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   ¿Necesitaremos a Supermán?

Un helicóptero que desvía su curso sin decir agua va y termina impactado contra la montaña, un tren que descarrila y detiene la circulación en la Ciudad de México, un secuestrador que dirige a su banda desde la prisión... ¡Urge que venga ya Supermán!

Acostumbro hacer un recorrido diario por las noticias que acontecen en nuestro país: primero escucho un poco la radio y después, en algún momento del día, mientras reviso Internet, me doy un espacio para ver caricaturas políticas y leer artículos de temas variados. He dejado definitivamente a un lado los noticiosos televisivos, pues su capacidad de repetición supera ya lo real... uno pensaría que sólo acontece un solo suceso por jornada.

En las últimas fechas he reflexionado que lo que pasa en nuestra nación es cada día más increíble. Los asaltos a mano armada dejan de ser trascendentes, los asesinatos en Ciudad Juárez son vistos con tal naturalidad que ahora son sólo parte de las estadísticas, las ejecuciones perpetradas por el narcotráfico parecen tan cotidianas como el abigeato, el programa México Seguro sigue dando lástima por su ineficacia. A este paso, parece lógico pensar que lo único que nos puede sacar de esta profunda crisis es un Superhéroe.

Un ser que afronte con su súper fuerza las fallas mecánicas ocasionadas por el pésimo mantenimiento de las unidades de Ferrocarriles Nacionales o las descomposturas de los autobuses que pierden los frenos y se precipitan angustiosamente carretera abajo hacia los precipicios, y que es capaz de enderezar el trailer excesivamente cargado de materiales de construcción volcado en pleno Periférico.

Un personaje con una súper mirada de rayos X que le otorguen la posibilidad de ver a través de las paredes y localizar al secuestrado, esfumado desde hace más de un mes, y que sea hábil para ubicar a los hombres armados que en los microbuses, se disponen a asaltar a los pasajeros del transporte, con ese poder para descubrir las tres toneladas de cocaína que transitan impunemente por nuestras carreteras o el cargamento de fayuca que entra, quién sabe a qué horas y cómo, al corazón del D.F. y se descarga en Tepito.

Un hombre bala, súper volador que pueda desviar el curso del helicóptero que está a punto de estrellarse después de que su experimentado piloto pierda inexplicablemente el rumbo, un Homo Citius, (por aquello de más rápido, más alto, más fuerte), diestro para rescatar al borrachín que conduce por la ciudad nocturna y está a punto de tomar una curva a más de 120 kilómetros por hora, o al microbusero que en su competencia por el pasaje olvida que le tomará más de 20 metros frenar su unidad a esa velocidad.

Requerimos urgentemente de él, para que nos libere de todos los malhechores que roban, matan, violentan, destazan, asesinan, ocultan, trafican, mienten, simulan, atentan y destruyen nuestras conciencias, vidas y esperanzas. Sea o no humano, sea o no terrícola, esté hecho a nuestra imagen y semejanza o no, pero lo necesitamos ¡ya!

Claro que habría que preguntarse, y aunque parezca no venir realmente a colación, si en verdad estamos preparados para que realice su trabajo: me imagino a nuestro superhéroe capturando al secuestrador y poniéndolo a disposición del ministerio público que le consigna y deja ir por falta de pruebas. ¿Qué tal si se demuestra la culpabilidad y el acusado decide hacer uso de la gloria del sistema judicial mexicano? "El amparo" (esta herramienta jurídica que permite protegerse de la mala actuación del sistema de impartición de justicia, cuando lo necesario es hacer precisamente que las prácticas legales funcionen, no encontrar el modo de cubrirse de su inadecuado ejercicio).

Tenemos en esta nación un impresionante no sé qué por solucionar los efectos de los problemas y nunca sus causas reales: no vamos por el juez que hace mal su trabajo, sino por el trámite que nos permita sustraernos a su mala acción; no acatamos la fuga de agua de raíz, cambiando la tubería, sino que ponemos "un hulito" para detenerla; vamos a gastar 60 millones de pesos en un sistema súper sofisticado que detecta cuando el visitante de una prisión entra con objetos pegados al cuerpo, en lugar de simple y llanamente hacer revisiones periódicas en las celdas. ¿Será tan complicado ocultar un celular?

Hace poco tuvimos la mala suerte en la familia de quien redacta, de recibir una de las cuatro mil y tantas amenazas telefónicas que se han generado en este año: se nos pedía un dinero a cambio del respeto de las vidas de nuestros parientes. ¡Cuál ha resultado nuestra sorpresa al enterarnos que la mayoría de estas extorsiones proviene de teléfonos públicos ubicados en los centros de detención! ¿Quién fue el original que aceptó que los detenidos tuvieran libre acceso a las líneas telefónicas? ¿No se supone acaso que si están prisioneros es precisamente para aislarlos de la sociedad y evitar que delincan (fuera de lo muy discutible de la utilidad de los procedimientos de readaptación social)? Tal vez algún reo se amparó y logró, por resoluciones de quién sabe qué justicia, tener una línea telefónica a su alcance... ¡en el centro penitenciario!

Y ahora resulta que nos dicen que denunciemos si esto pasa y que sobre todo no caigamos en el juego de los truhanes. ¿No es de nuevo buscar soluciones a los efectos y no a las causas? ¡A la base de los problemas, señores de la justicia!

Pero volvamos a los salvadores de nuestro México: en los actuales tiempos de elecciones, varios jefes de campaña y responsables de mercadotecnia política insisten en decirnos que no es necesario seguir buscando más, que ahí viene, que no es un ave, que no es un avión... que es Súper Santiago, Súper Felipe, Súper Andrés, Súper Alberto, Súper Arturo, Súper Roberto o Súper Cuauhtémoc. Cada uno a su manera insiste en tener la magia, el poder, el ánimo, la fortaleza, el mandato divino y la fuerza sobrehumana para solucionar nuestras dificultades. ¿Al fin habrá llegado el libertador?

Para nuestra corta y olvidadiza memoria, asumo el deber de recordar que en julio del año 2000 llegó, proveniente de otro planeta, un ser enorme, con agallas, con la preparación, la inteligencia y el equipo de súper hombres (el gabinetazo): el señor Fox. Fue él quien nos convenció con sus argumentos mesiánicos de "sacar" a nuestra nación de su letargo, de sus recurrentes aprietos económicos, de la pobreza extrema y de la paupérrima educación: la masa acudió al llamado de cambiar de Superhéroe. No más héroes verdes, blancos y rojos, los colores de moda eran el azul y blanco.

Desafortunadamente, la actuación de este hombre ha estado mucho más en el campo de la retórica que en el de la realidad. No hay cambios de fondo y muchos problemas se agravan.

Nada parece indicar que alguno de los presidenciables cuente siquiera con el uno por ciento de las habilidades de nuestro requerido Supermán: no vuelan, no tienen rayos equis, y mucho menos vienen acompañados de la Superwoman. ¿Estaremos condenados para siempre al ciclo nacional de necesidad-esperanza-sueño-realidad-decepción-frustración-necesidad? ¿La pérdida de competitividad mexicana ante los principales jugadores de la comunidad internacional será por no contar con superhéroes?

¿No será que los mexicanos cometemos un grave error al esperar al Quijote que acabe con nuestros males? Parece que en efecto estuviésemos condenados a repetir los errores de la historia, pues allá por 1519 los antiguos aztecas confundieron al hombre barbado y a caballo, con Quetzalcóatl, el Dios que la profecía había anunciado. Lejos de intentar alguna acción, simplemente dejaron penetrar al enemigo en el corazón del imperio, sólo para darse cuenta, demasiado tarde, que debajo de esa piel de oveja se escondía un lobo terrible.

Tal vez ya sea el momento de encontrar a ese superhombre dentro de cada uno de nosotros y comenzar por hacer las cosas bien, con disciplina, respeto, honor, responsabilidad y honestidad, pues nunca habrá Supermán con capacidad omnipresente... y si llegase a existir alguna vez, temámosle, pues seguro en poco tiempo se erigirá en dictador.

Borges escribió algunas líneas con respecto al hecho de enfrentar al destino: "Dos hombres esperan en la acera un suceso: la acción ya está en curso y ellos son los personajes principales." ¿Estaremos viviendo una ceguera similar?

(*) Trovador d’époque

Visita el blog del autor en:
http://spaces.msn.com/members/andariego/

Réplica y comentarios al autor: samorales@hotmail.com




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