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Parece mentira, pero sólo cuando la paraestatal PEMEX cobra fallas en sus mecanismos de seguridad, con vidas humanas o destrucción de bienes de la población, o se sufren auténticos accidentes mortales, es cuando nos acordamos que la relación entre los gobiernos de las zonas petroleras -estatales y municipales- está en un momento de urgente revisión.
Los acuerdos, por ejemplo, que logró el gobernador Leandro Rovirosa, quien se la jugó para lograr que la empresa cubriera gastos de afectaciones y cooperara a la infraestructura estatal, quedaron superados por diversos motivos. Hoy no somos la misma cantidad de pobladores, ni PEMEX mantiene relación estrecha con gobiernos. Lo que aporta, para cubrir estropicios, es irrisorio frente a los inmensos ingresos que recibe por venta del petróleo. La abulia de algunos gobiernos le permite burlar compromisos, no sólo acordados, sino los humanitarios, que no puede soslayar ninguna entidad que realice actividades peligrosas y, en este caso, deteriorantes del medio ambiente en el que se desenvuelve la vida humana. Se tienen que soportar deterioros en las casas, muerte de animales de cría, malos y a veces mortales olores, contaminación de fuentes de abastecimiento del agua para la vida y, en ocasiones, explosiones o incendios que cuestan muchas vidas inocentes.
Por ello es tan importante la postura del actual gobierno tabasqueño. Con sus expresiones se solidariza ampliamente con la población, no sólo la del estado, sino de la región, que sufre las inconsecuencias de la paraestatal -que alguna vez fue la empresa latinoamericana más importante-, cuyo cuerpo directivo mantuvo posiciones de respeto y vigilancia del bien social, y que por doquier realizaba exploraciones o explotaciones. Lo mismo ocurría con la petroquímica secundaria, que daba renombre universal al Instituto Mexicano del Petróleo, hoy perdido en la burocracia. Pero seguramente la postura clara, valerosa del gobierno de Tabasco, está en ruta de negociaciones con autoridades federales. No es sólo sentarse a dialogar con PEMEX. "No se manda sola", nos dijeron muchas veces sus dirigentes. Hay una Secretaría de Energía y un Consejo de Administración; ellos definen nuevas actitudes y compromisos cuando rebasan las "capacidades teóricas" de los funcionarios de la empresa. A ellos habrá de acudirse para que haya una nueva relación con PEMEX. Para que la entidad coopere al crecimiento del estado -que viene rezagado de años a la fecha- será necesario involucrarle en las tareas del desarrollo, ya no con miserias para resolver problemas coyunturales.
Además de eso, que es un elemental compromiso, debiera colaborar a la infraestructura caminera, portuaria, social, agropecuaria. Cuántas veces no presentamos proyectos productivos, a los que apoyó con migajas, aduciendo que no tenía ni recursos, ni capacidad para modificar montos acordados, año con año, a su particular decisión y arbitrio. ¿Y los consumos de sus comedores de todos los niveles? ¿Y la compra de otros insumos, como uniformes, botas, cascos y otros? Son tan cuantiosas esas compras que, de quererlo, la paraestatal podría apoyar la creación de empresas que proveyesen, desde la zona hortalizas, verduras, carnes y todo lo necesario para que sus comedores no compren en empresas transnacionales. También podrían crearse empresas que les produjesen, bajo su vigilancia de calidad y a precio competitivo, muchos bienes y enseres que necesita para tareas como las mencionadas. Esto le transformaría en un auténtico polo de desarrollo para la región.
Pero salgamos del terreno de utopías. Mientras éstas se cumplen, exijamos a la empresa que establezca programas permanentes de vigilancia, en las que participen también autoridades locales y la sociedad organizada. Sólo así podrá lograrse que PEMEX cumpla especificaciones del documento normativo vigente, así como actualizaciones que se vayan dando. El CID-NOR-N-S0001 del Comité Interorganismos de Ductos, que contiene los "requisitos mínimos de seguridad para el diseño, construcción, operación, mantenimiento e inspección de ductos de transporte", seguramente tiene un diagnóstico actualizado del estado de los ductos terrestres en todo el territorio de Tabasco. Si no, que lo haga, es su mínima obligación para con el proceso de transporte de sus productos pero, sobre todo, con la población que vive cerca e incluso sobre ellos. El Congreso local debiera priorizar este asunto. Ojalá "no lo eche en saco roto" como hizo con la propuesta que entregamos personalmente a todas la fracciones -hace más de un año- para que se hiciera un extrañamiento al entonces Presidente de la República por "candil de la calle", al ofrecer una refinería y una hidroeléctrica a Centroamérica, tema que está siendo retomado por el ejecutivo federal actual. Volviendo a los ductos, unidos todos, sociedad civil organizada, Congreso local y gobierno estatal -bajo el comando del último- podemos cambiar las reglas de juego con PEMEX, antes de que el futuro nos alcance.
Réplica y comentarios al autor: v_barcelo@hotmail.com
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