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La traición de Londres: nuestros socios y aliados nos espíanPor Eliseo Oliveras y Antonio FernándezDesde Menwith Hill (Gran Bretaña), Westminster (en el
centro de Londres) o la lejana Sugar Grove (Virginia, EEUU), la red de escuchas
anglonorteamericana Echelon intercepta nuestras comunicaciones. Con unos
recursos financieros colosales, una red de 120 satélites y las tecnologías más
sofisticadas, cada hora más de dos millones de mensajes pasan bajo el tamiz de
Echelon. Ni los cables de telecomunicaciones submarinos ni el correo electrónico
escapan al control de la alianza entre EEUU y Gran Bretaña. Se trata no sólo de espionaje político, sino también
económico, de tal manera que, tras disfrutar de información privilegiada, las
empresas norteamericanas han provocado la pérdida a Airbus y a Thomson de
contratos multimillonarios. «Se trata de tener el control absoluto del mundo por
parte de las compañías norteamericanas -señala el abogado y experto en redes
de telecomunicaciones Carlos Sánchez Almeida-. Echelon podría definirse
como un conglomerado político económico al servicio de determinados trust. Y
hablamos de Monsanto, líderes en ingeniería genética, o de
MacDonnell-Douglas, fabricantes de armas». Para Sánchez Almeida, si la red de
espionaje detecta las intenciones de cualquier gobierno, «podrá tomar una
decisión política para influir en esa decisión o económica, presentando a
una compañía de confianza a un concurso». La red ultrasecreta Echelon se creó a principios de la década
de los setenta y fue ampliada enormemente entre 1975 y 1995. Está dirigida por
la NSA norteamericana y la agencia británica Comunicaciones Gubernamentales
(GCHQ) y en ella participan Canadá, Australia y Nueva Zelanda. La existencia de
Echelon comenzó a hacerse patente sólo en los últimos meses. «Hace un año,
nos tachaban de locos y se creían que veíamos fantasmas -señaló a Tiempo
David Casacuberta, miembro de Fronteras Electrónicas, una de las
organizaciones que ayudaron a que Echelon saliese a la luz pública-. Y ahora
hemos conseguido incluso que los Estados Unidos reconozcan que sí existe».
Tanto es así que la Administración Clinton tuvo que desclasificar hace apenas
un par de semanas los primeros papeles que hablan de Echelon, a instancias de
científicos de la Universidad George Washington. Por si fuera poco, el 23 de febrero se presentó en la
comisión de Libertades Públicas del Parlamento europeo un completo informe
redactado por el experto británico Duncan Campbell donde se especifica
el espionaje de Echelon. Esto provocó la indignación de los eurodiputados y ha
comenzado a levantar fuertes críticas políticas contra EEUU y contra la falta
de fidelidad de Gran Bretaña hacia sus socios comunitarios. Con anterioridad,
varios eurodiputados ya habían manifestado a Tiempo su preocupación tanto por
las actividades de Echelon como por la posibilidad de que la propia Unión
Europea pusiese en marcha un sistema similar de interceptación de las
telecomunicaciones que pudiera vulnerar los más elementales derechos de los
ciudadanos. El desarrollo de Internet en los últimos años ha
incluido los datos y mensajes que circulan por el ciberespacio entre los
objetivos de Echelon. La NSA emplea programas informáticos robotizados para
recoger información y ficheros en función de parámetros preseleccionados a lo
largo de las páginas, servidores, portales y bases de datos de internet. La Agencia de Seguridad norteamericana también utiliza
programas automatizados para succionar el correo electrónico y los mensajes a
través de nueve puntos neurálgicos de Internet en EEUU.
Dos de estos nódulos están directamente controlados por la
Administración norteamericana: College Park, en Maryland, y Mountain View, en
California. Los principales centros de intercepción y rastreo de comunicaciones
de Echelon se encuentran situados en Menwith Hill (Gran Bretaña), Bad Aibling
(base militar en Alemania) Sugar Grove (Virgina, EEUU), Sabana Seca (Puerto
Rico), Leitrim (Canadá), Shoal Bay (Australia) y Waihopai (Nueva Zelanda). La
capacidad de captación de estas estaciones de radiocomunicaciones se incrementa
constantemente. La base de Sugar Grove, situada en una remota área de las montañas
Shenandoah, a unas 250 millas al suroeste de Washington, disponía en 1990 de sólo
cuatro antenas de satélite. En noviembre de 1998, el número de antenas había
crecido hasta nueve, de las cuales seis están orientadas a las comunicaciones
europeas y atlánticas. Echelon cuenta con unos supercomputadores especiales,
denominados "Diccionario", que son capaces de almacenar una amplio
banco de datos sobre objetivos especificos partiendo de un nombre, una dirección,
un número telefónico u otros criterios seleccionados. Cuando un satélite
detecta una comunicación que puede ser interesante, el mensaje se seleciona y
se envía a determinada carpeta en los centros especializados de la NSA y del
GCHQ. Allí, un agente lo lee y le da el curso que corresponda, siempre con
copia a la NSA. Los servicios británicos reciben las comunicaciones en
Westminster, en el corazón de Londres, donde disponen de uno de estos
superordenadores Diccionario. El filtrado de las conversaciones telefónicas resulta más
problemático, porque aún no puede utilizarse un programa para detectar automáticamente
palabras verbales, aseguró Campbell en el Europarlamento. El sistema que se
utiliza es la preselección de los números de teléfono y de las identidades fónicas
(la huella vocal individual). De todos modos, según las revelaciones de algunos
ex agentes británicos, Echelon utiliza modernísimos sistemas de detección de
voz capaces de «entender» palabras clave. Al «escuchar» una de estas
palabras, graban automáticamente las comunicaciones detallando incluso la
posición de emisor y receptor. Según Duncan Campbell, las únicas comunicaciones que
resultan relativamente seguras son las que circulan por cable de fibra óptica
en el interior de la Unión Europea, debido a su alta capacidad de transporte y
la extrema dificultad de seleccionar los mensajes. Por el contrario, el experto
británico advirtió a los eurodiputados que la protección de los programas
criptográficos de origen norteamericano es muy débil. Los sistemas de codificación de los programas de
Microsoft, Netscape y Lotus exportados fuera de EEUU están especialmente
adaptados para facilitar la descodificación por parte de la NSA norteamericana,
detalla el informe. El Gobierno sueco sufrió en 1997 la desagradable
experiencia de comprobar que la NSA norteamericana disponía de una parte de la
clave de codificación del programa de comunicación utilizado por su
Administración y que había sido suministrado por Lotus. El programa era
utilizado para las comunicaciones electrónicas confidenciales de los ministros,
los altos cargos gubernamentales, la agencia tributaria y la cúpula de la
administración sueca. La compañía informática explicó que la legislación
norteamericana obligaba a depositar en la NSA una parte de la clave de
codificación (24 de los 64 bits) que se utilizará al criptografiar cada
mensaje en todos los programas que se exportan fuera de EEUU. El informe de Campbell asegura que la NSA norteamericana
ha llegado a un acuerdo con la firma suiza Crypto AG, una de las empresas líderes
mundiales en programas criptográficos, para facilitar la lectura de los
mensajes codificados por parte de la red anglonorteamericana. El programa de
Crypto envía junto al mensaje codificado una clave especial, que sólo conoce
la NSA, que le permite poder descodificar la clave que haya introducido el
usuario. Campbell afirmó que ese acuerdo permite a la red anglonorteamericana
poder descodificar los mensajes diplomáticos y militares de más de 130 países.
Hace tan sólo unos meses, también se filtraron varios
documentos de las negociaciones entre la Administración Clinton y el Gobierno
británico con el objeto de monopolizar todos los sistemas criptográficos. En
realidad, Estados Unidos pretende prohibir lo que se conoce como programas
criptográficos duros y legalizar los blandos (que pueden ser descodificados por
un equipo informático mediano en un breve plazo de tiempo). De todos modos, el descubrimiento de los manejos de
Echelon ha puesto sobre el tapete un problema fundamental: el espionaje
comercial. La red sajona (denominada también Ukusa debido a que éstas son las
siglas, en inglés, de Estados Unidos y del Reino Unido) utiliza 120 satélites
para interceptar las comunicaciones. La información suceptible de tener
relevancia económica o comercial es transmitida por la NSA a las compañías
norteamericanas para ayudarlas en sus operaciones y contratos internacionales.
La NSA, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Comercio
firmaron el 5 de mayo de 1977 un acuerdo para crear una oficina de enlace
secreta que canalizara toda esa información, denominada Oficina de Apoyo
Ejecutivo. Próximamente, el Parlamento Europeo pedirá la
comparecencia de la Comisión Europea y del Consejo de Ministros en el hemiciclo
para que expliquen cómo piensan proteger las comunicaciones y los intereses
económicos europeos de la red Echelon. La Eurocámara ha instado a las empresas
europeas que se consideren víctimas de este espionaje industrial que aporten la
documentación de que dispongan. El grupo parlamentario verde, además, ha
comenzado a recoger firmas para que se constituya una comisión de investigación.
Pero lo más grave es la deslealtad de Gran Bretaña. «Hay
una traición de un miembro al espíritu de colaboración europeo -señala Sánchez
Almeida- que tendría que llevarnos a denunciar tratados internacionales, como
la OTAN y el propio Tratado de Roma, porque si el espionaje se utiliza contra
los socios puede llevar, a la larga, a la destrucción económica europea». En círculos europeístas, la pregunta más repetida la
pasada semana era «¿Qué harán ahora los ingleses?». El primer ministro británico,
Tony Blair, intentó defenderse asegurando en Bruselas que «Gran Bretaña no ha
traicionado a sus socios europeos al colaborar con Estados Unidos». Blair niega
que participe en operaciones de espionaje industrial, pero admite que la
legislación que ampara esas operaciones incluye entre sus objetivos «asegurar
el bienestar económico de Gran Bretaña», una fórmula que admite amplias
interpretaciones. Los Gobiernos europeos, de momento, no han tomado ninguna
decisión, pero el Gobierno francés está pensando en demandar judicialmente a
Estados Unidos y al Reino Unido por espiar las comunicaciones de empresas galas.
El propio rotativo The Times se hizo eco de esta intención, que estaría basada
en los contratos perdidos por Airbus y Thomson (ver recuadro). Asimismo, un
abogado parisino ha sondeado a varias ONG’s con el fin de obtener apoyos para
poder presentar una demanda judicial. «De todos modos, esto no irá mucho más
allá, porque incluso Francia tiene cosas que ocultar, como su propia red,
conocida como «Frenchelon» y que espía también telecomunicaciones», señala
David Casacuberta. Alguna de las informaciones conseguidas por los servicios
franceses - y realizadas desde estaciones ubicadas en la Dordoña, Nueva
Caledonia, Guyana y Emiratos Arabes Unidos- fueron compartidas con los servicios
alemanes, italianos y españoles, según conclusiones a las que llegó el
investigador Kenneth Neil Cukier. La interceptación de las comunicaciones entre Thomson-CSF
y el Gobierno brasileño en 1994 en la negociación del contrato de 220.000
millones de pesetas para un sistema de supervisión por satélite de la selva
amazónica permitió la concesión del proyecto a la firma norteamericana
Raytheon, vinculada a la red Echelon. En 1995, la interceptación de los fax y
las llamadas telefónicas mantenidas entre Airbus y el Gobierno de Arabia Saudí
con los detalles de las comisiones ofrecidas a los funcionarios permitió a la
Administración de EEUU presionar para que el contrato de un billón de pesetas
fuera concedido a Boeing-McDonnell Douglas. Otros casos concretos de espionaje
de las comunicaciones mencionados por el informe son: la industria automovilística
japonesa, la delegación francesa durante las negociaciones de liberalización
comercial de la Ronda Uruguay, las negociaciones del consorcio europeo Panavia
para vender el avión de combate Tornado a los países de Oriente Medio y la
Conferencia Económica Asia-Pacífico de 1997. www.kriptopolis.com 1 de Marzo 2000
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