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Nuestro país es uno de los pocos en este planeta en el que los ciudadanos pagamos doble tributación. Al gobierno -vía impuestos-, le pagamos por servicios básicos como el de la limpieza. Sin embargo, para que se lleven la basura de nuestra casa estamos obligados a pagar unas monedas a los empleados del servicio público de limpia de nuestra ciudad o municipio.
Pagamos impuestos para tener seguridad en nuestros bienes y propiedades. Sin embargo, si usted y yo no pagamos al franelero o cuidador de carros, corremos el riesgo de que al regresar por nuestro vehículo lo encontremos con las llantas ponchadas o esté de alguna manera dañado, rayado, sin espejos o sin los tapones de las llantas.
Si por fortuna somos dueños de un predio o solar por el que pagamos impuesto predial, tenemos que pagar el precio de vivir en angustia permanente. En muchas entidades de nuestro país se sabe de propietarios que prefieren pagar en especie o en efectivo una determinada cantidad a alguna de las muchas organizaciones de colonos que existen sólo para que no las "invadan".
Lo mismo para quienes son propietarios de una casa o departamento que no habitan. Ellos viven en la zozobra de que un día aparecerán sus propiedades "ocupadas" por "organizaciones vecinales". Poco importa estar al corriente con las contribuciones. Se inicia un vía crucis lleno de sinsabores, malos ratos, honorarios de abogados y jornadas interminables en el afán de recuperar lo que es propio.
La mayoría de las comisiones encargadas de velar por los derechos humanos frente al abuso del poder -me refiero a la nacional y las estatales-, también pagados generosamente con nuestros impuestos, prácticamente se dedican a proteger a la delincuencia organizada y poco les importan las víctimas de esos delincuentes.
Peor deben de andar las cosas si con nuestros impuestos se pagan a las diferentes policías que operan en nuestro país, y aparte tenemos que desembolsar fuertes cantidades de dinero al ser informados que algún familiar es rehén de secuestradores que exigen un pago para ponerlos en libertad.
Algo debe estar muy mal en nuestro país, si los delincuentes sostenidos y prácticamente mantenidos con nuestros impuestos, se dedican impunemente, algunos desde el interior de los reclusorios, a planear y perpetrar innumerables delitos con los que flagelan, sin misericordia y diariamente, a la sociedad.
En fin, aquel cheque en blanco entregado en el 2000 al presidente Fox, que representaba una cantidad que parecía ilimitada en términos de confianza y esperanza, hoy nos arroja un saldo lleno de ingobernabilidad, corrupción, violencia y desempleo. Sinceramente esperemos que en este sexenio que empieza, las cosas marchen de otro modo. De lo contrario, esto no tardará en explotar.
Réplica y comentarios al autor: salvadorordaz@mexico.com
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