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Las cinco principales
armas bacteriológicas
Ántrax
Esta 'vieja' arma bacteriológica –con la que ya se experimentó en la I
Guerra Mundial– sigue siendo la más temida, aunque entre los animales no es más
que una afección muy común.
En el hombre, es una grave
infección que se contagia por vía cutánea o aérea, aunque no de persona a
persona. La forma pulmonar –que se contrae al inhalar esporas de Bacillus
antracis– es la más mortífera (mata al 90% de los infectados).
Existe una vacuna contra el ántrax, aunque sólo se administra a los grupos de
riesgo, como militares, veterinarios o personal de laboratorio.
Peste bubónica
A lo largo de la historia, Yersinia pestis ha provocado 200 millones de muertes.
El agente infeccioso 'culpable' de la Peste Negra del Medievo puede contagiarse
entre los humanos por vía aérea.
Una vez que llega al flujo sanguíneo del enfermo, infecta sus ganglios linfáticos,
formando los 'bubones'. Después, el patógeno llega a los pulmones y la
enfermedad se vuelve mortal.
Viruela
Esta enfermedad infecciosa –caracterizada por la erupción de pústulas y
fiebre alta– está oficialmente erradicada.
Sin embargo, el virus de la viruela puede ser una eficaz arma bacteriológica
pues, aunque no es tan mortal como el ántrax ('sólo' el 30% de los que se
infectan acaba muriendo), se contagia muy rápidamente. Además, puede
modificarse y convertirse en un agente patógeno aún más virulento
Botulismo
La toxina botulínica –producida por el bacilo Clostridium botulinium–
provoca una intoxicación, a menudo mortal, caracterizada por la fatiga y la
debilidad muscular y por los trastornos visuales.
Se contrae por la ingestión de comida contaminada y puede manifestarse hasta
una semana después de la contaminación.
Ébola
El virus hemorrágico –culpable de grandes epidemias en África– es un gran
desconocido: no se sabe la fuente del microorganismo ni su mecanismo de
transmisión. Tampoco existe vacuna.
El virus del Ébola –que se contagia por contacto directo– se replica por
todo el organismo del enfermo, destroza la integridad de los capilares y produce
coagulación intravascular diseminada. Al cabo de una semana, el 90% de los
infectados mueren.
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