La religión es la cocaína de la sociedad
–Fernando Savater
...y consuelo para el afligido
–C. Marx
Reproducción coital y no coital protegidas
Ante las necesidades y deseos humanos, en la historia de las sociedades se registra la búsqueda pragmática o científico-tecnológica de soluciones que se cruzan, frecuentemente, con el cálculo razonado o pulsional de los usos-costumbres y los valores. En la flecha horizontal del tiempo, la búsqueda de fines o de la indagación teleológica se atraviesa, periódicamente, con el vertical escalpelo de los ciclos axiológicos o de la reflexión moral.
Si lo anterior dura y perdura en la racionalidad contemporánea, utilizar el aborto inducido (teleológico) como recurso para controlar la natalidad o penalizarlo y acorralarlo sin salidas (axiológicas), utilizando el púlpito (la excomunión como lenguaje político en el nombre del padre o del poder polimorfo perverso de las iglesias), sin considerar los riesgos de mutilación, discapacidad, mortalidad y vejación que sufre una mujer al decidir practicárselo en el mercado negro y sin condiciones sanitarias, no parte de planteamientos éticos y no obedece al imperio de la razón en un Estado-nación laico y democrático, socioliberal, de derechos ciudadanos-humanos y republicanos, como el Estado que procuramos reconstruir.
Alrededor de 800 mil abortos inducidos (que, según lo presentan diversas encuestas, representan un imaginario empobrecedor y distorsionador cuya lógica, como sabemos, es hablar del problema... olvidándose del problema) se practican anualmente en nuestra sociedad, entre mujeres con plenos derechos sexuales (adolescentes y jóvenes adultas, sin expectativas laborales, profesionales, matrimoniales o con razones incompatibles para la reproducción-maternidad sin riesgos), mujeres que en la escala social pertenecen a una ciudadanía con derechos humanos-sociales denegados, desinformada, pobre y desigual. La enfermedad de México no es la pobreza de la mitad de la población, es la desigualdad insultante permitida por el Estado privatizado que padecemos: la riqueza desfiscalizada, la falta de empleo, los bajos salarios, la educación mediocre y la salud de mala calidad. La práctica del aborto en estas circunstancias deja una estela de muerte, infertilidad y sufrimientos subjetivos absolutamente evitables.
El aborto voluntario es el método mundialmente más practicado para resolver embarazos indeseados por múltiples factores (generalmente inconscientes: ¿cuál es el goce femenino?). Su alta incidencia -y prevalencia- es un problema de salud pública global y donde prohiben su práctica, la situación se agrava por las complicaciones al realizarlo en condiciones de riesgo. En México, como en muchas naciones, obtener información sobre la práctica del aborto provocado se subestima y las estadísticas reportadas no son confiables: hay un saber del que no se quiere saber (la ignorancia del cuerpo y sus partes, sostiene al poder polimorfo perverso).
Sin embargo, al considerar de manera integral el aborto inducido en el Estado socioliberal que pretendemos, vale preguntarnos: ¿Cómo debemos iniciar la vida con calidad? (el aborto despenalizado, el acceso crítico a nuevas tecnologías reproductivas y la maternidad con nuevos tipos de familia), ¿cómo debemos mantener la vida con plenitud? (la pobreza, el desempleo, los bajos salarios y las nuevas cotizaciones para la seguridad social) y ¿cómo debemos terminar la vida con dignidad? (la previsión social para jubilados y pensionados, la eutanasia pasiva o activa en una sociedad donde no todo es médicamente posible), constituyen las discusiones bioéticas cotidianas al iniciar el siglo XXI.
En el mundo actual (la aldea global displacentera) ocurren más de 60 millones de abortos en un año y la mitad de ellos son inducidos; el 25% se producen en América Latina. En el caso de México, las mujeres que abortan en forma voluntaria son multíparas: amas de casa, tienen menos de 35 años, una escolaridad baja, suelen establecer relaciones estables con sus parejas y, con frecuencia, alguno de los dos se encuentra desempleado. Toman la decisión de abortar porque disponen de muy bajos salarios para "procrear los hijos que mande Dios". Económicamente, los costos, las complicaciones y mortalidad a causa del aborto tienen una relación inversa con el ingreso de las mujeres que se lo practican. Con este panorama, vale señalar que la interacción subjetiva y la corresponsabilidad-socioeconómica del macho humano y su imposición andrógenica no son discutidas y se encuentran jurídicamente eludidas y elididas. Entre nosotros, comentaba Santiago Ramírez (q.e.d), "sobra madre y falta padre".
Los caminos de la experiencia vivida tienen tres señalizaciones: 1) La penalización arroja a la clandestinidad, no acaba con el problema y agrava el sufrimiento corporal-subjetivo de La Mujer (La no existe, existe: Mujer libertaria que no se reduce, "en el nombre del padre", a ser solamente "madre potencial" o "esposa"); 2) Sin asesoría legal se reafirma la discriminación de género, sustentada en la situación socio-económica, el bajo nivel educativo, la mala calidad y corrupción del proceso y la pobreza en los indicadores de resultado (existen alrededor de 85 averiguaciones penales en proceso); y 3) Si el aborto es moralmente negativo, la solución es prevenirlo (uso del condón, anticonceptivos gratuitos, píldora del día siguiente, educación sexual en escuelas públicas y privadas), lo que puede resultar imposible -así ha sucedido históricamente con la salud entendida como el silencio de los órganos- si no se avanza de la ignorancia (la indiferencia por el cuerpo de quien lo usufructúa y el negocio-opacidad clandestino) al conocimiento informado, la autonomía de la mujer, la transparencia, la deliberación bioética, la prevención de muertes evitables, la practica hospitalaria y la calidad médica accesible-despenalizada y, por encima de todo, la afirmación de la libertad ciudadana como no-dominación.
Las familias del por-venir: para asumir el inicio de la vida se están produciendo matrices emergentes para formar la familia (el espacio donde se resuelve el Edipo y se inicia la socialización de los hijos). Son cambios profundos en el simbolismo y en las conductas sociales respecto a las relaciones de pareja y al matrimonio que afecta la composición de las familias. Los matrimonios arreglados de antemano que conocimos en el pasado, ahora, son electos con mayor frecuencia por cada pareja entre sí y, en consecuencia, afirman la autonomía personal en las relaciones familiares. Por supuesto, los matrimonios y los formatos tradicionales de las familias siguen teniendo el apoyo de la ley y del discurso de los poderes de la sociedad.
Sin embargo, al mismo tiempo, en amplios segmentos de nuestra sociedad, existe la aceptación en positivo de formas alternativas de procreación y nuevos formatos de familia. A pesar de la reciente aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia, que permite la unión jurídica entre personas de diferente o del mismo sexo para establecer un hogar común, las contradicciones están polarizadas. En un espacio, se acepta la familia uniparental (ser padre y madre a la vez) o tener hijos por inseminación artificial, pero, en otra esfera, existen resistencias para que parejas de homosexuales puedan tener hijos utilizando este método; tampoco se entiende la maternidad de alquiler como nueva forma de construir una familia.
La decisión de abortar es un hecho difícil, trascendente y de gran responsabilidad ética para reproducción humana y está sobredeterminada por los modelos de familias emergentes (Charlesworth M, Bioethics in Liberal Society, Cambridge University) al iniciar el globalizado siglo XXI:
- Hijos de parejas heterosexuales producto de sociedades de convivencia.
- Hijos de parejas heterosexuales producto de parejas estables.
- Hijos de matrimonios previos o de parejas estables que se encuentran en una situación uniparental o reincorporadas en una familia divorciada y con nuevo matrimonio (nuevos padres o madres).
- Hijos de padre o madre soltero-a.
- Hijos adoptados en otra familia: por adopción tradicional en donde la madre renuncia contactarse con el niño adoptado y éste no tiene información sobre sus orígenes, o por adopción abierta en donde la madre mantiene contacto con el hijo y éste tiene información sobre sus orígenes, o bien, hijos adoptados en donde la madre que renuncia selecciona los padres adoptivos.
- Hijos de parejas heterosexuales nacidos por inseminación artificial de un donante.
- Hijos de parejas homosexuales (lesbianas) nacidos por la inseminación artificial de un donante.
- Hijos nacidos de los gametos de una pareja fecundados in vitro y embrión transferido.
- Hijos nacidos de los gametos de donantes, o de embriones de donantes mediante fecundación in vitro y embrión transferido.
- Hijos nacidos mediante una madre de alquiler: según la forma tradicional, la madre social y biológica contribuyen con un óvulo, pero al nacer el hijo cede su papel de madre social a otra mujer, o bien, la madre social final y el padre contribuyen con los gametos, el embrión se forma mediante fecundación in vitro y se transfiere a otra mujer que lo gestará y lo entregará a sus padres "genéticos".
El derecho a la libertad de procreación y a la maternidad deseada, así como a la reproducción coital y de colaboración no-coital protegidas, son el fruto de la tolerancia y la aceptación social a nuevas alternativas reproductivas y demandan su afirmación jurídica (Artículo 4º de la Constitución Mexicana). Procuremos que la discusión racional y/o pulsional de estos problemas se convierta en un círculo virtuoso. El aborto químico o quirúrgico -como toda cirugía practicada- tiene consecuencias físicas y subjetivas (provoca cicatrices corporales y mentales en toda/o grávida/o) y debe ser abordado sin fines de lucro y con sensibilidad bioética -antes y después de la intervención quirúrgica- por un equipo de salud reproductiva especializado, compuesto básicamente, por un médico/a (gíneco-obstetra) bien entrenado, un psicoterapeuta eficiente (psiquiatra, psicoanalista, psicólogo y sexólogo) y un epidemiólogo social, y cuyo fin sería facilitar que (La) Mujer, al interrumpir su embarazo, deje de ser como genero "para el Otro" y "se haga Otra para ella misma", como proyecto en su calidad de vida femenina.
Los asambleístas del PRD y del Partido Alternancia que han re-creado la vieja ideología socialdemócrata (reivindicando la buena tradición de la-s izquierda-s) son los autores de la definición del aborto después de las primeras 12 semanas de amenorrea, superando con tintes posmodernos (el tránsito a un Estado socioliberal y republicanista) el conservadurismo y la modorra de la izquierda conservadora y de la derecha confesional. La interrupción de la reproducción humana, antes de las 12 semanas (cuando el embrión está en el endometrio, sin haber finalizado la órgano-génesis), como opción autodeterminada y despenalizada es la afirmación de la libertad democrática como no dominación, es decir, sin interferencias arbitrarias. Recordemos que para la Constitución se considera jurídicamente un ser organizado o una persona humana a partir del nacimiento.
¿Cuántos hijos se deben tener en un globalismo que enajena la vida del cuerpo (en el trabajo mal remunerado) como la propiedad de alguien que lo usufructúa?
PD: Chespirito y su tele-reproducción en el imaginario social, la orfandad del Chavo del ocho, tiene todo el derecho de seguir mentalmente viviendo en el barril sin fondo y sin petróleo que le confecciono el Estado burocrático-social del príato. Es de lamentar que para el tele-vecindario panista del Chapulín Colorado, el pasado no es pasado todavía.
Para saber más: Giovanni Berlinguer, Bioética Cotidiana, México, Editorial Siglo XXI, 2002.
(*) Centro de Estudios del Espacio Público no Estatal. Profesor de la FCPyS-UNAM
Réplica y comentarios al autor: EspacioPublico_noEstatal@hotmail.com
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