"El amante indomable"

Autor: Gaby7tvm

Clasificacion: NC-17 o sea esto tiene escenas fuertes

Y como siempre es dreamer

Resumen: Eran jovenes e imprudentes, se casaron deprisa y en solo 2 meses se separaron. Después de 5 años Elizabeth Scarlett Parker había cambiado, había dejado a Max atrás, y se disponia a seguir con su vida ahora que estaba comprometida con Michael Guerin. También Maxwell Liam Evans había adquirido un aire sofisticado completamente nuevo, pero bajo las apariencias, seguia siendo aquel joven de veinte años, con el espiritu ardiente, arrogante e indomable y decidido a conseguir lo que quería. Y había regresado despues de años de separación, ya que quería a Liz, y si no estaba dispuesta a acompañarlo seria por la fuerza.

Esta historia esta basada en el libro de Sharon Kendrick "Untamed lover"

CAPITULO 1

 

Mi nombre es Liz Evans, no, no, no, mi nombre es Elizabeth Scarlett Parker, una vez estuve enamorada y una vez estuve casada, pero todo ha terminado. Hoy sera mi fiesta de compromiso con Michael Guerin, un hombre a quien no amo, solo sera un negocio tanto para el como para mi padastro, el no se le acerca ni un poco al espiritu salvaje que tenia Max.

-¿Y has sabido algo de Max?- dijo Maria, efusivamente, como siempre molestandome, sobre mi aventura adolescente.

-No me apetece hablar de Max- dije con un tono frío haciendole ver que el ya no tenía ningún poder sobre mí, pero esto me volvio a causar un esfuerzo monumental, mientras me ponía una media negra de seda -Y mucho menos la noche en que voy a prometerme con otro.

-¿Ah, no?- pregunto María timídamente algo muy inusual en ella -Pero estabas pensando en él, ¿verdad? Te lo noto en la cara.

Al decirme apenas esto adopte un gesto divertido e indiferente, haciendo que notara que Max ya no me importara, no despues de 5 años, sin saber de él. Esto era algo que había llegado a dominar a la perfección, la máscara deslumbrante tras la que me escondía para que nadie supiera cuanto Max me podía afectar, no me permitiria se la debil. Entonces, María me miró, la persona que me conocia desde que tenía 3 años y me retó a desafiarla, hoy parece que María descubrió  mi farsa.

-¿Qué yo pensaba en Max?- dije con un tono alegre, no permitiría que nadie supiera acerca de cuanto ame, a Max -¿Estas loca?

-No, pero tú si lo estabas por él.

-Déjalo ya ¿quieres María? Déjame en paz para que pueda vestirme o voy a llegar tarde a mi propia fiesta.

Para mi inmenso alivio, María desapareció. Cuando hubo cerrado la puerta, me miré las manos y descubrí que me temblaban. Y me maraville una vez más que con solo la mención de su nombre todavía fuera capaz de hacer aquello

-¡Maldito Max Evans!- grité arrojando un jarrón de porcelana viejo. - ¡Maldito seas!- una lágrima me salió por el ojo izquierdo y con coraje, me la quite con el dedo índice de la mano derecha. Saqué el traje de la percha y me quedé mirándolo vestida solo con un body negro. Me pareció llamativo. Era un vestido de fiesta a estrenar, con mangas largas, de un terciopelo negro y cerrado que se ajustaba a mi figura y con una sobrefalda coqueta de tul negro volantes, salpicada de lentejuelas doradas. Me pareció que el negro evocaba el color de mi cabello. Me lo puse y me quedo mirando a mi misma, enfrente del espejo y lo único que me cruzó por la mente fue "Esto no se parce a mi, no me gusto nada" incluso mi cabello no parecía el mismo, siempre suelto y lazio pero hoy esta recogido en ondas amplias.

Ya era hora de bajar en busca de Michael. Pero poco antes de un segundo me parecio ver un movimiento al otro lado de la ventana que atrajó mi atención. Camine hacia la ventana y miré a ver los jardínes de la mansión Atherton. Mis ojos se detuvieron en el roble inmenso y en sus ramas desnudas. Mientras mirába me pareció ver algo moverse, y me corazón no pudo evitar latir a toda fuerza.

"Habrá un hombre allá" me pregunte toda intrigada, pero al parpadear la sombra desapareció, sólo vacío, juegos de mi imaginación.

Ya calmada, y ridiculizada por mi misma, salí de la habitacíon y comenze a bajar las escalinatas, hasta el vestibulo donde pude divisar a Michael entregando su abrigo, me voltió a ver, al sentir mi mirada, pero como siempre, cuando se encontraba muy emocionado se rascó la nuca, algo que me molesto mucho, no se parece en nada a Max, el es todo lo opuesto a él, aún recuedo con nostalgia como empezo nuestro inocente romance...

 CAPITULO 2

 

Hacía tantos años...

En esos tiempos, Mi madre había perdido a un marido, mi querido padre, a quien ya no recuerdo muy bien, despues de un año de habernos dejado, mi madre se casó con un hombre lleno de riqueza y respeto, y yo una pequeña de 10 años no pude evitar, estar impresionada por ello, me convertí en una privilegiada en cuestión material.

Fui a las mejores escuelas, monté los mejores caballos y mis amigas eran las hijas de hombres inmensamente ricos. Pero, entonces, mi hermano Alex se encontraba estudiando fuera, dejandome a mi en la soledad, de una casa grande, pues mi madre recién casada y feliz me excluyo de su vida, importandole solo lo que dijera e hiciera su marido. Me llegue a sentir tan sola y fue ahí cuando conocía Liam y mi vida dio un giro.

La madre de Max al enviudar, había entrado al Servicio de mi padrastro, Sir Valenti y se trajo con ella a su hijo de 12,  Max. Aun recuerdo la primera vez que lo vi, como si fuera ayer. A esa edad, Max ya era alto y de ojos penetrantes, y algo en el presagiaba la promesa del cuerpo soberbio que desarrollaría en su adolescencia. Max era completamente distinto a los demás niños, supongo que eso era lo que me atraía de él, en el comienzo, Max era callado, solitario y parecía estar siempre merido en aquellos libros e incluso a esa edad Max contemplaba el mundo con cinismo impopio para un niño de 12 años y era capaz de reconocer sus desigualdades. Asistía a una pequeña escuela local. Era excelente en todo lo que emprendía, aquellos ojos dorados  e inteligentes lo absorbían todo. A sus pocos años, ya había algo especial que lo distinguía de los demás.

Aunque era solitario por instinto, parecía tener una cierta debilidad hacía mí. Quiza mi propia soledad lo hacía indentificarse conmigo o quiza la perdida de mi padre hacía que se mostrara más amable conmigo que con los demás. Bueno, por el motivo que fuera, Max dejaba que lo siguiera y con el paso del tiempo, en su compañia, el se convirtio en un heroe para mi, alguien intocable e indomable.

A mis ojos Max era perfecto, no podía decir o hacer nada mal. Acostumbraba escucharle atentamente con los ojos muy abiertos mientras que el se emocionaba y me contaba apasionadamente del mundo que algún día iba a recorrer.

-Siempre estas leyendo- me queje un día, cuando yo ya tenía 15 años, cuando era muy inocente y muy ciega en como para verlo realmente quien era es magnifico adolescente en frente de mí, criatura de ojos dorados-.¿Por qué no descansas, aunque sólo sea para variar?

-Porque ésta es la única sálida que tengo -dijo el con una voz fuerte y segura, aunque no entendí sus palabras en ese momento.

-¿Qué quieres decir? ¿Qué salida?

-La de la clase en la que he nacido- dijo él sonriendo-. Educación. Es el único modo de salir. Y cállate de una vez Liz, sé buena chica y lee ese libro de Steinbeck que te he dejado.

El verano que término la preparatoria con las mejores notas del instituto, Max se tomó un año sabático para recorrer Europa antes de ir a la Universidad.

Ese año lo eche mucho de menos, más de lo que yo había esperado. A los diesciseis, mi padrastro me obligó a hacer vida social, comenzé a ir a cockteles, fiestas, desfiles de modas y partidas de caza, esta vida me aburría a mas no poder, siempre solía conocer el mismo tipo de hombre, un tipo aburrido, tematico, tranquilo con los que mis padres esperaba que me casara, pero aquellos jovenes no eran capaces de igual mi espiritu salvaje, y en nuestras citas solía reprimir los bostezos que llegaban a mí.

Y entonces. un día durante las vacaciones de verano, Max Evans volvió de Europa. Sir Valenti anunció durante el desayuno que el hijo de la señora Evans regresó de su viaje y que parecía estar fuerte como un roble y no tardó en contratarlo como peón en nuestras tierras, hasta que en Otoño tuviera que regresar a la Universidad.

Pero ya nada fue lo mismo. Algo había cambiado ente los dos. Elizabeth y Max. La tensión sexual no tardó en hacerse presente.

Levanté los ojos para mirar al adolescente que en un magnifico hombre se había convertido y me enfrente a lo que parecía ser su mirada dura habitual con un entendimiento doloroso. Parecía que la familiaridad se había perdido y una atracción incomoda se había entrometido. Max me ignoraba, parecía ya no caerle bien.

 

SI DIOS QUIERE MAÑANA EL CAPITULO 3, EL CUAL VA A SER LA TENSIÓN SEXUAL ENTRE LOS DOS

 

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