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PROTOCOLANTE:

Oscar Andrés Montenegro Bocanegra

Si bien reconocemos a Roma como uno de los lugares sobre los cuales se ha forjado nuestra cultura y marcado pautas históricas importantes para el pueblo cristiano, hay que tener en cuenta las características y circunstancias que en su momento la han rodeado, y que directa o indirectamente, han desembocado en lo que actualmente nos ha quedado como legado.

Aunque se presume que el nacimiento de Roma fue en el año 753 a.C. por Rómulo y Remo, este pueblo ha tenido que pasar por muchas etapas para llegar al punto que lo reconocemos, pasando de un territorio extenso y naciente a una república, y de ahí, hasta notarse como imperio, momento en que consiguió el punto máximo de vigencia (98-193 d.C). La antigua Roma comenzó como un reino constituido en dos estamentos: los patricios (nobles) y los plebeyos, que carecían de derechos civiles y políticos. El Senado, o Consejo de Ancianos (que también se conoce como el sanedrín), elegía a los monarcas y limitaba su poder. En la república, tras muchos problemas civiles, se logró dejar un jefe de estado consolidado y caracterizado en el personaje de César y luego Augusto. Todo lo anterior nos sirve como preámbulo para determinar al gran jefe político del Imperio que fue Octavio, quien se cambió el nombre por Cesar Augusto en la etapa imperial, quien restauró la unidad y el orden en el gobierno romano tras mucho tiempo de guerras civiles.

A medida que iba Roma iba progresando como un imperio, se iban distinguiendo ciertas características notables que se marcaron mucho: la tendencia de ser un pueblo expansionista, celoso, sediento de poder y con habilidades para ejercer actos corruptos y viciosos; esto hizo que en cierta forma se acapararan los aportes que como civilización pudieron hacer. Tal es el caso de la técnica en la arquitectura (de la cual es ejemplo el Coliseo), la producción de metales, agricultura y conocimiento.

Nos referimos a Roma como un pueblo expansionista porque cada gobernante tenía claro que si se podía hacer un reino más poderoso, se necesitaban tener terrenos que pudieran producir de alguna forma, y entre más se extendía la posesión de terrenos, más posibilidades de enriquecimiento se podrían obtener. Los celos y la sed de poder se refieren a la amenaza que un grupo podría haber sido para los intereses que perseguían los jefes de estado romanos. El ejemplo más claro era con el cristianismo, quienes a pesar de no pretender directamente algo con lo político, si representaban una molestia en cuanto a lo económico y las costumbres, ya que el cristiano con las actitudes humildes y sencillas, contraponían frente al comportamiento vicioso del romano, y aunque mantuvieran un grupo de esclavos, el temor aumentaba si el esclavo se reblara y dejara de lado su producción, lo que era para la economía del imperio un factor fundamental. Es por eso que se realizaban las persecuciones.


Sin embargo, todos esperaban que el Cristianismo perdiera interés y apego con respecto al medio social en Roma, pero progresivamente seguía contando con más seguidores, aunque por encima de que las persecuciones fueran más intensas y sangrientas; e incluso, entre los seguidores que se iban sumando a esta adhesión, se podían encontrar miembros del ejército, funcionarios y nobles. Obviamente, cuando terminó el Imperio Romano y con ella las persecuciones (303 d.C), la tarea de profanación de la Palabra de Dios alcanzó mayor escala difundiéndose por todo el mundo.

Curiosamente, la etapa de mayor auge del Imperio Romano coincidió en tiempo y lugar con la llegada de Jesús al mundo y su vida pública. Desde su nacimiento, Jesús tuvo que vivir con la presión que ejercía Roma tras saber la aparición de un Mesías que iba a cumplir con un papel revolucionario que amenazaría con el poder que en ese momento ejercían. Tal presión fue liderada por Herodes, representante del Imperio ante el reino judío, y siguió aún después de su muerte intensificándose cuando Jesús comenzó a expresar Su Palabra.

El entorno local en que vivía Jesús se caracterizaba mucho por la libertad de culto siempre y cuando no atentara contra los intereses del Imperio Romano, pero por debajo de esto, existían grupos que velaban por la justicia y la prosperidad del pueblo judío. Entre estos grupos están:

Ø Los saduceos: Se caracterizaban por ser estrictos al momento de seguir las leyes, rechazaban la tradición farisaica, porque representaba un punto de vista religioso y legal más antiguo, no creían en la resurrección ni en ningún tipo de inmortalidad personal y rechazaban también a los ángeles y a los espíritus. Se conformaba sobre todo por clases adineradas.
Ø Los fariseos: Grupo que buscaba que el Estado y la totalidad de los asuntos públicos y políticos se rigieran por la ley divina.  Su doctrina se basaba en el judaísmo ético y espiritual, la cual practicaban con toda la rigidez posible, factor por el cual atacaron a Jesús pero con resultados infructuosos.
Ø Los zelotes: Grupo nacionalista caracterizado por la imposición de sus ideas por medios violentos. Impulsaban una rebelión contra Roma que terminó con la gran catástrofe del año 70.
Los esenios: Pequeñas comunidades que eran más flexibles que los grupos anteriores. Se caracterizaban por tener prohibido jurar, emitir votos (salvo los exigidos para ser miembros de la orden), sacrificar animales y participar en el comercio. Fueron uno de los grupos que promovieron la esclavitud.