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Quieren obligatoriedad de vacuna contra hepatitis A

 

  • Esa enfermedad ocasiona grandes costos al sistema de salud.
  • Podría prevenirse fácilmente con una vacunación masiva.
  • Varios países ya la han implementado con éxito.
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No es casualidad que en esta época del año se conozcan casos de brotes endémicos de hepatitis A en diversos lugares del país.
Tal es lo que sucedió esta última semana en la localidad cordobesa de Despeñaderos, donde 17 niños contrajeron la enfermedad en un lapso de 15 días, mientras todavía se estudian otros doce casos. Una fuente del hospital local relató que la causa de los contagios es que «en esta zona hay mucho hacinamiento y las familias se abastecen de un pico común de agua potable».
También llamó la atención otro brote en la localidad entrerriana de Feliciano, 260 kilómetros al noreste de la capital Paraná. Allí los infectados fueron 48, describiendo una altísima prevalencia, en una localidad de tan sólo 15 mil habitantes. Estos y otros casos anteriores, que ya resultan crónicos, han llevado a primera plana la discusión acerca de la necesidad de que la vacunación contra la hepatitis A sea incluida dentro del calendario obligatorio. Así lo está analizando puntualmente el Ministerio de Salud de Santa Fe, tras haber detectado unos 90 casos en las primeras semanas del año (60 casos en Romang, 7 en Ataliva y 25 en La Pelada). Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la contención de focos puntuales, ya que «la vacunación intensiva no es tan efectiva», la mayoría de los profesionales consultados se inclinan por la eficacia de esta medida preventiva, en consonancia con una expresa recomendación de la Sociedad Argentina de Pediatría, que sugirió al Ministerio de Salud de la Nación la inclusión de esa inmunidad en carácter de obligatoria.
Así lo entiende el doctor Miguel Tregnaghi, director del Centro de Desarrollo de Proyectos Avanzados (CEDEPAP), una institución cordobesa de avanzada en la investigación epidemiológica, especializada en el desarrollo de vacunas. “La hepatitis A no es sólo una enfermedad de la falta de higiene sino también de la falta de educación”, asegura el especialista, señalando que nuestra cultura cotidiana no incluye medidas de higiene y seguridad que serían necesarias para combatir y reducir al mínimo la posibilidad de que la epidemia genere brotes cíclicos.
Otro de los aspectos de gran importancia en la prevención es la situación de la infraestructura de saneamiento, que abarca el acceso de la población al servicio esencial del agua potable y del tratamiento y correcta disposición de sus residuos cloacales. Sin embargo, aunque tiene gravitación, el tema estructural no resulta decisivo, algo que se puso de manifiesto en países de excelentes condiciones como Estados Unidos, donde no obstante, la epidemia siguió extendiéndose, principalmente como consecuencia de las cíclicas olas inmigratorias.
En situaciones como la de nuestro país, donde la infraestructura adecuada está lejos de abarcar a la totalidad de su población (ni siquiera a una porción importante), y donde los hábitos higiénicos son muy poco observados, Tregnaghi sostiene que “la mejor solución es la vacuna, que en todas sus variantes resulta muy eficaz”. El verano es época propicia para el surgimiento de brotes de esta enfermedad. En esto tienen mucho que ver las piletas de natación no cloradas, la costumbre de bañarse en cursos de agua contaminados, la mala conservación de muchos alimentos, la utilización de agua de pozos en coincidencia con el aumento del nivel de la napa freática, y la falta de conducta de higiene, que se acentúa en esta parte del año.
Por ese motivo no sorprende los brotes que ya han aparecido y casi con seguridad seguirán apareciendo en diversos puntos del país.
Una de las variables clave que se da en esta enfermedad, es que afecta principalmente a la ciudadanía del segmento socioeconómico más bajo. Si bien las estadísticas indican que en nuestro país un 39% de los menores de 5 años ya han padecido esta enfermedad, en el nivel socioeconómico medio-alto sólo afecta al 3%. La categórica diferencia tiene directa relación con las condiciones sanitarias, los hábitos de higiene y el acceso a los servicios de salud.
Ante una situación de desborde epidémico, en Estados Unidos se implementó la vacunación obligatoria en los estados donde se sufrían brotes crónicos. En ese país, la modalidad de aplicación es a través de dos dosis que se administran con un intervalo de medio año. Las campañas masivas tuvieron un enorme éxito, llevando el porcentaje de incidencia a valores mínimos en un breve lapso de tiempo.
Una experiencia similar vivió el estado de Israel, que fue el primero de todo el mundo en declarar la obligatoriedad de esta vacuna. Un enorme esfuerzo de obra pública y de política educativa sanitaria promovió el lento descenso de los índices de incidencia de esta enfermedad, entre los años 1993 y 1999. En ese lapso, el reporte de casos descendió de 52 a 34.
Sin embargo, en 1999 se decidió la vacunación masiva de los individuos menores de cuatro años. Luego de ello, en tan sólo tres años la incidencia se desplomó abruptamente, de 32 a 0, en 2002. Pero esto también tuvo otra repercusión tal vez impensada: en la población que no había sido vacunada (mayores de cinco años) la incidencia también decreció notoriamente bajando a cero. “Esto indica -señala Tregnaghi que la población joven y adulta estaba siendo contagiada por los más chicos. Inmunizados los menores de cuatro años, los adultos dejaron de contagiarse”.
En nuestra provincia también se llevaron a cabo experiencias piloto de vacunación masiva para controlar brotes endémicos, con excelentes resultados. Fue lo que sucedió en la localidad de General Paz en el año 1997, siendo la primera experiencia en el hemisferio sur. Coincidiendo con la época de inicio de año escolar, se detectaron 12 casos de hepatitis A en un pueblo pequeño. Inmediatamente se puso en marcha un plan de vacunación que en tan sólo una semana frenó la epidemia y curó a los que llevaban poco tiempo desarrollando la enfermedad. Otra experiencia similar ocurrió en abril de 2001 en barrio Comercial, de la ciudad capital, tras un brote epidémico. En ese momento, el gobierno dispuso de 5 mil dosis para administrar a los pequeños en un sector delimitado como crítico, lo cual hizo desaparecer inmediatamente la epidemia, que desde entonces no volvió a generar nuevos cuadros.
Cuando las evidencias científicas resultan tan contundentes, sólo resta esperar que la voluntad política acompañe. Por eso el Ministerio de Salud de la Nación ya está evaluando la alternativa, aunque no se espera una implementación masiva en el inmediato plazo.

FUENTES

http://www.lmcba.com.ar

http://www.lmcba.com.ar/2005/05-01-31/8_sociedad_01.htm

 

 
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