Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!

PROTOCOLANTE:

YADDY CONSTANZA
GARZON CORTEZ

Una imagen esta en el subconsciente de las personas, es algo representativo. Las imágenes satisfacen anhelos, deseos, metas de los seres humanos.
Existen diferentes tipos de imágenes:

1. SOCIOHISTÓRICAS: satisface o representa a un grupo determinado
2. EXISTENCIALES: es una imagen ideal de salvación, ante problemas y sufrimientos.
3. IMÁGENES SPICOLÓGICAS: llegan al subconsciente de las personas sea para rechazarlas o aceptarlas.
4. ANTROPOLOGÍCAS: ideal de vida humano un modelo a seguir.

Para no manipular una imagen se debe conocer, analizar, saber su contexto histórico, indagar la situación geográfica, como vivió, contexto político, contexto económico de la época. Todo esto con el fin de ir al entorno real de la imagen.
La primera etapa en la investigación sobre la vida de Jesús comenzó a mediados del siglo XVIII con los trabajos de H. Reimarus, y puede decirse que concluye en los primeros años del siglo XX con la publicación del libro de W. Wrede sobre el secreto mesiánico en los evangelios.
La tesis de Reimarus era que Jesús y sus discípulos persiguieron objetivos distintos. Jesús fue un Mesías político, que anunció la llegada del reinado de Dios y fracasó; pero sus discípulos, que no estaban preparados para ello, decidieron continuar aquella forma de vida e inventaron el mensaje de su resurrección y de su segunda venida. En consecuencia, no podemos fiarnos de lo que los apóstoles nos dicen sobre Jesús, porque su testimonio acerca de él no responde a lo que dijo y enseñó en su vida. La primera vida extensa de Jesús, la escribió un filósofo y teólogo llamado David Friedrich Strauss, que había sido discípulo de Baur y de Hegel. La obra, que apareció entre 1935 y 1936 en tres volúmenes, aplicó a los evangelios una categoría que ya se había utilizado en el estudio del Antiguo Testamento: el mito. Es evidente que los evangelios son relatos míticos, pues poseen elementos que contradicen las leyes de la naturaleza. Estos elementos no-históricos no son fruto del engaño, como pensaba Reimarus, sino de la imaginación mítica.
La vida de Jesús escrita por Strauss integró las conclusiones de su maestro F. Ch. Baur acerca de la prioridad de los sinópticos sobre el evangelio de Juan, pero aún pensaba que Mateo y Lucas eran los evangelios más antiguos. Esta forma de entender las relaciones entre los evangelios cambiaría enseguida. En el año 1838 Ch. H. Weisse y Ch. G. Wilke propusieron de forma independiente una nueva hipótesis que estaría llamada a tener una gran fortuna: el evangelio de Marcos no era un resumen de los otros dos, sino el que les había servido de fuente. Esta hipótesis se basaba en la observación de que Mateo y Lucas coinciden entre sí en el orden sólo cuando coinciden con Marcos. Weisse postuló además la existencia de una fuente de dichos común a Mateo y a Lucas, poniendo así las bases de la hipótesis de las dos fuentes, que ha determinado el estudio de los evangelios hasta hoy. El descubrimiento de la prioridad de Marcos abrió una nueva etapa en la investigación sobre la vida de Jesús. Si Marcos era el evangelio más antiguo, entonces tenía que ser también el más fiable desde el punto de vista histórico. Contemplados desde esta nueva perspectiva, los detalles pintorescos y aparentemente innecesarios de Marcos aparecieron ante los ojos de los estudiosos liberales como una confirmación de su cercanía a los acontecimientos. El evangelio de Marcos se convirtió así en el nuevo paradigma de las vidas de Jesús. Después de una primera etapa en Galilea marcada por el éxito, Jesús experimentó un momento de crisis reflejado en el episodio de Cesarea de Filipo (Mc 8,27-30), el cual dio lugar a una nueva conciencia de su misión, que le llevaría hasta Jerusalén. Este es el tono de las vidas de Jesús liberales, que se publicaron en la segunda mitad del siglo XIX.

En la actualidad algunos autores han publicado sobre los textos antiguos, de los datos de la arqueología y en general del Judaísmo del siglo I d.C, sus puntos de partida son con frecuencia muy diversos, y en consecuencia lo son también las imágenes de Jesús que presentan. Esta diversidad se puede mostrar en las cuatro imágenes de Jesús que son: la del maestro de sabiduría al estilo de los filósofos cínicos que propone el
Jesus Seminal; la del profeta escatológico judío; la del carismático habitado por el Espíritu y la del promotor del cambio social.
Maestro de sabiduría: Jesús fue un campesino galileo, que vivió en una situación tensa, motivada por el proceso de helenización a que estaba sometida entonces Palestina. Con su sabiduría y con su comportamiento quiso transmitir un mensaje social innovador que acabara con las estructuras patriarcales y de patronazgo sobre las que se sustentaban las desigualdades de aquella sociedad. Sus enseñanzas no contenían ninguna referencia a las expectativas apocalípticas judías, sino que reflejaban una sabiduría de carácter universal basada en la experiencia de la vida y de la naturaleza. Su comportamiento, sobre todo sus sanaciones, exorcismos y comidas, revelaban la intención de transformar el orden establecido. Esta reconstrucción de la vida de Jesús se asienta sobre una selección de las fuentes, y sobre unos criterios desde los que se evalúa su historicidad. Una de las fuentes es el Evangelio de Tomás (de ahí su inclusión como quinto evangelio en la publicación
sobre los dichos de Jesús).

Profeta escatológico: Muy distinta es la imagen de Jesús como profeta escatológico que predica la restauración de Israel. Se explican históricamente dos hechos fundamentales: la crucifixión de Jesús y el nacimiento de un movimiento judío que reivindicaba su herencia. Su punto de partida es un extenso análisis de la acción del templo que considera un acontecimiento clave. La expulsión de los mercaderes del templo de Jerusalén no fue un gesto de purificación, ni tampoco la condenación moral de un comercio abusivo (estas son interpretaciones cristianas), sino el gesto que se esperaba del Mesías: una destrucción simbólica del templo que anunciaba la restauración escatológica del pueblo de Dios. Entendido así, este gesto, explica la muerte de Jesús y el nacimiento, después de él, de un movimiento judío, que reivindica su nombre y su proyecto. Por tanto, Jesús fue un profeta judío, profundamente insertado en las tradiciones de Israel, que anunció la restauración del pueblo santo, y expresó simbólicamente esta restauración en el gesto del templo. Jesús tenía conciencia de vivir un momento decisivo y de ser el último enviado de Dios, y por eso sus palabras y sus acciones revelan una individualidad irreducible, que hace de él un personaje único.
Carismático espiritual: Jesús es un carismático judío, cuya actuación se inscribe en una antigua tradición de hombres santos que actúan bajo la acción del espíritu divino. En palabras suyas: "Desde una perspectiva histórica Jesús era una persona llena del Espíritu en la corriente carismática del Judaísmo. Esta es la clave para comprender lo que fue en cuanto figura histórica". La existencia de este tipo de carismáticos está documentada en el Judaísmo del tiempo de Jesús. El mensaje de Jesús, como el de estos carismáticos, no poseía tintes escatológicos, sino que estaba centrado en la experiencia de Dios, un Dios cercano a su pueblo, que manifestaba su solicitud a través de las milagros de estos hombres santos.

Reformador social: Jesús como un militante del cambio social. Su vida y su predicación deben entenderse en el marco concreto de la sociedad galilea del siglo primero. Desde el punto de vista económico, social y político, Galilea vivía bajo la explotación de las clases gobernantes, que acumulaban tierras y ejercían una enorme presión con sus impuestos. Esta situación explica que en aquel tiempo surgieran en Palestina diversos movimientos de renovación social. El de Jesús fue uno de ellos, y su objetivo fue promover una renovación radical de las relaciones sociales. Sus enseñanzas trataban de producir una revolución desde abajo cuyo objetivo era la transformación de las estructuras sociales. Esta visión de Jesús tiene el gran valor de ambientar su vida y su predicación en la situación política y social de Galilea, y está basada en un mejor conocimiento de los movimientos intrajudíos de reforma social de aquel tiempo.