|
Aunque la implementación de un
programa masivo de vacunación contra la hepatitis A indudablemente
significaría una importante erogación para el Ministerio de Salud de
la Nación, la ecuación final sería ampliamente beneficiosa, no sólo en
materia sanitaria, sino también en la económica.
Basta tener en cuenta que una dosis de esta vacuna que se fabrica
mayoritariamente en Francia tiene un costo internacional de ocho
dólares. Serían entonces necesarias unas 700 mil dosis, coincidiendo
con la cantidad de niños que nacen cada año en nuestro país, elevando
la erogación a 5,6 millones de dólares al año.
Esta cifra, que tal vez resulte importante para el presupuesto de la
cartera sanitaria, no tiene comparación con lo que la misma área del
gobierno destina al tratamiento, atención, y cura de los 23 mil casos
de hepatitis A que se reportan cada año.
Según el doctor Miguel Tregnaghi, de esos 23 mil casos, unos 90
derivan en fallos hepáticos fulminantes. Sólo un 11% de estos casos
(9) tienen resolución favorable espontánea. El resto no tendrá otra
alternativa de cura que un trasplante hepático.
Sin embargo, el 20% (17) fallecerá «en lista de espera», mientras que
un 69% (58) accede al trasplante. Una intervención de este tipo
implica un costo de unos 200 mil pesos, aunque no asegura absoluta
efectividad, ya que entre los trasplantados, un 26% falleció.
Esto significa que pese a haber erogado en trasplantes más de cuatro
millones de dólares, 32 pacientes no sobrevivirán a una hepatitis
fulminante, que con absoluta seguridad, y por sólo ocho dólares podría
haber sido prevenida.
En este cálculo netamente económico no se han tenido en cuenta los
costos de los traslados sanitarios, los estudios clínicos, los
medicamentos, las drogas inmunosupresoras que los trasplantados
deberán consumir durante décadas, y la gran cantidad de pacientes (un
19%) que necesitarán un re-trasplante.
Desde esta categórica perspectiva, invertir 5,6 millones de dólares
para asegurar -con un 95% de efectividad- salud sustentable para
generaciones enteras, no parecería una mala inversión. Por el
contrario, no decidirse a hacerlo -teniendo los medios-, estaría cerca
de ser una «omisión maliciosa». |