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"En las memorias del del tiempo" , se ilustra de manera sencilla las resonancias que tienen a lo largo de nuestra vida los miedos, la falta de ternura y de afecto, así como la soledad y los castigos padecidos en la infancia. 

Guillermo Betancur Sánchez, utilizando una hábil y entretenida narrativa, reflexiona sobre sus experiencias y la de su grupo familiar ante los avateres de la vida, sus raíces campesinas y humildes y el desafío en el que se convirtió vivir cuando las circunstancias se mostraron adversas.

 

 

 EN LAS MEMORIAS DEL TIEMPO

La historia de Anita, su esposo Ángel José y sus 22 hijos

 

Escribo con mucho amor y alegría por tener en mi memoria toda la vida del ser que más quiero: mi madre Anita. Y lo hago con todo mi corazón. Escribo en su homenaje para decirle: te quiero y perdóname por haberte hecho aumentar el sufrimiento, aunque me afligí mucho por ti, siempre me sentí impotente ante las circunstancias.

G.B.S.

   Esta obra es un homenaje a mi MADRE y un legado a mis hijos Sandra, Carlos Armando, Maribel y Dahiana Michel, a quienes admiro y amo mucho. Quiero dedicárselas como un legado para el conocimiento de sus vidas y para que descubran en qué momento es abortado el niño interior de un ser.

    Dedico también esta obra a mis amigos y guías espirituales: Valeriano Tobón, Federico Millán, Darío Ospina, Lucero Orozco y Gustavo Betancur.

     Agradezco profundamente a Jairo Alvarez por su gran empeño y dedicación en el logro de este libro; sin su colaboración no hubiese sido posible, ya que su voz de aliento me llevó a trabajar hasta lograrlo.

    Mil gracias a Gladys Henao por su capacidad y entusiasmo con que trabajó en la corrección general de cada uno de los textos de esta obra. Igualmente para María Elsy Pérez por su gran apoyo y colaboración durante el trabajo y realización del contenido de este libro.

 

INTRODUCCIÓN

    Los Betancur Sánchez somos unidos, no tanto en los negocios pero sí mucho en lo familiar. Esta unidad obedece a dos cosas fundamentales: la primera tiene que ver con la perseverancia, el sometimiento y la humildad con que Anita enfrentó su realidad, porque ella sufrió los rigores del dominio varonil y se sometió de tal forma que para ella no había descanso, amparada por la fé en Dios y el amor a sus hijos; y la otra, tiene que ver con la fidelidad, el compromiso y la tenacidad de Ángel José, que a pesar de su dureza e ignorancia mantuvo cualidades que fueron vitales: la alegría, los contrapunteos, los cuentos, las carcajadas, el colmillo y la uña para clavársela a sus niños en la nuca como un gesto de cariño.

    En cierta medida se sentía un apego, una familiaridad, un yo no sé qué. Eso nos unía, y aún nos mantiene unidos y ha comenzado a trascender en la segunda y tercera generación.

    La vida en este hogar nos dejó mucho que contar y sobre todo que recordar, porque no hay nada que se rememore más que los sucesos en los que uno sufre, más cuando el sufrimiento es propinado sin consideración y la acción obligada. Por eso uno de los sentidos de este libro es profundizar en la siguiente reflexión: Los miedos y temores que se difunden en la sociedad y en la familia, que fatalmente terminan marcando la vida de uno para siempre.

    La vida parece ser un laberinto en el que no todos sus participantes encuentran la salida y se la pasan los cortos 70 años de vida, que en determinados momentos parecen eternos, creyendo cuanto mito, leyenda y creencias les infunden, mueren sin haber vivido en realidad; no supieron en ningún momento a qué vinieron a la tierra: “el hombre se engaña de lo que cree de sí mismo”.

    El condicionamiento social y familiar que se le da a un niño es tenaz y bastante brutal. Como consecuencia de esa programación, la gente se confunde y comienza a chocar contra las rocas de la verdad, para poder así comprender que se estaba equivocado, aceptando al fin las cosas como tal, y ahí se gasta más de media vida. Parecería como si hubiera que sufrir primero para darnos cuenta que la mayoría de nuestros deseos o expectativas son vanas ilusiones y que la vida solamente le entrega a uno lo que le corresponde y lo que ha de ser.

    Hagamos un inventario de todas las cosas a las cuales nos enseñaron a tenerle miedo cuando éramos niños: a la muerte, a los terremotos, a estar solos, al pecado, al castigo de Dios, al sacerdote, al policía, a la gente desconocida, a la enfermedad, al diablo, a los espantos, a las tormentas, al fin del mundo, a la ley, a los papás, al profesor, a la oscuridad, a la violencia y, entre otros, al impulso sexual.

    Con todo ese cúmulo de miedos infundidos, ningún niño puede llegar a su edad adulta con un sistema nervioso tranquilo y equilibrado. Con el paso de los años, al tomar las riendas de la vida por su propia cuenta, los individuos se ven opacados e inseguros, formándose en su ser una incertidumbre que a la mayoría los pone en el fracaso tanto afectivo como en las relaciones interpersonales y comienza a gestarse allí la indecisión y a apagarse las ilusiones. Las frustraciones afectivas y dolor al interior de su ser comienzan a anidar y a echar raíces. El individuo como tal recorre un camino que no conoce, no sabe que hacer, se equivoca en el laberinto y no siempre tiene la oportunidad de cuestionar, limar y probar, para comprender y abrir la conciencia y conocer el verdadero sentido de la existencia: soltarse, liberarse, desapegarse, y reírse a carcajadas de la vida sin miedo de ella, ni de morir.

    Casi toda la vida la pasamos alimentando miedos y temores, desde cuando somos niños nos comienzan a chantajear, de acuerdo con la ignorancia de los adultos: «Se lo va a llevar el diablo», «Dios no castiga con palo ni con rejo, sino con enfermedad y muerte». «Ya viene el fin del mundo y hay que rezar mucho», «Nos puede llegar una peste como la lepra, la tuberculosis, o una hambruna», «En cualquier momento vendrá un terremoto que acabará con todo», «Caerán rayos y centellas del cielo y quedaremos tapados», o si no son suficientes estos anuncios, vendrán las guerras que nos esclavizarán y nos matarán.

    Así, en ese orden de ideas, los adultos clavan a los niños a padecer una vida de miedos, de temores y de angustia. Por eso es que nos sentimos temerosos e incapaces de resolver nuestros problemas. Cuando se presenta algún acontecimiento adverso o una situación insoluble como la muerte, el mundo se nos achica y creemos que ha llegado el momento final e incluso nos demoramos bastante tiempo para aceptar la verdad.

   Algunos jóvenes de hoy no son engañados de este modo ni sometidos por los padres, pero son víctimas de la programación televisada, la música pesada, el consumismo moderno y la drogadicción. Desde hace unos 20 años se suicidan miles de jóvenes en Colombia cada año, entre los 16 y los 25 años.

   Anita y Ángel José no estuvieron perdidos en el laberinto, a pesar de las dificultades y las rabias que Anita manejaba y lo desesperado y desmoderado que era Ángel José. Supieron reconocer su norte y cumplir con su deber, estuvieron juntos en las buenas y en las malas, en la tristeza y en la alegría, en el dolor y en la esperanza; trabajaron sin sacar la mano. Nunca pensaron regresar para encontrar otra salida; durante todo su recorrido siempre creyeron que debían tener los hijos que Dios quisiera mandarles hasta que alguna de las dos máquinas se dañara, y así se cumplió. 

    Precisamente, lo que hizo que ellos no se hubiesen perdido en el laberinto es haber creído y tenido fe de salir adelante a pesar de las dificultades y sin mirar atrás. 

    Cuando un hombre o una mujer buscan reemplazar de algún modo a su pareja, no se dan cuenta que transitan por el laberinto, y habiendo caminado bastante tiempo por él, sin saber, se devuelven creyendo encontrar la salida que casi todos desean encontrar, no obstante desperdician su vida buscando equivocadamente aquí y allá una solución a sus conflictos y así van sucumbiendo y terminando su paso por la tierra sin lograr claridad en sus vidas. 

    Anita y Ángel José fueron persistentes, insistentes, pacientes y responsables. Nunca pensaron echar atrás y tal vez muy poco pensaron en ellos, siempre pensaron en sus hijos y en echar para adelante por encima de cualquier situación, fue así como lograron vivir claros y perseverantes en el laberinto de la vida. 

    Sin embargo, aunque ellos creyeron haber cumplido su obligación de criar sus hijos de acuerdo con sus ideas, caprichos y dominio, no se dieron cuenta que nos aplicaron la codificación que traían desde sus ancestros, la que debemos ahora descubrir, para conocerla y cortarla, de modo que no siga de generación en generación. Nosotros, los hijos de Anita y Ángel José, de algún modo también hemos hecho lo mismo con nuestros propios hijos. 

    Aunque lo narrado aquí parezca inaudito, es todo sustraído de la memoria. Escenas vividas, cuentos, historias, relatos y testimonios de los protagonistas están resumidos en esta obra, que es una convergencia de lo que vi, escuché, viví y sentí durante 31 años, sin interrupción, al lado de Anita y Ángel José, los cuales quedaron impresos en mi memoria para siempre. 

    Creo que he escrito lo de mayor significado, de manera que pueda emitir al lector un mensaje sobre una familia como la nuestra y al mismo tiempo, bajo el título de Zapa de vida, darme la oportunidad de reflexionar y analizar algunas situaciones y comportamientos que marcaron nuestra vida, no pretendiendo elogiar ni criticar a nadie y mucho menos juzgar. Más bien he tratado de escribir una verdad que marcó nuestro destino y misión por la vida. 

    Confío en que este libro sirva a mis hermanos Betancur Sánchez de reflexión y de auto descubrimiento y también como ejemplo e ilustración para mis sobrinos.

EL AUTOR.

PRIMERA PARTE:

ANITA

El romance

    Anita nació el 23 de febrero de 1918, en el hogar de Emiliano Sánchez y Filomena González, descendientes de familias de Concordia, Antioquia. Un hogar de 13 hijos, de los cuales Anita era la segunda después de José, el mayor.

    Pertenecía a una familia que vivía en el campo, en una hacienda situada en una vereda de Salgar llamada Sinaí, que era una montaña frente al pueblo de Salgar. Esa montaña se veía unida al firmamento; al cruzarla se encontraban las pasturas y cultivos, el paisaje verde y la hacienda de don Emiliano Sánchez, la que florecía entre cultivos de café pajarito, café maragogipe, yuca, pasto y animales como bestias, ganado y cerdos. Trabajar allí era un orgullo, se sentía gran entusiasmo por el movimiento de animales, de trabajadores y de la producción agrícola; no tenía nada que envidiarle a una industria.

    Todo parecía característico de la era del feudalismo, tanto el trabajo como la vida de la gente, sobre todo de las mujeres. Sólo aquel hombre que fuese guapo, capaz y valiente, podría conquistar a una mujer en la hacienda de don Emiliano.

     Ángel José, un muchacho recién llegado de pagar el servicio militar, vivía cerca de esa hacienda, en la loma de Sinaí, y resolvió pedirle trabajo a don Emiliano para hacerse conocer y echarle la miradita a las muchachas que allí vivían: Anita, Tina, Emilia, Gabriela, Justina, Josefina, Ligia y Emiliana.

    Ángel José pensó en Anita y puso su mirada en ella dándole a entender que le gustaba. La timidez y el hielo que sentía por ser un trabajador de la finca, hacían que aumentara la tensión y el miedo a ser rechazado. Después de un tiempo de estar dirigiéndole la mirada como manifestación de su encanto, un día se decidió a hablarle y se le arrimó con mucho susto y le dijo: «Anita, meee ... atiende?». La frase me atiende era la modalidad en esa época para referirse a un noviazgo.

    Anita tenía 17 años, era tímida y honesta en una época en que todo tenía el sello del pecado. Era una morena alta de cabellos negros, con una mirada fuerte, sabia y tímida. Ella se demoró un tiempo, tal vez tres o cuatro meses, para darle el sí. Al joven Ángel José casi se le sale el corazón, se puso ansioso para ir rápido a su casa y celebrar esa alegría con sus hermanos en la loma de Sinaí.

    Aquella noche, en que tuvo la gran noticia del sí de Anita, la mujer que más le gustaba de todas las antes conocidas, Ángel José se apresuró, se fue y cruzó la montaña echándose a rodar por un potrero abajo muy faldudo, hasta llegar a su casa, gritando mientras rodaba: Anita me atendió... me atendió Anita... ih... ihihihih... Sus hermanas pensaban y comentaban que quién iba a soportar a aquél loco.

    Ángel José y Anita tuvieron un noviazgo tímido. Las costumbres en las familias eran acompañadas por la ignorancia y la inocencia. Ángel José, prevaleciéndole la timidez, le propuso matrimonio a Anita. 

    El mayor temor, sin embargo, era ante los suegros. Personas arrogantes por su idiosincrasia, sabios por naturaleza aunque analfabetas, no sabían siquiera leer ni escribir, ni mucho menos firmar, eran, sin embargo, respetables personajes por sus capacidades de llevar una vida de arduo trabajo, procrear y criar una familia de 13 hijos. Ángel José, muy atrevido, se sintió con valor de medírsele a una hija de don Emiliano Sánchez, cosa poco fácil de conquistar en aquella época. 

    Pero él iba ganando terreno en su noviazgo. Siendo novios, un día a la hora de la comida, aún tenía mucha hambre y estando casi para terminar de comer, le dijo a Anita que si por favor le llenaba el plato con otro poquito de comida y se lo entregó sin aún haber terminado, pero Anita no le entendió y echó a la aguamasa el poquito de comida que había en el plato, y no le dio nada más; el pobre Ángel José se quedó frío al ver que ella no lo había escuchado, y se tuvo que conformar con lo que hasta ese momento había podido comer.

El Rumbadero

    Se casaron un miércoles de Abril de 1937, en la parroquia de Salgar. Regresaron a la finca sin más rodeos ni minucias. Ángel José no tenía más donde llevar a Anita que para Sinaí, a vivir junto con sus hermanas Pepita, Jael, Magola, Carolina y su mamá Ifigenia Gallego, en una finquita herencia de su padre Marco Betancur.

    Iniciaron su vida matrimonial en una humilde vivienda de madera y techo de paja. Era un rancho situado en un sobrellanito llamado «El Llano de la Calabacera», donde nacieron sus primeros hijos: Blanca Lilia e Ignacio. 

    El lunes siguiente al matrimonio, Ángel José se fue para un paraje llamado Montebello a trabajar agricultura, dejando a Anita sola en ese rancho, hasta el siguiente viernes por la noche cuando regresó. Era bárbara esa situación, llegó tiznado de pies a cabeza, pues estuvo trabajando en un sembrado de caña. Anita casi sale corriendo cuando lo vio; así era la vida de espantosa en aquella época, no había prevención, todo parecía aceptarse de la manera como llegara. 

    Anita se casó con los ojos cerrados, era muy inocente, creía que los hijos los mandaba Dios por medio de la cigüeña, jamás pensó que fuera ella la que los debía parir; fue entonces cuando comenzó la historia de una mujer sufrida, con un embarazo cada año, hasta dar a luz 22 hijos, de los cuales 2 murieron recién nacidos. 

    Ángel José era muy guapo y tan resistente como de piedra, vivía descalzo, pues sólo se calzó un rato, mientras se casaba y con unos zapatos prestados. Desde entonces se veía la imperiosa crueldad y la rigurosidad de un hombre insensible ante la ternura de su mujer. Enfrentaba cualquier situación con mucho discernimiento, para todo inventaba una solución mágica y a veces brutal.

    En aquel rancho vivieron aproximadamente dos años, después se fueron a vivir a la finca del suegro Emiliano por cerca de un año. Ahí nació Libia Estela. Luego se le presentó a Ángel José un negocio con Marcos Alvarez, un vecino de la vereda Sinaí. El negocio consistía en manejar una finca grande con café y ganado, y para allá se fueron.

 “El Rumbadero” era una casa situada en una loma, de modo que si los niños salían al patio en un perímetro de sólo unos dos metros, se podrían rodar por una pendiente, así que Anita tenía que estar atenta a todo: hacer la comida, cuidar a los niños, arreglar la ropa, alimentar a 15 ó 20 trabajadores. Empezó para Anita lo que sería la rutina de casi toda su vida. Se levantaba a las cuatro de la mañana y se acostaba entre las nueve y diez de la noche, ella debía levantarse de primera y acostarse de última. 

    En la casita de “El Rumbadero” trabajaron sin descanso tres años; luego Marco Alvarez decidió pasarlos a vivir a la casa grande. La mayoría de los hijos de Anita recuerdan que esa casa grande era de tapia, entablado y cancel, el corredor era en redondo, alto, todo en madera y estaba situada a la orilla de un camino de herradura que conducía la gente de varias veredas a la cabecera municipal de Salgar. 

    En esta casa vivieron seis años y siete meses. Durante esta etapa de transición, Anita se mantuvo sometida al duro trabajo y a las reglas de juego que le imponía la pobreza de aquel entonces. Anita no salía sino cuando había alguna novedad de salud de ella o alguno de sus hijos. Estaba tan acostumbrada al trabajo, que los domingos como no tenía trabajadores y la mañana era suficiente para atender a sus hijos, hacía varias olladas de claro de maíz para calmar la sed de la gente que por allí pasaba. Esas vainas de la juventud en las que uno muele todas sus fuerzas para vivir, ya no se ven, dijo, sobre esos días, alguna vez Anita.

     En la casa grande de Marco Alvarez, Anita molió una gran parte de su juventud, pero el camino apenas comenzaba para ella. Había dado a luz apenas a la mitad de sus hijos. El silencio del campo, el rugir de los tigrillos, el cantar de las aves, el azul del cielo y el verde de las montañas, convertían a Anita en una originaria mujer del campo, y se conservaba sabia, creyente, culta y humilde. 

    No existía radio ni prensa, ni mucho menos televisión, para saber de una noticia había que ir al pueblo y escuchar los comentarios de la gente. La prensa, o sea el periódico El Colombiano, llegaba una sola vez a la semana a Salgar, generalmente por encargo. No existían deportes, la mayor diversión era la creatividad de las gentes; por las noches se juntaban a narrar cuentos de espantos y de entierros. En aquella época se hablaba mucho de espantos que atemorizaban a las gentes de la región, existía la patasola, el gritón, la barbacoa, la media luna y de sobremesa había un tigre que comía ganado. 

    También se reunían a cantar, tocar guitarra y tiple. Tal vez por esta razón la gente era tan creativa, al punto de convertirse en seres autosuficientes.

    Anita sabía de todo, cuando alguien se enfermaba ya tenía el remedio, todo se manejaba a base de plantas medicinales, que en esa época abundaban en el patio de las casas, era raro que la gente del campo fuera al médico. La vida de Anita se iba haciendo cada vez más dramática, desde que se casó se inició en ella un incesante compromiso de aceptación, intenso trabajo y sometimiento, todos los días, todos los meses y todos los años. Cuando no estaba en embarazo era porque estaba de dieta. 

    Ella era la que ordeñaba las vacas, nunca faltaban los marranos y ella los cuidaba y engordaba; cosía la ropa de todos los hijos en una máquina de coser de manubrio, después se consiguió una Singer de pedal; ella era la que remendaba y planchaba; hacía la comida para 20 ó 25 trabajadores, atendía los hijos, arreglaba la casa, barría patios y lavaba. 

    Nadie más era capaz de todo eso, de modo que terminaba rendida y en la noche cualquiera de los niños se maluqueaba, casi siempre había alguno desvelado o enfermo, le tocaba bregar con ellos toda la noche y luego se levantaba a las cuatro de la mañana con los ojos hundidos de no poder dormir, para comenzar de nuevo los oficios diarios.

     En estas circunstancias le tocó todo el tiempo, no podía ni siquiera pensar en salir al pueblo, cuando llevaba tres o cuatro meses sin salir le decía a su esposo: Ángel, hace tiempo que no voy a misa, dejame salir para ir a misa, y así era la única forma de justificar la salida de tan solo un día domingo, aunque le tocaba conseguir quién cuidara los niños y la casa. Ella llevaba al más pequeño. Todo se tornaba igual, pasaban días, meses y años y la vida para Anita era la misma. Permanecía muchos meses y años sin salir al pueblo. 

    Como en esa época era obligatorio que los niños fuesen bautizados a los ocho días de nacidos, el propio Ángel José Betancur los llevaba al pueblo para tal sacramento. Se montaba en una bestia llevando al niño en los brazos y tapado con una ruana. Esta era una ceremonia de la cual no podía participar Anita, debido a que ella tenía que guardar la dieta respectiva y además cuidar de sus hijos menores. 

    Desde siempre Anita estuvo sometida a las actitudes existenciales de Ángel José, quien era rígido, pobre, sin estudio, sólo había cursado primero y hasta mitad de segundo elemental. Era muy habilidoso, inteligente, demasiado guapo, descalzo, ágil, bulloso y pedorro. Imagínense a un hombre de estas características y cualquiera podría temerle. Ángel José quería trabajar sin descanso.

La loma de Sinaí

    Durante este tiempo de vida y dura lucha en la finca de Marco Alvarez, Ángel José consiguió diecisiete mil quinientos pesos. La esposa de Marco Alvarez, Carmen Moncada, “Mela”, como la apodaban, decidió que Ángel José no administrara más. Fue así como Ángel José volvió donde sus hermanas y su mamá Ifigenia Gallego, en la loma de Sinaí.

     Esta vez ya no fue rodando de contento por el potrero y gritando ¡me la conseguí... me la conseguí!, sino que llegó con varias bestias cargadas de equipaje y con las espaldas llenas de muchachos, y diciendo: ¡Ábranme campo por Dios!. De modo que empezó a trabajar de nuevo en la finquita que les había dejado su padre, Marco Betancur, muerto de una enfermedad al hígado, días después de que Ángel José regresara del ejército. 

    Hasta entonces la finca sólo les servía para vivir en ella y cosechar algunos frutos, todavía permanecía sin dividir según las herencias. Con la llegada de Anita y Ángel José, las hermanas de éste decidieron irse para el pueblo porque consiguieron el Hotel Salgar, arrendado para trabajar y vivir de su producido, logrando así una buena estabilidad y apoyo para ellas y sus sobrinos. Esta decisión fue producto de negociar con Ángel José las herencias de la finquita de Sinaí. Él les compró a $300 cada herencia, eran nueve en total. Y esa fue la primera fortuna de Ángel José.

    En esta finca, pequeña y falduda, con una casa muy vieja, con paredes de tapia y piso en tierra, techo de tejas de palo, comenzó una etapa más concreta y definitiva para este matrimonio. Aquí tenían la estabilidad de estar en propiedad y cultivar la tierra para sí, ya había hijos entre los 10 y los 13 años de edad, capaces de colaborarle mucho a Anita y a Ángel José.

    La vida de Anita era cada vez más complicada, sus fuerzas se desvanecían, el trajín y el compromiso aumentaban más y más. Aparecieron los dolores y enfermedades, pero al mismo tiempo se definieron con mayor claridad los rasgos característicos de su personalidad, era ella una mujer muy guapa, resistente y a pesar de sus quejas era firme y persistente.

    Daba casi siempre a luz en las noches, no se escuchaba ruido alguno ni queja. El anuncio de la llegada de un nuevo hijo se conocía por el llanto del recién nacido; los hijos, cada vez que había un nuevo nacimiento se sorprendían y creían firmemente que Dios enviaba los niños con la cigüeña y que ésta llegaba a media noche para que nadie la viera. Esto era lo que se vivía en ese tiempo cuando las culebras andaban paradas.

    Anita sabía a qué atenerse y cuál era su destino. Creía en Dios, tenía fe y sabía ser sumisa ; su compromiso era velar por cada uno de sus hijos, atender a su esposo Ángel José y todo el que hacer de un hogar que hasta ese momento llevaba 12 ó 14 hijos. Su compromiso era cumplir la voluntad de Dios, creía infinitamente en él. La familia fue creciendo, pero el correr, el trajinar y el cansancio de cada día, hacían que el sufrimiento y la amargura se olvidaran. 

    El trato entre Anita y Ángel José era más bien extraño, porque en esa época la idea era ocultarlo todo, hasta una palabra amorosa. Nunca se escuchó que se dijeran amor, como tampoco se vieron dándose caricias y afecto. Eran muy fríos, materializados, burdos y simples en lo que respecta al afecto y manifestaciones de amor. A Anita no se le conoció una palabra amorosa o tierna para su esposo distinta a decirle Angel o en otros casos el Viejo. No existían en ella otros términos. 

    Angel José por su parte usaba tres términos que lo acercaban más a ser cariñoso y afectuoso: cuando estaban de buen humor la llamaba Princesa o Delaona y para referirse a alguna intervención de ella, decía: ¡Oiga, habló la Virgen!, dando por sentado su respeto por lo que ella había dicho. Sin embargo, la mayoría de veces y sobre todo en medio de sus afanes y ofuscaciones le decía simplemente Anita. No había ternura. 

    El ejemplo que recibieron sus hijos fue de un modo grotesco, sin afecto y pocas manifestaciones de amor. Ante la mirada inocente de sus hijos pusieron la indiferencia afectiva y la apatía, pues no fueron conscientes de la importancia que tienen las caricias y el contacto físico, quedando así establecido en el inconsciente de cada uno de sus hijos la indiferencia  afectiva y el vacío que ello conlleva. 

    En los hijos de Anita y Angel José se extendió en su mayor parte este modo de trato y carencia de afecto. A sus esposas también las trataron del mismo modo, solamente por el nombre, pues otra expresión no conocieron en su niñez. Con el tiempo y sobre todo a sus segundas esposas han aprendido a decirles amor y a ser diferentes.

    Parece que Ángel José y Anita habrían hecho un acuerdo de recién casados de tratarse solamente por el nombre, creían que el trato noble, amoroso y afectivo era zalamería. 

    Los sufrimientos y tribulaciones de Anita fueron disminuyendo cuando comenzó a recibir apoyo de sus hijas Lilia, Estela y Mery; los otros mayores eran hombres y éstos Ángel José los absorbía para él. Aunque se comenzó una nueva fase en la vida de Anita, ya no era ella sola. Sentía ya apoyo de sus hijas, pero esto no le daba esperanzas de descanso en ningún sentido, sólo había un consuelo y ayuda por parte de sus hijas, pues a estas horas de la vida de Anita ya no tenía 12 ó 14 hijos sino que había completado 21 partos, sólo le faltaba uno, el de 1963, cuando nació Beatriz, la limpia piedra.

    No todo era triste y duro, ella era feliz con sus hijos, manejaba el poder de la voluntad, esto la hacía sentir bien y realizada, podría gozar de la belleza de cada día: del azul del cielo, del trinar de las aves, del silencio del campo, del verde de las montañas, del zumbido del río Barroso, de la compañía de la gente que le rodeaba. No todo estaba perdido, ella ofreció su corazón.

    Era la época de la algarabía. Estaban los hijos mayores con los menores juntos, había momentos en que parecían vivir en un manicomio: mientras unos gritaban los otros cantaban, los demás se reían, otros tantos lloraban y ella no sabía a quién hacerle caso, si al que lloraba para consolarlo o al que reía para reír con él, o si a los que gritaban para decirles que dejaran la bulla.

    Aquí todo surgía con espontaneidad, con inocencia, las cosas fluían de una forma sabia, no había mayor prevención; sólo en una familia así, se puede percibir la obra de Dios.

    Todos no pudieron estudiar. Algunos de los mayores que estudiaron la primaria y algo de secundaria, le enseñaron a los medianos a escribir y a leer, impidiendo con ello que se quedaran analfabetas unos cuantos de tan numerosa familia. Todo iba aflorando y el sentido de la vida se hacía cada vez más evidente, surgían los interrogantes.

    Los hijos de Anita eran despiertos, vigorosos e inquietos, ellos podían gozar de los recursos disponibles, eran extraordinariamente creativos y bien diferentes. Se dieron el lujo de reír, gritar, cantar, imitar los pájaros, los caballos, las vacas, contemplar la luna y las estrellas. En forma natural, libre y espontánea, gozaban del esplendor del universo, de las cosas más simples y naturales; nada de esto lo puede hacer la juventud moderna que vive amontonada en las ciudades en medio del ruido. No había en esos tiempos televisión, equipos de sonido, radios, ni música rock ni metálica; que han significado el atascamiento de la juventud moderna.

    La vida de Anita cada vez era más difícil, debía manejar a sus hijos todos vigorosos y campantes, pues era ella la que tenía la obligación y todo el manejo de sus hijos en la casa. Ángel José tenía su propia rutina, salía a las cinco de la mañana a trabajar el campo y regresaba 5 ó 6 de la tarde y a las 7 de la noche ya estaba acostado.

    A Anita le tocaba llevar toda la carga de sus hijos; eran 19 hasta los años 60, dos habían muerto recién nacidos: el segundo después de Lilia y el duodécimo nacido entre Luz Mery y Ana Cecilia, en 1939 y 1949 respectivamente.

    Anita no sabía que hacer con tanto muchacho, debía enfrentar los destinos de la mañana y dejar desayuno y almuerzo listos para luego dedicarle tiempo a sus hijos. 19 muchachos no son cualquier cosa, unos estudiaban, otros trabajaban, otros estaban muy pequeños, siempre había uno o dos enfermos. Lo hizo con amor, aunque a veces se ofuscaba y suplicaba a Dios que le diera fuerza de voluntad. Semanalmente debía revisar a cada uno para buscarle piojos y niguas en los pies, todos vivían descalzos y tierrudos por jugar en los patios. A veces la incertidumbre rondaba, pero el amor y empeño de Anita hacían que todo no fuerasufrimiento y trabajo.

    Por las noches, antes de dormir, siempre rezaba el rosario a la Santísima Virgen con mucha devoción junto con todos sus hijos con la esperanza de una vida más sosegada. Se rezaba mucho todo el tiempo, además del rosario se oraba el trisagio y los sábados y domingos se madrugaba a rezar, desde las cinco de la mañana.

    Anita levantaba a todo el mundo a rezar, se invocaba además a todos los familiares muertos y se oraba para santificar el día. Pero por la noche durante el rosario algunos se dormían, los otros les arrojaban agua y Anita se enojaba porque estaban charlando. No le daba pereza rezar a nadie, era una oportunidad para gozar y reírse de los más dormidos. Existían días especiales como el tres de Mayo, día de los mil Jesuses. Todo se preparaba desde una semana antes, pensando en lo que había que pedir y preparando también lo que se le ponía a la cruz, en un altar se colocaba panela, maíz, plátanos, todo lo que fuera indispensable para que no faltara durante el año. Las oraciones las encoraba Anita. 

    Las oraciones de cada noche, en esa época, se cruzaban con las cosas de la vida diaria, entonces Anita comenzaba a rezar: Santa María madre de Dios... sí cerraron la puerta?... si mamá... ruega por nosotros los pecadores... sí trajeron el ternero?... si mamá... ahora y en la hora de nuestra muerte... entraron la ropa del patio?... sí mamá...

La nueva casa

    Transcurría el tiempo y la vida de Anita no parecía cambiar. Vivía la familia en esa casa vieja de paredes de tierra sin pintar, de bahareque y de tejas de palo, que ya estaban podridas, ¡y tantos habitantes!. 

    Ángel José vio la necesidad de construir una casa nueva, fue así como se dispuso a tumbar la casa vieja ara construir una más adecuada para ese familión. Se contaba con la ayuda formidable de Oscar, Hugo, Darío, Elkin y los mellizos, todos trabajaban sin cesar con él; excepto Ignacio que ya iba para el segundo año como seminarista en la diócesis de Jericó, Antioquia.  

    Para poder construir la nueva casa, Estela se fue tres meses con todos los niños menores de cinco años para la casa de papá Emiliano, los demás niños ya podían ayudar y los dejaron trabajando. Durante este tiempo todos se amontonaron a vivir en la casita: un rancho de una sola pieza con un zarzo encima, el cual servía para secar café, ahí dormían todos los hombres,y en la pieza se ubicaban a dormir Anita con sus hijas y sus niños. Una noche cayó una tempestad y mucho granizo y los hombres en ese zarzo metidos amanecieron muy aturdidos por el ruido del granizo sobre el techo de zinc, casi pegado a la cabeza. Era la casita conocida por todos, ubicada en una barranca diagonal derecho de donde se construía la nueva.

    Mientras todo esto transcurría, se duplicaba el trabajo para Anita,cuando ella veía que no daba más, con mucha humildad le decía al esposo:Ángel, a mí ya no me alcanza el tiempo para lavar la ropa, y Ángel José,como no podía perder tiempo, se iba por la noche a buscar quién les pudiera lavar esos bultos de ropa cada semana. Así logró que una vecina, que conocía a Anita y le atendía los partos, Barbarita Gómez, se compadeciera y lavara la ropa de aquel batallón.

    Por mucho tiempo Bárbara Gómez, la esposa de Luis Sánchez, les hizo ese favor. Bárbara Gómez vivía siempre muy abajo de la casa de Anita,sin embargo desde allá subía a la hora que fuera para atender los partos.Cuando ella no podía atender los partos a Anita, Ángel José buscaba a otra señora muy querida que se llamaba Anasención.  

    Para construir la nueva casa, Ángel José se rodeó de algunos trabajadores muy guapos, del maestro Arturo Vélez y de sus hijos mayores.La construcción duró tres meses, por lo menos las partes principales, piezas y techo, de modo que se pudiera ocupar mientras continuaban dándole acabados. Fue necesario banquear, pues el terreno era muy faldudo y el espacio que ocupaba la casa vieja no era suficiente, ya que la nueva casa debía ser más grande.

    El piso fue construido de entablado con soportes en pilares de madera y refuerzos con piedra, mientras que las paredes fueron construidas de bahareque, rellenadas con barro, preparación que se hacía con los pies y con la ayuda de un caballo que daba vueltas en rededor sobre el barro. Los hombres para pisar el barro mezclado con agua debían estar descalzos y con pantalón corto, este trabajo se realizaba de seis de la mañana a seis de la tarde, todos los días, incluyendo festivos durante tres meses.

    El techo fue construido con madera y tejas de eternit. Se pintaron derojo las chambranas y las puertas y de blanco las paredes. Las paredesfueron enchapadas con boñiga de vaca mezclada con cagajón de bestia y unpoquito de tierra polvorosa y agua, así se obtenía una mezcla que lesproporcionaba un decoroso enchape a las paredes, luego éstas se blanquearon con cal y así se obtuvo una linda y confortable vivienda para 50 ó 100 años.

    La casa comprendía tres alcobas grandes: una para las mujeres, otrapara los hombres y la pieza del matrimonio y los niños pequeños. En todascabían varias camas y además en cada cama dormían tres o cuatro.  

    La cocina también era grande y pronto estuvo llena de hollín. En elcentro estaba colgado un canasto para las arepas y la parva. Había también una banca larga para acomodar bastantes muchachos y varias banquitas sembradas, clavadas al piso de tierra. Estaba un pilón para el maíz y existía una pieza de reblujo donde se tenían enjalmas, canastos, costales, angarillas; no faltaba un cuadro de la Santísima Trinidad y el cuadro del purgatorio donde están unas almas chamuscándose y la Virgen del Carmen recibiéndolas allá arriba.

    Al lado de la cocina había un tanque al cual le confluían unos canalesde guadua, que rodeaban la casa para recoger el agua lluvia, entoncescuando llovía, ahí se recogía toda la mugre de las tejas y eso era lo que sebebía; cuando se acababa, entonces a cargar agua de la cañada.

    La casa tenía un corredor horizontal, el techo era poco alto y no habíacielo raso, produciendo mucho calor durante el día. Este calor fue un nuevomartirio para Anita. Eran ella y sus niños los únicos que debían permanecerdurante todos los días debajo de ese techo de eternit, los demás salían a laslabores del campo los seis días de la semana y el domingo algunos salían al pueblo. Era tan espantoso el calor, que Anita para poder dormir los niños, enel día, los tenía que meter debajo de las camas. Anita lloraba, maldecía y le daba gracias a Dios ofreciéndole su tormento.

    La nueva casa significó un respiro de esperanza y sosiego en la vidade Anita, pero le trajo dos sorpresas: el calor en su cabeza y su espalda quedebió soportar durante 30 años más, y el parto número 22: Beatriz Elena quenació en 1963 y limpió la piedra.

Agua en los hombros

    Pero el principal martirio en la vida y la vivienda de Anita no era tenerhijos, ni soportar el calor, ni madrugar y trabajar hasta las diez de la noche,ni hacer cada día más de sesenta arepas, ni soportar la abominableopulencia de Ángel José. El principal sacrificio era vivir sin agua.  

    La casa nunca tuvo agua porque Ángel José, a pesar de haber recibido una propuesta para instalar un ariete que subiera el líquido, nunca quiso intentarlo porque creía que era mejor que los hijos cargaran el agua.Pensaba Ángel José que ellos siempre estarían y el ariete podría dañarse.Consideraba que una vez dañado a los hijos les daría pereza volver a cargarel agua. Sin embargo, cuando ya no vivía en la finca ningún miembro de la familia, los nuevos dueños pusieron el agua a través de mangueras desde lafinca de papá Emiliano, que también tenía otros dueños.

    El agua estaba distante de la casa unos trescientos metros por unapendiente. Ese sitio se conocía como la cañada. De esta cañada, dondehabía un rancho de paja, o sea techado con hojas de táparo, y una máquinapara despulpar el café, se cogía el agua en ollas para llevar a la casa. Elagua se cargaba en los hombros: en un garitero iba una olla adelante y otra atrás julepeando por esa loma. Una vez en la casa se depositaba en canecas. Eran muchos los viajes que había que hacer para cargar el agua de cada día, por eso Anita no podía disipar el calor bañándose. No había un chorro, ni podía malgastar el poquito de agua que tenía para los oficios de la cocina. Para bañarse debía esperar a que llegara algún comedido y pedirle el favor de que le trajera una ollada de agua de la cañada. Es inaudito pero así fue. Anita era tan guapa que ya no existe gente capaz de ser así; también por ser bonita, cosa fácil de encontrar ahora, pero no es fácil encontrar alguien que sea guapa, con tanta tenacidad, humildad y extraordinaria decisión para enfrentarse a las cosas de la vida en la forma como ella lo hizo.

    Otra sorpresa, la tercera para Anita en la nueva casa, fue el comienzode un terrible eccema varicosa: sus piernas no aguantaban más, las venas parecían morcillas envueltas en sus piernas. Los dolores no se hacíanesperar. De tanto esconder el dolor, sufrió rompimiento de una de sus venas en la pierna derecha y empezó a sufrir de una herida parecida a una lepra, que cada día se iba extendiendo con terrible rasquiña.

    Ángel José viendo eso, optó por conseguirle un yerbatero llamadoLiano Ramírez, quien con emplastos de ramas de plantas, secretos yescupas, lograba adormecer el dolor y el eccema parecía aplacarse. Por varios meses este yerbatero trató a Anita, sin lograr curarle como era su propósito.

    Un día amaneció muy mal, alguien fue a llamar al yerbatero perocuando éste llegó, Anita había sido alzada en una camilla, para llevarladesde su nueva casa hasta el hospital de Salgar. Tenía fiebre elevada, producida por la infección en la llaga de la pierna derecha. Ángel José y todos sus hijos vieron salir a su madre enferma desvariando en esa camilla. Iba acostada sobre costales amarrados a dos palos como soporte para tender y cargar al enfermo en los hombros de quienes la llevaban. Era algo espeluznante, sobre todo en esa época. De igual manera cargaban, también, a los muertos que bajaban del campo.  

    De esta forma Anita fue llevada varias veces al hospital, con problemasde salud especialmente por causa del eccema. Por muchos años y sobretodo al final de sus últimos partos, se le agudizó el problema de las várices.Los médicos le recomendaron operación de sus venas en Medellín. Ángel José hizo el esfuerzo y la puso en tratamiento con un especialista en Medellín, gracias que a esas horas de la vida la lucha ardua les había dejado unos ahorros con qué costear el tratamiento.

    Al concluir el último parto, una eficaz operación la sacó de su duro ylargo problema de várices por el resto de su vida. En la época de tantosufrimiento, con sus piernas y pies como morcillas renegridas e hinchadas,los médicos lo único que hacían era recetarle dormir y descansar con laspiernas encaramadas, o sea más altas que el cuerpo, para así propinarle descanso a las piernas y pies. Un médico, viendo la cosa tan grilluda le dijo que si podía andar con las piernas para arriba sería una buena solución.  

Una de las mejores soluciones para el dolor de Anita fue la receta de medias elásticas para las várices. Eran muy caras pero le mermaban el dolor y le evitaban la aparición de nuevas venas inflamadas. Las medias estiraban y apretaban la piel. Anita tuvo un poco de descanso al usar estas medias, pero como sufría de heridas, con eccema, tenía que abrirle un hueco a la media del tamaño de la llaga.

    Los médicos que la habían tratado para el dolor e inflamación de lasvenas no podían hacer nada, ella debía operarse, pero antes debía dejar detener hijos. Como esto no sucedía, no podía aliviarse, y en consecuenciaseguía cargando el dolor, las heridas, el eccema, hasta que llegara el momento de no tener más hijos, pues como era tan fértil podía haber tenido hijos hasta más de los cincuenta años.

     Todavía le faltaba tanto por vivir y recorrer, que la vida parecía eternapara Anita. Los veintisiete años anteriores fueron rutinarios, siempre habíaque hacer lo mismo. Comenzó a dar virajes y a ser distraída por cosas nuevas. Aunque el trabajo nunca mermaba y la obligación cada día era igual, Anita tenía algo nuevo a dónde dirigir su mirada y sus pensamientos. Ya no estaba más en embarazo. Era abuela del primer hijo de su hija mayor, Lilia.

    Su vida ya no estaba enfocada a tener hijos y al duro trabajo, sino quepodía deleitarse viendo crecer a su culecada de muchachos hombres y mujeres de mayor a menor.  

    Los hijos mayores ya no eran niños, pero más de la mitad lo eran; comenzó entonces su preocupación por los mayores. Vio cómo se casaban sus dos hijas mayores y al año llegaban con hijos, nietos de Anita. Comenzó a darse más claramente cuenta de que a esas alturas de su vida muchas cosas empezaban a cambiar, menos los medios que poseía para realizar sus labores diarias: cocinar con leña, en un fogón de tierra, vivir sin agua todo el tiempo, apenas con olladitas para cada cosa. Sólo con las lluvias podía gozar de agua abundante.

    Otro asunto bien delicado era el sanitario, que era al aire libre en elpotrero o el cafetal, como quisieran escoger o en una bacinilla. Así era lasituación, sin servicios y sin ninguna comodidad, únicamente podía usarse la naturaleza como tal. En la vida de Anita y de sus hijos, estas cosas se vivíancon normalidad. La materia prima indispensable para Anita era una caja defósforos marca El Rey. Más demoraba un niño en llorar de noche que ella enrastrillar un fósforo. Siempre los llevaba en el bolsillo para prender la vela y juntar candela en el fogón de leña, poniéndole chuzos y pequeños trocitos de leña para que fueran prendiendo. Las vasijas para coger el agua eran totumas, ollitas de peltre y de aluminio. Prácticamente se vivía con nada, todo eran recursos propios de la naturaleza.

Zapa de vida

    ¡Qué cosas éstas tan simples y tan verdaderas! Si comparamos estocon el hombre de hoy, con su comodidad y su vanidad, vemos que el hombre como tal todo cuanto tiene son vendajes que se acomodan para hacer de la vida otra cosa distinta a la realidad. Así que el hombre puso sus comodidades pero a la hora de la verdad nada se puede esconder, ni siquiera un pedo, como los de Ángel José que nunca los escondió, y que tanto mortificaron a Anita. Esto es una demostración que para vivir, únicamente vivir y subsistir, poco y nada se necesita.

    Pero hoy el hombre necesita mil cosas para vivir. El hombre comercializó todo cuanto existe, hasta el punto que valen más las cosas que las personas. En el caso de Anita las cosas de ella no valían nada, pero ella si valía mucho. Hoy todo el mundo valora más sus comodidades y sus enseres, pero así mismo en su interior se sienten miserables. Y no tienen más que esas cosas, esas comodidades.

No se sabe cómo Anita pudo llegar con vida a los setenta y nueve años con todo lo que se ha contado de ella, y quedando aún mucho por contar; parece ser que ella no perdió su autoestima y siempre creyó en Dios, en sushijos y en su esposo, así fuera pedorro y jodón, como decía ella; sabía que ante Dios y la vida ella valía mucho . Al final de su vida , gozaba de un espíritu joven y vivo.

Una luz de esperanza

    La nueva casa le trajo a Anita muchas sorpresas y cambios. Aunque ella creía que la vida cada día era igual, las cosas iban cambiando con el paso de los años. En 1963, año en que nació su última hija, estaba estrenando casa. Su hija mayor ya estaba casada. José Ignacio el hijo mayor iba bastante adelante con su carrera sacerdotal; comenzaba a ser mirado como la luz de esperanza para esta inmensa familia, aproximándose su ordenación sacerdotal. Sus otros hijos estaban todos ahí con ella.

    Al paso que iban creciendo, los mayores se encargaban de ir preparando a los menores para llevarlos al pueblo a pasear, aunque casi siempre era con el fin de hacerles aplicar la vacuna contra la viruela, la tuberculosis y otras enfermedades.

    Eso era una cuestión de mucho miedo, porque les hablaban del dolor al ser chuzados y del peligro de perderse en el pueblo y encontrarse a alguno de los locos del pueblo, pues esos personajes tenían muchas historias y eran muy bravos. Les decían: cuando lleguemos al pueblo no se vayan a elevar porque se pierden o se los roban y mucho cuidado con Maracachucha, si lo ven no lo miren porque se viene para donde nosotros y nos pega una pedrada, o si nos encontramos con Joaquina tarros no la miren porque nos arrea la madre, o con Irene, que de pronto si nos pilla mirándola nos tira miaos, o Piopío nos puede perseguir con un palo para pegarnos, o Ñoño que si lo miramos se baja los pantalones y nos muestra el avispero.

 

    Lo curioso era que los niños no entendían bien esas cosas, pero síiban miaos del susto; en el fondo los niños ya iban perdidos del miedo. El pueblo tenía tres calles: la calle de arriba, la del medio y la calle de abajo, sin embargo temían perderse. Esta fue la forma insólita como se desplegaban por un mundo totalmente desconocido y lleno de incógnitas.

    En la casa, para todos había trabajo, por la mañana se despertaban con la voz de Ángel José hablando duro, o con el ruido en la cocina raspando arepas, o con el traquido de las ollas de aluminio, o el chirrido de la máquina de moler maíz, o con el taque taque del que pilaba el maíz, o con un estruendo fuerte al descargar un viaje de leña detrás de la puerta de la cocina.

    Ángel José pensó siempre en mantener comida para subsistir con sus hijos, por eso no se quedó sentado, ni permitió que a ninguno de sus hijos le diera pereza, fue así como no estuvo de acuerdo con que Ignacio se fuera a estudiar, creía que era pereza de trabajar la agricultura. Mantuvo tierras arrendadas para cosechar maíz, yuca, fríjol, plátano, pues su finquita era muy falduda, muy pequeña y no daba para tanta gente. En tierras de Jovita Acevedo, Manuel Gómez y Emiliano su suegro, mantuvo cultivos para trabajar con sus hijos y tener abundancia.

    La supervivencia en esa época fue cosa muy seria, las crisis se daban con mucha frecuencia, regularmente cada dos años. A Ángel José y Anitales tocó vivir los primeros veinte años en medio de la violencia política y crisis por escasez y por pestes.

    Entre los años 1940 a 1960 se vivió una descomunal crisis política, la que se conoció como la guerra entre el partido conservador y el partido liberal, o la época de la Violencia, cuando muchos conservadores al mando de Laureano Gómez quisieron imponer un régimen fascista, acabando cont odos los liberales y uniéndose con la iglesia con el fin de formar una sociedad netamente conservadora y católica. Formaron grupos de exterminio, los chulavitas, que andaban por todas las regiones, asesinando liberales y los que no, los planchaban para que se arrepintieran de serl iberales. Matar a un liberal no era pecado ni delito.

    En esos días la vida para los niños era difícil, sobre todo para los que vivían en el hotel de las tías. Uno de ellos veía desde las ventanas a los llamados chusmeros, venían vestidos con franelas pintadas con calaveras y arrasaban con todo. En esos días los niños veían entrar mulas cargando muertos, era algo muy tenebroso ver como colgaban los muertos en esas bestias.

    Así se formó la guerra entre pobladores civiles. Las familias se iban desplazando para el pueblo y la angustia y el miedo eran el pan de cada día. Muchas regiones iban quedando solas, las cosas se iban complicando cada vez más y el campo sólo era habitado por el ejército y los bandidos. A las seis de la tarde era el toque de queda y no podía haber nadie fuera de sus casas. A esa hora comenzaba la familia a rezar el rosario a la Virgen Santísima.

    Ángel José decía: Yo para el pueblo no me voy, si he de morir aquí que me maten en este rinconcito, y señalaba detrás de una puerta. Anita con esa fe tan viva que tenía, espantó los bandidos de esos lados. Así fue como lograron llegar hasta los años 60 sin ser tocados por la violencia.

    La vida se ha convertido en las historias que deja un gobierno y otro; el pueblo sufre las consecuencias, pues siempre hacen la violencia y luego se quedan pelados de la risa, cargando fama y enseguida como si nada pasara. Nadie los juzga y se mueren de muerte natural, así murió Laureano Gómez.En 1957, después de derrocar a Rojas Pinilla, formaron el Frente Nacional,dizque para mantener la paz y lo que aprendieron fue a robar, no volvió a haber guerra política; pero mantienen saqueado el tesoro público. EsteFrente duró hasta 1974. Durante estos años liberales y conservadores se alternaron en el gobierno.

    De la violencia antes anotada, lo único que ocurrió en la familia de Ángel José y Anita, fue la llegada de unos enmascarados un domingo a la casa. Ángel José ya tenía carnicería y estaba en el pueblo con los hijos mayores. Lilia y Estela recibieron a los enmascarados. Sólo buscaban armas, pero allí en la casa de Anita no había armas que les gustara a los enmascarados. Las que había eran armas de fistol, que así se llamaban, pues las fabricaban a partir de un tubo retacado con soldadura en una de sus puntas, con una chimenea, encachado en madera, se cargaba con pólvora y balines de plomo. Pero ellos buscaban armas finas y automáticas.

    A esos enmascarados les fue muy mal, pues cuando llegaron estabanl as muchachas mayores desayunando y las más medianas iban saliendof iladas cada una con una bacinilla de orines para botar, y al encontrarse al os enmascarados de frente pegaron un grito y tiraron las bacinillas,mojándoles los pies a los enmascarados. Las dos mujeres mayores les entregaron los platos dándoles el sobrado en señal de que les habían interrumpido su desayuno. Luz Mery, que era como medio nerviosa, se iba a volar por la barranca detrás de la casa, cuando la sorprendió un encapuchado y le dijo: ¡Alto! ¿Para dónde va?. Y dijo ella: ¡Ay! Si señorcito,no me vaya a matar, si señorcito, yo hago lo que usted me diga.

    El tema de la violencia es permanente y nunca se acaba, por eso Ángel José decía: Hijos, toda la vida ha habido violencia, lo que hay es que saber vivir y no hacerle mal a nadie, ser honrados, trabajadores y creer enDios.

    Otra crisis que desesperaba a la gente era la escasez de comida y la cantidad de pobreza que se veía, sobre todo en el campo. Pero había esperanza de superarla y la gente cultivaba hasta obtener abundancia. Las crisis más temidas, sin embargo, eran las pestes. Había viruela, sarampión, paludismo, tuberculosis, lepra y la gripe que en conjunto con las otras dejaban tendales de muertos. Gracias a Dios, Anita y Ángel José hacían vacunar a tiempo a sus hijos o si no, no había quedado quién contara el cuento.

    Era el año de 1966 y como recompensa por el drama vivido, ÁngelJosé resolvió que la familia fuera a vivir a El Concilio, a la finca de propiedadde José Londoño y que Oscar, uno de sus hijos mayores, administraba. Era una casa similar: sin agua, sin luz, con fogón de leña, entablada, con techode Zinc y paredes de cancel. Nada cambió para Anita: sin baño, a la luz de una vela y el agua había que cargarla también de una cañada. En esta finca, aún más lejos del pueblo, a unas tres horas en bestia, sin poder sobrellevar una vida más sosegada ni evadir el atascamiento de los que haceres, vivió Anita otra parte de su vida.

    Ángel José no se condolía para nada, pues hijos y mujer debían estar sometidos en toda circunstancia que dependiera de él. A Ángel José lo únicoque le preocupaba era mantener comida en abundancia y aumentar sus ahorros; no aceptaba ningún cambio que implicara comodidad, sólo le gustaban las cosas rudimentarias, inventadas de alguna forma que no implicara costo económico.

 

    En 1969, Hugo, otro de los hijos mayores, que administraba una finca cercana a la de Oscar, llegó un día con un gran y hermoso regalo: era una niña, hija suya. Le dijo a Anita que si le criaba esa niña. La nobleza y la capacidad de absorber y discernir con equidad todo cuanto estuviera a su paso no se hizo esperar: Anita dio la bienvenida al hijo número 21. Esta maravillosa mujer dio crianza a 21 hijos, sin discriminar a ninguno.

    En 1973, la familia regresa de El Concilio a Sinaí y decidida a vivir como fuera, sin esperar cambio alguno. La herencia ancestral era la incomodidad y lo rudimentario. Para entonces a Anita no le quedaban sino unos ocho hijos en la casa, los más pequeños, pues la mayoría se habían casado o ido a estudiar ó a buscar su propio destino. Iban creciendo sushijos menores y aumentaba el número de nietos. La casa nueva de Sinaí ya no era nueva. Ahí todo continuaba como antes. Anita le temía al calor y a lafalta de agua.

Suceso extraordinario

    Nada parecía cambiar, sólo cuando llegaba el padre Ignacio y predicaba, decía misa y traía mensajes, se sentía una luz de esperanza.

    Ignacio se ordenó junto con otros compañeros en el año de 1966. Fue un acto muy lindo y trascendental, se realizó en la parroquia de Salgar. La familia se reunió en una casa de recepciones alquilada para la ocasión. La ingenuidad y la montañerada de cada uno de los hijos de Anita, incluyéndola a ella, hacían que se sintiesen tensos y bien diferentes ante una situaciónque los puso al mismo tiempo estupefactos, emocionados y socializados.Porque después de todo no queda duda que este acontecimiento fue histórico y se hizo a la altura de cualquier evento social, político o eclesiástico que pudiera realizarse en aquella época. La familia pasó de un golpe a rozarse con la crem de un pueblo siendo que venía de un rol campesino.

    Ángel José, con su cerrado carácter, no comulgaba con estas cosas y fue mucha la oposición que hizo, sin embargo, a la hora de la verdad, se fue convenciendo al ver que solamente él se oponía. Debió modernizarse, por lo menos por la semana que duró la fiesta y las ceremonias, y además sacar de sus ahorros cuatro mil quinientos pesos para costear la reunión familiar,cosa que se convirtió en cantaleta de Ángel José para Anita por el resto de su vida. ¡Figúrense, cómo fue de tenebrosa la situación de Anita ante un hombre posesivo y materializado al ciento por ciento!.

    Este acto encendió la luz de la esperanza de Anita y de todos sus hijos. Ignacio ejerció su primer año de sacerdocio en Concordia, luego en Andes y por último en Pueblo Rico. Desde cada uno de estos pueblos les visitaba, trayéndoles cada vez alegría, esperanza y consuelo. Llegaba con noticias, cuentos, mensajes y amor, era como un espejo hacia una vida mejor. Todo esto caía como una lluvia refrescante en el corazón y en el alma. ¿Cómo sería para Anita?.

    Todo cambiaba alrededor pero nada cambiaba en la casa de la loma de Sinaí. Por mucho tiempo hijos y nietos conservaron el apego a dichol ugar. Los que vivían en otros lugares iban con frecuencia a visitar el lugar ya recordar los tiempos cuando eran campesinos, con mucho musgo porquitar de encima.

    Ángel José, para prevenir el hambre o la escasez en su hogar, optó por poner desde el año 1958 un negocio de carnicería, el cual mantuvo hasta 1982. En este transcurso casi todos los hombres de la familia fueron carniceros. Esto ayudó muchísimo a la supervivencia de todo este familión y fue una forma de ir saliendo del campo a la ciudad.

    Fincas, agricultura, café y carnicerías fue la panacea familiar hasta1.982. Al comienzo de los 80 había buena bonanza cafetera y era negocio comprar café y pasilla. La mayoría de los hijos varones, casados y solteros,venían subsistiendo con las carnicerías, no obstante, con la bonanza cafetera montaron negocios de compra de café y pasilla. Este que hacer encendió la luz para que todos empezaran a girar en torno a los negocios comerciales.

    Entre tanto, Ángel José y Anita continuaban en la casa de Sinaí como 43 años atrás. Anita prácticamente resignada, sus hijos andaban todos en diferentes caminos, la mayoría vivían en el pueblo, casados o con negocios.El contacto y la hermandad nunca se perdió, se mantuvo la unión familiar, se sentían atraídos los unos a los otros, cosa que aún se mantiene.

    En 1979 muere el primer miembro de la familia: Oscar. Desde el año de 1963 hasta la muerte de Oscar fue una querendona familia de 21hermanos, vigorosos y sin ninguna anormalidad. Por eso la muerte de Oscar trajo a la familia mucho traumatismo. Para acabar de ajustar, al año siguiente, 1980, muere Hugo, en las mismas circunstancias que murió Oscar, ambos víctimas de la violencia.

    Todos quedaron anonadados por la incertidumbre y la adversidad que puso fin a dos de los más queridos hijos y hermanos, cerrando con ello la puerta de la ilusión, la cual les hacía creer que eran inmortales, pero también sirvió ello para abrir una nueva puerta, por la que vieron la luz de la verdad y les dejó ver que vivían en un mundo cambiante lleno de complejidades y quefuera de la verdad no había más que ilusiones.

    En la loma de Sinaí, Ángel José no permitía ninguna modificación, así fuera inversión de un bolsillo distinto al de él. Así que Ángel José duró en su finca de Sinaí hasta quedar solo sin el apoyo de ningún hijo o nieto. Su mujer había librado su gran batalla, siendo liberada en 1982 por sus hijos cuando contaba con 65 años de edad. La llevaron a vivir en el pueblo y a gozar, ahora sí, de todas las comodidades. ¿Qué le tocó entonces hacer a ÁngelJosé? Aceptar los cambios que toda la vida había negado. Gracias a Dios,eso sí, todo fluyó con comprensión.

    Ángel José, al ver el progreso económico de sus hijos y que se disponían a asumir los gastos que implicaba vivir en un pueblo, aceptó con humildad los cambios que a su turno la vida se los imponía. 

    Ángel José era muy recio, muy fregado, no admitía nada. Alguna vez Lilia y Estela, estando ya mayores y aún solteras, se disponían a realizar un paseo a caballo a la vereda El Concilio invitadas por unos primos de la misma edad. En esa época las mujeres no podían cabalgar como hombre,sino que montaban de lado en galápago y con funda larga; era una montura especial para mujeres, las cuales quedaban sentadas de lado con la pierna derecha girando hacia delante y sostenidas por un cacho que traía la montura. Ángel José no les dio permiso de montar de hombre, aunque ya seveían mujeres montando de esa manera. Las dejó ir siempre y cuando se fueran en galápago.

     Las muchachas resolvieron irse de hombre, eso implicaba colocarse,también, pantalones de hombre. Ellas guardaron los galápagos debajo de una cama para que Ángel José no los viera. Pues como dice el dicho que la mentira es cogida, ese día le dio, o le picó, como decía Anita a Ángel José,por revisar toda la casa a ver si tenían broma o comején las maderas y agarró con un machete a picar tabla por tabla, palo por palo y a decir: hombre Anita, esta casa siempre me quedó muy fina, es que no tiene nada de peste, y lo repetía cada que iba avanzando hasta que llegó voliando machete hasta por debajo de las camas y Anita chiquitica que no fuera a verlos galápagos; de un momento a otro pegó el grito: hombre Anita, aquellas vagabundas se fueron de hombre, como es usté... tan alcahuete, déjelas que ellas me las van a pagar, y hasta que no se confiesen no les vuelvo a dar permisos.Esto fue un tormento por mucho tiempo debido a la cantaleta de Ángel José. ¡Imagínense cómo era de bueno ese pastelito!.

Zapa de vida

    Si uno no cambia por si mismo, el universo se encarga de cambiarlo tarde o temprano. Es mejor cambiar cuando se presenta una coyuntura circunstancial que ser reacio al cambio, hasta que el universo le dé el ultimátum, con consecuencias fatales. La significación de todo lo antes expuesto, deduce muchas enseñanzas, pero en especial dos resultan más evidentes:

    Una. Anita debió enfrentar la vida como la verdad, asumiendo con coraje, dinamismo, humildad y aceptación todo cuanto se presentó en su camino, no obstante, si ella no hubiese aceptado y enfrentado todo en su vida como lo hizo, el cuento sin lugar a dudas hubiese sido bien diferente. Así las cosas, Anita supo que la vida es como es y no como uno quiere que sea. Para soportar la vida como la llevó Anita, hay que ser humilde,desapegado, poco ambicioso y creyente en Dios.

    La otra enseñanza, deja a la luz que para vivir, sólo vivir, se tiene con mucho o con nada. A la hora de la verdad limpia, el hombre vive con nada.Todo lo que se tiene, distinto al aliento y a los sentidos esenciales, son añadiduras que se le ponen a la vida, para sufrir con ellas... nada más es ver cómo llega al mundo y cómo se va el ser humano. Las cosas, como se pintan, no suelen ser siempre tan ciertas como los hechos: se tienden a complicar más de lo necesario ciertas situaciones. Se puede ser más feliz si se reduce la complejidad de la vida, tanto en lo exterior como en lo interior.

    Al hombre moderno, por el contrario, le fue avasallada su felicidad por la ambición de ganar y conseguir todo cuanto le ofrece la sociedad moderna. El deseo de tener cada día más y más cosas arrasó con la libertad, la tranquilidad y la paz de la humanidad, matando los sentimientos y acabando con el amor. Es por eso que hay que abrir la conciencia. Hace un buen rato estamos tomados por el anticristo, hay muchos anticristos con los cuales hoy convivimos. ¡Descúbrelos!.

Nuevos rumbos

 Hasta 1979 la mayoría de los hijos de Anita se desempeñaban en los oficios de fincas y negocios de carnicería, pero con la bonanza del café, se inició en algunos de los hombres mayores la conquista de este negocio. Así, tuvieron agencias de compra y venta de café. Buscando expandir el negocio se desplazaron a otros municipios.

    Al principio colocaron este negocio en Salgar, su pueblito natal, y luego Hugo, Darío, Gustavo, Alberto y Elkin, entre los años 79 y 81, abrieron agencias de café en los pueblos de Andes y Betania. En este período detransición murieron Oscar y Hugo, acontecimientos que hicieron más evidente conocer otras regiones para vivir en ellas.

    A comienzos de 1982, estando Gustavo y Alberto en Betania con su agencia de café, comenzó a nacerles la idea de poner un negocio de chance. Esta idea fue madurando y en poco tiempo se hizo realidad. A partirde este hecho se inició un nuevo capítulo en la vida de Anita, de sus hijos y de su esposo.

    Esta nueva y buena ruta surgió como una gran revolución y en poco más de un año aglutinó a toda la familia. Como siempre, se manifestó la tendencia a estar unidos, como ocurría en un principio con las fincas y con las carnicerías, luego con el negocio del café y por último con el chance, el cual cambió de una vez por todas el destino íntegro de la numerosa familia Betancur Sánchez. Surgieron cambios, ires, venires y aventuras, de modo que fue abriéndose un nuevo horizonte. Principalmente significó un mejor futuro económico para todos.

    El negocio de apuestas surgió como el emporio de una gran familia.Primero comenzó a expandirse por toda Antioquia y luego a otros departamentos, hasta tener intereses de participación con este negocio en 11 empresas de igual número de departamentos.

    El primer cambio que se dio y tal vez el más importante fue el hecho de que Anita por primera vez fuera agasajada por sus hijos: la ubicaron a vivir,con todas las comodidades, en el casco urbano de Salgar. Anita, a los 64 años de edad y 45 de duro trabajo y sacrificio, pudo ver que sus sueños  comenzaban a descansar, y su condicionamiento, sufrimiento, incomodidades e incertidumbres, empezaban a quedar en el pasado. Floreciendo así la nueva vida, ya no era Anita la del campo sino Anita la del pueblo. Todo se dio como una lluvia de bendiciones.

    Ángel José, por su parte, con 70 años de edad y aún completamente vigoroso, comenzó a aceptar los cambios al ver que su intransigencia había quedado sepultada por los años, y por sobretodo con los cambios radicales que proporcionó el nuevo horizonte económico de sus hijos.

    Comenzaron Anita y Ángel José a vivir en la calle del medio, en una casa de propiedad de Horacio Gallego, en Salgar. Ángel José se fue adaptando al pueblo poco a poco, aunque por más de dos años insistió en su finquita de la loma de Sinaí, hasta que por último se vio solo y cansado, y decidió venderla y dedicar sus últimos años al descanso al lado de su esposa.

    Ella, por su parte, jamás de los jamases volvió por esos lados de la loma de Sinaí, fue como si hubiese escapado de un campo de concentración. Un día se le preguntó que si no le daban ganas de ir a la finca a hacer reminiscencias y dijo con soberbia: ¡A qué va ir uno a dondesufrió tanto!.

    La casa de Anita, en el pueblo, se volvió el centro de atención de toda la familia. Después de un tiempo de vivir en Salgar, Anita y Ángel José fueron convidados por Darío a vivir a Sopetrán, otro pueblo de Antioquia, propuesta que fue aceptada; allí vivieron un tiempo en compañía de sus dos últimas hijas solteras: Beatriz y Luz María. En Sopetrán todo transcurrió como un florecer a la vida, las cosas parecían ser como una aventura.

    La armonía y la satisfacción de Anita, de Ángel José, de Beatriz, deLuz María y de todos sus demás hijos, se veía asomar por todas partes. A finales del 86 Anita y Ángel José fueron trasladados por Darío a vivir a Calarcá, Quindío. Más tarde vivieron por otra temporada en Montenegro, Quindío. Encantados con los nuevos vientos que soplaban en ese departamento, Anita y Ángel José comenzaron a vivir disfrutando de una variedad de cosas y gozando de lo que nunca antes creyeron poder alcanzar.

    Si en Sopetrán llovieron flores, en el Quindío cayeron pétalos de rosas y claveles encendidos; todo crecía con furor y alegría y la vida se iba tornando como un océano en el que se podía navegar en todas direcciones.

    Comenzó la familia en esta época a establecerse en las diferentes zonas que ocupaba cada uno de los hijos. Anita radicada en el Quindío. Darío, por su parte, comenzó a echar fuertes raíces en esta misma zona: consiguió la finca La Quindiana, la cual sirvió de sede y como sitio de integración familiar, que luego pasó a ser propiedad de la sociedad Betancur Anangel S.A..

    Gustavo en Medellín liderando su empresa de chance, Fernando en Manizales, Nelson, Alberto y Dora en Ibagué, Ignacio en Bogotá, Elkin en Santa Bárbara, Miryam en Medellín, Mauricio y Regina en Pereira, Arturo en Valparaíso, Guillermo en Apartadó (Urabá). Con esto la estabilidad de cada uno en sus negocios se hacía cada vez más evidente y se respiraba un aire de progreso e independencia. Lo que al comienzo significaba mucha incertidumbre e inestabilidad, el destino fue encargándose de transparentar: la estabilidad en el trabajo y la situación económica de cada uno.

    En Junio de 1987, Anita y Ángel José fueron agasajados y homenajeados por todos sus hijos con motivo de las bodas de oro.Asistieron nietos, nueras, yernos, hermanos y hermanas de los esposos,primos y demás familiares y amigos, convirtiéndose en un gran festival de aproximadamente 200 personas. De esta reunión se tiene, como memoria,videos y fotografías, que reflejan el recuerdo de una vivencia antes nunca alcanzada.

    Las cosas andaban bien; sin embargo la salud de Anita comenzó a dar signos de alerta. Enfermó del corazón, le fue instalado un marcapaso, como ayuda por la deficiencia que tenía en una de sus arterias. Con vigilancia del médico cardiólogo, Anita continuó viviendo y disfrutando de la vida, al lado de los suyos.

    En 1988, Nelson y Dora optaron por convidar a Anita y Ángel José para Ibagué, Tolima, esto les inspiró dudas, porque llevaban varios años al lado de Darío, pero la decisión fue tomada. Fue así como Anita y Ángel José vivieron otra temporada de sus años de descanso en esa ciudad; se residenciaron en un sitio conocido como El Laguito, allí permanecieron también varios años de encanto y dicha.

 

Las sombras de la muerte 

    «¡Así como la luz brilla más en las tinieblas, la esperanza ha de estar más firme en las dificultades!»

«¡Algún día vemos que la muerte no puede robarnos nada de lo que nuestra alma ha ganado!»

    En Noviembre de 1990 acontece la muerte de Mauricio, el menor de sus hijos, a los 30 años de edad, soltero, quien hacía vida marital con una mujer joven de nombre Liliana, la cual tenía 8 meses y 20 días de embarazo, parto que tuvo lugar a los 27 días de su muerte.

    Con la muerte de Mauricio, la adversidad de la vida puso un dolor. Fue bsurdo, traumático, inexplicable, perturbador e incomprensible. Muchas puertas se cerraron y las esperanzas quedaron apagadas; sin embargo, no sabían que era el primer toquecito en la puerta de la consciencia familiar.

    Con algunos bienes que Mauricio manejaba del globo familiar, se conformó una empresa para que cobijara a todos los hijos en general, la cualse denominó «Betancur Anangel S.A.», en homenaje a Anita y Ángel José.Esta empresa aún existe y sirve a la familia.

    La empresa optó por comprarle a Anita una casa en Ibagué para satisfacerle el deseo de vivir en una casa propia y pudiera así hacer sus planes en la recta final de su vida, para no pensar más en tener que moverse cambiando de sitio. Anita comenzó a sentir que ya había cumplido su ciclo, después de ocho años lejos del silencio de la montaña y de estar disfrutando de las comodidades que le brindaba la ciudad, de haber vivido en seis sitios diferentes y 4 ciudades, creía que era justo tener un sitio definitivo para terminar allí sus últimos años de vida.

    Estaba ilusionada con su casa y cavilando que Lilia, su hija, que también vivía en Ibagué, fuera su consuelo y ayuda en la época más deplorable de su vejez. Pero el camino de la vida aún era más largo yt ortuoso, cuando ella creía descansar en paz y regocijarse con su hija de 54 años, y en su casa propia, Lilia tuvo una afección en los bronquios, en octubre de 1991, sufriendo un fulminante derramamiento de líquido de la pleura, produciéndole ahogamiento y la muerte casi instantánea.

    Con este acontecimiento cambiaron los planes que Anita se había hecho. Se inició el principio del fin de Anita: de su tranquilidad, de sus ilusiones y también de su existencia.

    Fue triste y sorpresiva la despedida de Lilia, todos se consternaron y quedaron espantados por el asombro de la muerte. Edilberto, su hijo mayor,con gran acerbidad dijo: mi mamá ya había vivido lo que iba a vivir. Emitiendo con ello la aceptación de un hecho insoluble y una realidad palpable, evitando de inmediato la congoja, la perturbación y el desaliento.Actitud sabia, lógica y antimasoquista.

    La perturbación que se produjo en Anita la fue llevando a ser víctimade su propia indignación. Anita lloraba y cuando no le salían lágrimas se tiraba pa´rriba para mitigar la indignación y el dolor. No aceptaba que hubiese muerto Lilia, pudiendo haber sido mejor ella. Sentía más dolor y rabia que tristeza y compadecimiento. Anita se indignó con la muerte de Lilia y decía que por qué habían llorado tanto a Mauricio y que a Lilia no. Tal vez ella tenía razón con decir esto, no obstante, cuando Lilia murió muchos ya no tenían lágrimas, las habían derramado todas por Mauricio. 

    Anita siendo una mujer de las calidades y la tenacidad con que enfrentó la vida, también estuvo equivocada, aceptó la dominación de su esposo, pero no aceptó la muerte de su hija más querida. Lilia parecía ser la hija predilecta de Anita, tal vez por lo quejumbrosa que era. Anita siempre le tuvo compasión.

    Durante el año sucesivo a la muerte de Lilia, Anita se mantuvo deprimida y aún sin aceptar la realidad. Fue así como en noviembre de 1992 sufrió una trombosis, quedando inválida de la pierna y del brazo derecho,además del sufrimiento y de un amargo sabor a la vida. Anita se vio humillada por la adversidad, de modo que comenzó poco a poco a tener paciencia con su enfermedad y con la esperanza de recuperarse para volver a la normalidad. «¡Sin humildad y verdadero amor no podremos hallar la plenitud!».

 

Zapa de vida

«Sólo la muerte calibra sin engaño la hondura osuperficialidad de nuestra vida y nuestras relaciones».

    Es lo común en nuestra cultura occidental crear dolores inútiles, no aceptando la última despedida de un ser querido, produciendo traumatismosy atrayendo enfermedades que también muy seguramente conducen a la muerte. ¿Qué consiguieron? ¿Qué consiguió Anita? ¡La realidad se impuso al fin a la ilusión!. Si hacemos un alto en el camino y observamos con detenimiento, podemos concluir que vivir sin ignorancia no es fácil, porque el sufrimiento nace de la ignorancia.

El destino final

    Anonadada por el imperioso acontecer que la vida había cobrado al paso de sus años, aprendió no solamente a aceptar que Lilia ya se había ido de verdad, sino que debió también aceptar su insoluble enfermedad, acomodándose al fin a la realidad. Habían pasado ya sus gozosos años de dicha, sorpresas y de complacientes deseos, después de la larga etapa de vida y sufrimientos vividos, en un ambiente campesino. Anita comenzó su último tiempo de sufrimiento.

    Después de llevar un año conviviendo con la invalidez que causó la trombosis, y la familia cautiva en la penumbra por los quebrantos de salud de la reina y creadora del hogar, en noviembre de 1993 mueren abatidos porl a violencia Ignacio, su hijo mayor, y Raúl, uno de sus nietos. Fue un acontecimiento que dejó estupefacta a toda la familia. Con este último suceso eran cuatro golpes a la puerta de la conciencia familiar, en cuatro años seguidos. ¡No se sabe Dios para qué mandó a tocar tan duro la puerta cuatro veces seguidas!¡No habían escuchado!.

    La actitud existencial se imponía en el camino. Manaba reflexión y sosiego para recubrir el techo familiar con una sombra de paz. No había ya muchas lágrimas ni sentimientos encontrados, sino una realidad en la puerta.

    Las cosas pasaron y la vida siguió fluyendo como si nada fuera. Los dolores de cabeza y las conjeturas que se forman con estos hechos son superfluas. En lugar de aceptarse de plano la realidad, la gente se dispone a sufrir, para luego terminar aceptándolo todo, así lo ha demostrado la vida cuando van desapareciendo de nuestro lado las personas sin las cuales parecía que era imposible vivir.

Zapa de vida

     «¡El dolor no es un castigo del creador, sino una consecuencia del error!. Pecado no existe. Existe la ignorancia que trae consigo el sufrimiento, y existe la sabiduría que trae la felicidad!» (M. Astrong).

    Debemos prepararnos psicológicamente para afrontar lo que pueda pasar en cualquier momento y a cualquiera de nuestros seres más cercanoso a nosotros mismos. Solamente si abrimos nuestra conciencia y vemos las cosas con objetividad podremos tener el valor suficiente para dirimir con mayor rapidez lo que en nuestro camino aparezca. Parece ser mentira que todo va avanzando sin detenerse. Cuando se presenta una frustración solemos decir: hasta aquí llegue, hasta hoy fui feliz, hasta aquí llegó mi vida, pero lo que juega aquí no es más que ignorancia, y el golpe certero lo da la vida al seguir surgiendo sin ningún atajo. Lo que al ignorante lo mantiene atrapado es su mentalidad irracional. ¡Todo lo que rechazas o combates te debilita, todo lo que aceptas, amas y apoyas te fortalece!.

Adiós Anita

    Todo acontecimiento trae consigo cambios, pero generalmente nadie esta preparado. Eleonora y David Ignacio de 14 y 11 años, hijos de Ignacio,vivían con él en la casa finca La Quindiana y luego de su muerte, sus vidas cambiaron de rumbo, les tocó irse con su mamá Olga Beatriz a vivir a Ibagué.

    Anita, por su parte, ya no tenía ninguna esperanza con su casa propia,y deseaba interiormente viajar muy lejos en busca de alivio. Pocos días después de la muerte de Ignacio, se hizo una reunión familiar de fin de año en la finca La Quindiana, era conveniente que Anita estuviera allí presente; no fue fácil convencerla del viaje de Ibagué hasta Armenia; se sentía mal,deprimida y decía que no quería moverse hasta no estar totalmente aliviada.

    Había nacido una nueva ilusión en Anita: recuperar su salud y volver a la normalidad. Sin embargo todo era una fantasía, como habían sido los sueños en la vida de ella. Se dice que la esperanza es lo último que se pierde, y aunque la esperanza de recuperación de Anita era prácticamente nula, se le dio moral diciéndole que ella se recuperaría, que si ponía de suparte era más fácil, y así se mantuvo la esperanza y su vida se prolongó casi por 4 años más.

    Al llegar Anita a la finca La Quindiana, fatigada y cansada del viaje, dijo con la voz entre cortada: yo por allá no vuelvo... de aquí no me voy. Fue así como Anita y Ángel José se ubicaron a vivir en la finca La Quindiana y no volvieron a saber de su casa en Ibagué. Anita estuvo asistida por una enfermera y sometida a dolorosos ejercicios terapéuticos para evitar el progreso de la enfermedad, de modo que se pudiera mantener en un estado de equilibrio en su convalecencia.

    Anita no tenía otra que resignarse y aceptar con calma lo ya ocurrido.Con una rutina de ejercicios, tratamiento médico y la asistencia de una enfermera, Anita vivió en la casa finca La Quindiana los años 94, 95 y parte del 96, siendo este sitio el lugar de atención y regocijo familiar. Anita permaneció bien atendida y visitada por sus hijos.

    En este último año Anita tuvo otro cambio de vivienda. Los encargados del cuidado de Anita resolvieron trasladarla a un chalet de uno de sus hijos en Armenia, donde vivió sus últimos días. Convencida de que su estado no regresaba a la normalidad, manifestaba a menudo el deseo de morir, aunque no parecía decirlo con plena decisión, pues siempre el médico le inspiraba esperanza de mejoramiento y ella preguntaba: ¿será que sí me alivia?.

    No obstante, Anita solía recordar sus aprietos y tribulaciones cuando vivía atareada de trabajo e incomodidades en la finca de Sinaí: ¿por qué será que todo el mundo se muere menos uno?. Lo decía con rabia y desespero y tal vez con razón en esos momentos en los que se pierde la paciencia. Sin embargo, durante su enfermedad terminal, lo decía con calma y humildad.

    El miércoles 19 de marzo de 1997 Anita fallece en una clínica de Armenia, después de llevar varios días hospitalizada, debido a una deficiencia cardíaco respiratoria y anormalidad general en su estado de salud. A las 5 y 2 minutos de la tarde dejó de existir Ana Félix Sánchez González, que era su nombre de pila. Murió conversando y fue consciente hasta el último momento de su vida, una hora antes dijo: ¿cuándo es que llega Beatriz? y le respondieron: creo que llega como a las 6 de la tarde, y ella contestó: a esa hora ya no me encuentra. Ángel José hacía poco rato se había ido para el chalet y antes de irse le dijo: adiós pues Anita, yo ya me voy y espero que te mejorés, y ella le respondió: Yo no creo que vuelva por allá, tal vez sea la última vez que nos vemos, Ángel José le respondió: no sea bobita mija, yo te veo muy bien, usté dura mucho todavía, y se fue. No hacía ni dos horas que Ángel José había partido cuando lo llamaron para avisarle que Anita había muerto.

    Un paro gradual de su corazón la tenía entre la vida y la muerte desde días atrás, el médico estaba asustado de ver cómo podía vivir con un corazón que estaba demasiado grande y henchido. Ella sobrevivía desde hacía 10 años ayudada por el marcapaso. Su corazón ya no aguantaba másy dejó de trabajar. En el instante de su muerte, la enfermera que la acompañó unos 3 años se retiró para no verla morir. Su hija Miryam, sin embargo, la vio morir y cuenta que de un momento a otro Anita grito: ¡qué es eso tan raro muchacha!, y estirando un brazo ladeó la cabeza y expiró.

*                  *                  *

    Gracias mamá, viviste y luchaste hasta más no poder y estamos convencidos que el largo tiempo que nos acompañaste fue por el profundo amor que tú sentías por tus hijos. Te lo agradecemos de todo corazón porque soportaste y te interpusiste ante las más deplorables circunstancias con el deseo de vivir y no abandonarnos en el momento que más te necesitábamos. ¿Qué tal si hubieses declinado en aquellos insólitos y difíciles momentos que vivimos en la finca de la loma de Sinaí? Pero Dios te preparó un destino, un camino, que al dejarlo ya ibas sola, sin dejar lastimado ni huérfano en su juventud a algunos de tus hijos.

    Tantos hijos tuviste, los mismos que criaste. Así, al irte, madrecita, ya no tenías ninguna obligación pendiente. Tus hijos, todos mayores y casados,algunos idos antes que tú al infinito, ya no esperábamos tu ayuda, pues tú habías cumplido tu papel y sólo nos quedaba venerarte y rogarle a Dios para que te alargase la vida, pero tú no podías soportar más el dolor que agobiaba tu vida y debías partir hacía la eternidad.

    Ahora te deseamos el descanso eterno en la luz de Dios y que te encuentres con todos los seres más luminosos, que te proporcionarán descanso y así podrás gozar de la gloria de Dios, donde ya no hay sufrimiento. TE QUEREMOS MUCHO MAMA.

 

SEGUNDA PARTE:

EL ESPOSO DE ANITA

“La tierra es lo más bendito que hay, yo la quiero mucho porque es la que produce los alimentos y la que nos da esa alegría para poder sobrevivir, es la que produce los elementos como el agua. El agua y la tierra son los elementos indispensables para vivir”.

ÁNGEL JOSÉ

 

    Era un hombre de estatura media, de piel blanca, sencillo, más bien mal presentado, ligero, inteligente, juguetón, guapo, vivo, emprendedor,capaz, cerrado en sus caprichos, ideático, dominante, bulloso y pedorro.Cantaletoso y muy jodón, como lo describía Anita. Andaba descalzo y aseguraba que nadie necesitaba calzarse. Usó los zapatos de manera permanente a los 64 años de edad.

    Siempre fue un hombre audaz, de palabra, ejemplar y juicioso.Respetaba y se hacía respetar. Sus estudios no pasaron de mitad de segundo año escolar, pero era un hombre admirado; su hijo Ignacio no se cansó jamás de rendirle honores y de admirarlo como un hombre modelo,radical, auténtico, como figura humana inigualable.

    Sin embargo, su austeridad marcó a su esposa y a muchos de sus hijos, produciéndoles hondas cicatrices, que a su paso debieron ser comprendidas y dirimidas sopesando lo bueno con lo malo, aceptando al final el carácter y modelo de hombre bueno de Angel José, porque, como enseña la sabiduría oriental, El bien siempre prevalece ante el mal.

    Sus padres eran Marco Antonio Betancur Parra e Ifigenia Gallego,campesinos muy pobres. No tenían nada que los favoreciera, ni tampoco un pariente con plata. Marco Antonio era de Concordia, Ifigenia era de Salgar.Él llegó en plan de alguna colocacioncita y se casó con Ifigienia; eran muy religiosos y se casaron en la iglesia. Tuvieron nueve hijos. Marco Antonio compró un pedacito de tierra, que con el paso de los años sería de ÁngelJosé.

    Ángel José de niño se levantaba muy de madrugada a buscar leña y con mucha dificultad llegaba a su casa a eso de las seis, donde le daban un tabaquito; en esos tiempos era muy normal que un niño fumara, pero como algo curioso su papá no fumaba.

    Aprendió la agricultura, sobre todo a cultivar yuca, plátano, maíz y fríjol. Le gustaba esa vida, no tuvo nunca otra. Jornaleaba con sus hermanos en fincas ajenas. Tenía su tiempo para los juegos, como la ligereza de las manos y ejercitar la viveza; le gustaba la esgrima con palos. Se fue levantando como jornalero hasta cuando debió irse al ejército.

    Estuvo en el ejército en los tiempos del conflicto con el Perú en 1932.Lo reclutaron en Manizales, era un soldado muy disciplinado e inteligente,pero muy mal tirador. Lo nombraron suboficial. Cuando el conflicto, lo levaron en una correría hasta el Atlántico y de ahí en un barco hasta llegaral Brasil, a Belén del Para. No llegaron al Perú, pues se firmó la paz durante el viaje.

    Los dejaron unos días en esa ciudad y Ángel José se perdió; estuvo perdido algunas horas, llegó hasta una universidad donde le preguntaban cosas de su tierra y algo se hizo entender. Algún estudiante  lo ayudó a llegar hasta el barco.

    Durante el viaje de regreso un superior estuvo a punto de lanzarlo al mar. Es que Ángel José sufría una crisis que le provocaba risa y eso al oficial le parecía malo; hubo una especie de asonada de los soldados del grupo que estaban bajo el mando del suboficial Ángel José, quienes lo apoyaron. Luego regresó con su libreta militar de reservista y se encontró con Anita.

Principios de vida

    Ángel José les enseñaba a sus hijos que el ser humano nació para hacer el bien y no para hacer el mal. Los impulsaba a buscar el porvenir, con la inteligencia de cada uno, con sus tácticas: El hombre se realiza él mismo.Si le dan ganas de conseguir plata, es capaz de conseguirla. Sus hijos eran incrédulos, sobre todo por la pobreza en que vivían y por no tener ni cinco centavos, ni siquiera zapatos; pero Ángel José insistía: Ustedes pueden ser ricos, porque la vida es muy larga, pero si algún día consiguen plata acuérdense que son los hijos de un jornalero. Sin embargo, para Ángel José el rico sólo servía para engañar en los negocios, en cambio el que servía era el pobre, porque cargaba los bultos, manejaba los carros, herraba las mulas....

    Y también les decía: Nunca le hagan mal a la gente y lo más bueno es llevarse uno bien con los vecinos, pero sean fuertes, el día que ustedes tengan que alegar un derecho, que ustedes tengan una razón poderosa,háganse morir, pleiteen o peleen si toca, pero hagan respetar sus derechos,que se haga justicia. Sean hombres completos. Cuando comenzaron a partirles decía que no tenía nada que darles, pero que les había ayudado a alumbrar el camino: la vida tiene muchos peligros, por eso se tienen que proporcionar una vida buena.

    La principal herencia de Ángel José para sus hijos fue enseñarles a trabajar, economizar y guardar para el porvenir, es algo que tienen grabado todos los hijos. Herencia económica no han recibido, pero esas enseñanzas han perdurado y perdurarán después que él muera. Les enseñó a ser verracos, a salir adelante, a ser pujantes. Esa fue una herencia grande, pues todos salieron trabajadores y luchadores. Les enseñó a ser responsables,cumplidos y serios en los negocios. 

    Ángel José era muy católico, iba a misa cada domingo. Buscaba primero la leñita y el revuelto, dejaba todo arreglado, se vestía y se iba. Enjalmaba la bestia y levaba siempre los costales para el mercadito. Ángel José hizo mercado todo la vida. Se tardaba unos tres cuartos de hora en ir de la finca al pueblo. Lo primero que hacía era ir a misa. Luego, antes que tuviera carnicería, compraba la carne y se iba a jugar tute, dominó o cualquier juego que hubiera por ahí, como a las tres de la tarde se devolvía para la casa.

    En esos tiempos las fiestas religiosas eran muy solemnes. Sobre todol a del 16 de julio que era la fiesta de la Virgen del Carmen. Venían predicadores de otros pueblos y se quemaba mucha pólvora. Era el día de la primera comunión de los muchachos, quienes lucían sus mejores galas.

    Alguna vez, estando muy pobre, solicitó un préstamo de quinientos pesos en la Caja Agraria. El asunto es que al darle los quinientos pesos se fueron dos billetes pegados de más, sin que Ángel José se diera cuenta. Él regresó a la Caja Agraria a ver si le llamaban la atención, pero nada ocurrió; estaba feliz. Algunos meses después decidió confesarse. Pero no en su pueblo, para que no lo escandalizaran. Le contó al padre lo ocurrido y el curita le preguntó por su capacidad económica, Ángel José le dijo la verdad que era un jornalero muy pobre. El padre le dio como penitencia mantener plata a diario en la Caja Agraria.

    En otra oportunidad ganó, en el juego, bastante plata; pero había ganado con ventaja. Así que sus creencias religiosas lo llevaron de nuevo a confesarse. El padre le preguntó cuánto era y Ángel José le dio la cifra, el padre le dijo que la devolviera. Ángel José le dijo que todos los jugadores eran ladrones. Páguele por lo menos la mitad, le dijo el padre. En cierta ocasión, Ángel José le dijo al afectado: Home Luis Eduardo, me da pena que me demoré pero tomá, yo te pago esta plata, estos $600. Luis Eduardo no entendía nada: Usted de qué me debe plata?, pero Ángel José insistía: vos si que sos, hombre, ya ni te acordás home. Así se los pagó.

    Según Ángel José, él no tiene pecados muy grandes o algo así. Nunca mató a nadie ni le prestó un arma para que le hicieran daño a nadie, tampoco ha robado ni un peso. Con su hijo Ignacio se confesó alguna vez y aprovechó la ocasión para probar la honradez del hijo ofreciéndole sus diezmos a cambio de un recibo, pero el padre Ignacio los rechazó recomendándole entregarlos en la parroquia a la que correspondían.

    La vida cotidiana Ángel José la orientaba a base de políticas, refranes y adagios. No había ningún hecho, decisión, cambio, acción, que no estuviera bajo su dominio. Eran estrategias y extravagancias que hacían que su dominio creciera y le generara buenos dividendos. Usaba refranes,adagios, versos, trovas, tiros y canciones; así era su lenguaje: Qué va?... no crea en brujas..., cómo?, qué?, quién dijo yo la vi..., no sea bobo, saltó padónde, jíquera ojiancha, costal pa qué?, mujer de quién?. Cuando alguno de sus hijos no daba fácil con algo y le pedía explicación respondía: vea hombre, no, no sé, compre, preste, robe o fíe; esto para significar que se la debía arreglar usando toda alternativa posible y que lo hiciera por suspropios medios.

Era burletero, cansón, posesivo, dominante. Decía: cuando el hijo está pequeño es oro en polvo, es una mina. También comentaba que el hijo mayor podía castigar al menor y así introducía sus compulsivos ideales para apresar hasta al más verraco. Cuando el hijo más grande emprendía su independencia o trataba de liberarse decía: el hijo cuando crece no sirve, se llena de ideas, le da morriña y se va de la casa. De ahí le surgió una oración:el pueblo es una ruina, el que se meta mucho al pueblo, se lo lame la manteca y se lo come el cocacolo, para significar con esto que las mujeres eran las mantecas y los amigos los cocacolos.

    Y continuaba ajustando sus políticas avasalladoras: el que no trabaja no tiene derecho a comer; si tiene pereza saque el culo y póngaselo a un palo pa que se le quite la pereza. La agricultura es una mina, estudio paqué?, miren los hijos de Manuel Ceballos, pa qué les sirvió estudiar?, son unos vagos de primera, lo mismo los hijos de Francisco Cano.

    Intrigante y desesperado para todo, sin embargo tenía sus momentos de calma y silencio. Cuando se disponía a leer el periódico se apartaba y buscaba el silencio y a las siete de la noche se acostaba y no se volvía a sentir; solamente se le escuchaba uno que otro estruendo que hacía estremecer la casa durante la noche. Otra terminología que usaba era: tengo muchos cachos pa contarles, y algún chiste se le aparecía y contaba el cacho, cuando a alguien le sucedía alguna cosa decía: qué cachito el que le pasó, no?

    Ángel José se emborrachó una vez, recuerda uno de sus hijos, y lo hizo porque se ganó una plata en un negocio de café... ¡era una pila de plata!. tomó y le daba trago a la gente.

    Cuando tenía alguna noticia decía: traigo zapa y contaba la noticia, al final decía que esa era la zapa. Cuando venía del pueblo o de algún lugar,comenzaba a gritar desde lejos Zapa... zapa... zapa, que era alguna cosa que hubiese comprado o alguna noticia o negocio. Y ya estaban todos los hijos menores en fila esperándolo, eran por ahí unos doce o trece pelaitos y con el menor aún cargado, cuando lo veían salían todos gritando: ¡ay pacito,ay pacito pacito!, y se acomodaban, entonces le hacían como una calle para que pasara.

    Muchas veces también la zapa que traía era que juntaba dos sombreros o tapaba con la mano el fondo del sombrero y decía: Traigo un pajarito, el que me adivine qué traigo aquí le regalo una guagua. Las guaguas eran las monedas de 50 centavos de esa época. Entonces comenzaban todos a decir: una moneda... no señor; un plátano... no señor un banano... no señor; un táparo... uy, cómo se lo ganó, qué ventaja la que le tiró a todos, eh Ave María, adivinar?... tome le pago... el que es de buenas gana.

    Casi siempre se inventaba algo por el estilo para hacer festiva su llegada. Otras veces llegaba del pueblo muy serio y los niños salían al encuentro y le preguntaban: pacito, trajo confites?, y él decía: yo estaba trabajando, hoy no traje nada. Las cosas cambiantes en el carácter de Ángel José siempre marcaban a los niños, pues él era muy impredecible y en todos los casos prendía la fiesta o ponía la sombra de su semblanza rígida y tenebrosa.

    Ángel José les tiraba confites y plata, que él llamaba guses. Entonces los ponía como a competir, pues premiaba al que más guses cogiera. Él los montaba a caballito y les contaba cómo le había ido en el pueblo. El hecho era que Ángel José a todo le ponía música, con sus bobadas, con sus refranes, con sus carcajadas, con sus cuentos. Tenía momentos en que formaba escuela de risa, chistes, cuentos, refranes, carcajadas y así hacía olvidar los malos momentos que se vivían a menudo con él.

    Un grito de Ángel José cuando algo no le salía bien o rápido, se sentía como el rugido de un león en medio de una selva. El afectado quedaba tartamudo y los vellos de la piel se iban parando hasta quedar erectos como las flechas de un erizo. ¿Quién hablaba? Ja... nadie, el que se atreviera tenía pelea para varios días. Había que hacer muchas cosas a escondidas de Ángel José, porque él no aceptaba nada y cuando se daba cuenta de algo, se metía una regada que se demoraba según el caso días o meses en olvidarlo, en calmarse. La que más llevaba del bulto era Anita.

    Ángel José era machista y no se le puede culpar por eso, era parte del mundo que le tocó vivir. Notoria era su preferencia por los hombres, incluso cuando nacía un hijo la fiesta era muy grande; eso brincaba y decía:¡Betancures, nació otro Betancur!; pero si era niña no era tanta la fiesta ni el entusiasmo. Se veía también con la dedicación que él le daba a loshombres. Sin embargo esto no creó resentimientos. Esas eran las reglas del juego. Las mujeres eran más cuidadas, más vigiladas, más restringidas en todo; los hermanos en cambio podían hacer muchas cosas que estaban prohibidas para ellas.

 

Ganando la partida

    No obstante, sus ideas, mitos, tácticas, estrategias, refranes y cavilaciones terminaban por transparentarse en cada uno de sus hijos, solo él ganaba la partida cualquiera fuera la situación.

    Ángel José tenía muchas cosas buenas y positivas, y sabía recobrar sus impulsos; jamás permanecía disgustado con nadie, si le tocaba echar cantaleta un año y dilatar las cosas o diferencias por algo, lo hacía, pero no se quedaba inmerso en el egoísmo. Él inspiraba equidad y las cosas se calmaban; el descontento se guardaba y Ángel José seguía como tal. Era muy marrullero. Ese viejo es muy conejo, decía Anita, nadie se la gana, es bobada alegarle.

    Era increiblemente aventajado para todo. La ligereza y la facilidad para alegar, discutir, afirmar, reclamar, era insospechada. Ahí jugaba el valor que manaba de un hombre que como Ángel José pudiera ser el padre de tantos hijos, pues era su deber darles ejemplo y subsistir con ellos en esos tiempos feudales, que aún en esa época se vivía en las zonas rurales.

    Su compulsiva personalidad lo hacía ver como un hombre temido y de respeto. Su simetría no fallaba casi nunca, solamente unos pocos de sus hijos no le comieron cuento y se fueron a temprana edad de la casa a hacerse la vida por su propia cuenta. Ellos fueron: Darío a los 15 años, Ignacio a los 12 años, Nelson a los 19 años, Gustavo al culminar la primaria. El resto se quedaron bajo su dominio.

    Reconocía todo esto y decía en algunas ocasiones de encanto y alegría: hijos, castíguenme cuando quieran, yo soy un hombre desmoderado y muy fastidioso, yo no sé cómo la gente me ha respetado la vida, siendo yo un hombre tan claridoso, y es porque no tomo trago y le digo la verdad a la gente en sano oficio, yo no me dejo joder de nadie, vea hijos no le falten a la razón de nadie, pero si otro le falta a ustedes hágasen matar.

    Era muy estricto con sus hijos y eso se reflejaba en el trato entre ellos mismos. Los mayores tenían todo el respeto de sus hermanos menores, no se le podía contestar a un hermano mayor, porque Ángel José les daba una pela. Mucho más era el respeto que exigía para Anita. Si le alzaban la voz la pela por parte de Ángel José era horrible. Decía a sus hijos: Es la reina, habló la reina del hogar, vaya que llamó la reina del hogar, vaya obedézcale. Eso les dio disciplina a todos los hijos.

    Ángel José usaba una correa de cuero procesado para castigar a sus hijos. Esa correa era doblada y por el revés tenía una costura que unía su doblez. Como la correa era tan vieja ya estaba desbaratada en la punta, pero igual Ángel José la usaba así para darle a sus hijos los lapos, como llamaba él a las pelas. Esos lapos no eran muy dolorosos, pues la correa parecía un trapo en su punta. Sin embargo aunque Ángel José pegaba con lo que hubiera a su alcance, la mayoría de las veces usaba su famosa correa.

    Había veces en que prendía a correa a todo el mundo. Cuando se iba para el pueblo comenzaba a alistar las cosas a llevar y a lavarse pies,brazos y cara en una ponchera y de pronto cogía la correa y comenzaba adarse con ella en las espaldas y a todo el que pasaba le chantaba uncorreazo y así se iba calentando y se pegaba más en la espalda y a las carcajadas le seguía dando correa al que encontrara a su paso. Ese día ponía a llorar a más de uno, mientras que para él era un goce. Todo quedaba en paz y en silencio cuando por fin se iba.

    Las cosas de Ángel José eran como mágicas. Así como era de duro y áspero tenía también el don de alegrarse así mismo y demostrarle a sus hijos que él no guardaba resentimientos, pues de no haber sido él así muy fácilmente la familia hubiese sido desunida. Porque a diferencia de Ángel José, Anita sí era muy resentida y no era fácil sacarla de su mortificación con su esposo. Sin embargo estos resentimientos nunca la llevaron a tomar decisiones negativas contra su esposo o sus hijos; pero sí transfirió su melancolía y angustia manifestando muy a menudo su descontento y dolor con su esposo Ángel José, ignorando el desconcierto y confusión de sus hijos, especialmente de los menores. Ella escondía su dolor y angustia en sus obligaciones cotidianas, era su única terapia para mitigar la incertidumbre y el desasosiego. Allí en el arduo y constante trabajo quedaba todo sepultado.

    Ángel José alguna vez dijo que él nunca le había pegado a un hijo, tal vez tratando de retractarse de los hechos, dejando ver así que era un hombre impredecible e inigualable.

    Anita, por su parte, también pegaba. Ella tenía era una vaina de cuero muy vieja y deteriorada, de esas en que se cargan los machetes. La mantenía lista en el techo de las escalas que unía a la cocina con el corredor de la casa; cada que necesitaba su vaina ahí la tenía cerca para pegarle a los hijos. Todos recuerdan esa vaina que aunque no pegaba muy duro si sonaba muy fuerte y era más el susto que el dolor. Sin embargo, si el vainazo era en las piernas ahí si dejaba el quemonazo.

    Todos los hijos de Anita y Ángel José, especialmente los menores,recuerdan el miedo que le tenían a la vaina de mamá y a la correa de papá; porque valga la pena decir, sin lugar a excusas, que el régimen implantado allí fue bastante imperioso. Sin embargo, nunca hubo venganzas ni desavenencias que dividieran a la familia, gracias a «ese viejo tan conejo».

    Había que trabajar a diario. Allí siempre había que hacer tronara o lloviera, de día o de noche. Uno de los puntos duros era la edad en la que comenzaban las tareas, generalmente de 4 y 5 años. Cuando entraban a la escuela ya sabían hacer de todo. En las vacaciones vivían con azadón en mano o con un canasto en la cintura. Ángel José decía que a los hijos había que ponerlos a producir desde chiquitos, era así como él no permitía que a ningún hijo le diera pereza.

    Diseñaba tareas para todos, al más pequeño lo ponía de ayudante del más grande. El día se iba en cargar agua de la cañada, llevar el desayuno al corte, buscar leña, revolver el café de los carros, llevar el almuerzo al corte,buscar el revuelto, hacer mandados, encerrar terneros, llevar las bestias a beber agua a la cañada, recoger por la tarde el café de los carros para que no se lo robaran, eso entre otros trabajos.

    Uno de los puntos más duros en el trabajo que tocaba hacer era descascarar el maíz casi todos los días en un pilón hecho del tronco de un árbol, que nunca faltaba en casa. Se cogía el grano a muy buen golpe hasta bañarse en sudor para lograr una saca de maíz pilado. Y también cada mes había que tostar café para el gasto. Ángel José no compraba café en la tienda, creía que era más económico procesarlo en la finca con sus hijos,nunca hizo la cuenta pero ese trabajo no justificaba, a no ser porque quería ver a sus hijos juagaos en sudor pilando y moliendo café, como Toño Mejía,un vecino que revolvía fríjoles con maíz y ponía a sus hijos a escogerlo para que no estuvieran desocupados. La cosa era que este proceso era de lo más perezoso que pudiera existir dentro de los tantos trabajos que hacían.

    Se cogía la pasilla seca y se ponía a calentar al sol, luego se echaba la cantidad que le cupiera al pilón de forma moderada para que al golpearlo con la mano del pilón, también de madera, no se botara. Se pilaba golpe tras golpe y sin pereza, porque había que darle seguido, de manera que la pasilla comenzara a calentarse y así se iba separando el pergamino de la almendra en un lapso de una a dos horas, para tener una saca de pasilla pilada. Latarea era cinco a seis pilonados al día, porque, entre otras cosas, no había sino un pilón, había veces en que se podían relevar pero otras veces era tarea para uno solo. En la tarde, después de haber pilado todo el día, se cogía toda la pasilla pilada y alguno que estuviera presto se encaramaba en un taburete y en una vasija comenzaba a chorrear el café pilado mientras otro con la tapa de aluminio más grande que hubiera en la cocina comenzaba a soplar para que con el viento se separara el pergamino de la almendra.

    Al otro día en el fogón de leña se ponían unas dos ollas casi llenas con la almendra del café para tostarlo. Con un mecedor de madera había que revolverlo seguido para que no se quemara el del asiento. Una vez tostado, o sea casi quemado, no se podía dejar enfriar del todo y ahí mismo se comenzaba a moler en la máquina o molino en que se muele el maíz cocinado para hacer las arepas, ese café era muy duro para moler, traqueaba muy duro y olía muy bueno. Ese día sí había que hacer pandilla porque a muchos se les venían las lágrimas y los mocos moliendo ese café. Casi siempre se dañaba el molino o se robaba el tornillo que aseguraba el manubrio. Era mucha la lucha con ese café, por lo menos dos días seguidos, pues el proceso no se podía interrumpir.

    Terminada la molienda, decía Anita: Alístense para que muelan el requeme. El proceso del requeme consistía en que se ponían al fogón en una olla seis o siete libras de panela y al estar al fuego comenzaban a derretirse y tomaban una forma como de una jalea negra. Hirviendo y también oliendo muy bueno, se cocinaba hasta un punto determinado, para luego derramar el requeme sobre el café molido y se extendía como tapando el café. Al perder su temperatura quedaba como una pasta, la que también debían moler y ese requeme era todavía más duro de moler que el café. Había veces que se ponía como cauchudo y se pegaba el molino.

    Para una provisión de uno o dos meses, la tal molienda dejaba lágrimas, mocos, sudor, ampollas en las manos y dolor de cabeza. El requeme molido se le revolvía al café y esa era la diferencia con el café de la tienda. Tomaban un café muy gustoso, inventos y caprichos que manejaban los viejos, de modo que no importaba el esfuerzo que había que hacer para lograr mantener la costumbre.

    Como pagó servicio militar, tenía muchas ideas milicianas para manejar a sus hijos. No obstante, Ángel José tuvo tres consideraciones muy importantes con sus hijos; decía que él no quería ver a ningún hijo en el regimiento pagando el servicio militar. Fue así como ayudó a cada uno a liberarse de esa obligación comprando la libreta militar de segunda clase. Solamente Fernando fue el único que por su propia iniciativa se fue al servicio militar, le tocó en Marquetalia y en Gaitanía, combatiendo contraTirofijo en 1966.

    Otro punto importante que consideró Ángel José fue hacer tratar la dentadura de sus hijos. No existía asistencia médica y odontológica, casi toda la gente era mueca. Anita, era una de ellas, tenía caja de dientes arriba y abajo. Ángel José decía que más fea que una persona mueca no había nadie, que lo más lindo que una persona tenía era la dentadura. Era que en esa época mucha gente se hacía sacar todas las piezas de la boca para hacerse poner dientes postizos. La moda era hablar de dientes postizos, como hoy de las reinas y modelos que no son si no cirugía. Tal vez Ángel José no quiso que sus hijos perdieran sus dientes como los perdía la mayoría de gente vecina y amigos. ¡O si no las cajas de dientes podrían haber sido unas 42!.

    Ángel José por su parte tenía unos colmillos muy finos, de los cuales en la vejez le quedaban uno arriba y otro abajo. Acariciaba sus niños chupándoles la nuca y con esos dos colmillos les mordía y les hacía echar sangre, luego salía a las carcajadas. Todo había que tomarlo con amor y comprensión, pues cada caricia dejaba al niño llorando. Mantenían los niños Betancur la nuca como un chupadero de vampiros, por lo que Anita se enfurecía. El niño lloraba y Ángel José se carcajeaba, era su forma de manifestar cariño. No había más que esperar de un hombre de esas características.

    El tercer punto fue no haber dejado a sus hijos analfabetos. De alguna  forma hizo que todos aprendieran a leer y a escribir, y a conocer los números. Lilia, la hija mayor, cursó hasta tercero de bachillerato, y Ángel José no la dejó terminar la secundaria para que se dedicara a enseñarle a todos sus hermanos. Se formó casi una escuela donde se improvisó el saloncito de clases en la casita que había en la barranca arriba de la casa nueva; el mismo lugar donde Anita tenía los partos. En esa casita auxiliar se instaló el tablero, se colocaron algunas bancas y se dotó de lo mínimo necesario como tizas y borradores. Ahí aprendieron a leer y a escribir los hijos mayores, algunos primos y unos vecinos.

    Ángel José se sabía el apellido de los animales y hacía composiciones musicales: El sapo Montoya, la caranga Vélez, el piojo Tabares, la tatabra Orozco, la bestia Betancur, el gallinazo Agudelo y el mosco Máximogris. Otra canción era: que me pican los jaibas donde mamá, la jaibera se va y novolverá, bis...

    Hablaba mucho de cuando él trabajó en la finca el Naranjo en Bolombolo, donde había cuatro mujeres y tres hombres, que se llamaban así: las mujeres Tación, Tiodora, Fica y Camila, los hombres Rumbimbe, Jaelo y Fingo. Gozaba contando historias de esta gente.

    Otro de sus recuerdos era hablar de Victoriano Moreno, que era un trovador que le sacaba trovas a todo lo que se le atravesara, alguien le decía: don Victoriano, sáquele una trova a esta perrita tan mona; y élcontestaba: «Antes que salga la luna y antes que salga el sol, antes que el culo a la perra le alumbre como un tizón». Otro lo retaba: Bueno donVictoriano, sáquele un verso a aquella muchacha tan bonita; ¿cómo se llama ella mijito?, preguntaba, ella se llama Julia Gómez; bueno mijito, vamos aver: «ole Julia Gómez, vos que sos tan querida, si me quisieras a mi, yo le regalaría mi vida...».

    Los yerbateros de El Concilio, corregimiento de Salgar, estaban ofendidos con don Victoriano porque los hacía quedar mal con sus trovas, y un día se lo toparon de frente y lo atacaron a machete, don Victoriano siempre tenía la trova lista y al salir corriendo gritaba: «corra señor policía, dele cuenta al inspector, que los señores doctores van a matar al trovador». Le obstruyeron un camino por donde él pasaba, llenándolo de colinos de plátano y el trovador ni corto ni perezoso le sacó su trova: «tal vez en Medellín hubiera una nueva carretera que le diera consumo a esta inmensa platanera».

    Ángel José tenía infinidad de historias y relatos que no se terminarían de contar: Quiquito Zapata vivía invadido de niguas, piojos, carangas y pulgas, y si alguien se las curaba se enojaba y se iba de ese lugar a buscar guarida a otro lado. José loquemo, era un señor que dormía con una vela prendida alumbrando santos y si se la hacían apagar se enojaba y tambiénse iba. Lo curioso de estas personas era que trabajaban por la comida y la dormida y eran muy guapos. Eso sí, no era fácil llenarlos con comida, como a Vicente comelón.

    En una cosecha de café, este señor le pidió trabajo a Ángel José, y le dijo: no me pague nada, eso sí, me da comida pa quedar lleno, y Ángel José lo aceptó. Trabajó el primer día y al desayuno se comió 6 arepas grandes de las que hacían los antioqueños en esa época y tres litros de chocolate; el hombre comenzó a mirar para la cocina y pidió otras 4 arepas y otro porrón de chocolate; Ifigenia Gallego era la mamá de Ángel José, y por supuesto también muy brava, le dijo con mal tono: ¡no hay más, señor!. El hombre se quedó esperando a ver cómo le iba en el almuerzo. Llegó la hora del almuerzo y le sirvieron el doble de lo acostumbrado para una persona normal; pues el tal Vicente comelón almorzó, pidió más y otra vez le dijeron que no había más, que mejor se fuera que a él no lo llenaba nadie. El hombrecito se fue a aguantar hambre a otra parte.

    Antonio Correa, Darío Fernández, Enrique el de Barbarita, Jorge Iván Arango, Juancho Ruiz, todos ellos vivieron y trabajaron con Ángel José y de alguna forma dejaron sus buenas historias para contar. Enrique el de Barbarita y Darío Fernández fueron pretendientes de Luz Mery y Jorge Iván Arango de Regina, y aunque las cosas fueron pasajeras, todo surgía con mucho temor. La vida, en ninguna época, ha dejado de ser complicada y represiva, las gentes se mueren de viejos contando las anécdotas y las sorpresas que les ha dado la vida. A mayor sorpresas mayor inocencia, por eso la superficialidad del presente en muchas ocasiones hacen que la gente mire hacia el pasado para volver a ser inocentes.

 

¡Carne... a peso muchachos!

Ángel José montó un negocio en la plaza de Salgar, Antioquia. Viéndose comprometido con tanta familia, pensó en poner una carnicería. Un domingo llegó con la zapa de que ya había conseguido el negocio, todos se alegraron mucho, al domingo siguiente comenzaba por primera vez. Demodo que se empeñó en el negocio sin saber picar el ternero ni conocer de ventas. Rafael Vélez abastecía la plaza de ganado y escogía las reses, que eran sorteadas y ese primer día le tocó a Angel José un animal grande de 500 kilos. Ángel José ya tenía que echar para delante y comenzó a vender carne, ese día hizo mucho frío.

    Ángel José, como siempre, andaba descalzo y con un sombrero de caña, y así empezó. De sobremesa, para mitigar el frío y la lluvia, se colocó un costal de cabuya en la espalda, amarrado con un fique de penca. Las críticas no se hacían esperar y lo mismo que la chirría de los recochudos en plena plaza pública; pero a Ángel José lo único que le importaba era vender carne; como no le dio congoja por nada, la gente comenzó a respetarlo.¡Como él no había otro!.

    A las cinco de la tarde de aquel primer día, en la mesa de Ángel José estaba casi todo el novillo por vender. Viendo que la cosa estaba complicada, comenzó a pegarle golpes a la mesa de madera con la cacha del cuchillo y a gritar a todo pulmón, ¡carne... a peso muchachos...!, y empezó a hacer fila la gente: écheme 10 kilos, a mí 12. En un rato quedó sólo con lo que debía llevarse para su casa, algo así como medio costalado de carne.

    Ese día perdió plata y la carne para sus hijos le salió más que comprada, pero siguió insistiendo. Cuando llevaba como tres domingos sin irle bien estaba muy aburrido y pensaba quitarse pronto. Sin embargo, una revelación de envidia reforzó su desdén: uno de los vendedores vecinos le dijo a uno de los clientes de Ángel José: venga cómpreme a mí, ese montañero no dura mucho, esto es para gente verraca; el cliente era donPepo Agudelo y le compraba a Ángel José. Viendo la humillación, se fue y le dijo a Ángel José: no vaya a dejar el negocio, yo le voy a traer clientes, me duele mucho la humillación. Este hecho hizo que fuera carnicero 20 años. Don Pepo le llevó muchos clientes, lo apoyó y Ángel José se estableció, a tal punto que Darío, Oscar, Hugo y Elkin, tuvieron negocio de carnicería por mucho tiempo. Aquí cabe ese adagio que dice: No hay mal que por bien no venga.

    Ángel José comenzó entonces a ganarse la parte más costosa del sustento de sus hijos, pues todos los domingos llevaba medio costalado de carne. A pesar de que en ese entonces no se conocía de neveras ni nada por el estilo, el campesino siempre se las ingeniaba, la carne era tasageada en tiras, se salaba y se colocaba al humo, eso se ponía como cuero de sapo. Anita cogía las raciones del día y las ponía a remojar en agua caliente desde temprano o desde el día anterior. 

    Había veces en que se comía carne más o menos buena, eso dependía de cómo estuviera el mercado para Ángel José, lo cierto era que si vendía mucho era poca y más bien mala la carne que llevaba. Por lo general les tocaba comer mucho rompe, hueso de aldana, lagarto, tunas o cachete, ubre, gordana, desgorde y ojo de vaca. Todo esto era fácil de asimilar, máxime si se tiene en cuenta que no manejaban prevención de ninguna índole.

    Lo duro para esta familia no era el rompe, ni las tunas, ni el azadón, ni el hacha, ni la barra, ni nada por el estilo, aquí lo tenaz era la dureza con que Ángel José manejaba casi a todos. 

    Después de tanto aguantar frío en los pies y estar parado sobre un empedrado, que así era la plaza de Salgar, Ángel José optó por colocarse unas zapatillas durante el día. Pero le provocaba mucha risa a la gente, pues cuando lo volteaban a ver se daban cuenta que tenía los zapatos al revés, le decían y se hacía el sordo y así trabajaba todo el día. Otras veces se colocaba una media en un pie y en el otro no.

    En otra ocasión le colgaba por un lado de la cadera un pedazo de tela y todo el mundo trataba de saber qué era eso, hasta que se logró descubrir que era una manga de los pantaloncillos, de arenero que llamaban. Era que había metido las dos piernas por una sola manga, ni siquiera hizo caso y lo único que dijo fue: por eso es que estoy como maniao pa caminar, y se largó a las carcajadas; hasta los curiosos sufrían con él.

    Ángel José sabía de matemáticas, de geografía, de historia, se sabía las monedas del mundo, las capitales de todos los países y de los departamentos de Colombia, conocía las principales divisas y economías de los países. Le gustaba leer periódicos y revistas, ahí aprendía porque se le grababan muy fácil todos los datos. Gastaba parte de sus energías enseñándole lo que sabía a sus hijos mientras trabajaban juntos, y para que se motivaran ponía premios en plata para el que le adivinara una moneda o capital, o el que mejor y más rápido se supiera las tablas de multiplicar, o al que supiera una adivinanza o le dijera los habitantes de algún país, o el nombre de un presidente importante, y también le pagaba al que al estornudar se le zafara un pedo. Así de ese tamaño era Ángel José Betancur.

    Formaba competencias entre sus hijos. Poniendo chacota comenzaba a decirle a algunos de sus hijos: a que no me adivinan tal cosa, y si alguno se atrevía a responder erróneamente, otro montaba la chirría y el primero enfurecía; entonces se formaba como una especie de discusión en la que Ángel José comenzaba a decirle al dueño de la rabia: ¡vé, como se dejó tumbar! pum... lo tiene en el suelo, se le montó, lo tiene cogido del cuello con la lengua afuera; el enfadado, al ver que estaba perdido, de pronto optaba por reírse, ahí mismo decía Ángel José: pum... se paró, se paró. Y esto le daba energía y con alguna frase o palabra golpeaba al que estaba por encima y si éste se dejaba agavillar, jugaba la ruleta en su contra y decía Ángel José: pum... se cayó, se dejó tumbar, lo tiene en el suelo y se le sentó en la cara.

    Pasaban ratos enteros unas veces con rabia y otras veces cagaos de la risa. Aquí no había en donde esconderse, si alguno estaba muy serio los demás se la montaban y si estaba muy hablador también. Los hijos aprendieron a competir entre sí. Había que competir en todo, no sólo con la recocha sino también con el carácter, con la fuerza física, con el golpe, con la ligereza, con el comedimiento, con el sudor, con las ampollas, con la resistencia. Algunas veces ponía Ángel José a sus hijos a competir a la fuerza, pulsando, o alzando bultos pesados, o luchando cuerpo a cuerpo. Otras veces se mostraban las manos para calificar callos y ampollas o al que más sudara golpeando duro, y en otras ocasiones era trepando a los árboles al que más alto se subiera y si era verraco se tiraba desde allá arriba.

    Todo esto lo transmitía Ángel José a sus hijos a través de sus hazañas y asuntos propios. Con sus cuentos y charlas además de volver a sus hijos cansones, refranistas y ponecebos, les enseñó que el que se la dejara ganar de la rabia y la envidia quedaba en desventaja y por debajo de los demás.

    Ángel José es de los hombres menos comunes que se puedan conocer y de los que tal vez ya no vuelvan a nacer. En la actualidad es aún un hombre sin fronteras, nada lo ataja. Si hay un alambrado que le estorbe lo mocha. En La Quindiana peleó mucho porque gastaban plata en jardines, pues todo lo que para él no era productivo lo quitaba o lo botaba. Así era en Sinaí y como a Anita le gustaban los jardines se disgustaba bastante porque Ángel José por donde iba pasando iba tumbando matas y destruyendo con su machete lo que no le gustaba. No le podían faltar un machete, un costal y cabuya, eran su materia prima.

    Este hombre no dejaba espacio en blanco, también inculcó a sus hijos que un hombre sin plata en el bolsillo no valía nada. Decía: tenga usted plata en el bolsillo y nunca se verá varao, lo quieren las mujeres y puede casarse cuando quiera. Uno ver por ahí a los hijos de fulanito o de peranito sin cinco en el bolsillo y eso es muy feo, por eso es que yo no me canso de trabajar; a uno le tiene que dar rabia y nunca darle pereza trabajar, lo mejor que hay en la vida es conseguir, yo no me quedo sentado ni un instante en la vida. Yo le tengo mucho miedo a la peladez. Y arrancaba a hacer alguna cosa, para demostrar sus ánimos. Que viejo tan jodido, tan conejo, tan malicioso, nadie se la ganaba. Eran palabras de Anita.

    Cuando había elecciones, Ángel José la pasaba muy contento, ya que algunos ricos le daban dinero para que llevara la gente a votar. Se movía mucho en la plaza ese día convenciendo liberales. En Salgar la mayoría eran liberales y en esos tiempos la gente votaba bastante. Ángel José siempre tuvo buenos tratos con todos, ni hizo diferencias políticas en los negocios.

    Era conservador, por tradición y por la influencia de los curas, o sea que se tenía que profesar esa política se quisiera o no; si se era hijo de liberales no lo bautizaban; ser liberal era pecado, el padre Idárraga, recuerda Ángel José, en sus misas regañaba la gente porque votaban por el partido liberal, que era el partido prohibido por la iglesia.

    No obstante, Resfa, hermana de Ángel José, a quien le decían Pepita, fue la salvaguarda de todos sus sobrinos, pues peleó y luchó con Angel José para que les diera estudio. Fue la segunda mamá, defendió mucho a sus sobrinos e hizo que unos cuantos pudieran alcanzar algunos años académicos. Pepita enfrentaba a su hermano Ángel José sin miedo, él le tenía respeto, pero éste siempre se salía con la suya; cuando no le convenía no escuchaba y se hacía el bobo.

    La casa de Pepita fue el refugio de todos los hijos de Anita, todos de algún modo recibieron ayuda de ella. Pepita murió en un asilo de ancianos en Montenegro, Quindío, a los 96 años de edad. Era soltera e hizo un compromiso con la iglesia católica, y se casó con ella; fue sumamente religiosa, era entregada y servía con lo que tenía, su espíritu de servicio hizo que ella nunca ambicionara tener nada.

    Nunca fue poseedora de bienes materiales, pero sí muy rica interiormente y fuente de amor, sabiduría y felicidad; por eso podía servir. No manejaba apegos ni ambiciones, de lo contrario su vida hubiese sido sólo para ella y no hubiese podido hacer nada por los demás; esto es un ejemplo que muestra claramente que el servicio con dinero es el más ordinario de todos; ella no tuvo dinero y sin embargo su vida fue servirle a Dios y a la humanidad.

Zapa de vida

«En lo primero el dinero es lo último y lo último que muchos hacen es lo primero. Cuando hay paz en el corazón y estamos en unión con Dios podemos navegar por mares tempestuosos sin perder la calma».

    Eso sencillamente era lo que pasaba en esa familia, esperaban, con calma y fe en Dios, que algún día pasara la tempestad. Y pasó... algo pasó con esta familia. Durante toda la travesía andaban cogidos de la mano, de algún modo se ayudaban, sin perder el contacto y siempre se sentían como hermanos. En los umbrales del año dos mil aún están unidos y se quieren mucho como familia. Sin embargo, las hondas heridas afloran como león herido y todo lo estremecen; en la medida que van pasando los años juveniles y cuando la verdad se acerca más, entonces ahí aparece el gran espanto. Ese miedo y la inseguridad que estuvieron congelados por muchos años, salen del inconsciente para pasar su cuenta de cobro.

Sencillos recuerdos

    Ángel José recordaba con especial cariño una antigua canción, tal vez de una historia o de un cachito. Resulta que había un muchacho que tenía una novia y le dijo a un amigo: vamos a tocarle una serenata a la novia de mis pensamientos; entonces dijo el otro: y si va y la vieja se enoja?. También a ella le cantamos, respondió. El caso es que sacaron la guitarra y se pegaron a cantar así:

 

«Salí niña bella                                                                                                       salí al balcón                                                                                                                                     alegres cantemos                                                                                                                  do, re, mi, fa, sol...”

    Bueno, entonces llegó la vieja y por una ventana les tiró una bacinillada de miaos, y sigue la canción:                                                                                     “...Aaaaay hermano                                                                                                      cómo esta vieja                                                                                                       nos bañó de orines...”          

    Bueno, se lavaron, templaron la guitarra y se volvieron; atrancaron laventana por fuera y a esa vieja le cantaron:                                                                                “Salí vieja fea                                                                                                          salí al balcón                                                                                                           salí a calentarte                                                                                                      ese cuerpo de escorpión,                                                                                           dos patadas en el culo                                                                                         quiero dártelas                                                                                                        tan horrible                                                                                                           suegra mía...”

    En los días de la loma de Sinaí se comía bastante, las comidas del día eran el desayuno, el almuerzo, el algo y la comida; el algo era un banquete: una taza de chocolate y arepa, un pedazo de carne o quesito.

    Ángel José fue toda la vida un hombre sencillo para andar, para vestir,para conversar; en los últimos años, aún con la prosperidad de sus hijos, siguió rechazando el lujo y los adornos poco útiles; le rechazaba a sus hijos cuanto le ofrecían que a él le pareciera innecesario, como relojes o cadenas; él sigue sosteniendo que fue el hijo de un jornalero y que después de tanta lidia en la vida esos lujos ya no tienen importancia.

    Como a Ángel José nunca le gustó ponerse zapatos, menos le gustaba que sus hijos lo hicieran. Cuando éstos se calzaron por primera vez era porque ya tenían alguna platica por las ventas de los yucalitos o algún otro producto. Cuando ya toda la familia se calzó, él también lo hizo. Ángel José ya tenía unos callos en los pies tan duros que reventaba chuzos de guadua, pero cuando se calzó le fue cogiendo cariño a sus zapatos. Alguna vez semetió en un guadual y una tuna le atravesó el zapato: “que vida tan hijueputa, como es hombre que yo cuando no tenía zapatos no me entraba una tuna y ahora con estas putas botas sí”. Se las quitó y las lanzó lejos.

Así como Ángel José no hay otro. ¿Y los hijos qué?

 

TERCERA PARTE:

LOS HIJOS

BLANCA LILIA

    Nació el 5 de Marzo de 1938, era una mujer blanca, alegre, muy risueña. Le decían la luna, ese era el apodo, porque era carona, blanca y risueña como la luna. Era muy brava e inteligente. Desde muy temprana edad se dedicaba a ayudar en la casa, sobre todo en las labores de aseo. Ella fue de las que más estudió, logró el tercero de bachillerato, que para la época era un nivel alto. Era muy buena estudiante, en esos días descrestaba diciendo palabras en inglés y todo el mundo se asombraba de lo mucho que sabía esa muchacha, en un mundo que vivía aislado.

    Luego fue la profesora de sus hermanos menores por encargo de Ángel José, pues éste no quería ver a sus hijos varones crecer analfabetos, logrando con esto que por lo menos aprendieran a leer y escribir. En la escuelita era muy estricta en los horarios y hasta llevaba el mismo programa de las escuelas oficiales.

    Lilia fue hasta ese entonces una mujer muy dinámica e inteligente. Sin embargo, por las circunstancias de la vida muchas de sus capacidades quedaron por desarrollar. Sus aspiraciones entonces se vieron truncadas, siendo el matrimonio el único anhelo que nadie podría impedirle, se casó acomienzos de los 60.

    Se casó con Virgilio Mesa, a quien había conocido trabajando como policía al servicio de su abuelo Emiliano. Hizo una buena pareja a pesar de los inconvenientes iniciales. Vivieron en Puerto Valdivia, en Ituango y Caucasia. Procrearon cinco hijos: dos hombres y tres mujeres. Cuando joven y soltera sufría de bilis, pero el mal desapareció con el matrimonio. Murió a los 54 años de edad en octubre de 1992.

    Su vida siempre fue un sueño, tal vez como el que muchos aún duermen. Vivió ilusionada con que mediante sus lamentos y súplicas a Dios cambiase su vida y así se fue de este mundo sin despertar de sus profundos sueños. Pues aunque parezca extraño, todos sufren de auto engaños. Pero no todos tienen la oportunidad de despertar la conciencia para decirle al Universo: ¡ahora si estoy feliz!.

«Nunca abandones un sueño por el sólo hecho de que tomará mucho tiempo, pues éste pasa de todas maneras».

En 1939 nació LUIS FERNANDO, murió recién nacido.

JOSÉ IGNACIO

    En enero 11 de 1940 nació JOSÉ IGNACIO. Era un niño blanquito y muy débil físicamente, no se le veía cara para ser campesino y tirar azadón. Era el primer hijo varón que tenía Ángel José, pero como cada año nacía uno y la obra de Dios es tan grande, cuando Ignacio tenía ocho años ya habían nacido seis varoncitos más, lo que fortaleció a Ángel José para que se desprendiera de Ignacio y éste se fuera a estudiar.

    Ignacio era un niñito que ameritaba se fuese a estudiar, pero aquí el meollo era convencer a Ángel José, ya que su pensamiento era coger a cada uno de sus hijos desde los cinco años y meterlos inmisericordemente a trabajar la agricultura.

    A diferencia de Ignacio, sus otros hermanos que crecían detrás de él mostraban ser más fuertes, fornidos, morenos, se veían más calidosos que Ignacio para enfrentar los trabajos ordinarios del campo. Era víctima de las burlas de los trabajadores y de cierta humillación por parte de Ángel José por su falta de fuerza y sus deficiencias físicas con respecto a sus hermanos, inclusive le decían que iba ser medio rarito.

    Así que para que fuese a estudiar, se dio todo un estire y afloje entre la tía Pepita y Ángel José, pues la tía vaticinaba que ese niño iba a ser sacerdote. También de su lado estaban su abuela Ifigenia y Anita presionando a Ángel José para lograr que Ignacio se fuera a estudiar; la idea era que ingresara de una vez al seminario.

    No había señales de que Ángel José cediera, sin embargo, cuando Dios quiere las cosas de tal forma así se dan. La mayor resistencia de Ángel José era el costo de su estudio, así que su decisión era no, todo parecía frustrado hasta que un día apareció la Virgen, llegó en forma de su abuela Ifigenia, quien le dijo a Ángel José: deje ir el niño para el seminario que yo le doy los 300 pesos que usted me pagó por el derecho de la finca como aporte al estudio de Ignacio. Así de esa forma se logró que Ángel José cediera y que Ignacio ingresara al seminario. Unos 17 años después se ordenó como sacerdote católico.

    Ignacio era como el Dios de una tribu, la estrella de la familia, la luz que brillaba en medio de las tinieblas. Las llegadas de Ignacio eran de fiesta, de risas, de alegría, de esperanza, de luz y también el tiempo de comer gallina, aunque no más fuera una pata que le tocara a los más pequeños, de todos modos era almuerzo con gallina y el caldo sacaba la cara por la pata, porque el sabor a gallina estaba hasta en las yucas.

    Ignacio traía a la finca el entusiasmo de los libros que él leía, y por él conocieron las historias increíbles de Julio Verne y de Sandokán en la Malasia. Les decía cómo era el universo y las estrellas y que el mundo no terminaba en la cordillera, donde parecía que se besaba con el cielo, como decía papá Emiliano. Ignacio sacó de la oscuridad a sus hermanos, les trajo mensajes, cuentos, dinámicas, cantos, anécdotas, trucos, adivinanzas, música, alegría y otros sueños.

    Fue el primero en llevar un radio de pilas a Salgar. Allá nadie los conocía. Se lo prestaron al salir para unas vacaciones, era raro verlo andar con un radio por la calle; luego llevó una grabadora y la gente se extrañaba y hasta salía corriendo cuando le ponían el micrófono y escuchaba su propia voz grabada. El fue el de la idea de regalarle a Anita y Ángel José en las bodas de plata de sus 25 años de vida matrimonial, un radio de batería marca Philips color rojo. Por primera vez hubo un radio en la casa, era el año62.

    Lo llamaban el pisco, porque tenía muy colorada la cara, como los piscos, y era muy bravo, también como los piscos cuando se les saca rabia. Fue un hombre grande en su vida, ejerció el sacerdocio con verdadero amor.Comenzó a entender los desafueros al interior de la iglesia y se fue haciendo revolucionario, renunció al sacerdocio en el año 78. Hecho que desilusionó a Ángel José y Anita; como también a sus tías, que tanto lo apoyaron en su carrera. Era algo inexplicable, no estaban en capacidad de entender el porqué de esa decisión, sin embargo poco a poco lo fueron aceptando.

    Ignacio comenzó a ser un hombre corriente. Se casó, engendró dos hijos: un hombre y una mujer. Nada lo detuvo en su camino, siguió escribiendo para revistas, trabajando por el bienestar de la comunidad, apoyaba organizaciones y trabajos culturales. Escribió dos libros.

    Era un hombre que había renunciado a la plata, no quería poseer más de lo necesario, siempre invirtió sus pocos pesos en ayuda comunitaria, orientó culturalmente a la familia y se preocupó para que sus sobrinos no fuesen a ser unos sinvergüenzas hijos de papi y mami, que todo lo tienen servido en bandeja de plata.

    Creó la Escuela Familiar Anangel y la revista la Zapa. En poco más de dos años hizo un gran trabajo con sus sobrinos logrando en buena parte la identidad y distinción de estos muchachos respecto de otros jóvenes de igual condición, con esto les abrió el camino que un hombre de bien deber ecorrer.

    Ignacio entregó su vida por los demás, hasta cuando fue abatido por la injusticia social, de la que tanto habló y aborreció. Murió víctima de esa injusticia por la que siempre protestó. Su último adiós fue el 14 de noviembrede 1993. ¡Que en paz descanse!

«Luchar contra la injusticia es desterrar la usura, la inmoralidad, la avaricia y la ambición. Que son fuente de tinieblas».

LIBIA ESTELA

    Diciembre 19 de 1940, nació LIBIA ESTELA. Era una niña morena,osada, meticulosa, muy guapa, de buen humor, intervenía en casi todos los asuntos; fue junto con Lilia un gran apoyo y consuelo para Anita. Le decían la cucaracha porque en todas partes estaba. Se casó y procreó seis hijos, 4 hombres y dos mujeres, conserva su vida matrimonial y comparte con su esposo Martín Tamayo.

    En su vida de soltera le gustaba cantarle al amor. En aquellas noches resplandecientes, a la luz de la luna, se sentaban Estela y Lilia en una barranca de esas que había en la finquita de la loma de Sinaí a cantarle a la luna o a los novios. Lo hacían con espontaneidad y tanta inocencia, que sesentía armonía y una compenetración de amor y alegría hasta lo más profundo del corazón. Los niños las rodeaban para escucharlas cantar. Algunas canciones frecuentes eran: Tu duda y la mía, Lunita consentida,Yuyito de fresca albahaca, Lucerito de plata.

    En esos momentos de encanto y de fluir de la vida, nada podía opacarese gran misterio armonioso que había en aquel entonces y que siempre está disponible para abrazar con ese amor que prodiga la vida. Sólo que hoy se perdió de vista ese poderoso amor, todo por la ambición que enceguese y por la pérdida de la inocencia.

Estela, después de su matrimonio, vivió en Salgar hasta 1983 cuando Martín, su esposo, decidió salir de Salgar e instalarse en Salamina, Caldas, para trabajar con Fernando en negocios de chance. Estela fue otra luminaria de la familia junto con su esposo Martín. Su hogar en Salgar era la segunda casa de sus hermanos, era el apoyo de todos, ahí descargaban las pesadas cargas de musgo, dolor y cansancio, para deleitarsen con una pasadita por el pueblo.

«La felicidad es un subproducto del esfuerzopor hacer feliz a otra persona».

OSCAR DE JESÚS

    Marzo 29 de 1942 nació OSCAR DE JESÚS. Era un niño muy alentado, moreno, su crecimiento fue vertiginoso y precoz; fue el mimao de Ángel José, lo llamaba El Conde. Era muy fornido y de estatura alta cuando creció. Fue un hombre talentoso, muy buen conversador, demasiado guapo, comía sin límites; alguna vez que fueron a un paseo con Ángel José arrasó con los seis desayunos que por el mareo en el tren habían dejado sus hermanos y el papá.

    Así era siempre, tenía una fuerza física descomunal, no había quién le ganara para pulsar, ni había quién se le midiera para luchar cuerpo a cuerpo; se alzaba al hombro ocho arrobas, o sea 200 kilos, sentado y con una sola mano. Y con las dos manos se alzaba 300 kilos. Oscar hacía apuestas con amigos asegurando que él se alzaba algún número de kilos sentado con una sola mano y ganaba lo que apostara.

    Era muy gracioso y divertido, el apodo o sobrenombre era la rosca; era el único que tenía un sobrenombre cariñoso, le decían así porque se la llevaba bien con todos y nunca se veía disgustado. Era una persona muy charra, todos los días hacia reír; decía una bobada y se quedaba serio para que los demás se rieran. Fue un buen consejero, en especial con sus hermanas. Cuando tenía un problema ahí mismo escribía una carta, porque para eso era un verraco; siempre estaba dispuesto a escuchar los problemas de los demás.

    Trabajó toda la vida la agricultura, después tuvo carnicerías en Salgar y en Sabaneta y las llamaba “la boina roja”. Pero era muy descabezado para los negocios, por eso nunca pudo ascender y también era muy gastoso. Su  esposa era hija única y le dejaron una herencia que Oscar no supo manejar, pues gastaba mucho, le gustaban las diversiones en compañía de amigos. Se casó y engendró dos hijos, una mujer y un hombre. Murió de 37 años de edad víctima de la violencia.

«Empieza por hacer lo necesario, luego lo que esposible, y de pronto teencontrarás haciendo loimposible».S. F. de ASIS.

HUGO LEÓN

    En 1943 nació HUGO LEÓN. Era un niño también muy alentado, trigueño, muy vivo, delgado y ligero. Muy pronto lo pusieron el mico como sobrenombre, porque era como un mico, rápido, con una mirada muy viva y desconfiada, gracioso, juguetón, producía sonidos como los de un mico, imitaba animales. Al paso que iba creciendo era más loco y mucha gente comenzaba a tenerle miedo. Llenaba la casa de conejos, palomos, gallos finos y curíes.

    Se iba a traer los terneros del potrero y los amarraba de las patas para echarlos a rodar. Gritaba a todo pecho en los filos y cañadas y llamaba al diablo. Una noche lo desafió, le dijo que saliera, que conversara, que cuál era la cosa. Entonces llegó diciendo que no existía el diablo, que eso eran mentiras. Así era como Hugo León movía su energía, no tenía más cómo canalizarla, solamente haciendo locuras, ya que no pudo estudiar, pues cuando lo entraron a primer año de escuela y como era tan loco y bravo, a cuanto muchacho se le arrimaba le metía un puño y lo tuvieron que sacar.

     Tenía demasiada energía e inteligencia, era más bien compulsivo. Fue muy decidido para los negocios. A veces tendía a ser místico; a los 18 años le dio por la religión y la contemplación, rezaba demasiado y todo lo que se ganaba lo compraba en imágenes de santos.

    Luego este hombre se desarrolló más y se fue del lado de sus padres para hacer su propia vida, rápidamente se consiguió una finca en compañía. Se hizo propietario de un caballo y lo bautizó milito, porque a ese caballo le hervía la sangre como a él y los que tomaban la bebida Milo en esa época eran muy fuertes y enérgicos, así que ese caballo vibraba y bailaba con Hugo en un solo punto, con frecuencia lo despedía por una carretera o camino a toda velocidad. Tuvo varios caballos finos, negociaba fácilmente con ellos, los vendía con muy buenas ganancias.

    Luego de recibir otra finca en compañía, Hugo fue un gran productor de café. Fue el primero de la familia en cultivar café caturra (una variedadque desde los años 69 aproximadamente hasta el 90 fue el producto agrícola más rentable; hasta los días actuales no ha resultado otra variedad agrícola que compense el trabajo del campesino y que le satisfaga sus necesidades como fue el café caturra, que luego fue aniquilado por la roya, los bajos precios internacionales y por la broca).

    Así que Hugo en su momento fue un hombre adinerado. Le tocó la bonanza cafetera. También fue propietario de caballos y ganado. Era cada vez más loco y hacía cosas que no eran normales para la gente: echaba su caballo por cualquier loma, barranca o derrumbe con él montado; lo hacía caminar por los andenes cuando iba al pueblo, lo metía dentro de las cantinas.

    No obstante, Hugo no era malo ni mal intencionado, pero era muy peliador. Al tiempo que fue encontrando como aliciente el licor, ya sus locuras se hacían más desastrosas en su vida. Hugo se había casado y procreado tres hijos, un hombre y dos mujeres. Cada vez se sentía más desconcertado y sus locuras eran como la válvula de escape para encontrar puntos de referencia o llamando la atención así para encontrar alguna respuesta.

    Luego pasó de ser finquero, ganadero y caballista, a ser un comerciante de café. Tuvo una agencia de compra y venta de café en Andes. Llegaba embriagado y cogía la plata de la caja, la ensurrullaba empuñándola y la tiraba al piso en el salón del bar «La San Remo», de su propiedad. Acostumbraba preparar el café antes de venderlo. Cogía una olla llena de agua, le agregaba dos kilos de sal y dos de arena menudita, luego pesaba el agua y decía: mire lo que pesa, eso se lo agrego al café y así me aumenta el peso, todo esto eran locuras de él que a la vez le daban buenos resultados.

    Con los caballos que desbocaba y hacía tirar por los barrancos, los vendía fácilmente porque los hacía ver muy buenos. La plata que botaba en el salón del bar le daba resultado porque era más famoso y acreditado. El café que arreglaba lo vendía a precio de café tipo federación. En una de sus locuras decía que nadie lo seguía a él para conseguir plata y continuaba diciendo: si no fuera porque yo la boto, no cabría en este pueblo la plata que yo soy capaz de conseguirme.

    Una vez, preocupado su hermano Guillermo porque Hugo llevaba 10 días sin subir a la finca en plena cosecha de café, por estar emparrandado, tomando y loquiando, se atrevió a decirle: hombre Hugo, usted tan tranquilo, está descuidando mucho la finca en este tiempo que hay tanto café, y Hugo no vaciló en contestar: que se roben 10 cargas de café, ahí queda el resto, y siguió muy tranquilo.

    Los vacíos que Hugo tenía, sólo se desfogaban de la manera loca como él se manifestaba y muy seguramente en conseguir dinero. Las tribulaciones de su vida no tenían salida ni solución aparente. En medio de su desespero e ignorancia, un día se propinó un disparo en el cuello, del cual se salvó; después de este hecho, Hugo siguió el mismo sendero cada vez más atascado y dándose cuenta que ni el licor ni sus actitudes ni la plata le servían ya de válvula de escape.

    Esta válvula ya se había oxidado, así que la espontaneidad, locuras y hazañas que manejaba con mucha firmeza, decisión y severidad, comenzaron a languidecer y a verse más desconcertado. Por último optó por separarse de su matrimonio y en esos ires y venires murió víctima de la  violencia en marzo de 1980.

 

«Solamente si se vive con amor y una auténtica paz interior, que tan esquiva resulta ser, gozaríamos de una completa felicidad».

Zapa de vida

    No todas las almas tienen la oportunidad de ver, entender y corregirse aquí antes de morir; por eso hay que morir y volver a encarnar hasta aprender de verdad. Aquí hay un ejemplo claro para los muchos quesobreviven pero no viven, para los que tienen ojos pero no ven, para los que tienen oídos pero no escuchan, para los que se les muestra un camino y tuercen el sendero.

ÁNGEL DARÍO

    Nació en agosto 25 de 1944. Era un niño monito, macizo, tirando como a ser cuadradito, muy inteligente y seguro de sí mismo. Fue creciendo y demostrando sus habilidades; era el más rápido para las matemáticas que Ángel José les enseñaba mientras trabajaban juntos; era decidido y capacitado para hacer negocios desde sus años infantiles. Tuvo un crecimiento precoz, muchos decían que Darío había madurado biche; a los14 años era un hombre metido en los asuntos de los mayores. No se dejó fregar la vida, dilató y discernió sus diferencias con Ángel José.

    En casa le decían la batea porque era bajito, grueso y ancho como la batea grande de madera en la que se lavaba la ropa de todos; en casa le tenían desconfianza por ser tan resuelto para todo. Cuando regresó del Valle le dijo a Ángel José: vine fue a trabajar, ayúdeme, pero no pagándome un día de trabajo, deme una ventaja, deme una oportunidad, crea en mí.

     Ángel José esperó unos meses y viendo que así era su decisión le entregó la carnicería en compañía. Comenzó a avanzar y a quedarse en el pueblo entre semana y esto sí a Ángel José comenzó a no gustarle y un día le mandó una boleta con su dicho: Hijo, véngase a trabajar que por allá se lo come el cocacolo y se lo lame la manteca. A Darío esto le dio duro, pues su propósito era aprender a comerciar con ganado gordo.

    A los 15 años de edad nada lo detuvo para probar todo tipo de aventuras, fumaba cigarrillo Pielroja y se entregó a las experiencias amorosas a tal punto que poco trabajaba y dedicaba más tiempo a sus placeres que al trabajo, manteniendo una gran controversia con Ángel José. Fue el primer ayudante de su papá en la carnicería, destacándose por sus habilidades en matemáticas y en lo avispado para escoger las reses para la carnicería. Pronto aprendió a negociar comprando ganado y cerdos, pero como decía Ángel José, que al hijo cuando crece le da morriña, Darío comenzó a vivir sus primeras experiencias entregándose muy de lleno a ellas y dejándose un poco de su usual dedicación al trabajo, de modo que fue perdiendo la credibilidad que la gente tenía en él, principalmente su papá.

    Sin embargo y a pesar de su entrega a los placeres, amigos y vagancia, Ángel José le insistía que se regenerara y trabajara con buen empeño para que recuperara el crédito y arreglara sus deudas. Presionado entonces por las circunstancias, trabajó y montó un cultivo de yuca de siete mil palos, en la finca de Carlina Vélez, y a la vuelta de 15 meses tuvo buena suerte con el precio y se lo vendió a Brocardo Tamayo a 50 centavos unidad, recibiendo la suma de $3.500 pesos; así que canceló todas sus deudas y se fue de Salgar para el Valle, y a la Virginia y a la Celia en Risaralda, en esta región vivían José, Marcos y Gabriel Betancur tíos suyos. Darío permaneció largo tiempo ausente de su pueblo y de su familia.

    Cuando regresó era todo un señor, con ganas de trabajar y de conseguir plata. Darío quería ser rico, siempre mantenía eso en la cabeza. Por su agilidad para las cuentas lo contrataron unos ricos de Salgar para ir acomprar ganado; había un saldo, por ejemplo de 50 reses y Darío hacía la cuenta de cuánto se podía dar por ese lote de ganado y acertaba, al punto que lo hicieron socio, porque él era el cerebro, el que sabía comprar y eso le dio la primera ventaja, la primera fortuna.

    Después, ya con su platica, empezó a comprar ganado y montó su carnicería. Llegó a ser el más respetado en la plaza como conocedor de ganado gordo. Se asoció con Arcelio Gallego y Humberto Sierra, y fueron por un largo tiempo surtidores mayoristas de ganado gordo en el pueblito de Salgar; aunque se diga pueblito era un pueblo muy cafetero y agrícola y se consumía bastante carne.

    Estos surtidores mayoritarios de ganado gordo, muchas veces se les iba la mano y surtían unos vejestorios de vacas que lo que daba era miedo; surtían la plaza con ganado de Urrao, Ant. Semanalmente vendían hasta 70 animales traídos de Urrao; los transportaban caminando desde Urrao hasta Salgar; salían con la manada los martes en la tarde y llegaban el viernes a Salgar; muchas veces se quedaba en el camino algún animal que ya no era capaz de caminar más y otros llegaban con fiebre y con las patas hinchadas, pero esto no impedía que se fueran para el sacrificio.

    Todo era una encrucijada de negocios y de duro trabajo; así, por un largo tiempo, Darío canalizó sus conocimientos y sus energías,convirtiéndose en un respetable negociante y en un hombre adinerado, ayudando con su conocimiento a otras personas y a sus socios que también les fue bien económicamente.

    Este cuento parece muy sencillo, sin embargo, implicaba primeramente gozar de muy buena salud, luego estar joven y de buen ánimo. Había que madrugar a las 4 de la mañana, ser vivo y ligero, y por la noche hacerse ver tomando traguito con los amigos y amigas. Se madrugaba a la feria y luegoa repartir el ganado en el matadero de Salgar y estar pendiente del romaneo en la plaza, que aunque sencilla, la cosa requería de atención todo el tiempo. Darío era y es un hombre dinámico, capaz, serio y arrogante para negociar.

    Darío demostró sus habilidades y tesón a tal punto que se convirtió en el consejero y regañón de la familia. Al paso que la vida iba avanzando, Darío se reafirmaba en sus conocimientos y muchos lo buscaban para pedirle opinión, cuando de tomar decisiones se trataba y si alguien no lo hacía, lo regañaba por no haberle consultado, o simplemente regañaba por todo. Se casó y engendró 4 hijos: un hombre y 3 mujeres. Vive y es uno de los más conservadores de sus raíces ancestrales.

«Todas las cosas nacen, existen por un tiempo ydespués dejan de existir».

 

JOSÉ ELKIN

    En febrero 19 de 1946 nació JOSE ELKIN. Este era un niño moreno y avispado. A medida que fue creciendo se convirtió en el más recochudo y ponecebo de toda la familia, era el que bautizaba a todos sus hermanos con un sobrenombre o apodo que se asemejara con algo de sí mismos. Se distinguió como refranero, alegre, artista, buen cantante, cuenta chistes. Le decían el negro y posteriormente el marroncho, porque le gustaba la roncha y tomar el pelo. Fue muy trabajador y guapo, sin embargo sufría de anemia y muchas veces no lo dejaba trabajar el dolor de cabeza.

    Fue el único de la familia que resultó bravo y peleador. Cuando alcanzó sus años más brillantes por su juventud y tenacidad varonil, cazaba una pelea por nada. Le gustaba dar con la mano y luego, en el suelo, le ponía al ofendido un taburete o una mesa encima para después iniciar su partida del lugar, evitando con ello la venganza de otros o que fuera apresado por la policía; en esa forma nunca perdió una.

    Le gustaba llevar la cuenta y decía que llevaba 37 peleas ganadas.Toda su vida de soltero fue peleador y problemático, y si alguien no le caía bien se la ponía y si le paraba bolas enseguida había que recogerlo del suelo, pues no contaba con el golpe certero que Elkin sabía dar.

    En una ocasión estando Guillermo, su hermano, en la escuela, un sábado, se fue para la tienda de la esquina a comprar un helado y al salir de la tienda venían 3 jóvenes recochudos y empalagosos y de inmediato le quitaron el helado. Guillermo se fue muy asustado y triste para la casa de las pepitas, sus tías, y allí se encontró a Elkin, le contó casi llorando y Elkin le dijo: venga muéstreme esos hijuetantas. Cuando llegaron a la esquina los encontraron; sin vacilar un instante Elkin les salió y les dijo: oiga hijuetantas,ustedes por qué se aprovechan de este muchacho?; y los encendió a los golpes, pero como eran tres se abrieron y lo agarraron a las pedradas. Elkin comenzó también a repartir piedra y se formó una pedrea que duró más de media hora, hasta el punto que muchos negocios tuvieron que ser cerrados. Las hijas del doctor Gil que eran las amigas de Elkin le cargaban piedras en la bata. El combate no cesaba, hasta que alguien avisó que venía la policía. Elkin se escondió en la casa de las pepitas y a los otros tira piedra los retuvieron.

    Con esto Elkin consiguió unos enemigos para mucho rato. Elkin era solo y no acostumbraba las pandillas, pero sus contendores eran Asdrúbal Cano y los píldoros, que formaban una pandilla a la que le tenían miedo en el pueblo. No obstante, a Elkin le tocó pelear varias veces con ellos sin que hubiera vencidos ni vencedores.

    Podría decirse que el hobby de Elkin era la refriega y hablar de peleas.Le gustaban los gallos de pelea; era un gallero nato, al igual que Hugo y Darío, quienes fueron obsesivos por estos espectáculos; todos los viernes y los lunes iban a una gallera con sus gallos. Parece ser que Elkin se estaba enrasando como los gallos de pelea.

    Era también un hombre muy charro y divertido. Aunque era muy vulgar divertía a todo el mundo con sus refranes, chistes o cuentos de peleas. En una ocasión compró un caballo que se llamaba Benitín y ese caballo era muy bravo, más bravo que él, para cogerlo en el potrero había que llevar un plátano maduro y empezar a mostrarle el plátano unos cincuenta metros antes y a llamarle oy... siji... oy siji... y era la única forma de cogerlo, pero sino veía el plátano perseguía a cualquiera a diente pelado, a manotazos y patadas; por último Elkin se aburrió con ese animal tan difícil y lo vendió.

    Se casó y procreó dos hijos: un hombre y una mujer. Cuando se fue a casar ya no era gallero ni agricultor, era carnicero de profesión y después de su matrimonio no volvió casi a pelear; es el único que en los tiempos actuales conserva su primer y único matrimonio.

«Es posible que no encuentre amigos que defiendan mi vida, ni enemigos que me la quiten».                                                                                                                           NERON.

LOS MELLIZOS

    Marzo 7 de 1947 nacen EUCARIS DE JESÚS Y NELSON DE JESÚS,los mellizos. Ocurrió cuando Anita, muy devota de las benditas almas del purgatorio, se dedicó por un tiempo a hacerles una novena con el fin de que no le enviasen más hijos. Pero cuando quedó embarazada luego de hacer la novena comprendió que no era válido pedirle a Dios otro destino distinto al que ya estaba trazado en su vida. Esperando con resignación el nuevo nacimiento, se llevó la gran sorpresa de dar a luz dos bebés que nacieron con una hora de diferencia.

    Primero nació Eucaris y luego Nelson, eran idénticos y Anita los tenía que marcar con una cinta morada para saber cuál era el uno y cual era el otro. Eran dos niños lindos y muy alentados. Al paso que fueron creciendo fue más fácil para la familia reconocerlos; los particulares siempre los confundían. Eucaris, más tarde conocido como Fernando, comenzó a tornarse ligeramente más caridelgado que Nelson, esa era la máxima distinción, en lo demás eran idénticos: mismo tamaño, color de la piel y cabellos castaños. Siempre vivían juntos; se querían y se buscaban entre sí.

Eran tan lindos y tan completos que no había sobrenombre que les calzara, sin embargo ellos mismos se bautizaron: Fernando puso a Nelson zapote porque se comía los zapotes, hasta verdes, del único árbol que los producía; y Nelson apodó a Fernando banano porque era largo y pálido como un banano.

    Al paso que crecían se iban convirtiendo en máquinas de trabajo. Desde los cinco años en adelante los niños eran matriculados al trabajo y a los 10 ó 12 años hacían todo tipo de trabajo; por esos tiempos de la edad de los mellizos parecía como si estuviera en plena producción la empresa de Ángel José y Anita, había trabajo para todos. Era la hora en que casi todos habían nacido. En 1960 sólo faltaban Mauricio y Beatriz por nacer.

    Estos mellizos le pusieron la pata a todos, hombres y mujeres. Sorprendía el ánimo de estos muchachos, puesto que eran de hacha y machete o de carga y silla como dicen los refranes para indicar que sirven para todo. Tenían de lo que los demás carecían: capacidad de desempeñarse en los oficios de hombre y de mujer sin ningún complejo o temor. Con ello fueron un gran alivio para Anita, pues el trabajo era descomunal y el más duro era el oficio doméstico, al que ellos no tenían agüero ni pereza.

    Como ellos veían la situación de Anita tan dura, le dijeron a Ángel José que los dejara ayudarle a la mamá, que ellos no le tenían flojera a los oficios domésticos. El papá les dijo: mijos, si a ustedes no les choca, qué bueno que le ayuden a Anita que ya no da más. Por un tiempo, Ángel José no los metió más al corte y los dejó trabajando en la casa, ellos parecían máquinas de acero, incansables, no mostraban pereza.

    Madrugaban junto con Anita, molían y pilaban el maíz para las arepas y la mazamorra; le ayudaban a asar las arepas y a arreglar la cocina, cargaban el agua de la cañada y ordeñaban las vacas, recogían la leña para el fogón y ayudaban a bregar a los niños menores, revolvían el café de los carros y lavaban las ollas, barrían los patios y lavaban la ropa y la aplanchaban. Fernando era bueno para los trabajos más ordinarios y Nelson para los trabajos más delicados como hacer arepas, planchar y servir comidas.

    Así que los mellizos fueron un manantial de alegría, descanso, ayuda y de esperanza en este hogar tan voluminoso. Pero no solamente trabajaron en los destinos caseros, sino que eran de lo más guapos que Ángel José haya tenido en el corte de cultivos de yuca, maíz y café; eran ellos quienes despulpaban todo el café a mano, en las horas de la noche y de madrugada. Pero aquí cabe hacer una pregunta: ¿Qué pudo haber pasado para que estos niños hubiesen nacido tan alentados, decididos y tan distintos a los otros?. Podría deducirse que durante la concepción y el embarazo de ellos, no hubo rechazo por parte de Anita. Seguramente, podría analizarse, al ella apegarse a la novena con la esperanza de que no le llegaran más hijos, consiguió con ello estar más relajada, tranquila y desprevenida, evitando el desdén que podría sentir cada que presentía un embarazo.

    Fue el único embarazo que gozó de novena, con devoción y sin ansiedad, en cambio los otros embarazos pudieron haber sido más dolorosos, llenos de miedo y rabia. Es lógico entonces que al hacer Anita la novena debía ponerse humilde y centrar toda su atención en Dios, sintiéndose sin duda interiormente limpia y suelta. No se puede ignorar que Anita tuvo muchos embarazos con rabia y angustia.

    Los mellizos le propinaron tanto descanso y consuelo a Anita que ella misma decía que ni las hijas mujeres ni ningún otro hijo hombre habían ayudado tan estupendamente como estos muchachos. Pero esto era nada, cuando se iban para el corte era a sudarla fuertemente y le montaban la pataa los demás, eran juiciosos, considerados, caseros y decían que ellos sino iban a ser como los otros hermanos que eran viciosos e irresponsables. 

    Crecieron, el tiempo pasó, la vida los puso en el lugar de decidir quiénes eran ellos y elegir su camino, zafándose de la mano de Ángel José y Anita. A los 19 años de edad, tomaron la determinación de irse de la casa, cada uno por separado, bien diferente la una de la otra. Nelson tomó la decisión de irse a estudiar sin que hubiese barrera que se lo impidiera y Fernando (Eucaris), tomó la decisión de irse a pagar servicio militar.

    Nelson partió de la finca de la loma de Sinaí hacía Urrao, Ant., en busca de ayuda para instalarse a estudiar. Anita le había prestado los únicos pesitos que tenía para su viaje. Ignacio, que en ese entonces ejercía su sacerdocio en Concordia, Ant., recomendó a Nelson con un padre que manejaba un internado educacional en Urrao. Nelson llegó allí más asustado que una pizca en un avión, pero habló con el padre y no se sabe cuál fue más grande si la sorpresa del padre al darse cuenta que Nelson no había cursado los años básicos primarios o la de Nelson al darse cuenta que no lopodían recibir. 

    Cuenta Nelson que se puso a llorar y le dijo al padre con el coraje Betancur: Vea padre, dígame que hay que hacer, yo estoy dispuesto a lo que sea, y el padre le dijo: La única forma es que antes haga la primaria y eso es imposible que se reciba a un hombre como usted en primaria, y todavía Nelson no se doblegó y le dijo: Padre, deme la oportunidad, ábrame espacio y ensáyeme, yo estudio por aparte, me preparo y presento los exámenes de quinto para validar primaria. Al final el padre lo aceptó al verle esas ganas tan apasionantes. 

    En pocos meses aprobó la primaria y el padre quedó estupefacto. Así, Nelson pudo comenzar a estudiar y al año siguiente se trasladó a Concordia donde hizo sus primeros grados de bachillerato. Lo nombraron encargado de un hogar juvenil para estudiantes, más adelante se trasladó de Concordia a Andes, Ant., donde culminó sus estudios básicos y fue nombrado Director del Hogar Juvenil Campesino de Andes.

     Era un hogar más grande, prácticamente una finca con cultivos autosuficiente. Nelson dirigía esa empresa y se convirtió en un hombre muy importante en Andes, recibiendo otros cargos como el de Síndico del Asilo de Ancianos, y más luego se movió en la política y fue concejal del municipio. Con Nelson en Andes muchos aprovecharon ese espacio creado por él para ir a descargar un poco de musgo y de capote, descansando por unos días a su lado y gozando de sus atenciones.

    Desde allí y gracias a su destreza y extraordinaria capacidad de hacerlas cosas con responsabilidad, Nelson comenzó a abrirle las puertas a sus hermanos menores para apoyarlos con oportunidades de estudio, las que fueron aprovechadas solamente por Dora y Gustavo. Un ofrecimiento que solamente un ser altruista puede dar.

    Nelson formó un entorno respetable en el municipio de Andes. Fue reconocido políticamente por importantes líderes de la política nacional y catalogado como una de las fuerzas vivas del municipio; más tarde lo nombraron Alcalde de Sonsón, Ant., cargo que ocupó por más de tres añosdejando buena imagen en este municipio.

    Luego fue trasladado al municipio de Támesis, Ant., con el mismo cargo por más de dos años, desempeñándose como uno de los mejores alcaldes conocidos por el pueblo. En estas circunstancias de su vida, Nelson comenzó a darse cuenta que en esta labor de Alcalde había mucho trabajo, compromiso y responsabilidad y que parte de sus mismos ingresos, de su sueldo, se lo debía gastar en representación, que no se justificaba tanta responsabilidad cuando comenzaba a ver que su sueldo no suplía sus necesidades. Sus hermanos, incluido Fernando, lo habían superado económicamente con los negocios de chance. Desgraciadamente la plata o el poder económico lo hace ver todo grande y por encima de todo, cuando en realidad y en el fondo es lo contrario. ¡Todo el que puede económicamente, puede hasta cierto punto y de ahí no puede más!.

    Nelson se había convertido en la segunda estrella de la familia y símbolo de esperanza. Así lo hizo y lo manifestó. Además realizó los sueños de su vida. A pesar de toda su dinámica y coraje, debió renunciar a su carrera política e incorporarse a los negocios comerciales de apuestas que ofrecían mejores expectativas económicas; pasó entonces a ser parte de los Empresarios de Apuestas Permanentes Chance, junto al resto de sus hermanos.

    Con mucha naturalidad comenzó a liderar el gremio de empresarios. Fue por mucho tiempo presidente de la Federación Nacional de Empresariosde Apuestas, destacándose por su organización y capacidad para liderar el gremio. Se casó y ya va en su tercer matrimonio; procreó cuatro hijos: 3 mujeres y un hombre. Hoy es un hombre recogido en el ámbito de sus negocios y de su familia.

 

«Es necesario cultivar ideas y tener metas pero sin alimentar fantasías, los sueños sólo tienen valor unidos a la acción».

    Fernando, a su turno, debió partir de la finca de Sinaí a pagar el servicio militar, una decisión bien diferente a la de Nelson. Le tocó el reclutamiento en Manizales y el resto de su servicio en Marquetalia y Gaitania, Tolima. Era el año 65, todos lloraron mucho su despedida. Cuando regresó del servicio continuó trabajando en la finca con su papá. Se casó muy joven, a los 23 años, fue el primero de todos sus hermanos hombres en casarse, engendró cuatro hijos: 3 mujeres y un hombre; vive su segundo matrimonio. Es el único de todos los hijos de Ángel José que mantiene de 3 a 5 mujeres vigentes; le gusta vivir bien asegurado y teme quedar atrapado en una sola, no obstante, es también el único que tiene 12 hijos en total: 5 hombres y 7 mujeres. Al comienzo de su vida matrimonial fue un poco desafortunado.

    Sufrió y trabajó mucho para los demás: durante mucho tiempo trabajóen la finca de Hugo en el Concilio y en la de Oscar en la Taborda. Luego las circunstancias lo obligaron a irse a vivir al pueblo y la vida comenzó a cambiarle en todos los aspectos. Después de un tiempo de luchar con negocios de agencias de café en Salgar, en asocio con otros hermanos se trasladó para Andes; allí montaron otras agencias de café para luego comenzar una exitosa carrera en los negocios de chance cuando a la familia Betancur se le ocurrió la idea de incursionar en los juegos y apuestas.

    Fernando escogió un camino diferente al de Nelson, tal vez el más duro de todos: mientras Nelson tiraba corbata en Andes, Fernando ampollaba sus manos arando la tierra para ponerla a producir y palidecía en medio de las órdenes y la milicia durante su servicio. No obstante, la vida los niveló, colocándolos más tarde en la misma dirección y en el mismo lugar.

«Pero aún así, cuando alguien coge la delantera, no desesperes, en la vida nadie está más arriba ni másabajo, nadie es más grande ni más pequeño que los otros, al final todos somos iguales».

 

LUZ MERY

    Nació en agosto 23 de 1948. Era una niña muy graciosa y hacía bulla por todos. A Luz Mery le decían la güesa por alta, flaca y huesuda. Ella vivió con las tías desde los tres meses hasta los cinco años, quienes le decían que Anita se las había regalado y por eso fue muy difícil que la dejaran volver a su lado. Ángel José la llevó a las malas para la Loma de Sinaí. Llegó entonces a un sitio extraño en que siempre se sintió acomplejada y sólo como a los quince años superó bastante todos esos miedos.

    Uno de ellos fue comprobar que era hija de Anita, pues la molestaban diciéndole que no lo era. Anita guardaba una libretica con las fechas y nombres de cada uno de sus hijos; a Luz Mery le martillaba la idea, hasta que encontró la notica y pudo comprobar que Anita y Ángel José eran sus padres.

    También le tocó la fuerza del desarrollo familiar, fue una de las que más duro le tocó. Era la primera que se levantaba, a las tres de la mañana ya estaba en la cocina haciendo arepas, tenía que ayudar a ordeñar y hacer el desayuno muy temprano. Después de que se casaron Lilia y Estela, aumentó su trabajo, pues le tocaba encargarse de todos los niños más pequeños. Era muy cizañoza y aspavientosa, por todo formaba un alboroto, no obstante por su forma de ser sufría un poco con su mamá, pero era guapa, trabajadora y dinámica.

    Cuando le dio por casarse se armó una gran algarabía, pues la familia no quería al novio, un muchacho que era policía, porque, además, pensaban algunos de sus hermanos, iba a ser un fracaso, lo que en efecto pasó, pero en ese momento Luz Mery no podía darse cuenta. A pesar de todo se casó en 1969. Pronto las dificultades en su vida familiar se presentaron: nadie estaba preparado para esa vida tan dura.

    Al poco tiempo quedó sola para formar y sobrevivir con sus hijos. Ella puso todo el empeño y salió adelante: hacía costuras, vendía helados y otras formas de rebusque en su casa. Todo era un rollo, aquí había que lucharla muy duro y sobrevivir ante todas las circunstancias. En estas dificultades contó con la ayuda de algunos de sus hermanos. Trabajó mucho para conseguir una casa. Finalmente se vinculó al trabajo de la familia. Luz Meryes una mujer elegante y destacada en sus modales.

 

«No hay situaciones desesperadas sino hombres sin                                    esperanza».

Diciembre 22 de 1949, nació FERNANDO, uno de los niños que murió recién nacido.

ANA CECILIA

    Marzo 18 de 1951, nació ANA CECILIA. La llamaban herminia porque era parecida a Herminia la mujer de carepalo. Era una niña muy linda y delicada, se mimaba sola y como era tan contemplada desde luego comenzó a ser menos comprometida con los destinos que para todos allí había. Entre más grandecita más vanidosa se fue volviendo.

    Tuvo un crecimiento normal y a los 14 años era toda una mujer; manejaba mucha vanidad y complejo de belleza, sus estudios fueron primarios. Mostró especial vocación por las artes y la música, lo que a su vez le acarreaba dificultades para vincularse a las labores corrientes de la familia. Cecilia le causaba mucha risa a sus hermanos y también les hizo dar mucha rabia, porque al ser la más bonita no hacía nada. En una ocasión le dijo Anita a Ángel José de forma muy sigilosa: Ángel, hay que poner a Cecilia en tratamiento, es que le está saliendo bozo, y Ángel José le dice: vea mija, no sea tan caraja, eso no es cuestión de tratamiento, eso antes le luce, ni por el carajo yo voy a gastar plata en esas bobadas.

    Cecilia se quedaba aletargada. Era una mujer más de sueños que de realidades,como el que tuvo con Antonio Aguilar, en la época en que éste era el ídolo de la canción ranchera, junto con Miguel Aceves Mejía. Ella se enamoró muy seriamentede Antonio Aguilar, soñaba con él y le daban pesadillas llamándolo a media noche: toño... toño... toñito... y se iba quedando en suspenso.

    Tuvo un novio desde muy joven, que era de la jay del pueblo. Elkin, su hermano, que todo lo bautizaba, lo puso el danés porque tenía ojos cambiados como los perros danés. Este romance le costó a Cecilia mucho dolor, pues el novio tenía más cara de patán que de futuro esposo; no obstante, Cecilia no soportó más que ese tipo la fuera a dejar beata, así que se puso las pilas y se fue para Medellín a buscar otro ambiente que le ayudara a olvidar al hombre con el cual no tenía esperanzas. Al fin y al cabo, como era tan vanidosa, no soportaba quedarse en la casa.

    Cuando sus hermanos menores por alguna circunstancia se la encontraban en el pueblo, le daba pena de ellos porque los veía muy montañeros; cuando no era que les sacaba el cuerpo decía que eran trabajadores de la finca. Lo mismo sucedía en Medellín cuando estaba con sus amistades. Esto parece cuento de hadas, pero sin lugar a dudas es más que eso, pues así ocurrían las cosas, sin que fuese mucho problema: la inocencia lo puede todo, tan inocentes fueron sus hermanos como ella que no sabía que hacer.

    A pesar de todo les gustaba buscarla porque la veían también más civilizada que ellos y poco y nada les importaba lo que ella dijera o pensara. Es cierto que el orgullo y el egoísmo son aprendidos y no van con el ser como tal; en ese entonces de la vida, el ego y orgullo de los hermanos de Cecilia era muy escaso y lo de ella, no era tan siquiera eso, solamente era complejo. Cecilia se casó y procreó tres hijos: dos hombres y una mujer.

«La mayoría de las veces los defectos que vemos en los demás son nuestros propios defectos».

GUILLERMO LEÓN

    Mayo 17 de 1952 nació GUILLERMO LEÓN. Era un niño blanquito de cabellos crespos, sensible y tierno; no tenía el perfil de esas fieras incansables para todo como los mellizos. Al paso que crecía lo iban matriculando al trabajo sin ninguna consideración, paralelamente se notaba que éste no desarrollaba la capacidad de los mellizos. No obstante, lo calificaban de cimbreño y de blandengue, casi obligándolo a cumplir tareas de adultos.

    Este niño gozaba del privilegio de tener ocho papás, Ángel José y los 7 hermanos mayores, todos lo mandaban, todos lo regañaban y castigaban, lo tildaban de hembra cuando no dejaba a gusto a sus papás, para significar que era flojo como las mujeres. No había esperanza de que alguien lo compadeciera, lo comprendiera y defendiera, el consuelo que recibía era:¡qué verraco tan llorón!.Cuando Ángel José lo escuchaba llorando decía: me lambo cuando te veo llorando y gozo de contento cuando te veo jugando. Fue al que más apodos le pusieron y seguramente al que le tocó el chicharrón más duro. Eso es lo que recuerda Guillermo de su niñez: miedo y soledad en medio del duro trabajo, porque las circunstancias que lo caracterizaban nunca lo excluyeron de la atmósfera pesada del trabajo, ni del deplorable derecho a tener ocho papás. Este niño por ser frágil y tierno se sintió sumergido en la indiferencia llevando consigo sentimientos de miedo y soledad. Todo era a la brava o a la puta, como decían vulgarmente. En última instancia el niño hacía lo que podía pero sintiéndose humillado y reducido.

    El sobrenombre que lo distinguió fue mapuro, entre muchos otros, porque dizque se asomaba por entre los rastrojos como un mapuro. Cuando tenía 7 años lo llevaron a la escuela para iniciar los primeros años de aprendizaje. Más tarde lo dejaron ir a vivir a Puerto Valdivia con Lilia, que estaba recién casada y después a Ituango, mientras cursaba la primaria. Con Lilia vivió una aventura casi de un año, era una época de la vida muy linda, en la que no sólo se encontraba liberado de los ocho papás, sino que era el momento de la vida en la que era muy empalagoso, alegre y no sentía miedo de nada mientras no apareciera alguno de sus papás.

    Lilia vivía en Puerto Valdivia, Ant., casi a orillas del río Cauca. La mayor preocupación de ella era que de pronto se ahogara su hermano Guillermo en el río Cauca o lo picara una culebra. Esos eran los mayores peligros. Guillermo siempre que tenía tiempo libre se iba para la orilla del río a ver pescar y a tirar piedra o a bregar a coger una iguana o un camaleón. La casa quedaba en un segundo piso y se divisaba la orilla del río y desde allá escuchaba el grito de Lilia: Guillermo... qué estás haciendo por allá culicagao?.

    En ese estado de la vida no se tiene barrera que lo ataje. ¡Qué tal que a un hombre no lo dañaran cuando está pequeño!. Sería muy distinta la vida, y es que al niño lo dañan porque si o porque no, con la manipulación, los gritos, las amenazas, el castigo físico, las palabras ofensivas, el miedo que le infunden, el abuso sexual y la forma como lo someten y lo obligan. Este daño a un niño se lo hacen el papá, la mamá, los hermanos, las hermanas, los tíos, las tías, los abuelos; no obstante, es obvio que no todos resultan igualmente afectados en su parte psicológica.

«Hoy y siempre mira la luz y no la sombra; piensa                                                     en todo lo bueno y borra las quejas con la gratitud».

 

    Todas estas pesadillas que la vida parece tener, casi siempre dañan la inocencia. El ser inocente es el mejor estado para disfrutar y sentir la felicidad. En un paseo a Puerto Valdivia desde Salgar, en que estuvieron varios días Lilia, Anita, Ignacio, Pepita, Tina la hermana de Anita, Rubiela la hija de Tina, y Guillermo, lo usual era atravesar el Cauca en una canoa, así lo hicieron pero ignoraban el peligro que corrían. Al regreso se dieron cuenta que en esa misma canoa se habían ahogado cinco personas ocho días antes.

    Guillermo vivió con Lilia cinco meses en Puerto Valdivia y cinco meses en Ituango. Al final del año regresaron a Salgar otra vez a la finca de la loma de Sinaí en compañía del primer nieto de Anita. En esta oportunidad, Guillermo no regresaba más al lado de Lilia, debía quedar a disposición nuevamente de sus papás. Ángel José le dijo en un momento que se hallaban solos: hijo, no le dé ganas de estudiar más, que yo le compro cuadernos y lápices para que estudie aquí y su trabajo yo se lo pago. Esto ocurrió a la edad de 11 años. Quedó marcado y encadenado nuevamente al ambiente de Sinaí y de sus ocho papás que aún estaban ahí.

    En una ocasión estando muy pollito, de unos 12 años, Ángel José lo llevó a una región por los lados de la Gulunga a comprar un marrano y le dijo: mijo quédese pa que lleve este marrano de madrugada que yo me voy ya... A Guillermo le cayó un taco en la garganta. Se puso mudo, invadido del miedo y del temor. Ángel José lo notó y lo consoló diciéndole: no le dé miedo hijo, quédese tranquilo, este señor es muy amigo mío y él le va a ayudar a sacar el marrano hasta la carretera. Con eso se sintió seguro y animado. Luego de haberse ido el papá comenzó Guillermo a contarle historias a eseseñor Cano hasta las nueve de la noche y cumplió la misión como debía ser. Fueron momentos de impacto. Si Ángel José se va y no le da seguridad como lo hizo, Guillermo hubiese quedado triste, con miedo y llorando.

    A Guillermo le correspondió durante mucho tiempo subir el mercado del pueblo a la finca, lo cual fue siempre un inconveniente pues le tocaba hacerlo en el macho grande que era ranchador. Había veces en que el macho se le devolvía y se paraba derecho, por lo que Guillermo tenía quel uchar con ese animal hasta que pasaba alguna persona mayor que le ayudara y así poder seguir su camino.

    Otras veces Ángel José lo llevaba para la feria, compraba alguna vaca y la mandaba con este niño para la finca. En el camino, la vaca, cansada por esa loma, se echaba y a Guillermo le daba lidia hacer que se volviera aparar, entonces le comenzaba la angustia y el miedo. Esto le ocurría en otras ocasiones con los marranos, pues siempre era él quien los arriaba hasta el matadero. Era como si no hubiese nadie más quien los arriara o como si él fuese el más indicado, lo cierto era que padecía mucho miedo, porque casi siempre le tocaba llevar esos marranos en las tardes.

    Al comienzo del camino, el marrano iba bien pero al rato ni corto ni perezoso se iba echando, casi ahogado, con la boca abierta y acezando fuerte. Guillermo no sabía qué hacer; la única esperanza era rezar para que no lo fuera a coger la noche y para que no lloviera, pero había veces que se largaba una tempestad con rayos y hasta granizo; es difícil describir lo que sentía, pues eran muchas las circunstancias a las que se debía enfrentar en esos momentos, a una edad muy tierna y sin ayuda de nadie.

    En otra ocasión lo mandó Ángel José con dos bestias cargadas con bultos de fríjol desde el Concilio hasta Sinaí, también en las horas de la tarde. Ya estaba un poquito más grande, sin embargo no estaba en capacidad de recomponer o cargar nuevamente las bestias, si eventualmente la carga se cayera. Fue un impacto para el jovencito, pues tenía mucho temor de lidiar dos mulas cargadas por unos caminos malos, faldudos y en un trayecto de más de dos horas de camino, invadido por el miedo y el cansancio. Solamente rezándole a los angelitos se consolaba.

    En aquella época el consuelo del más grandecito era apoyarse en el que lo seguía en edad, pero Guillermo había nacido en medio de dos mujeres, Cecilia y Dora, así que no pudo contar con un buen apoyo, ya que las mujeres en este hogar tenían sus propios oficios. A Guillermo le tocó entonces como compañerito de lucha a su hermano Gustavo, que era menor dos años y medio, pero no encontraba mucho apoyo porque éste vivía malgeniado y era muy bravo.

    Una de las tantas tareas que les tocaba hacer juntos casi todos los días era ir por las bestias al potrero de abajo, que quedaba en los pies de la finca. Pero cuando las bestias los veían venir ahí mismo se salían al camino y cuando se arrimaban para tirarle el cabestro se tiraban un pedo y salían corriendo, así que les tocaba subir a pie detrás de ellas. Un día dijo Gustavo: es que recemos y verá que se dejan coger. Y se acostumbraron a bajar rezando por todo el camino el Padre nuestro y la Salve, y las bestias se quedaban quietas y se dejaban coger, pudiendo así subir montados en ellas. Cuando no rezaban, las bestias no se dejaban coger. ¿Qué nos muestra con este ejemplo el poder del pensamiento?

    Guillermo fue el último en salir de Sinaí, el que más tiempo duró al lado de Ángel José y Anita. Ángel José recompensó su trabajo dándole un cafetal caturra, y con eso formó sus primeros pesitos. Más tarde con ahorros por la venta del café compró a Manuel Gómez una tierra para mejorar, la cual colindaba con predios de Ángel José.

    Guillermo se casó, trabajó más duro todavía de lo que le había tocado, mejoró la finca y le construyó casa, vivió en ella y gozó de la ayuda de su papá y de Arturo y Mauricio, hermanos menores. Todos contribuyeron mucho y lo impulsaron para que pudiera salir adelante. Dentro del matrimonio engendró dos hijos: hombre y mujer; extra matrimoniales tuvo dos mujeres más, una antes del matrimonio y la menor después de la separación.

    Tuvo carnicería desde los 19 años y después de casado la dejó con el fin de dedicarse más a los destinos de la finca. Le iba muy bien y progresaba poco a poco. Siempre ha tenido el don de hacerlo bien, gástese el tiempo que sea. Nunca ha retrocedido a pesar de las dificultades, lo que se pone ahacer lo realiza más con el deseo de hacerlo bien que en recibir ganancias y cree firmemente que este privilegio lo ha salvado de caer en retrocesos.

    Solamente en la vida afectiva ha sufrido el hielo que produce quedar con un hogar desbaratado y unos hijos desestabilizados. Más que todo es el precio de haber aprendido a ser macho pero acompañado de una mujer, porque nadie solo es macho ni es nada. Los hombres solos se sienten más infelices que un prisionero de guerra. Eso es lo que son los hombres: muy machos respaldados por una mujer. ¿Sin una mujer cómo son? ¡miserables y acabados!. Así que es posible que el machismo no exista en ningún hombre, que solamente se sienta hombre subyugado a las mujeres.

     A los treinta y un años de edad partió con rumbo a Urabá para iniciarse en los negocios de chance y de comercio. Como siempre, haciendo las cosas bien, pudo salir adelante y comenzar un proceso de cambio y adaptación, de ser un campesino a entrar de lleno a ser un hombre de pueblo. Es la experiencia más emocionante que se pueda pasar, salir de las limitaciones que hay en el campo y de altos niveles de ingenuidad e ignorancia, a disfrutar de la abundancia y a la vez a recibir conocimiento.

    Hoy Guillermo es un hombre totalmente independiente, ha delegado trabajo y se dedica más a descansar y a estar consigo mismo que a estar buscando de lo mismo toda la vida. También ha emprendido una reconstrucción en la relación con sus hijos. Es meditador desde 1995 y ha participado en varios cursos de crecimiento espiritual. Su vida está hoy orientada a sanar el dolor que todos llevan por dentro, con el fin de vivir más y mejor.

«Una vida feliz posee cierta dosis de oscuridad, y la palabra FELICIDAD perdería su significado si no estuviera equilibrada con la tristeza».«Nunca he estado menos solo que cuando estoy solo».       CICERON

DORA INÉS

    Noviembre 11 de 1953, nació DORA INES, una niña sapita y rosadita. La pusieron rosalía, ese era su apodo de familia porque se parecía a Rosalía, la mujer de Querubín Sánchez, que era rosada del color de una manzana.

    Cuando estaba de 4 a 6 añitos era muy graciosa porque gagueaba mucho cuando iba a hablar. También le tocó, como a todos, moler en el mismo trapiche, enfrentar el trabajo y las obligaciones que en este hogar había. Junto con una hermana mayor, lavaba ropa y planchaba; le fascinaba desarrugar la ropa y tener todo bien organizado. A Dora le gustaba el trabajo, sobre todo el de la cocina; se ponía a brillar las ollas, para darle una sorpresa a Anita y viera la cocina bien bonita. Ángel José nunca les exigió a las mujeres que cogieran café, pero si lo hacían, sobre todo cerca a la casa, les pagaba el doble. El trabajo para ellas era ayudarle a Anita.

    Entró a estudiar como de doce años, esa era la edad para ir a estudiar, e igual que los demás se radicó en la casa de la tía Pepita. Estudió la primaria e hizo el bachillerato. Fue muy crítica de la educación, no le gustaba la forma como le enseñaban ni mucho menos los castigos. Alguna vez tocó la campana a deshoras y el castigo fue que la tocara media hora y ella fue muy feliz esa media hora. Le gustaba emprender y hacer cosas que no sabía, pero se las arreglaba para hacerlo en el camino, por ejemplo hacer costuras o cantar en alguna celebración especial. Su música favorita era la que interpretaban Rodolfo Aicardi y los Ángeles Negros.

    Hubo un tiempo en que se estaba volviendo hippi y mostraba comportamientos que llamaban la atención; sin lugar a dudas síntomas de que Dora no era como todas, ella tenía otras tendencias y capacidades. Se comenzó a interesar por los proyectos sociales y políticos de su hermano Ignacio, que era párroco en Pueblo Rico. Todo lo hacía para su crecimiento personal, siempre fue muy activa en estas cosas.

    Se casó cuando tenía 21 años y su esposo 23. Procreó tres hijos: dos hombres y una mujer. Vivió y llevó su hogar de manera responsable y mástarde se convirtió en líder de la familia ayudando a las personas de edad y liderando proyectos para el crecimiento espiritual de la familia. Fue consuelo de Pepita y la ayuda moral y espiritual en sus últimos días de su vejez. Igual lo hizo con su mamá Anita y hoy lo está haciendo con papá Ángel José.

    Para Dora casi todos sus sueños se han cumplido. No siente ninguna frustración y su mayor ídolo es Ángel José. Admiró mucho a su hermano Ignacio. Es una mujer dinámica, emprendedora y muy espiritual.

«La mujer que soy no es la que tú ves; no soy sólo huesos y piel».

GUSTAVO DE JESÚS

    Nació el 2 de noviembre de 1954. Gustavo era un niñito muy delgadito,blanquito y tendiente a tener problemas de salud. Era muy necio y parecía como si no se sintiera bien en la vida. Anita, viendo la cosa así, se le puso al pie para no dejarlo morir. Gustavo se levantaba por la mañana y se iba a llorarle a Anita al pie del fogón de leña, pero como ella vivía toda ocupada no le quedaba otra que decirle: siéntese ahí mijito mientras yo le preparo un huevito, y el niño se consolaba un poco. Fue creciendo y, como a todos, lofueron vinculando a los destinos rutinarios de aquel hogar. Si alguno se enfermaba era la única forma de justificar la inasistencia al trabajo y cuando se medio mejoraba se le exigía que regresara al corte.

    A Gustavo lo entraron a la escuela del pueblo, donde hizo toda la primaria. Cuando terminó, Ángel José, como siempre, quiso matricularlo en su escuela de agricultura. Ya le había comenzado a aplicar sus estrategias para sonsacarlo, pero Gustavo no decía nada. Simplemente estaba pensando qué camino coger. Un domingo Gustavo estaba decidido a irse a estudiar, sin embargo Ángel José estaba convencido de que Gustavo ya estaba matriculado en su escuela de trabajo. Ese día, Ángel José tenía viaje para la vereda La Humareda y el lunes estaría dándole vuelta a un ganado que allí tenía. Gustavo todo el día había estado esperando la oportunidad para darle a conocer su decisión.

    En esos días él era el ayudante de su papá en la carnicería. Ángel José era un hombre relámpago, de un momento a otro se desocupó de su negocio de carnicería y de pronto ya estaba subido en el bus escalera que lo llevaría a La Humareda. A Gustavo le tocó entonces correr antes de que saliera, llegó al bus y le dijo: Papá, yo no voy más para la finca, yo decidí irme a estudiar. Ángel José solamente alcanzó a decir: ¡Cómo así hijo!. Sebajó del bus y partió a pie para su finca de Sinaí. Gustavo saldría al otro día rumbo a Andes, para comenzar sus estudios secundarios. Gracias a Nelson, allí había una oportunidad y una esperanza.

    En la finca se encontraban ese domingo en la tarde desempacando el mercado, Anita, Elkin y Guillermo. Comentaban sobre la enfadada que se iría a pegar Ángel José por la ida de Gustavo, pues como ellos sabían del asunto, estaban chiquiticos de miedo esperando la reacción de Ángel José. Afortunadamente Guillermo y Anita se encontraban acompañados de Elkin; la que más temor tenía era Anita. Menos mal que Ángel no viene hoy, dijo Anita, se va amanecer a La Humareda y viene mañana. Sin embargo dijeron: jaa... falta ver si no suspende el viaje.

    Mientras dialogaban sobre el asunto, racionaban la carne, que consistía en rajarla con un cuchillo en tiras o sea en forma de una cinta o soga, esto para que la sal penetrara bien y la carne no se descompusiera, luego la colocaban al humo, para que se secara y para ir gastándola. Estando en esta operación apareció Ángel José. Anita alcanzó a decir: se los dije, mírelo que ahí llegó. Todos se pusieron nerviosos; llegó, saludó formal, ayudó a organizar la carne, tomó agua, se sentó, más tarde comió la cena y para experiencia de todos no dijo nada en absoluto y se quedó mucho tiempo sin mencionar a Gustavo.

    Esta decisión fue muy oportuna para Gustavo, pues le permitió abrirse paso para luego convertirse en una de las personas más destacadas en el seno de la familia. Hoy es uno de los mejores líderes y asesor de sus hermanos.

«¿Qué estás dispuesto a sacrificar para conseguir loque deseas?»

    Gustavo cursó la secundaria en Andes, en un Hogar Juvenil Campesino que Nelson lideraba. Se destacó como uno de los mejores estudiantes; era sobrado. En una ocasión un profesor lo sacó al frente y lo cuestionó porque no llevaba tareas, entonces Gustavo le dijo: ¡Bien pueda pregúnteme lo que quiera!,y por cada pregunta Gustavo le devolvía otra que ponía en jaque al profesor y a la vez dando mejor explicación de las materias. Así que le cogieron respeto y nunca más lo volvieron a cuestionar.

    Al momento de culminar sus estudios, ocurrió entre Nelson y Gustavo un disgusto que llevó a Nelson a suspenderle el apoyo económico a Gustavo; viéndose así obligado a regresar a la casa de la loma de Sinaí, que era el refugio de todos. A estas alturas, Gustavo ya era un hombre formado, sin embargo las circunstancias lo obligaron a meterse al trabajo y demostrar que él era capaz de coger el toro por los cachos y en la medida de lo posible arrancar por la trocha que en esos momentos solamente podía seguir. Luchó y se enfrentó a los trabajos ordinarios del campo, mostrando mucha envergadura.

    Pronto comenzó a comprar y a vender café y pasilla en la vereda ElConcilio, asociado con algunos de los hermanos menores. No demoró mucho en tener su propia agencia de café en plena calle del comercio de Salgar. Comenzó a despegar económicamente y de una forma muy independiente y responsable. El mercado del café en esa época era el mejor negocio conocido, rápidamente se incorporó en el rango de los negocios y no demoró mucho en casarse. Vivió en Salgar un tiempo y pronto resolvió trasladarse a la localidad de Betania, Ant., donde comenzó a echar mejores raíces. Procreó cuatro hijos: una mujer y tres hombres

    En Betania fue donde él y Alberto iniciaron lo que luego sería para losBetancur el gran negocio del chance, actividad que en ese entonces era clandestina. A partir de este hecho, comenzó el cambio definitivo y progresivo de toda la familia. Gustavo, durante todo el desarrollo de esta actividad, fue la cabeza activa y líder del negocio. Sin embargo, las dificultades y los compromisos cada vez más grandes lo llevaban a serios cuestionamientos y en ciertos momentos deseaba desistir del negocio.

    Guillermo, estando todavía en la finca, que para entonces ya no era en la de Ángel José sino en la suya propia, salía al pueblo los domingos y se encontraba con casi todos los hermanos, ya no los veía como antes sino que los veía muy platudos. En esos días sucedió una anécdota entre Guillermo y Gustavo que ilustra que no todo lo que brilla es oro y muestra cómo se veían entre sí cada uno con una percepción distinta.

    Resulta que Guillermo, como todo finquero, vivía más pelao que espalda de frasco. Un día, por ser Gustavo el hermano de más confianza, se atrevió a decirle con algo de temor que si le hacía el favor de prestarle cincuenta mil pesos para financiarse en la finca y poder trabajar menos ahorcado; con mucha prudencia Gustavo no se los negó, pero le comentó que estaba aguardando una solicitud que tenía en el banco y que si le aprobaban ese préstamo con mucho gusto le hacía el favor. Luego siguió hablando de compromisos que debía cumplir. Guillermo pudo observar que en realidad Gustavo no estaba en condiciones de prestarle el dinero y se dio cuenta que lo que veía era distinto a lo que pensaba.

    En otra oportunidad, cuando comenzó a gestarse en Guillermo la idea de dejar la finca y vincularse también a los negocios de chance, nuevamente recurrió a Gustavo para pedirle su opinión: Hombre Gustavo, usted qué me aconseja, Mauricio me está comprando el 50% de la finca con el fin de que yo me salga y a mí me están dando ganas de dar ese paso. Otra vez tuvo una sorpresa, pues Gustavo le contestó: vea hombre, si yo fuera usted no me salía de la finca, uno en esto se cansa muy ligero y no es que uno consiga mucha para todo lo que tiene que hacer, si yo tuviera una finca no vacilaría mucho en irme a vivir a ella.

    Gustavo lo dejó más confundido que una ardilla en una jaula; tal vez porque a él ya se le había olvidado lo humillativo que es vivir en una finca cuando se quiere avanzar y progresar en la vida. Lo particular fue que cuando Guillermo comenzó en los negocios nunca se sintió con deseos de regresar a la finca por algún motivo diferente al miedo al cambio o al apego que le tenía a la tierrita donde nació.

    Cabe anotar que comenzar de cero es muy tenaz y en determinados momentos aparentar y mantener una buena imagen era aún más duro.Como le sucedió a Gustavo, pues montado en ese paseo no podía dejar entrever que se estaba pelao. En la finca por ejemplo todo el mundo sabía que se mantenía alcanzado, pero en ese negocio del chance había que demostrar lo contrario. Dicen que el que ríe de último ríe mejor; Guillermo por su parte comenzó sin ningún tropiezo, llegó trabajando y disfrutó de un camino y un conocimiento que ya había sido trillado por los pioneros, logrando desde luego la estabilidad en el negocio.

    En casa el sobrenombre que le tenían era macarto. Gustavo siempre fue y es un rayito de luz que alumbra el camino de muchos. Es un hombre de superación y de un gran corazón; es más lo que desea ayudar que lo que piensa en él y se destaca por ser muy oído por la familia. Ha sido un hombre experimentado y muy lanzado. Tuvo una época en su juventud que fue revolucionario, después se volvió medio enfermo por las mujeres, como no es raro en los Betancur. Fue caballista y cabalgatero. Algunas de sus bestias eran de exposición.

    De tanto molestar en la vida comenzó a recibir mensajes del cielo y  después de recibir varios avisos creyó profundamente en Dios y se convirtió en un hombre espiritualista. Hoy da ejemplo a todos y en este camino también es el líder; por lo menos la mitad de sus hermanos lo siguen en el sendero de la verdad y por el camino que conduce a la iluminación.

«No te extrañes por estar donde estás, nada es gratuito, uno está en el punto exacto que ha escogido estar».

«Si uno quiere ser algo diferente a lo que hoy es,debe estar dispuesto a pagar el precio».

 

ÁNGELA MIRIAM

    Fue la única que nació en un hospital un 2 de marzo de 1956. Todos esperaban ansiosos a Anita porque se había ido enferma para el hospital y la sorpresa fue que llegó con una niña arropada entre sus brazos. Llegó a caballo montada en galápago.

    Miryam comenzó a crecer, era una niña morenita y delgada. En medio de tanta gente nadie recuerda con facilidad los tiempos de cuando los niños estaban de brazos y en sus primeros meses de vida. En cambio cuando comenzaban a hablar y a corretear era que se iniciaba la historia y la referencia de cada uno. Miryam fue una niña muy distinguida principalmente  poque su pelo era churrusquito y por tal motivo le decían la currusquita. Cuando comenzó a hablar era muy gaga y todos gozaban mucho con ella. Generalmente en esa época era muy común que los niños gaguearan hasta los siete años.

    En una ocasión, antes que entrara a la escuela, su mamá y sus hermanas mayores optaron por motilarla a ras para ver si se le componía el pelo; pero como no era usual ver a una niña con el cabello rapó, la vistieron de hombre y la pusieron provisionalmente Carlos Arturo para despistar a la gente. En esa culecada de pollos, de pollas y de gallos se veía de todo y nada se podía hacer, pues si no era usual ver a una niña con la cabeza rapada, si que menos era prudente y sensato hacer eso con un ser inocente, sin que la ignorancia allí plasmada pudiera medir las consecuencias del impacto de tan insensata actitud con el menor.

    Más tarde fue a la escuela para cursar sus años primarios. Estando allí, ocurrió una anécdota con Miryam que llamó la atención de las maestras. La profesora del salón les dijo a las niñas que se pusieran de pie todas las que desearan ser religiosas, pues era muy común que a las niñas las motivaran por esa vocación. Todas, así no fuera definitiva su demostración, se colocaron de pie y la única que se quedó sentada fue Miryam, entonces la profesora le dijo: Oiga niña Betancur y usted por qué no se paró?. Y Miryam con mucha firmeza y seguridad dijo: no... el que... yo... meee... voy... a casal. Como era tan gaga casi no entiende y le hizo repetir. La profesora toda desplumada con tan significativa respuesta le pregunta: si... y ya tiene el novio?. Y la niña sigue con su firme respuesta: no... pe lo lo consigo...

 

    Miryam fue una mujer de hacha y machete; guapa, capaz y muy trabajadora, al punto que Ángel José decía que en la casa tenía trece hombres, incluyéndola a ella en el grupo, porque admiraba su forma de trabajar: cogía café, picaba leña, iba por el revuelto, lavaba ropa, manejaba marranos. Las labores drásticas ella las manejaba sin dificultad y por eso Ángel José la veía como un hombre más. 

    Miryam tardó un poco en casarse, pero aún no ha procreado hijos. El apodo que más predominó y que no podía faltar en casa fue la tabaca, porque se parecía a un tabaco en el color y en los roscos de su pelo.

«Mi dolor era demasiado profundo como para que                                                   las palabras lo aliviaran».

«Hoy debo recordar que el silencio es capaz de curar                                            al espíritu herido».

Zapa de vida

    Que triste que hoy ya no hay inocentes sino indecentes. Ya no hay niñez sino vejez. Hay niñas de 10 y 12 años que cargan problemas y tristezas como si su edad fuese de 40 años. La alegría de un niño hoy está metida entre los televisores. Ya no hay niños ganosos sino ansiosos. Pocos niños tienen destreza, pero sí muchos tienen estrés.

REGINA AMPARO

    Marzo 22 de 1957 nació REGINA AMPARO. Fue una niña muy linda, blanquita y al paso que fue creciendo se fue volviendo roja, y ahí mismo la pusieron la callura, por mona y pelirroja. No se sabe quién era el que madrugaba tanto a poner el sobrenombre, lo curioso era que desde muy pequeño ya se estaba bautizado dos veces, con el nombre de pila y con el sobrenombre, porque en esa época los niños debían ser bautizados a los ocho días de nacidos. Elkin era el rey de los sobrenombres, así que con su actitud motivaba que todos formaran una orquesta para componer lo  segundos bautizos.

    Regina sufrió mucho por el estudio, ya que no quería estar lejos de Anita, así estuviera donde sus tías o donde su hermana Estela. Esa era una de las razones que tenía Ángel José para que no estudiaran, porque debían estar arrimados. Regina hizo hasta quinto de primaria y regresó a la finca a colaborarle a Anita; aunque se iba por temporadas donde alguno de sus  hermanos.

    Estando muy pollita la mandaron con otros niños donde misa Berta, la mujer de Joaquín, su tío. Después de entregar el encargo debía esperar a que devolvieran otro encargo a Anita; mientras tanto a Regina la agarró un fuerte dolor de estómago con una fuerte sensación de ir al baño y comenzó a aguantar, pero misa Berta no salía del interior de su casa. Regina vio entonces que no podía aguantar más y le dijo a sus hermanitos: ¡Virgen Santísima, corran!. Y todos comenzaron a correr gritando.

    Al salir del corredor entablado, Regina botó el chorro de diarrea y ahí sí que más corrían y gritaban; misa Berta se asustó y salió rápido desesperada pensando que se había soltado el perro bravo que estaba amarrado detrás de la casa, pero la sorpresa fue que misa Berta se resbaló en el reguero que dejó Regina y cayó al suelo mientras gritaba: qué les pasó... qué les pasó. Pero a estos muchachos no los atajaba nadie. Luego misa Berta se levantó y pudo comprender qué era lo que había pasado. A misa Berta le cambió de rumbo el día, pues tuvo que ir a bañarse y a lavar la casa.

    Regina era una mona que brillaba de lejos y gozaba de muy buena salud. Se desempeñaba con sumisión en el trabajo. Le tocó, como a todas, el mismo trabajo, sin que hubiese alguna barrera de por medio. La política para las mujeres era hacer a duras penas la primaria y luego amarrarse los pantalones, porque valga la pena decirlo: en el hogar de Ángel José y Anita todos, hombres y mujeres, tuvieron que amarrarse muy bien los pantalones. Todas las mujeres se vieron alguna vez con ropa de hombre, pues los oficios muchas veces lo exigía.

    Regina se casó a los 22 años con un muchacho de Salgar. Fue un noviazgo bastante largo, duró siete años. Vivió un tiempo en el pueblo y luego Ángel José convenció a su esposo que le manejara la finca. Allí estuvo dos años con Anita, donde Regina era la dueña y señora, ya que por aquel tiempo todos sus hermanos habían salido a poner sus negocios. Regina regresó al pueblo faltándole dos meses para el nacimiento de su primera hija

    Regina no regresó a la finca. Se rebeló contra su esposo y se separó, luego tuvo una corta reconciliación para después separarse en forma definitiva y vincularse al trabajo con los hermanos. Procreó en total dos hijas mujeres.

 

«Tu paz interior vale más que todo. Pierde tu riqueza    y pierdes poco. Pierdes tu salud y pierdes algo.   Pierdes tu paz interior y lo haz perdido todo».

JAIRO ALBERTO

    Septiembre 17 de 1958 nació JAIRO ALBERTO. Era un niñito muy moreno y acuerpado, no demoraron mucho en ponerlo emiliano, porque tenía los rasgos físicos de su abuelo Emiliano. Nadie se escapaba, todo el que iba naciendo quedaba inmerso en la coraza energética que estructuraba el rango familiar. Este niño sí que fue distinguido, no solamente por ser uno de los más parecidos a su abuelo, sino por las tácticas y estrategias que manejaba.

    Alberto cursó su primaria en Salgar, en casa de su tía Pepita, por la cual todos pasaron y gracias a ella pudieron hacer los primeros años elementales. Sin embargo, no era fácil continuar estudiando la secundaria, ya que además del permiso de Ángel José no había quién se encargara de costear el estudio. Tocaba entonces regresar a casa de papá y mamá a fraguar la vida desde allí, esperando con humildad y mucha paciencia que fuera el destino quien se ocupara del futuro de cada uno.

    Alberto desde muy pequeño era lo más de cañero. Resulta que una vez, en época de cosecha de café, Guillermo comenzó a carearlo para que toreara al perro de la casa. Éste era un perro muy lindo, colimocho de color cenizo, hociquenegro y de nombre Sultán. Cuando el perro atacaba, Guillermo lo sostenía con un lazo para que no lo fuese a morder, pero como y cuando Alberto vio que el perro le tomó ventaja se volteó y el perro lo mordió en la nalga.

    Alberto, que además de estratégico era muy mimado, lloró dos horas consecutivas hasta cuando llegó Ángel José. Guillermo se puso chiquitico de miedo y le rogaba a Dios que este muchacho se calmara para ver si así se escapaba de la pela. Pero a más rato más llanto. Preguntó Ángel José: qué le pasó mijo?. El estratégico muchacho dejó de llorar y le echó el rollo. Como Ángel José era tan espontáneo, inmediatamente llamó a Guillermo, ya de 15 años y lo prendió a correa delante de todos los trabajadores que habían allí. Recuerda Guillermo que ésta fue la última pela que Ángel José le dio.

 

    Alberto agarró el azadón de la cola, como normalmente les fue tocando a todos. Pero Alberto, no cabe duda, fue el más vivo y osado para finiquitar la marrulla y hazañas de Ángel José, con las cuales conducía de manera inteligente a sus hijos menores. Alberto resultó ser un buen revolucionario: formó una fuerza rebelde frente a su papá, para ello se apoyó en sus hermanos menores y definió políticas que contrarrestaban las disposiciones de Ángel José.

    Dentro de sus estrategias y políticas estaban la decisión de no despulpar más el café a mano para crear la necesidad de un motor a gasolina; no cargar más el agua en los hombros, lo que obligó a Ángel José a montar un equipo en bestia para subir el agua; que todos salieran del corte a las cuatro de la tarde, cuando la hora de salir generalmente era a las 5 P.M. Ángel José comenzó a quejarse y a sentir que los hijos lo estaban acorralando, obligándose a tomar medidas que fueran suavizando las relaciones con sus hijos; nunca antes se había visto lesionada su soberanía.

    Alberto era muy cabiloso y malicioso. Después de tener el motor para despulpar el café, le decía a sus hermanos menores cuando prendían el motor: hombre, a mí se me está metiendo en la cabeza que ese motor se va apagar, yo mejor me voy. Preciso, se apagaba el motor. Siempre saboteaba la cosa de ese modo, se la ganaba de estrategia. El motor se acostumbró a que si Alberto estaba ahí se apagaba. En otras ocasiones, cuando estaba trabajando en el corte se salía dizque porque le dolían los pies. El hecho era que Alberto usaba tácticas para no matarse mucho y logró con sus estrategias no solamente trabajar menos duro sino neutralizar a Ángel José haciéndolo más blando y manejable.

    En esta época hubo mucha tensión en la familia porque Ángel José se vio solo y con algunos de los hijos en contra. Los hermanos mayores, que se encontraban por fuera y eran independientes, rodearon al viejo para apoyarlo. Las cosas se pusieron muy tensas debido a la agudeza que se fue formando de acuerdo a las políticas revolucionarias movidas por Alberto. Parece ser que Alberto intentó bloquear a su papá al máximo, lo que no hicieron ni Ignacio ni Gustavo, que también eran revolucionarios, pues ellos eran muy reservados. Lo cierto era que Alberto dependía en ese entonces de su papá y debía aplicar sus políticas allí. Alberto obtuvo el apoyo de Mauricio, Arturo y Miryam, mientras que Regina fue neutral.

    Sin embargo, gracias a la sagacidad de Ángel José la familia supo manejar esta situación sin graves consecuencias para la unidad familiar, lo que no sucedió en la familia de Horacio Gallego, primo de Ángel José, quien se enfrentó con sus hijos de una manera dolorosa por las ideas revolucionarias de éstos.

    Cuando Alberto se sintió hombre se acrecentaron sus ideas revolucionarias y fue adoctrinándose en la filosofía de Marx, Lenin y Mao. Llegó al punto en que se creía que era todo un revolucionario consecuente. Alberto participó activamente cuando se formó un sindicato de trabajadores agrícolas en el pueblito de Salgar dirigido por los amigos Trobique, Alonso y Mario, unos compañeros que orientaban y adoctrinaban a los inquietos revolucionarios en la filosofía marxista leninista. Más tarde, cuando el sindicato cogió fuerza, se formó un paro en la finca Troya de propiedad de don Rogelio Alvarez, la más grande de Salgar que albergaba a unos 35 caseros y unos 150 trabajadores más. Este paro duró más de dos meses y fue bastante traumático, pues creó mucha alerta de las autoridades y de los dueños de fincas, ya que en ese pueblito no sehabía visto nunca algo similar.

    En esos días se iba a realizar una manifestación pública de protesta por parte de dirigentes gremiales y trabajadores de distintos municipios en la plaza pública de Pueblo Rico, Ant. Como la gente de Salgar estaba motivada por el paro, se conformó un buen número de colegas dirigentes y campesinos para participar en tan importante acto. El día escogido era un domingo. Todo estaba listo y preparado, pero la manifestación había sido prohibida por la gobernación. No obstante, la gente estaba decidida a realizarla por encima de cualquier obstáculo. De modo que en las primeras horas de la mañana, comenzaron a llegar a la plaza principal de Pueblo Rico, entre otros, buses escalera de Andes, Jardín, Tarso, Támesis, Urrao, Jericó, Medellín y Salgar.

    El combo de Salgar estaba nutrido por un grueso de gente amiga, familiares y conocidos de Alberto. Entre los familiares estaban Miryam, Mauricio, Arturo y Gustavo, éste venía desde Andes. Los acompañaban Cuspio, Gloria Montoya, Gloria Tobón, Javier Roldán, Walter Gallego y Enith la novia de Alberto, entre otros.

    La gente se bajaba en las veredas cercanas y en las afueras del pueblo se iba agrupando para ingresar al parque central. El ambiente comenzaba a ponerse tenso porque la policía y el alcalde tenían la orden de impedir que se realizara la manifestación. La policía, sin embargo, no pudo impedir el acceso de los campesinos a la plaza. La gente se acantonó frentea la alcaldía pidiendo inminentemente permiso para realizar el evento, pero el alcalde una y otra vez les dijo: Yo tengo orden directamente desde la gobernación de no dejar hacer esta manifestación. Si quieren váyanse para una vereda y por allá la hacen.

    Los dirigentes se sostuvieron en que la harían ahí por encima de cualquier circunstancia y se retiraron al centro del parque. Le dijeron a todos la manifestación sin el permiso del alcalde?. Y toda la multitud gritó que sí. Entonces comenzaron los discursos. Los treinta policías se alistaron para repeler la manifestación de más de 500 personas, se formaron en barrera y marcharon hasta donde se localizaban los manifestantes.

    El teniente del escuadrón penetró hasta la tribuna donde estaba el discursista y le arrebató el micrófono, luego lo empuñó para llevárselo, pero al mismo tiempo el teniente recibió en la cabeza el golpe de muchas pancartas que con sus palos cayeron sobre él. Inmediatamente el teniente comenzó a disparar al aire y se armó la refriega. Muchos salieron corriendo, entre esos Alberto, pero la mayoría se enfrentaron a la policía por varias horas. Hubo disparos y heridos, la plaza se desorganizó por completo, la gente tiraba con lo que hubiera: el maíz, las papas y los cajones de los que vendían en el parque quedaron esparcidos. El cura de la parroquia salió a auxiliar a mujeres y a niños. Todo el mundo lloraba y se escuchaban gritos e hifueputazos.

    A los policías les tocó atrincherarse porque vieron que los iban a desarmar y desde su trinchera disparaban bajito hiriendo a varias personas en las piernas. Todo el mundo comenzó a huir de modo que no fueran a ser capturados. Así que la mayoría se fueron a pie por veredas y caminos para más tarde salir a la carretera en busca de algún vehículo. Los de Salgar fueron los únicos detenidos. Caminando habían llegado a la finca La Arboleda, granja comunitaria de un grupo de campesinos en Pueblo Rico. Allí cerca se encontraba el bus escalera que los conduciría hasta Salgar, pero no sabían que la policía de Tarso los estaba esperando para capturarlos. Como a la media noche los ingresaron a la cárcel de Pueblo Rico. Al otro día se supo la noticia en Salgar.

 

    Guillermo, quien no participó en la manifestación porque su carnicería el domingo no se lo permitió, al otro día se fue para Pueblo Rico en un carro expreso. Habló con el alcalde buscando la forma de que liberaran a su novia Gloria Montoya y a sus hermanos. Sin embargo, en pleno parque fue sorprendido por unos detectives que lo requisaron y lo llevaron al cuartel de la policía. Allí fue interrogado por el coronel de la policía del departamento, quien se había apersonado de los disturbios ocurridos allí. Le preguntaron mucho por Ignacio, su hermano, que lo culpaban de ser el protagonista de la avalancha de manifestantes y revolucionarios.

    Después de haberlo investigado lo dejaron en libertad, pero debido a que se quedó bregando a conseguir permiso para visitar a los detenidos, comenzaron a sospechar y un policía aseguró que lo vio tirando piedra en el mitin, de modo que fue arrestando esa tarde. Cuando lo llevaron a la guardia de la cárcel Guillermo no sabía que estaba retenido y sus familiares desde el patio lo veían allá en la guardia y decían: ¡Ese Guillermo siempre es muy empujao, cómo vino a sacarnos!. Al instante esos policías fueron abriendo la reja que conducía al patio y plum con Guillermo para allá. El susto que se llevó no fue menos que el de los que ya estaban allí. Tres días después fue puesto en libertad al comprobar que no había participado en el asunto.

    Nelson, que era el hombre más sagaz de la familia, se trasladó desde Andes a Pueblo Rico, asombrado por lo que le había ocurrido a sus hermanos y a tratar de ayudarles. Cuando llegó al parque y habló con la gente conocida, le dijeron: hombre, váyase, que están metiendo todo Betancur que llegue, no espere a que la policía lo identifique. Nelson, que era un reconocido personaje en Andes, se asustó al ver la cosa tan complicada y salió a toda prisa por una carretera contraria a salir cerca de Andes, porque ya no tenía tiempo de coger por la misma vía que había llegado y más le dio temor que lo apresaran en la salida del pueblo.

    Cuando había recorrido un tramo largo, sintió más tranquilidad y se bajó a observar el pueblo desde una montaña y a respirar tranquilo, entonces vio venir una moto con dos personas, lo que le hizo creer que lo estaban siguiendo. Cuenta Nelson que fue mucha la carrera para que esa moto no lo alcanzara. Llegó a Andes asustado y cansado igual que los que habían estado en la manifestación. Sin embargo eso no lo venció, al otro día se fue de nuevo a Pueblo Rico acompañado de un distinguido personaje de la vida pública y abogado de profesión, el doctor Lemos    

    Inmediatamente pidieron la libertad de Arturo y Mauricio que eran menores de edad. A las otras personas les encabezaron una investigación. Liberaron a unas y a las otras les aplicaron arresto de dos meses, entre quienes estaban Miryam Betancur, Gloria Montoya, Enith Quiceno, Gloria Tobón, Javier Roldán, Walter Gallego y Cuspio. Definido el arresto, fueron trasladados a Salgar para pagar allí la pena y a las 7 semanas fueron puestos en libertad.

    Alberto había escapado de estas situaciones porque se encontraba muy enfermo de amigdalitis y tenía cita con un médico en Medellín al díasiguiente. Cuando escuchó los primeros disparos, Alberto salió despavoridopara luego abordar un bus que lo llevó a Medellín.

    Hubo críticas y mucha tensión en la familia, pero al final de cuentas todo el mundo tiene que aceptar los acontecimientos, quieran o no. Lo que hace la gente con la resistencia a aceptar la verdad es aumentar el conflicto y el sufrimiento. No obstante, con este hecho se acabó todo: el sindicato y el paro de la finca Troya se desintegraron, así como el empuje de Alberto. El susto que produjo los hechos de Pueblo Rico y la prisión de algunos de los manifestantes le puso fin a los impulsos que bajo la sombra de la ignorancia se movían allí.

    Alberto no vaciló mucho en irse de la casa. Se fue muy joven y se asoció con su hermano Gustavo en negocios de café y en una tienda cantina en la vereda El Concilio. Más adelante se trasladaron al pueblo y en poco tiempo iniciaron negocios de café en Betania. Y en un año escaso, surgió en ellos dos la idea del chance.

    A su novia la había conquistado en la época de sus ideas revolucionarias y ambos se convencieron que si se casaban eso no significaba mucho, sin importarles lo que opinaran los demás, ya que ellos consideraban que pertenecían a otra ley. Sin embargo debían hacerlo por la iglesia para evitar problemas mayores con los papás de ambos. No obstante, para Alberto fue una decisión tremenda porque en el fondo él no quería casarse, pero los compañeros de la doctrina revolucionaria le dijeron que lo debía hacer. Alberto se casó de 19 años dejando atónitos a sus hermanos por su ligereza para resolver cosas que a la postre repercutían para siempre en su vida. Este hecho, sin embargo, no cambió para nada el sendero en el que debía aprender

    Tanto a él como al resto de sus hermanos, les tocó soportar un drama bastante pernicioso en la vida matrimonial, pero, no obstante, la edad para casarse no tuvo implicación especial en ninguno de los hermanos, pues si bien se casaron en edades comprendidas entre los 19 y los 29 años, nadie podría decir que su edad fuese sinónima de madurez al momento de casarse. Todos sufrieron el mismo drama matrimonial; en la actualidad todos los hermanos hombres de esta familia, con excepción de Elkin, son divorciados del matrimonio inicial y todos tienen hijos en varias mujeres.

    Alberto tal vez lo que hizo fue disfrutar menos libremente su juventud de soltero. Los comentarios aquí descritos a simple vista parecen ser muy sencillos, sin embargo ahí se teje toda una vida trágica. Todo esto tuvo como origen el sufrimiento, rabia, fatiga, odio, frustración, humillación, sometimiento y mucha ignorancia e ingenuidad, y por otro lado mucha pobreza. Por eso es asombroso que esta familia haya alcanzado tanto en el entorno social y comercial, cuando las bases que tenían eran para ser campesinos rasos por toda la vida.

«Los que quieren lo que hacen, son más felices que                                             los que hacen lo que quieren».

«El hombre debe aprender a soportar pacientemente                                              lo que no puede evitar debidamente».

FABIO ARTURO

    Octubre 12 de 1959 nació FABIO ARTURO. Fue un niño trigueñito, planchito y de ojos grandes, al cual muy pronto le llamaron el plancho. Creció en medio de la tormenta, así era ese diluvio de cosas en las que todos allí quedaban encajados al nacer.

Arturo fué un muchacho guapo y muy humilde que aportó todas sus fuerzas físicas para contribuir con su parte en la creación del ponqué que a diario había que construirse en el engranaje agrícola de Ángel José. Arturo cursó la primaria, dando los mismos pasos de todos cuando atravesaban por los senderos de la infancia, la pubertad y la adolescencia, época en que se debía ser cuidado y educado; pero no fue así

    Era como un embudo por el que todos obligadamente debían pasar. La rutina inmodificable que allí se vivía no permitía usar otro modo de vida. La ruta era luchar en medio de la tormenta, estudiar un poquito para por lo menos aprender a leer y escribir y trabajar bajo las exigencias de Ángel José, hasta que algún día tuvieran la capacidad de salir de allí y asumir las riendas de la vida por cuenta propia.

    Cuando Arturo estaba de unos 11 ó 12 años, su pasatiempo era escuchar a Kalimán entre las 5 y 30 y las 6 de la tarde. Se volvió tan fanático de Kalimán que una vez se subió a un guamo hasta el último copo y después de comerse varias guamas, gritó desde allá arriba: Se va... a volar... Kalimán. Elkin, uno de los mayores, lo vio y le pegó el grito: tenés ganas de quebrarte el culo gran güevón?. Y el muchacho dijo: Kalimán en su más grande estado de concentración mental... lo puede todo, Kalimán... nada lo puede vencer y puede volar desde las... alturas. Y diciendo eso se tiró a volar y cayó sobre un colchón de hojas.

    Ahí quedó aplastado y medio inconsciente. Elkin corrió a cogerlo y tenía una fractura en el brazo y otra en la nariz, por eso a Arturo se le ve la nariz torcida porque en esa parte no le podían poner yeso y para cirugía, en ese entonces, no había plata. Eso le pasó a este Kalimán por exagerado. Los que creen en Dios dicen que a uno lo cuidan los ángeles. Cayó sobre un colchón de hojas cuando por los lados había estacas, chuzos y piedras: no puede ser más palpable el milagro de Dios que ha puesto los ángeles para que cuiden a los humanos. Así los ángeles cuidaron de Arturo.  

    Los sábados y domingos eran los mejores días para descansar, mientras no fuera cosecha de café. Se podía pasear y hacer pernicia. Por lo general el sábado estaba muy agotado el mercado y una forma de empetacarse era comiendo frutas, subiendo al palo que más atrajera, bien fuera guamas, mangos, guayabas o naranjas. Si no había cosecha de frutas asaban plátanos maduros o de pronto había bananos maduros; y si la cosa estaba muy grilluda asaban yucas y las comían con sal, lo mismo si habían buenos huevos y arepas hacían un mergido de huevo con arepa, cebolla, tomate y sal, entonces así no veían la necesidad de irse para los palos de frutas. Era este el transcurrir de la vida y la forma como vibraban con el acontecer de la vida; muchas veces sin gruñir por nada, de hecho lo estaban aceptando todo.

    Arturo tuvo la oportunidad de estudiar en Andes con el apoyo de su hermano Nelson. Pero no se amañó. Estuvo algunas semanas y como sintió temor de dar a conocer su aburrimiento, un día escapó del colegio y se fue a pie hasta encontrar algún bus que lo llevara a la entrada de Salgar, para allí esperar otro bus. Nelson y Gustavo se asustaron mucho por la desaparición de Arturo, desesperados llamaron a Salgar y allí no sabían nada, sin embargo ellos presentían que había escapado y que tal vez no era tiempo de llegar a la casa, más luego por fin confirmaron que sí se había eludido y se tranquilizaron. El musgo, el capote, la aguapanela, la mazamorra, el sancocho, la tiradita de azadón y la cantaleta de Ángel José, hacían tanta falta que casi nadie se aguantaba sin volver pronto.

    Arturo y Mauricio andaban juntos y hacían alcancías. Cualquier palo de yuca lo compartían y se consolaban entre sí cuando Anita y Ángel José tenían alguna discusión. El estuvo con Mauricio, antes que saliera para su muerte. Arturo igualmente formó una buena relación con Alberto. Ha convivido con dos mujeres de las cuales surgió el nacimiento de cuatro hijos: tres mujeres y un hombre. A los 21 años se independizó de las redes que lo ligaban a su papá, para insertarse en los negocios del chance.

    Arturo era un hombre casi tan loco como Hugo. Hizo muchas locuras con el licor, las mujeres y las fumarolas eróticas, pero como el que no nació pa tal palo no da tal astilla, hoy es un hombre ejemplar, espiritualista, muy generoso y maneja buenas influencias para ayudar espiritualmente al que así lo quiere, es un hombre de los mejores en el seno familiar.

«En la pequeñez de la humildad está la verdadera                                             grandeza».

«En la sencillez están los bienes y en el orgullo los                                                   males».

Zapa de vida

        Un niño en su inconsciente se formulaba muchas preguntas tratando de saber qué era lo que pasaba en este nido de familia en el que había nacido, porque no podía comprender lo que pasaba: escuchó gritos, bullicios, refranes, llantos, algarabías, voces, ruidos, frío y soledad; percibió que mamá estaba muy ocupada y no podía sentarse a cargarlo y a darle calor y cariño; entonces lloró y se llenó de miedo y de inseguridad al versecasi todo el tiempo acostado en un catre mirando el techo de eternit.

    El niñito salía del catre a los cinco o seis meses gateando y porsupuesto llorando sin consuelo a buscar a Anita, entonces se topaba con unquicio o una escalera por la que debía caer para poder llegar a la cocina a donde se encontraba ella. Arrastrándose y a veces comiendo tierra, el niño comenzaba a verse envuelto en la desolación; sentía la rigidez, la intemperie, el poco calor de mamá y la falta de respuestas a tantos interrogantes del porqué las cosas eran así.

    El niño quedaba cobijado con el manto de la frustración formando en su inconsciente un frío sepulcro lleno de incertidumbre, de confusión, de insatisfacción, de inseguridad, de carencia afectiva, de miedo; prevaleciendoestas características a lo largo de toda su vida. Pasaban los años y todo era más complicado para los niños que allí crecían. Era la extravagancia que sin piedad predominaba en ese cuartel de bestias, si se puede llamar así.

    Decididamente no se medían consecuencias y el desarrollo de la familia se podría comparar con la lucha y la competencia que se da en medio de una selva, donde puede el que más aguante y solamente mirando hacia la luz del sol buscando igualarse a los árboles más altos y fuertes, así le toque aplastar a otros más pequeños, o crecer torcidos con tal de sobrevivir. No es ponderada la comparación, al simbolizar la grandeza que tiene la vida, en la cual todo el mundo de algún modo tiene su marca de sufrimiento desde su niñez, con un patrón de codificación dado por sus padres y abuelos. Y en particular en esta familia se dio una política simétrica e incambiable, dejando una marca imborrable a todos por igual.

    Como es tratado de niño, así mismo inconscientemente maneja a sushijos. Es un hecho que no es reconocido casi en ningún hogar. Y en consecuencia se repite este drama a través de todas las épocas. La pregunta es: ¿será esto normal?. La respuesta sería no. ¿Qué falta entonces?: Verdadero amor y consciencia divina.

    Estas fueron algunas de las tantas preguntas en su niñez, en cuyas respuestas, no queda la menor duda, se pueden descubrir las principales causas por las cuales son tan nerviosos, tan indecisos, tan inseguros, y también la explicación por qué la vida se ha vuelto demasiado pesada como si hubieran nacido solamente para arrastrar cargas, sintiéndose culpables por los interrogantes nunca satisfechos

    Desafortunadamente en ese entonces no tenían ninguna probabilidad de encontrar respuesta o explicaciones. Tal vez una de las respuestas más claras que pudieron tener era que en la medida que crecían los envolvían en una red de destinos que terminaban por mitigar las inquietudes que nunca comprendían y que jamás fueron resueltas, quedando cada vez más acorazado su ser.

JOSÉ MAURICIO

    El 5 de noviembre de 1960 nació JOSÉ MAURICIO, uno de los niños de más alto impacto en la familia. Desde que nació se veía muy avispado y alentado; era carirredondo, trigueño, de cabello encrespado y de ojos vivos. Fue creciendo y a la vez convirtiéndose en la ñaña de casi todos sus hermanos mayores, tal vez porque se creía que era el último.

    Se destacaba por ser muy pulido y daba la apariencia de ser perfecto, no tenía perfil para ser bautizado con sobrenombre como era la costumbre; no obstante, como a los dos años de edad, no faltó quien dijera que él era parecido a la pelusa de la caña, y lo bautizaron mata pelusa. Más tarde, al paso que fue mostrando otras formas físicas, su cara empezó a parecerse a la de un mango y lo pusieron carefilo. Mucho más adelante quiso imitar a un ternero que se llamaba cuco y que se saltaba un alambrado; le dijo a Arturo: ¡Mire cómo brinca cuco! y en el momento de saltar la cuerda se le ocurrió a Arturo levantar el alambre y Mauricio cayó al suelo enredado en el alambre y se enterró una púa en el muslo derecho. Esto les produjo mucha risa y de una vez quedó bautizado cuco. Con este sobre nombre creció y se mantuvo mientras vivió en casa con sus padres.

    Mauricio fue otro que no pudo pasar de la primaria, ciñéndose luego a las labores del campo: tirar azadón, coger café, cargar agua, arrear mulas, ir del beneficiadero a los carros y de los carros al pueblo para vender el café. Éstos eran unos carros de madera que se usaban para secar el café; eran empujados por unos rieles y así mismo los entraban a la fuerza. Todos estos manipuleos requerían de fortaleza física y de muchos ánimos. Afortunadamente en esa edad los bríos y los ánimos eran incalculables. Mauricio era un muchacho muy inteligente, capaz, decidido, emprendedor y conseguidor, a los 16 años se formó hombre y a los 19 decidió retirarse de los destinos del campo

    Se fue a formar sociedad con algunos de sus hermanos en los negocios de agencias de café en Andes y Salgar. Por esa época también nació en los Betancur el negocio de apuestas y él fue uno de los más entusiastas e impulsores. De modo que Mauricio comenzó a crecer económicamente de una forma sorprendente. Con su inteligencia, habilidad y destreza logró que a pesar de ser el menor entre 12 hombres, se nivelara rápidamente en capacidad económica con sus hermanos mayores, que le llevaban tanto camino de ventaja. Luego fue el más consultado, convirtiéndose en el mejor consejero de sus hermanos más viejos.

    Mauricio disfrutaba al máximo y le sacaba todo el jugo que más podía a la vida; era divertido y recochudo, le gustaban las barras de gente y era feliz ayudándole a todo el mundo. Todo era una dicha. Mauricio era el de todo y el de todos, convirtiéndose en este caso en el que se robó el show. Sin él no había alegría, ni programas, ni risas, ni cuentos. No obstante, el hombre en la tierra no puede darse tanto gusto porque pierde la felicidad al verse saciado de todo.

    Después de haber probado todo tipo de gustos, de alegrías y de experimentar la abundancia económica que en la finca nunca tuvo, y de satisfacer todos sus deseos pequeños y grandes, lo único que le quedaba era probar y recibir lo contrario: comenzaba la insatisfacción a hacer nido en su ser interior. Mauricio comenzó a hundirse en uno de tantos huecos que existen en el camino de la vida, donde casi todos los hombres se equivocaban y, por la misma razón, se dedican a vivir esclavos del sufrimiento. De todas sus cosas bellas, un día cayó en la videncia de ver a las mujeres como instrumentos de placer.

    Alguna vez dejó entrever cierta desarmonía e insatisfacción manifestando de modo extraño: Yo me siento raro y como que ya no le encuentro gracia a las cosas. Se podría concluir que en el caso de Mauricio la belleza y el potencial humano iban quedando alienados y hundidos al paso que sus ilusiones languidecían. Cuando un hombre como él transita por un camino para el cual no ha nacido, pueden ocurrirle serios traumatismos en su interior.

    Cuando un individuo, muchas veces influenciado por la conciencia social, se dedica a satisfacer todos sus deseos materiales y se hunde en el abismo del placer sexual, los festines, el licor y el derroche, convirtiéndoseen un ciego irresponsable con él y con los demás, no puede jamás conseguirnada edificante para su propia vida, para su crecimiento como persona y como semilla ejemplar por su conducta, sino que por el contrario se ve acorazado, envuelto en un torbellino de placeres y de jactancia de todos sus deseos, sucumbiendo en la infelicidad a pesar de tener de todo.

    El sufrimiento de las personas comienza en la relación con el sexo opuesto o relación de pareja, como quiera llamársele. Por herencia social o quizás desde vidas anteriores, los seres humanos son codificados para darle el más irresponsable e inadecuado manejo a la sexualidad. Actúan muchas veces con la sexualidad de tal forma que ellos mismos quedan sorprendidos y se preguntan: ¿Cómo pude haber hecho esto? ¿cómo es que yo resulto obrando así cuando esa no era mi intención y ese no soy yo? ¡Me arrepiento y prometo que jamás lo volveré a hacer!.

    Sin embargo vuelven a caer. Su ser interior, su espíritu es el que no quiere, pero ellos son manejados por su programada mente, por los deseos de su cuerpo y por los impulsos de su ego. Entonces aquí se confunde el ser porque no sabe en realidad quién es el Yo y le come cuento a todos esos monstruos que le tientan, quedando el espíritu ensombrecido y triste el alma.De aquí solamente sigue la muerte, a menos que se abra paso a undespertar de consciencia, en dirección a la luz y al conocimiento de símismo.

    En estos ires y venires de la vida, Mauricio no alcanzó a dar los pasos a caminos nuevos que lo condujeran a la verdadera felicidad. No hubo tiempo. Pero también, quizás, sería él el que debía morir para que se abriera una nueva ventana en la vida de muchos de sus hermanos, quienes hoy han transformado su conciencia para ver la vida como es. Mauricio murió víctima de la violencia abismal que cada día anida más en la querida Colombia.

    Mauricio nunca se casó, le gustó más quedarse soltero y mejor convivirlibremente con una mujer llamada Liliana, la que, al momento de morir Mauricio, sólo le faltaban 20 días para dar a luz el único hijo de esa pareja.

«Hoy como hace mil años, el mundo gira gracias al                                            amor de aquellos que, sin alimentar fantasías,                                                  realizan las acciones pequeñas o grandiosas que les                                        dicta el corazón».

«Aunque haya muchos que desperdician su vida                                      obsesionados por el dios dinero, hay quienes                                                       aprenden a darle al amor el sitial de honor. Ha                                                         comprobado, no sin lágrimas, que es cierto lo que                                               dice un conocido bolero: sin un amor la vida no se                                                    llama vida, sin un amor le falta fuerza al corazón».

«Sólo en una sana auto estima y un amor sincero a                                                       Dios, a los otros y a la vida, halla reposo nuestro                                               espíritu inquieto».

«Sólo en unas relaciones llenas de humanismo                                                    poseemos la felicidad que es siempre esquiva para el                                        ambicioso y el superficial».

BEATRIZ ELENA

    Agosto 7 de 1963 nació BEATRIZ ELENA, era blanquita y muy inquieta. Esta niña sí que impactó, pues se sabía que era la última, provocando desconcierto por la costumbre en el hogar de Anita de ver nacer cada año un nuevo niño. Fue creciendo en medio del huracán, como se puede llamar la obstinación irracional e indiscriminada que prevalecía, ya que todos los que allí nacían iban quedando inmersos en las tradiciones establecidas bajo el régimen de la crueldad inconsciente o consciente.

    Beatriz, por ser la limpia piedra y la número 22 según los partos de Anita, no fue la excepción. Estaba preparada e intacta la maquinaria de la empresa familiar para que ella también entrara. Son incalculables las secuelas psicológicas que conllevaba la agudeza con que se imponían allí las cosas, la estridente voz de papá Ángel José, el amargo semblante de mamá Anita debido a su inconformismo y el gran desorden de 20 hijos conviviendo juntos, sin educación y sin mayores parámetros de comportamiento. Había momentos en los que la vida se desarrollaba y se sentía como en un campo de concentración, debido a las reglas de juego allí establecidas. Le tocó zarandearse con todos los destinos sin ninguna discriminación, las reglas de juego eran trabajar por igual sin eludirse.

    Es bueno aclarar que este patrón de conducta dado en el hogar de Anita y Ángel José eran típicos del entorno social campesino y pueblerino de esos tiempos. Todo individuo que le haya tocado atravesar la primera etapa de su vida de esa forma, sin lugar a dudas maneja situaciones que le dificultan desenvolverse libremente en la vida.

    Beatriz alcanzó a cursar la primaria y la secundaria. Fue muy mimada al saber que era la niña de verdad verdad. Todos los otros niños se veían despojados del cariño de Anita al año de nacidos con la llegada del nuevo bebé. Beatriz, en cambio, pudo mimarse hasta los seis años, cuando le llegó reemplazo. Su apodo familiar era rebeca porque se parecía a una actriz de una novela, de nombre Rebeca.

    Beatriz se caracterizó por ser una de las más complicadas y controvertidas, por no decir que la única. Tal vez fue la menos humilde. Sin embargo, los rasgos familiares, patrones de comportamiento y filosofía son los mismos frente a la atmósfera familiar. Beatriz de soltera vivió en compañía de sus padres en Salgar cuando tenía 19 años de edad y luego compartió con ellos en otros pueblos hasta que llegaron a Armenia. Después de vivir allí largo tiempo se casó, procreó tres hijos, todos varones; vive y comparte con su esposo Jorge Hernán.

«Sé firme y seguro. En la vida no hay cosa más                                           poderosa que saber que lo que estás haciendo está                                           bien hecho».

«Hoy y siempre miremos la luz y no la sombra;                                              borremos las quejas con la gratitud».

LUZ MARÍA

    Febrero 21 de 1969 nació LUZ MARIA, hija de Hugo León y una de las varias nietas de Anita. Esta niña fue un regalo del cielo que llegó a este hogar. A pesar de que la narración en este libro se ha basado más que todo en el sufrimiento no solamente de Anita sino de todos los que allí vivían, sin embargo se trata de una familia bendecida por el universo, porque si bien el trato en determinados momentos era doloroso, vivían de una forma simple y natural, lo que les generaba satisfacción en sus vidas.

    María fue un regalo del cielo porque lo mejor del mundo es dar y del cielo llovió la voluntad y el amor de Anita y sus hijos para darle acogida a esta hermosa niña, que llegó de seis meses. Era una niña muy risueña y manejable. Fue la compañera de Beatriz como las únicas menores del hogar. Allí creció fluyendo en el mismo entorno, de tal modo que no podría escapar de ese emporio. Luz María, estando de unos seis o siete años le llevaba el almuerzo a Guillermo a la cumbre a donde estaba montando un cafetal que le había dado papá Ángel José; era muy lejos y por una loma muy empinada, así que para ella también hubo de todo. La suspicacia de Ángel José trascendió hasta varios de sus primeros nietos: trabajo, cantaleta, tácticas, manipuleos, refranes y todo su arsenal de influencias.

    La apodaron pía porque se parecía en lo bullosa a Pía, un muchacho de Llanadas que subía gritando por esa loma. Cursó la primaria también en la casa de lastías pepitas donde estuvieron todos. Se casó y procreó tres hijas, todas mujercitas.

«Nadie es tu amigo, nadie es tu enemigo, todos son                                               tus maestros».

LOS NIETOS MAYORES

    A los nietos mayores de Anita y de Ángel José, también les tocó morder un buen pedazo del pandequeso que comieron todos. Edilberto, hijo de Lilia, y Jorge Humberto y Julio César, hijos de Estela, les tocó coger café y lidiar con muchas cosas que Ángel José los ponía a hacer para inducirlos en sus esquemas de trabajo, inculcándoles que la agricultura era una mina.

    A Edilberto le tocó prácticamente igual que a sus tíos. Llevaba las bestias al corte, pero como no sabía aparejar bien muchas veces las llevaba con la retranca puesta por la cabeza de las bestias y como sus tíos eran tan extravagantes le ponían cebo hasta que lo hacían llorar. Los domingos llevaba las bestias al pueblo para subir el mercado; por mucho tiempo le tocó así.

    En una ocasión a la tía Justina se le estaban perdiendo los racimos de banano y a su tío Guillermo también, pero nada que podían saber quién se los estaba llevando, y como la inocencia es la única que divulga a la malicia, un día dijo Martín Tamayo, el papá de Jorge Humberto, en su tienda: Hombre, es que Edilberto me está trayendo unos racimos de bananos tan buenos que yo no sé de dónde los trae. Eso lo escuchó Guillermo, uno de los afectados, logrando descubrir quién era el roba bananos; así las cosas se habló con el muchacho y el asunto quedó arreglado. En esa época las cosas eran muy duras, la platica que se recogía era muy poquita y la mayoría de veces la gente estaba pelada, y en este caso el muchacho resultó rebuscador.

    Edilberto era un muchacho muy tranquilo y desordenado, vivía a las carcajadas y no le importaba ponerse unas medias o una camisa de otro, aunque no se sabe si era porque no las distinguía o se hacía el loco, llevaba una vida sin agüeros. Como no podía escaparse de la injuria sinaiense, lo apodaron el cejimarrano, porque era cejón o ceji crespo como los marranos. Todo ahí era un rollo, en el que todos tenían que ser avispados o se los comía el tigre.

    En una ocasión estaban cogiendo café en un tajo que Ángel José llamaba Bogotá, Edilberto llevó fiambre para él y lo colgó en la horqueta de un guamo y Ángel José se dio cuenta. Al mucho rato Ángel José les dijo a Guillermo y a Alberto: caminá, comámonos esto que hay aquí. Cuando Edilberto volvió de coger café para comerse el fiambre, encontró las hojas en el suelo y las hormigas lamiendo el pegao y dijo: ¡eh... que hijueputa perro me comió el fiambre!; ¡eh... pero un perro qué iba a alcanzar hasta esa horqueta, eso fueron estos güevones tan conchudos!. Y todos totiados de la risa cogían café a dos manos, y el hombre más toreado que un avispero tuvo que resignarse con ver a las hormiguitas comiendo su fiambre.

    Cualquiera se queda aterrado recordando estas cosas del pasado y pensando cómo fue de duro vivir así. A muchos no se les ha olvidado cómo es de dura la vida para el campesino, porque en cierta medida las duras jornadas en el campo son inevitables. Por ejemplo, en cosecha de café hay que recogerlo en pleno invierno y muchas veces llueve todo el día; cargar el café en mulas es bastante recio; hollar, tirar azadón y cargar al hombro bultos pesados por una loma resbaladiza es muy duro. Todos estos destinos son muy pesados, de tal forma que arrancan sudor, ampollas, producen callos y cansancio.

    A Jorge Humberto le tocó también un tiempo largo con su abuelo Ángel José. En este caso no fue en la finca sino como ayudante en la carnicería. Aquí Jorge Humberto le aprendió todos los refranes y tiros que casi a diario usaba Ángel José. Jorge Humberto madrugaba a salar la carne y alistar todo mientras llegaba su abuelo de la finca. Por mucho tiempo Ángel José se iba de la finca al pueblo a pie, llegaba antes de las siete de la mañana, miraba todo de arriba abajo y se iba primero para misa de siete.

     En una ocasión Jorge Humberto saló muy mal la carne y Guillermo que era el supervisor le dijo: hombre, esa carne está muy mal salada, le voy a decir a papá. El muchacho se quedó a esperar el regaño de Ángel José. Cuando llegó el abuelo se acercó Guillermo y le dijo: mire papá, Jorge Humberto está salando muy mal, mire... y contesta Ángel José, mientras Jorge Humberto se pone en suspenso esperando su buen regaño: no crea en brujas mijo... me voy pa’ misa y salió corriendo para la iglesia. Esto fue un impacto tan bárbaro que lo cogieron de costumbre y por todo le decían a la gente: no crea en brujas. Así que a Jorge Humberto lo marcó para toda la vida esta hazaña de su abuelo.

    Los jóvenes Edilberto y Jorge Humberto tampoco lograron cursar más allá de los años elementales de estudio. La situación de billete en esos tiempos era seria y no había más alternativa que trabajar en lo que resultara. El interés de los padres porque sus hijos estudiaran era muy pobre; la mentalidad era que el hijo no necesitaba más que aprender a leer y a escribir y con eso tenían para defenderse en la vida, así mismo como ellos.

    A Jorge Humberto le dicen el negro, pero en la época de la finca no se pudo escapar y lo bautizaron San Martín de Porres, un fraile que se volvió santo, y como Jorge Humberto se parecía a él porque era negrito le vino muy bien el apodo, pero la cosa se puso muy tiesa porque Estela, su mamá, era muy brava y paró hasta al más recochudo y luego nadie se atrevió a llamarle así.

«Qué suerte he tenido de nacer, para estrechar la                                                        mano de un amigo y poder asistir como testigo al                                                  milagro de cada amanecer».

«La felicidad no es un lugar a donde se debe llegar,                                                     sino una forma de viajar por la vida».

CUARTA PARTE:

RECUERDOS VITALES

Los padres de Anita

    En la familia de Emiliano Sánchez y Filomena González, nacieron 17 hijos y se criaron 13, ocho mujeres y cinco hombres, de los cuales Javier, uno de los más jóvenes se suicidó. Cuando rezaban el rosario todas las noches en la casa de la loma de Sinaí, Anita siempre oraba por el descanso de las benditas almas del purgatorio, especialmente por el alma de Javier.

    Guillermo, uno de sus tantos hijos, creía firmemente que Javier era un santo que ella invocaba. Estando muy mayorcito supo que él era el hermano de Anita que se había suicidado. Así es todo lo que se aprende, tal vez no sea cierto todo lo que enseñan, las cosas son distorsionadas, acomodadas o imaginarias, por eso es bueno revisar lo que se cree saber.

    El abuelo Emiliano era acuerpado, calzaba 46 y debía mandar a hacer sus zapatos sobre medida. Era un moreno casi negro. No se le conoció familia, ni hermanos ni padres. Fue un terrateniente de la época; poseíavarias fincas, grandes en su mayoría.

    Emiliano era muy gracioso, por su forma de ser. Se ponía a opinar sobre el mundo y los viajes a la luna y decía: ¡qué van a ir a la luna, pues ellos sí suben... y suben... y suben... pero después se vienen al suelo como una petata!. Se paraba en uno de los filos de su finca y decía: hombre, es la gente tan caraja... que creen que el mundo pasa de aquel morro... señalando la cordillera del frente o las más altas, como era el cerro Plateado...poco mas se puede  pasar...miren el cielo y las nubes. Fue un hombre muy nervioso y pesimista, siempre decía: ¡hombre, me van a matar!.

    Filomena, su esposa, era una mujer alta, blanca, de ojos azules, sus arrugas le lucían, su voz era ronca. Una vez uno de sus tantos nietos para persuadirse si en verdad no sabía leer ni escribir, le dijo: abuela, usted sabecuál es la a? y ella dijo: la conozco porque he visto una rosca depandequeso.

    Su finca se ubicaba en un paraje llamado Sinaí o la Ospina. Se iniciaba desde la hondura de la quebrada la Ospina y se elevaba hasta la punta de la cordillera. Los vecinos colindantes eran: Manuelito Ceballos, Juan Montoya, Anastasio Bolívar, Manuel Gómez, y luego Ángel José Betancur con su pequeña finquita por un costado. A diferencia de Ángel José, todos los otros colindantes eran terratenientes.

    Emiliano y Filomena murieron en Medellín en su propia casa, reducidos por las afecciones de la vejez y el miedo a la violencia. Filomena sufrió derrame cerebral y murió poco después de la muerte de Emiliano.

    Este matrimonio dejó a sus hijos como herencia varias fincas y propiedades en zona urbana. Anita nunca había tenido nada distinto a sus ropas de vestir, y poco le interesaba la herencia, pero a Ángel José sí le interesaba sobremanera y los encargados de repartir la herencia le temían a Ángel José porque era muy claridoso, por no decir que problemático. Así fue que Anita no vio su herencia, debió hacer lo que su esposo le indicara y conformarse con que Ángel José explotara la parcela que a ella correspondía.

    Aunque Anita sufrió muchas rabias con Ángel José por ese hecho, sin embargo ella conservaba la titularidad de su parcela. Ángel José explotó la herencia de Anita aproximadamente diez años, luego fue vendida en doscientos mil pesos, no obstante Anita pudo gozar de los pesos que de su herencia le había tocado.

Una región montañosa                                                                                                                               

    El pueblito de Salgar queda incrustado entre dos grandes montañas, en el sur de Antioquia, a orillas de la quebrada la Liboriana que más abfrente del pueblo y se logra ver parte del mismo, pues un repliegue de montaña tapa el resto.

    Desde esas montañas se vive más cerca del cielo, se divisa como si se estuviera volando en cometa. Los aviones pasan más bajito. Todo allí parece dichoso, lástima que en el campo no se tienen posibilidades de progresar en estudio y en conocimientos de negocios, porque si en alguna parte hay ignorancia es en el campo, pero también es en la única parte que se ve gente feliz y viviendo a plenitud.

    Parece ser que la inocencia y la ingenuidad hacen parte de la felicidad, pues cuando se comienza a saber muchas cosas, se va perdiendo la inocencia, la ingenuidad, la simplicidad; naciendo en cambio la ambición y muchas sensaciones y retos que hacen perder el verdadero sentido de vivir.

    Esa región de Sinaí gozaba de un gran privilegio, era una comarca pacífica en comparación con las demás, como por ejemplo: La Clara, Las Andes, Troya, Montebello, La Margarita, La Liboriana, Gualanday, La Gulunga, La Siberia, La Humareda, La Chaquiro, La Taborda, El Concilio, Llanadas, entre otras. Sinaí sobresalía por lo tranquila e incluso en plena Violencia.

La vida en la loma de Sinaí                                                                                                              

    Donde más les gustaba pasear a los niños Betancur Sánchez, era donde papá Emiliano y mamita Filomena. Con frecuencia visitaban la casa grande de Esther Julia Alvarez donde vivieron cuando niños, no importaba quién viviera allí. Iban también a donde otros vecinos como Carlina Vélez, Juan Montoya, Toño Mejía, Lolo Fernández, Bárbara Gómez, Toño García y Perucho Alvarez.

    Visitar a Perucho era muy gracioso. Josefina, su mujer, apenas llegaba la visita le decía a sus hijas: Soe, a coger los limones; Esperanza, a raspar la panela; y Caridad, a alistar el agua. Ya se sabía que iban a dar limonada. La satisfacción era mayor porque además los hijos de Anita llevaban un perro que se llamaba Turco y gozaban viéndolo cómo se agarraba a pelear con losperros de don Perucho.

Los extraños

    En una ocasión, en la casa nueva de Sinaí, estaba Miryam de unos cinco años y se había ido sola a hacer sus necesidades al potrero por los lados del guamo, por la orilla del camino de la travesía que llevaba a la casa grande y al camino central que conducía al pueblo, eran como las cinco de la tarde cuando escucharon unos gritos, era Miryam que venía despedida con los calzoncitos en la mano y a los gritos, ¡Qué pasa! Todos corrieron a ver qué le había ocurrido y a mirar qué era lo que había visto. Pues era don Ricardo Galeano que venía a hablar con Ángel José y la niña era la primera vez que veía a un forastero.

    No faltaba la gente que produjera rareza verla. Le tenían mucho miedo a María Molina, que era una señora alta, sin dientes y con una cumbamba larga. La gracia de ella era juntar la quijada, subía la cumbamba y la juntaba con la nariz, Anita la tenía que regañar para que no le hiciera dar miedo a sus niños. Con sus duras encías partía panela y masticaba como un caballo.

    Adelina Parra era una mujer medio boba con una nube en un ojo, andaba como una gallina ciega, también causaba mucho impacto verla.

    Cristóbal Betancur «Paticas» era un viejito parapléjico que andaba ayudado con unas muletas, y se la pasaba con un tabaco en la boca y chorreando babas, la ropa era como un encerado de babas revueltas con el ambil del tabaco, también causaba mucha impresión verlo.

Caballitos vivos, caballitos de madera

    En esos comienzos todo era sorpresivo, vivían y se divertían de un modo muy natural, no había otra prevención distinta al miedo de la violencia. Construían chivas con poleas de palo y los domingos iban a montar por latravesía, cada uno tenía zancos y gozaba en ellos por todas esas faldas.

    También montaban en caballitos de madera, a los que amarraban con cabuya de la punta y salían montados relinchando y dando pata; algunos les hacían peladuras y otros distintivos característicos de las bestias. Cuando los dejaban en las noches esperaban al otro día a ver si estaban más gordos o flacos; los más audaces iban en la noche y los cambiaban de lugar para decirles a los hermanos cuánto se había movido su caballo.

    Las niñas hacían sus muñecas, que eran casi siempre de palitos o tusas del maíz que desgranaban. Formaban personajes: la tusa grande era la mamá, otra tusa mediana la hija mayor, una más pequeña la niña de la casa. Se hacían balones de papel y se jugaba fútbol hasta con las naranjas. Jugaban a los carros haciendo carreteritas en los tierreros. Los carros eran de plástico, que algunas veces traía el niño Jesús.

    Cuando estaban contentos todo era una alegría y otras veces atribulación, por el trabajo, las incomodidades y muchas veces por el abuso de los mayores con los menores. En fin, lo lindo de esa época era que para todo había tiempo y todo se hacía con amor

¡Llegó Navidad!

    Esperaban Diciembre con mucha alegría y hacían natilla y buñuelos por cantidades. Ponían el aguinaldo del niño Dios al hablar y no contestar, el que cayera contestando pagaba el aguinaldo. En la finca de papá Emiliano había un señor muy gracioso, que se llamaba Rumbaly y le decían las hermanas de Anita: Rumbaly, le han pagado muchos aguinaldos? y él contestaba: ¡já ... aguinaldos? ... aguinaldos no es palabra, vea este carriel cómo se está inflando ... una puta llanta...! Así contestaba para significar que el carriel se estaba inflando de echarle tantos aguinaldos, sin embargo no le había echado ni uno.

    Hasta los diez o catorce años los hijos de Anita y Ángel José creían firmemente que el niño Dios llegaba el 24 de Diciembre a las doce de la noche y les ponía el traído debajo de la almohada y en la mayoría de veces así se cumplía. A las cinco de la mañana alguno se despertaba haciendo escándalo por el traído y todos se alborotaban y comenzaban a mostrar los traídos y eso era mucha alegría. Para cada uno era el fruto de haber rezado la novena con devoción y de haberse manejado bien todo el año. Pero cuando se iban dando cuenta que el niño Dios eran papá y mamá, así de igual a la alegría era la desilusión y la frustración que les ensombrecía.

    Saber la verdad sobre la sexualidad era tenaz. No había instrucción de ninguna índole, sólo existía la inocencia, la intuición y el instinto natural. Ya muy grandes, algún amigo les abría los ojos, les contaba la verdad, y dudaban mucho antes de creer, porque como con el niño Dios, siempre creían que los niños los traía la cigüeña a las doce de la noche.

Zapa de vida

«El hombre, mientras vive, sufre todo tipo de miedo,                                             por pasársela creyendo lo que no debe creer y                                                               haciendo lo que no debe hacer».

    Todas estas incógnitas, toda esa inocencia, sorpresas, miedos, ilusiones, alegrías, todos esos sufrimientos; son los que comparándolos con la vida de hoy, hacen que esta familia sea una gente distinta a mucha otra gente y que conciba el mundo de dos formas, el mundo real y el mundo superficial, el mundo de las comodidades y el mundo de las incomodidades, el mundo de la soberbia y la arrogancia, el mundo de la humildad y la sencillez, el mundo del trabajo y el mundo de la pereza; hay mucha gente en esta vida que no sabe a qué vinieron, no tiene idea dónde están parados.

La tercera guerra mundial y el comunismo

    Fue mucho el miedo que se infundió con la tercera guerra mundial y el comunismo. Con el cuento de la tercera guerra mundial decían que a todos los hombres menores de 48 años se los llevaban para la guerra y a las mujeres más jóvenes las reclutaban para atender heridos y hacer la comida de las tropas. También atemorizaban diciendo que era posible que explotara una bomba donde morirían todos.

    Y con la llegada del comunismo se dijo en los años sesenta que se iba a acabar la religión y que todos serían sometidos a los rigores del comunismo que era contra Dios. Ponían a la gente a temblar de miedo porque dizque los comunistas preguntaban: ¿Usted en quién cree en la religión católica o en el comunismo?. Y la gente tenía que decidir entre hacerse matar o apoyar el comunismo. Los sacerdotes en ese entonces predicaban día y noche para que el pueblo votara por el recién formado Frente Nacional, para así enfrentar al comunismo y a las dictaduras.

El fin del mundo

    Allá en los años cuarenta y pico, pasó el primer avión por encima de la finca en donde vivía Anita. Las vacas salieron corriendo y bramando, las gallinas se escondieron debajo de los matorrales, los perros aullaban y todos se imaginaron un águila rapaz muy grande, mucha gente se fue para el pueblo a confesarse porque era seña del fin del mundo.

    El tema de fin del mundo sí que causó harto temor, apenas empezando a florecer en la vida se oía decir que en el sesenta se acababa parte del mundo, que iba haber tres días de oscuridad, que el fin del mundo era con toda seguridad en el dos mil y que posiblemente antes, era mucho el miedo que sentían todos con estas predicciones. Eran falsas pero los niños creían que no les iba a tocar ser grandes ni casarse.

    Los niños de esa época no tenían otra alternativa que creer en lo que decían los mayores. Sufrieron mucho miedo porque en el 2000 se acababa el mundo. Se decía que aparecerían unos ángeles por las cuatro esquinas del mundo lanzando bombas de fuego y comenzaría el mundo a arder, la gente saldría corriendo y llegaría a un sitio llamado el Monte Sinaí. Estando todo el mundo allí recogidos y desesperados, aparecería Dios en medio de una nube blanca y comenzaría a juzgar a los vivos y a los muertos que allí resucitarían. A los malos los colocarían a la izquierda y a los buenos a la derecha. Los buenos se irían a la gloria eterna de Dios y el diablo estaría haciendo fiesta para recibir a los malos en el infierno, condenados eternamente a fuego lento.

    Así, la gente es condicionada por la iglesia, por la heredada conciencia social y la ignorancia absoluta en las mentes de los pueblos. Todo eso hizo que muchos construyeran temores a medida que se acercaban al año 2000, aunque fueran conscientes de que eso no iba a pasar. Porque no es fácil controlar un sistema nervioso de la forma como se sugestionó: ¡Y miren a ver si no!.

    Sin embargo el fin del mundo sí llegó para muchos. Al 2000 no llegaron Oscar, Hugo, Mauricio, Ignacio, Raúl, Lilia, mamá Anita, ni los abuelos ni muchos tíos y muchísima gente. Pero tampoco llegaron muchas de las cosas que acompañaron a la familia en el tiempo del campo, como las casas donde vivieron, los caminos que transitaron; ni muchos árboles que les daban sombra y frutos; ni las vacas que les daban leche, ni las bestias que les proporcionaban descanso.

Zapa de vida

¡El hombre será víctima de su propio invento! (léase                                     ambición).                                                                                                                             (Proverbio de la Biblia).

    ¿Dónde están el guanábano, el palo de zapote, los chirimoyos, los mandarinos, los naranjos, los guayabos, los guamos, los mangos, las vacas «fortuna», «la corrosca» y «la paloma», el macho «chiquito» y el «grande», el caballo «tuerto» de Anita, el rancho de la cafetera, la casa nueva con techo de eternit, los otros ranchos que Ángel José construyó después, los perros que hacían compañía como «turco», «paqué», «millón» y «sultán» y el charco de donde cargaban el agua?  

    Todas estas cosas, animales y árboles sí terminaron su proceso. Todo eso sí se acabó y se transformó, a todas esas cosas recordadas sí les llegó el fin; pero el mundo sigue su ruta sin importarle quién se quede en el camino, o quién se muera creyendo lo que no tiene que creer.

Las tierras están allí, pero son otra cosa muy distinta, tienen otros 

amos, su fertilidad se ha perdido, su frescura y sombrío se acabó; las aguas se secaron en su mayor parte, muchas de las tierras que dieron sustento ya no producen, de los pajaritos que cantaban melodías no hay ni uno, las tórtolas y las guacharacas no volvieron por esos lados, sus refugios y hábitat fueron destruidos, los llaraguasales fueron quemados cada año para sembrar yuca y maíz y ya no florecen más.

    El sol siguió saliendo como de costumbre, pero cada día calienta más. Si vemos con crudeza este transcurrir de las cosas, se puede concluir que en un tiempo no muy lejano todo terminará en una fatal desolación. Ese sí sería palpablemente el fin del mundo, o sea el fin de la humanidad, la extinción de la vida inteligente en el planeta.

    Pero jamás la vida será extinguida, pues Dios es la vida y Dios lo crea todo. No obstante, el desastre final se ha venido construyendo desde que el ser humano dejó de darle valor de uso a las cosas y recursos, por darle valor comercial: ¿cuánto dinero vale esto? ¿y cuánto aquéllo?. Son los hombres buscando riqueza y poder, sin imaginar jamás cuánto vale esto para la vida, ni preguntarse: ¿estaré haciendo daño a alguien o la vida misma?

    Basta mirar cómo procedían los campesinos: tumbaban los montes, hacían muchas quemas, pelaban los nacimientos de agua, mataban las tórtolas, las guacharacas, las tijeretas, las águilas, los gavilanes y los pajaritos. También para comer mataban gurres, ardillas y tórtolas. Lo insólito de esto era que se hacía no por necesidad sino por puro gusto de cazar y destruir, debido a la heredada ignorancia.

    El hombre ha dibujado con sus manos y su mentalidad la catástrofe final: la insensatez del hombre ante la vida lo hace pregonero de un final indiscutible.

    Hoy ya no sólo se le hace daño al campo, el hombre es un contaminador permanente del medio ambiente, porque es un consumidor compulsivo de todo lo desechable que ofrece la sociedad de consumo, convirtiendo al mundo también en algo desechable.

    El monte que había junto a la casa del abuelo Emiliano, por el que tenían que pasar los hijos de Anita cada que se disponían a ir a donde los abuelos, es el que tal vez no conocieron los hijos menores de Anita y que aún en los años 50 y 60 se había escapado de ser destruido. Este monte estaba cubierto de bellos paisajes con mucha vida, allí habitaba gran variedad de especies de aves y hermosísima flora. En los años 60 comenzó a ser derribado por los hacheros de Manuel Gómez con el fin de cultivar  agricultura, porque la modalidad era tumbar cuanto monte existiera, sin pensar jamás en dejar reservas. Hoy ese sitio en donde estaba el monte alberga un cafetal lleno de roya y broca, no hay árboles ni animales y la tierra perdió su vegetación.

    En ese monte había dos inmensos árboles, uno de ellos era un lechudo inmenso aproximadamente de 4 abarcaduras. Llamaba la atención los festines que hacían los pájaros en ese árbol, hasta que se llegó la hora de ser derribado por los hacheros. El otro árbol era un tiricio muy grande y alto, era tal vez el más grande y el que más años podría tener, en ese entonces más de un siglo; también era de unas cuatro o cinco abarcaduras. A diferencia del lechudo, era un árbol de macana, o sea de madera que no pudre con facilidad y su contextura es demasiado dura como una roca. Los hacheros, que eran cuatro, demoraron 20 días dándole hacha para lograr doblegar el gigantesco árbol, cuando éste cayó se sintió estremecer la tierra muchos kilómetros a la redonda. 

    18 años después, Guillermo, uno de los hijos de Anita, compró un lote de tierra a Manuel Gómez y para su sorpresa se encontró dentro de ese lote el tronco de ese gigantesco árbol, todavía intacto, del cual sustrajo más de trescientos estacones en pura macana de tiricio para hacer los alambrados de la finca.

    El fin del mundo llega a cada uno por separado, todo se va transformando, lo que pasa es que los hombres destruyen muchas cosas antes de que cumplan su ciclo.

QUINTA PARTE: 

CAMPESINOS,

EMPRESARIOS, MISTICOS,

REVOLUCIONARIOS

Y LOCOS

    No obstante los rasgos que individualmente caracterizan a los hermanos Betancur Sánchez, prevalece la distinción de una familia que por sus rasgos en común inspira afinidad en sus formas de pensar y de hacer las cosas; con una misma tijera fueron pulidos todos, por eso en el fondo tienen un arraigo general.

    Aunque la mayoría de ellos sólo aprendieron a leer y escribir, se distinguieron como personas avispadas y sobresalientes. A pesar de ser campesinos de raíz la tendencia era sobresalir en muchas cosas diferentes a la vida del campo: muy tempranamente los mayores madrugaron a hacer relaciones en el pueblo y muchos se inclinaron a sobrepasar los límites de las condiciones de vida que en ese entonces se imponían. Muchas veces se reconocían entre sí y decían: hombre, si somos tan verracos sin haber estudiado, ¿cómo seríamos habiendo estudiado lo suficiente?.

    Es una familia protegida por Dios en medio de tanta aventura. En ello tienen parte las tías que oraban mucho por sus sobrinos, también el rosario que nunca faltó, la fe y la memoria de los hermanos muertos y por supuesto su vocación espiritual. En la época de las carnicerías el gremio de carniceros los apodaron los católicos porque eran muy rezanderos, ya que se distinguían porque primero era la misa antes que el trabajo. Y a nivel económico, no cabe duda que la solidaridad entre ellos ha sido la clave del éxito material.

    En los hijos de Anita hubo tendencias místicas, religiosas, revolucionarias y locas. Cuando los negocios de carnicería, se inclinaron por salir y hacer sus relaciones con gente del pueblo. Todos consiguieron sus novias en el pueblo y a pesar de ser campesinos se creían más salidos del campo que de entre lo común y muchas veces se burlaban y le hacían chirría a los más montañeros. Nada los detuvo ni los achicopaló: ni la timidez, ni los miedos infundidos que los atemorizaban, ni las incertidumbres, ni los estragos que pudo haber hecho una niñez como la antes narrada. No hubo barrera que detuviera los impulsos de este grupo de hermanos

    Hubo tendencias revolucionarias a muy temprana edad, sobre todo en Ignacio, Gustavo, Dora, Alberto y otros que los seguían. Las tendencias revolucionarias inspiradas en la filosofía marxista, leninista y maoísta, se dieron en los hermanos que menos inclinación tenían por conseguir dinero. Los que tuvieron tendencia a perseguir fortuna económica aún continúan consiguiendo dinero, mientras que otros se han recogido buscando mejorar su calidad de vida, logrando así una armonía entre lo que ya tienen construido y una vida espiritual equilibrada.

    En el caso de las mujeres fue algo diferente; ellas fueron más pasivas y sumisas, pues llevaban el sello de Anita y los hombres el sello de Angel José, sin embargo superaron las dificultades y por encima de todo llevaron muy marcado el sello Betancur. Valga la pena decir: ni en los hombres ni en las mujeres se atascó la semblanza de los Sánchez, ellos eran muy buena gente pero apagados, muy serios y de muy poca chispa, daba lidia hacerlos reír; mientras que las características de los Betancur Gallego era de una chispa adelantada y esa fue la que los hijos de Anita desfogaron por la vida.

    Fue así como más tarde toda esa familia resultó dedicada a las actividades comerciales y viviendo en las ciudades más grandes del país, sobrepasando los límites en los que se criaron. En el pasado quedaron la pobreza, el musgo y la ignorancia que cundían en el comienzo de sus vidas. No obstante, llegaron tan lejos que se desbordaron: lo que en un comienzo fueron límites, se convirtió en actitudes ilimitadas; crecieron en el apogeo de las apuestas y rebosaron sus ambiciones; cambiaron de mujeres, de ropas, de carros, de domicilios; pasearon y tomaron trago hasta más no poder y se expandieron sobrepasando cualquier expectativa. Con el tiempo y la fuerza de los hechos, muchas de estas actitudes fueron cambiando.

    La familia Betancur siempre se regocijó entre sí buscando el calorcito familiar que se había creado en la manada de Ángel José y Anita, calor que se nutría cada vez que ocurrían encuentros familiares, sobre todo en esos tiempos en que se dio el despliegue de la familia a diferentes sitios del país. Existía al interior de cada uno la necesidad de encontrar a un hermano y eso se daba como algo mágico e inexplicable, porque sin ponerse de acuerdo resultaban reunidos casi todos en un mismo lugar, formándose charlas y comentarios de todo tipo y se decían: ¡Hombre, nosotros parece que tenemos imán, cómo es que nos encontramos así sin haberlo programado! Como Gustavo era el líder en el chance aprovechaba la oportunidad para decirle a sus hermanos: Hombre, ya que nos encontramos sin habernos puesto de acuerdo, por algo será, entonces venga reunámonos para que hablemos de los negocios. Todo se daba como por arte de magia, sin embargo en la actualidad las cosas han dado un giro de 180 grados y la familia ya no se reúne tan fácil, cada uno anda muy disperso en sus propias ocupaciones o rutinas. Las motivaciones que los reunía han dejado de ser comunes, apenas lógico para una familia que en épocas pasadas creía que en el 2000 nada iría a existir. Siendo todos nacidos en los años 40, 50 y 60, parece ser que en la etapa inicial de sus vidas tuvieron mucha inseguridad en sí mismos, por lo que se imanaban para encontrarse y reafirmar entre sí que todo estaba bien.

    Hoy, con los años, las creencias y costumbres están haciendo que la familia no se motive a reunirse. Hay diferencias muy marcadas en las creencias de cada uno, mientras que unos son meditadores otros llevan rutinas de contemplación, algunos son bíblicos y los demás aún conservan sus enraizadas costumbres que los vieron crecer.

    Esta familia sobresale en todos los campos, pues a pesar de todo existe mucho respeto por las creencias y rutinas que cada uno lleva. Hoy cada miembro de esta familia está dedicado a cultivar su patrimonio y en mucha parte a la reflexión, como también a encontrar el equilibrio y a darle mejor ejemplo a sus hijos, de modo que queden bien sembradas sus semillas en la segunda generación, compuesta por los 75 retoños de los 21hijos criados por Anita y Angel José.


© EN LAS MEMORIAS DEL TIEMPO

Editor

Jairo Alvarez

Diseño y Diagramación

Angel Daniel Parra Molano

Correción

Gladys Henao

Francisco Quimbay

Fotografía

Album Familia Betancur Sánchez 

Impreso en Dupligráficas Ltda. Tel: 239 70 89