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   Gobernar, desafío de un gabinete

Los difíciles momentos por los que atraviesa la economía mexicana vienen mostrando, en un contexto de violencia e inseguridad generalizada, que la capacidad de los hombres que nos gobiernan se fundamenta más en una gama de buenas intenciones que en la meridiana claridad de un proyecto de gobierno sólidamente estructurado; a semejanza de aquella crítica del Nigromante que se mofaba de quienes ejercían "la difícil ciencia de gobernar firmando oficios", y que hoy podríamos parafrasear diciendo: con miles de spots de radio y televisión".

Coincidiendo con Max Weber, encontramos tres características fundamentales que todavía no advertimos en una buena parte del equipo que acompaña al presidente Calderón:

Pasión, responsabilidad y mesura.

Pasión por alcanzar lo que otros una y otra vez únicamente soñaron: colocar a México en la senda de los grandes, sin el temor de lo que aún no se logra, con la confianza de lo que ya se puede y de lo que se podrá si se logra hacer un llamado a la unidad nacional desde la sólida tribuna cimentada en la autoridad moral del gobernante.

Sentido de responsabilidad. Ya nos dimos cuenta que la acción corresponsable de autoridades y ciudadanía puede reemplazar exitosamente la promesa poco cumplida o la retórica grandilocuente. Hoy es tiempo de que la palabra sincera de quien gobierna sea empeñada ante una sociedad que ya muestra signos peligrosos de cansancio y desconfianza. Sería la respuesta eficaz que ayude a redescubrir el potencial creativo de quienes aparentemente no tienen nada y que hoy, semejante a una pizca de esperanza, enarbolan como única herramienta reivindicativa.

Mesura, que evite estallar en triunfalismos, inocencia y autoritarismo. A cada problema se le debe buscar una solución adecuada sin recaer en la espectacularidad o en la violencia institucionalizada. Mesura que no está reñida con firmeza ni con una adecuada dosis de audacia política o económica. Cuidado, la mesura no incita a la pusilanimidad y el esclerotismo foxiano. México, con todos y sus actuales desafíos puede valer mucho más en un mundo de productividad, calidad y agresiva competencia.

Estoy firmemente convencido que estas tres características en el gobierno del presidente Calderón pueden ser la base de la recuperación material y espiritual de nuestra nación.

Fueron muchas las voces que se levantaron para instar la necesidad de medidas espectaculares que dieran viabilidad al nuevo gobierno. Un poder real se detenta cuando se construye la confianza hacia adentro y hacia fuera. No se construye en apariencias momentáneas, sino calibrando en todo momento sacrificios, esfuerzos, logros y posibilidades.

No, no se gobierna firmando oficios o con declaraciones grandilocuentes que nadie cree, ni con costosísimas campañas mediáticas de radio o televisión. Basta recordar que el gobierno foxista gastó -inmoralmente- diez mil millones de pesos en miles de spots de radio y televisión en el efímero afán de autopromocionarse, el más acabado ejemplo de un ejercicio patrimonialista del poder.

Gobernar es actuar, evaluar, corregir, convocar a la unión de fuerzas y al trabajo solidario con autoridad moral. Así y sólo así se dialoga y se avanza objetivamente. Entonces podremos esperar mucho más. Y esto bien vale la pena.

Réplica y comentarios al autor: salvadorordaz@mexico.com




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