senos y los pies de sus personajes femeninos.
Cecilia tenía dos casas: una en México y otra en Chalco; era una rica
propietaria, pero socialmente se le calificaría de “ordinaria” o
“común”, calificativos que usaban los españoles desde la Colonia para
degradar la posición social de aquellos individuos con gran riqueza pero
escasa o nula preparación”... hacia sus cuentas exactamente con los
dedos de las manos y con el auxilio de frijoles de diversos colores.
18
Cecilia era hija de una viuda rica conocida con el nombre de “la
trajinera”. Tuvo seis hermanos; al morir la madre, los licenciados del
pueblo se “comieron” la mitad de los bienes y a ella le tocaron de esa
repartición dos trajineras y doscientos pesos en dinero. Se dedicó al
comercio y así se hizo de fortuna. A pesar del trato cotidiano con
arrieros, remeros y gente del pueblo era una mujer honrada.
Hay que recordar que la importancia del honor sexual se creía derecho
exclusivo de la sociedad española, de los niveles más altos. En América
“... tener honor era clave ideológica para separar a los indios y los
esclavos.”19
En los viajes de alquiler a Chalco, la gente pagaba hasta el doble del
precio por ir en “La Voladora”, trajinera de Cecilia, pues teniendo que
pasar la noche con pasajeros desconocidos, ella, rígida – como abadesa
de convento – destinaba camarotes individuales o familiares en caso que
lo fueran y no permitía la mezcla de sexos como en otras trajineras.
Por eso, cuando naufragan en el canal con dos pasajeros: el Lic.
Lamparilla y Evaristo el tornero les asiste en su casa, pero al pasar
los días habla con ellos: “Oiga, señor licenciado – le digo – mi casa y
lo que tengo es de usted, sin que me quede nada dentro; y no lo hago por
dinero; pero yo no tengo en el pueblo más que mi pobre honra, y ya ve
usted que no está bien que dos hombres estén viviendo en mi casa. Ya
saben las gentes la desgracia que tuvimos y que di a ustedes un
rinconcito; pero ya van tres días”. 20
Cecilia cuidaba mucho su reputación social y así imponía mayor respeto
entre las demás vendedoras, compradoras de la Plaza del Volador, remeros
y vecinos tanto de Chalco como de México. “Dado que la reputación y la
estima social son las bases del honor social”. 21
Otros personajes de la clase baja, en este mundo tan vasto de Payno, son
el grueso del ejercito, la gente de los barrios populares y los indios.
Además de las indias herbolarias y las que criaron a Juan Robreño hijo,
aparecen más personajes representativos de esta clase social en el
México del siglo XIX.
El ensayo de Rodolfo Stavenhagen dice: “La independencia política de la
Nueva España produjo la igualdad jurídica de todos los ciudadanos. De
repente desaparecieron los obstáculos legales que se oponían a la
integración de los indios a la vida nacional. Pero no ocurrió así. La
efectiva inferioridad económica y social de los indígenas los colocó en
situación desventajosa y la igualdad jurídica tuvo como efecto verdadero
el agravamiento de la situación de los indios”. 22
Además, el nombre de Joseses o de Marías era una forma de igualarlos; los
indios todos se parecen entre sí. Al lado de Cecilia la frutera,
trabajaban dos mujeres indias y dos indios a quienes ocupaban en su casa
de Chalco.
Así también, López Cámara escribe en su obra que la raza indígena o
mestiza, que constituye el fondo de la población de México, posee no
obstante cualidades estimables. Es dulce, inteligente, hospitalaria,
fácil de manejar. En una palabra, los indios que aparecen en la novela
siempre como representantes de la clase inferior y en la mayoría de los
casos su trabajo es el de servir a un patrón blanco, mestizo o ladino.
Otro ejemplo era el indio tomado para la leva: éstos eran reclutados
contra su voluntad y en muchas ocasiones terminaban como bandoleros de
camino. Un ejemplo es, en el capítulo IX, “El cabo Franco” de la segunda
parte, quien al pasar por el rancho de Doña Pascuala, comete numerosas
arbitrariedades y se lleva como reclutas al hijo de la señora, a
Moctezuma III y a Juan Robreño hijo; “... tengo orden de reclutar el
batallón y no han de ser únicamente los indios los que hagan el
servicio”. 23
Así mismo nos lo hace saber Cosio Villegas: “La clase más pobre de la
sociedad es la que generalmente se ocupa para el servicio de las armas,
por su extremado valor, por su resignación en las fatigas de la campaña
por lo sufrida en las escasez del erario Nacional o del Estado, y por la
fidelidad para con sus jefes”. 24
O bien el capítulo XX “Derrota del cabo Franco”, donde éste es apresado
por los soldados de Valentín Cruz y Moctezuma III, recién reclutado a
las filas del ejercito y arenga a los indios a acudir en su auxilio.
“Soy el emperador y el dueño de México; el que no sea cobarde, que me
siga, y a morir como mueren los indios valientes, sin quejarse ni pedir
misericordia”. 25
Este ejemplo ilustra la sumisión del indio; su condición de “carne de
cañón” para el ejercito y la función que el ladino tiene sobre ellos.
Moctezuma III, que reclama la gran herencia de su antepasado, ha sido
“educado” por doña Pascuala, ya es gente de razón: sabe leer, escribir,
hacer cuentas, está preparado para manejar una hacienda. Está al
servicio del ejercito y es el favorito del “cabo” Franco.
Aunque los personajes indios no figuran en la trama como principales, sólo
en forma accidental, su participación ilustra de manera objetiva la
realidad social de una época que tiene marcadas diferencias sociales.
Así también nos lo presenta Ignacio Manuel Altamirano: “...el indio es
el siervo de la gleba, es el soldado oscuro con cuyos huesos alfombran
las facciones civiles los campos de la patria, y el indio muere en la
miseria, legando a sus hijuelos una vida que es una herencia de
maldición, y la ignorancia, que es la cadena de su servidumbre”. 26
LOS INTELECTUALES
En el siglo XIX en México había más de dos mil quinientos abogados que
comprenden a la clase media así como otras profesiones u oficios que
supusiera cierto desarrollo del intelecto, como explica Francisco
Gomezjara. “Los intelectuales en si mismos no forman una clase social,
sin embargo muchos de ellos se dedican a la abogacía por ser una de las
profesiones más socorridas; muchos jóvenes estudian con el fin de
obtener un puesto público y de esta manera integrarse a la burocracia”.
27
La clase media se presenta en Los Bandidos de Río Frío de manera muy
exacta. En nuestro siglo XIX, en México, los profesionistas que existían
eran doctores en medicina y licenciados en leyes, éstos últimos son
vitales en la obra. Médicos, al menos hay uno: el practicante que salva
la vida de la condesita Mariana.
Lamparilla es el licenciado que aparece desde le primer capítulo, iniciaba
su carrera y quería subir muy pronto al éxito “andaba a caza de negocios
y pleitos”, había obtenido unos documentos antiguos de la época de la
Colonia, cédulas reales y la historia de los descendientes del emperador
de México, y quería reclamar al gobierno “cosa de millón de pesos por la
pensión atrasada, sus mil pesos cada año por la corriente y la propiedad
de todo el volcán Popocatépetl (...) o en cambio una suma fabulosa de
dinero”28, para el descendiente directo de Moctezuma que era
hijo adoptivo de Espiridión y Pascuala.
Lamparilla estaba muy seguro de obtener éxito en esta empresa, a demás
estaba bien asesorado: era muy persistente incluso obstinado, al grado
que después de varios meses de hacer gestiones por los juzgados y
oficinas ya “inspiraba horror” al Ministro de Hacienda y a los empleados
del ministerio. Hacia planes a futuro: obtener éxito en el pleito de
Moctezuma III y con esto hacerse dueño de algunas haciendas cerca del
volcán; en una palabra, el ascenso social – económico.
Con su amigo, condiscípulo y tocayo Crisanto Bedolla, forman un par dentro
de la trama de vital importancia. Bedolla era juez de lo criminal, e
hijo de un humilde barbero de pueblo; su madre murió al nacer y su padre
lo crió con leche de burra. “Dicen que las inclinaciones de las gentes
son según la leche que maman, y quizá por eso los fundadores de Roma y
los que les siguieron fueron tan terribles y feroces, como amamantados
por fieras; en cuanto a nuestro personaje, sacó de la burra lo tenaz y
lo tonto, pero no lo sufrido y lo humilde, porque desde chico se notó,
aun por su mismo padre que era engreído y pretencioso; no era capaz de
haber inventado la pólvora (... Era lo que en los pueblos llaman
ladino”. 29
Su padre era un hombre honrado que hizo muchos sacrificios para que su
único hijo fuera un hombre educado, útil y respetable; por lo tanto,
debía tener una profesión. “En México existe desgraciadamente el error
heredado de los antiguos españoles, que, dominados por su ideal de
nobleza y de caballería, enseñan a sus descendientes a mirar con
desprecio a todo hombre que ejerce un oficio. Para ser un hombre
considerado es preciso ser oficial, empleado, eclesiástico, abogado o
médico. Las demás clases son inferiores en la sociedad mexicana”.
30
Como forma de progreso social, todo hombre que se sintiera respetable
debía poseer un título profesional, pues los nobiliarios ya no existen;
la gran profusión de abogados deja en claro cuál era la profesión
liberal más solicitada.
De su terruño salió Crisanto, a la capital, recomendado por el prefecto y
el gobernador; ya no veían el momento para deshacerse de él, pues
tratando de deslindar tierras había enemistades a indios y hacendados
provocando casi un conflicto de castas.
Intrigó con los indígenas de la región al decirles que debían reclamar sus
tierras y no dejarse dominar por los ricos propietarios; a los
hacendados les dijo que tomaría su defensa en contra de los indios. Así,
al irse a México muchos alzaron las manos al cielo alabando a Dios de
haberse quitado esa víbora de encima.
Aquí en la ciudad, encuentra a Lamparilla y por la recomendación que trae
le dan el lugar del licenciado Pedro Martín de Olañeta, Juez Primero de
lo Criminal, puesto que dejaba por enfermedad.
El tercer licenciado es Pedro Martín de Olañeta “rayaba en los sesenta,
(...) a primera vista no se le darían cincuenta años cumplidos”, era un
hombre muy recto en sus costumbres, vive con sus hermanas prudencia y
doña Coleta, todos solterones creyentes y devotos. Olañeta era
considerado un conservador que “ya no cuadraba con las instituciones
liberales ni con el progreso del siglo”. Existe una gran semejanza en
actitudes entre este personaje y el propio autor, aunque Payno era un
liberal moderado, un “liberal en tono menor”. 31
Olañeta, aunque se relaciona con personajes de la clase alta – Don Juan
Manuel, Conde de Sauz, Don Relumbrón, el Marquéz del Valle Alegre, Don
Manuel Escandón y otros-, pertenece a la clase media; tiene una gran
reputación social que además procura conservar siempre muy en alto a lo
largo de toda la novela; es un hombre culto, de fina educación y firmes
principios; además como fue asesor del virreinato, sembró prestigio en
la nobleza de México.
Olañeta es un héroe con su carácter reflexivo y buen juicio; de hecho
resuelve todo el nudo criminal que se presenta en la obra.
Los licenciados Lamparilla y Bedolla son ladinos en busca de mejoría, de
acomodo en la sociedad. Uno sueña poseer haciendas y bienes; el otro,
llegar a ser ministro o gobernador.
Bedolla se gana la simpatía y aprecio del “Supremo Magistrado”. Es por
medio de intrigas, mentiras y adulaciones que consigue controlar un
diario, ganarse el temor de ministros y lograr progreso material.
Desde que la suerte le favoreció, Bedolla cambió sus costumbres y siempre
trataba de imitar la moda europea, en una palabra, este personaje vivía
de las apariencias, rasgo característico de la clase media; tenía como
modelo a los miembros de la clase alta: vivir, vestirse, mirar y sonreír
como gente rica; se manifiesta como una estereotipación de una
personalidad inventada. Dentro de sus pretensiones está ingresar a la
nobleza casándose con una hermana del marqués de Valle Alegre.
La relación de estos dos abogados pretende sacar beneficios mutuos.
Bedolla exageraba y desfiguraba la realidad a los ojos del presidente –
cuyo nombre Payno se cuida de no mencionar- Lamparilla es a su lado una
comparsa.
Bedolla controla la prensa y también quiere controlar a la provincia;
inventa una revuelta por el rumbo de “Amecameca” y le comunica al
presidente de “la nueva revolución”. El implicado directo de esta
revolución es Lamparilla, que había ido al Ayuntamiento para buscar en
el archivo una cédula del emperador Carlos V, que otorgaba a Moctezuma
II y sus sucesores los terrenos, bosques y aguas de la falda del volcán.
Se trataba de un pleito local, sin importancia. El presidente envía a
Baninelli a sofocar la insurrección donde había paz.
Payno refleja todo el panorama político y social a través del desarrollo
de sus personajes. Se trata del período de gobierno centralista y
absolutista de Santa Anna, donde se ubica la obra de Los Bandidos de Río
Frío, corresponde a una época de pronunciamientos en diversas partes de
la República. Chiapas, Yucatán, Zacatecas y otros territorios. Así nos
lo relata Justo Sierra: “... las economías en el presupuesto inundaban
las ciudades principales de militares cesantes, prontos a pedir el
sueldo y el ascenso a la futura revuelta, como lo habían hecho siempre,
y atestaban las oficinas públicas de traidores y conspiradores de
corrillo, pero muy obstinados, muy implacables, que lo miraban todo y
todo lo disolvían: ésta era la terrible conspiración, impalpable o
irreprensible, de los empleados no pagados o mal pagados”. 32
En resumen, se puede decir que las acciones de Lamparilla y Bedolla tienen
sus motivos: el deseo de progreso material, social, económico y el
prurito por destacar en la política; en el caso de Bedolla este deseo lo
conducirá al “precipio”, no así en el de Lamparilla, quien corrió con
mejor suerte.
LOS ARISTÓCRATAS
La obra de Payno que comprende un amplio panorama de clases sociales no
olvidó a la aristocracia que se formo en la Colonia: la élite española,
integrada por familias que habían hecho su fortuna con el comercio, la
minería y en menor medida la agricultura. Patricia Seed menciona que
existían dos grupos: “En el primer grupo había fundamentalmente ricos
comerciantes que habían hecho sus fortunas en el espectacular boom
económico del siglo XVIII. Los miembros de la nobleza con títulos y los
burócratas reales también estaban fuertemente representados en este
grupo. En el segundo se encontraban aquellos que habían gozado de un
estatus social superior a principios del siglo, pero cuya posición
económica y social estaba en proceso de deterioro”. 33
Los aristócratas, eran soberbios y altivos, o bien con perjuicios de
clase, como los que tiene Mariana, la hija del Conde. El mismo
matrimonio del Conde del Sauz fue arreglado con una prima en segundo
grado, para que los títulos de nobleza no fueran a dar a gente extraña.
Había también interés por adquirir el título de “Marqués de Sierra
Hermosa y una valiosa hacienda cerca de Zacatecas, con la condición de
que el primogénito fuese varón.
Así, los nobles buscaban preservar su integridad racial, social y el
estatus heredado desde la Colonia. El Conde del Sauz quiere casar a su
hija Mariana con su primo, el marqués de Valle Alegre, que es noble,
cuya situación económica estaba deteriorada, pero era un aristócrata
español.
Por otro lado, resulta marcadamente señalado el tratamiento que como autor
rige sobre el personaje de Mariana, la hija del conde del Sauz. Ella, a
diferencia de los personajes de las clases bajas, hace descansar su
belleza sólo en su rostro, en su blancura y en que era “una mujer
perfectamente desarrollada”. En este caso, no se mencionan los atributos
que Payno describe en los personajes de las clases inferiores; incluso
su embarazo pasa desapercibido, sólo hay una insinuación por parte de
Juan Robreño en el diálogo que sostiene con Baninelli, aunque pasa
inadvertido para su interlocutor.
¿ Y qué piensas hacer? – le preguntó el coronel.
En la situación en que Mariana y yo nos encontramos, no hay más remedio
que casarnos.
34
De una manera muy encubierta, al momento de dar a luz en la casa de la
criada, ante la imagen religiosa de la Virgen, se hace una mención. Así
lo explica la doctora Glantz: “En la novela, el cuerpo de Mariana se
escamotea y se transfiere elípticamente a una imagen de bulto, la Virgen
de las Angustias, imagen aristocrática, cuyo patetismo barroco (“... con
su hijo muerto, descoyuntado y sangriento, que caía de su regazo al
suelo, al que con débiles manos trataba de levantar y sostener”), remite
al pasado colonia, al de los ejercicios espirituales, al de la vida
conventual, al de la sexualidad reprimida.35
Payno coloca a la aristocrática Mariana en un plano distinto de los demás
personajes, el concepto del honor sexual en la mujer de esta clase
protege su reputación y la guarda del deterioro de los años. Así, al
reunirse con su hijo ya grande, era “una mujer majestuosa y todavía
resplandeciendo su belleza”.
CONCLUSIONES
Los múltiples temas de la novela nos muestran todo un mural sobre el cual
se pintan personajes como: indígenas, brujas o hechiceras, los abogados
y los abogadillos, los periodistas, los militares, los políticos, los
artesanos, los curas, los cantantes de ópera, los hampones, las familias
pudientes, las vendedoras del mercado y de los canales, los criminales,
etc.
Cuadros costumbristas; relaciones sociales urbanas, idiosincrasia o
sicología del mexicano del siglo XIX; aspectos económicos en concreto
como: alimentación, bebida, vestido, hábitat; gustos y modas de la
época, opinión pública o prensa y otros tantos detalles que hacen
reflexionar al lector y lo conducen, siempre que así se lo proponga, al
comentario, al estudio y a la crítica.
El novelista de folletín es el creador de un macrocosmos donde viven
demasiados personajes; es un narrador omnipotente que maneja la intriga
bien dosificada semana a semana o bien capítulo a capítulo; el
folletinista, como después los responsables de las series de episodios,
radionovelas y telenovelas, abandona a sus personajes al borde de una
catástrofe, física o moral para que los lectores ávidos del folletín
esperen impacientes la secuencia del relato para enterarse de la suerte
de los mismos.
Payno nos muestra en Los Bandidos de Río Frío la
expresión vital de una sociedad y el folletín es el género más a
propósito para mostrarnos la historia patria, las pasiones y la
aventura. En el ángulo oscuro de las injusticias es donde se gesta el
éxito del folletín: una sociedad que carece de justicia social con un
Estado de Derecho y una clase de gobernantes de quienes se duda, o donde
no se cree que las leyes se apliquen por igual para todos, con intereses
por encima de la justicia, muestra a la novela como un espejo que
refleja una realidad social de un México en ciernes; entre las
costumbres, la que aún nos permea y la más significativa es la impunidad
que el poder engendra y mantiene. Si nadie cree en la justicia todos
aceptan dogmáticamente la desdicha de quienes se atienden a las leyes.
Sin el apego de la injusticia, el folletín no tendría razón de ser.
Citas
1 Quirarte, Martín. Visión Panorámica de la Historia de México, p. 93
BIBLIOHEMEROGRAFÍA
PAYNO, Manuel. Los Bandidos de
Río Frío, México, Porrúa, 1976, 8Col.Sepan cuantos... Núm. 3? 758 pp.
ALTAMIRANO, Ignacio. Obras
completas, Pról.. de Carlos Monsiváis, México, CNCA, SEP, l978, 198 pp.
GIRÓN, Nicole. Manuel Payno: un
liberal de tono menor en Historia mexicana, revista trimestral publicada
por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, Vol. XLV,
núm. 1, (julio-septiembre 1994) 186 pp.
GLANTZ,
Margo. (Coordinadora) Del Fistol a la Linterna. Homenaje a José Tomás
Cuellar y Manuel Payno en el centenario de su muerte. México, UNAM,
1997, 257 pp.
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