Los senos, de órgano nutricion a símbolo sexual.

 

 

Órgano diseñado para la nutrición y objeto de deseo, ésta es la doble naturaleza de los senos femeninos. “El seno alimentará al niño y regocijará al padre”, dice el Corán. El arte también da testimonio acerca de la dualidad. En muchas escenas maternales pintadas entre los siglos XIV y XV, la mama derecha se reserva para el lactante y la izquierda para el goce del esposo y la dama. El carácter maternal de la mamas queda patente en las culturas antiguas. Su producto- o sea, la leche- constituía un líquido de origen incierto, a veces sobrenatural, que servía como combustible para la vida. Según los pensadores clásicos de Grecia y Roma, nuestra galaxia, la Vía Láctea, era un cúmulo de millares de gotitas de leche procedentes de los senos de la diosa Juno. Para los hindúes, la vida surgió de la ebullición de un océano de leche, y los celtas y egipcios recurrían a este líquido blanco para elaborar las pócimas con las que creían alcanzar la inmortalidad. En la relación sexual cara a cara, los hombres, que en la mayoría son diestros, acarician más cómodamente el seno izquierdo de su consorte, según el doctor francés Dominique Gros, autor del libro Pecho al descubierto ( Editorial Campona, 1988) . Esto explicaría por qué en la inmensa mayoría de las mujeres el pecho de la lujuria, como hay quienes lo conocen, es un poco más voluminoso, más propenso a sufrir cánceres y, según algunos, más sensible al placer y al dolor que el diestro. A decir verdad, el origen, la evolución y el significado maternal o voluptuoso del pecho femenino son motivo de discusión entre antropólogos, sociólogos, psicólogos, filósofos y ginecólogos. ¿La erotización de las mamas es exclusiva de la especie humana? ¿Cuándo y cómo surgió la atracción masculina hacia ellas? ¿Fue al principio una adaptación nutritiva o un señuelo sexual para el varón? ¿ A que se debe el hecho de que estén siempre hinchadas? Éstas son algunas de las cuestiones que debaten todavía hoy los expertos.

 

LAS EDADES DEL PECHO

 

Para comprender mejor el por qué de esto, conviene repasar cómo nace el pecho femenino. Cuando el embrión tiene un mes de edad, aparece en su epidermis una protuberancia que se conoce como línea mamaria, los futuros pechos. Ésta se eleva progresivamente hasta constituir una especie de cresta que con posterioridad da lugar al denominado botón mamario primitivo, una especie de lunar. De él surgen nuevos botones que se ahuecan para configurar los canales galactóforos, los futuros conductos de la leche. Al nacer, el botón mamario apenas está desarrollado y permanece en reposo hasta que la niña alcanza la pubertad. Bajo los efectos de los primeros estímulos hormonales, los senos empiezan entonces a brotar. El motor de este acontecimiento es el estradiol, la hormona que estimula el crecimiento de los pezones, la areola y la glándula mamaria. La acción de ésta hormona es contrarrestada por la otra, la progesterona, que por una parte frena la proliferación de los canales galactóforos y, por otra, acelera el desarrollo de los acinos, unas estructuras glandulares con forma de saco en cuyo interior se vierten las gotas de leche. Sujeto únicamente por unos cordones de tejido conjuntivo a los músculos pectorales, el seno alcanza su tamaño definitivo en la edad adulta. Sin embargo, las células mamarias no dejan de proliferar hasta después de que se produce el primer embarazo. En éste período, la glándula crece a un ritmo mayor, el pecho se hincha y una nueva hormona- la prolactina- prepara la mama para el nacimiento y la lactancia del futuro bebé. Éste, al succionar el pezón, estimula las terminaciones nerviosas que informan al cerebro de que debe mantener la producción de prolactina.

 

¿MATERNA O ARTIFICIAL?

 

Cada vez son más las madres que, por no estropear la estética de sus senos, rehúsan amamantar a sus hijos y optan por alimentarles con leches artificiales. Muchos nutrólogos coinciden en afirmar que existe una preocupante desinformación acerca de las bondades de la alimentación natural. Así, la OMS recomienda no interrumpir la lactancia materna, siempre que sea factible, hasta que el bebé cumpla seis meses. A través de su leche, la madre transmite a su hijo las defensas para combatir posibles infecciones. Prueba de ello es que los lactantes alimentados artificialmente requieren tratamiento hospitalario con una frecuencia hasta cinco veces superior a la de los que ingieren leche materna de forma rutinaria u ocasional, según un informe británico . En cuanto al desarrollo intelectual de los niños alimentados con leche materna, los expertos afirman que parece ser ligeramente superior. Por otra parte, dar el pecho ayuda a limitar la infertilidad y prevenir el cáncer de ovario y de mama premenopáusico.

 

MAMÁS CON MUCHAS MAMAS

 

Si la mujer sólo cuenta con un par de senos es porque no tiene que alimentar a más de un vástago por parto, que es lo normal. En el resto de los animales, el tamaño, la forma y el número de mamas varían según las camadas y las adaptaciones de la especie a su entorno. • Las más numerosas: el tenrec. Este insectívoro de unos 40 centímetros de longitud, que vive en Madagascar, posee 12 pares de mamas. • Las más grandes: la ballena azul. Ocultas bajo su vientre, sus dos mamas tienen una longitud de 2,40 metros, 50 centímetros de ancho y 15 centímetros de espesor. En la época de cría, la hembra produce diariamente 600 litros de leche. • Las más pequeñas: la musaraña. En este insectívoro, miden sólo dos milímetros cuadrados. • Las más extrañas: el ornitorrinco. Las hembras no poseen pezones. La leche brota al exterior a través de unos poros epidérmicos y fluye por unos largos pelos. • Las más artificiales: la vaca. Sus ubres hipertrofiadas son producto de una selección de razas hechas por el hombre. • Las más masculinas: el murciélago. Los machos también producen leche debido a que ingieren plantas que contienen hormonas masculinas. Órgano sin función en el hombre: Aunque es verdad que existe una pequeña producción de hormonas femeninas en el varón, no son suficientes para el desarrollo y puesta en funcionamiento de las glándulas mamarias. Por esto, dicha estructura se atrofia y el pezón queda inutilizado.

 

CONECTADA A LOS CENTROS DE PLACER

 

Del pezón, la areola y las zonas adyacentes también parten otros nervios sensitivos que conectan directamente con los centros de placer. Debido a esto, el pecho femenino, constituye una zona erógena de primer orden. Durante la excitación sexual, se produce una congestión sanguínea que desencadena la erección del pezón, la tumescencia de la región pigmentada de las aureolas y un aumento del tamaño de los pechos. Al dar de mamar, muchas mujeres perciben, además de una satisfacción maternal, un placer sensorial similar al anteriormente descrito. El bebé también percibe un mar de sensaciones gratificantes mientras se nutre y además el pecho es la primera cosa con la que se relaciona por lo que para el neonato constituye un fortísimo objeto de deseo, pues de él depende su supervivencia. Basándose en esto, hay especialistas que explican la atracción por los senos como una vuelta al mundo infantil del placer, que estaría ligada al comportamiento del pezón. Para otros, esto no tiene sentido y sólo encuentran en la pulsión mamaria un significado erótico. Al margen de este debate, lo cierto es que las mujeres son conscientes del potencial seductor de los senos. “ La fuerza de atracción del pecho femenino tiene un marcado componente cultural. Tatuaje, pinturas corporales y sujetadores pueden intensificar la excitación que su contemplación produce en los varones, multiplicando su atractivo natural. Lo mismo cabe afirmar de la práctica de llevar ropas con objeto de ocultar su visión. Sustraer a la vista pública cualquier parte de la anatomía femenina puede dar lugar a que ésta se convierta en un fetiche erótico”, según ha escritor el antropólogo Marvin Harris en su libro Nuestra especie.

 

SENOS LIBIDINOSOS

 

Los primeros indicios claros de una erotización de las mamas se remonta a 5.000 años. Las antiguas egipcias se maquillaban cuidadosamente los senos que dejaban ver a través de sus transparentes vestidos plisados y sus vecinas las fenicias inventaron el sujetador para falsear la turgencia de sus atributos Antiguamente, algunos sacerdotes consideraban el tocamiento de los senos en público como una falta menor que denominaban “quotidianae incursionis” como se observa en el cuadro titulado, La mujer entre dos edades ( anónimo francés del siglo XVI) Sin embargo, para ciertos pueblos indígenas, como los maca de Paraguay , el hecho de que las féminas lleven los pechos desnudos no es un acto impúdico El erotismo que ejerce el busto y el rechazo de la mujer occidental a mostrarlo, salvo en playas, piscinas y determinadas circunstancias contrasta abiertamente con la habitual desnudez del pecho femenino en las civilizaciones prehistóricas y neolíticas. La exhibición pectoral también era bien vista en las antiguas Grecia y Roma hasta la llegada del cristianismo, que desató una cruzada contra los senos libidinosos que alcanzó su punto álgido en la Edad Media. Los artistas se vieron obligados a olvidarse de esta parte femenina. Pese a ello, las mujeres del medievo, de pechos pequeños y puntiagudos – como era entonces el canon de belleza, se resistían a ocultar su caja torácica. “ Si alguien les miraba los pechos, los cuales desean que sean vistos por todos, que por eso los traen fuera, los esconden deprisa dando a entender que no gustan de que nadie los vea, los volverían a descubrir y mostrar lo más deshonestamente que puedan para que las tengan por bellas”, escribió el escritor catalán Bernat Metge ( 1340-1413) Mientras que en la España renacentista las damas llevaban vestidos muy escotados con corpiños en forma de embudo que resaltaban los pectorales, las jóvenes del siglo XVII se apretaban el busto con planchas de plomo para que no se les desarrollara. Desmesurado o minúsculo, la razón por la que los senos despiertan la líbido de los varones habría que buscarla en el momento en que el hombre empezó a caminar erguido, hace unos cinco millones de años. Desmond Morris, en su obra El mono desnudo, fue el primero en proponer que los pechos hinchados representan una traslación ancestral de las señales sexuales desde la parte trasera a la parte delantera del cuerpo. Según éste etólogo, los pechos de la mujer imitan “ un par de nalgas carnosas y hemisféricas” para “desplazar con éxito el interés del varón desde atrás al frente”. Algunos antropólogos opinan que se trata de un planteamiento fantasioso, pero otros, por el contrario, creen que los senos generosos habrían indicado a los posibles pretendientes que la hembra gozaba de buena salud y estaba lógicamente mejor dotada para soportar la carga del embarazo y la lactancia. Cuestión de gustos.

 

LA AUTOEXPLORACIÓN

 

A partir de los 18 años, y para evitar sustos, una autoexploración de los pechos al mes permite detectar cualquier anomalía.

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