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   Después de las elecciones, a la forja de la nueva patria

La reunión secreta en Canadá -Bannf, provincia de Alberta- del "Foro de América del Norte", celebrada entre el 12 y 14 del mes de septiembre, y a la cual acudieron funcionarios de alto nivel -civiles, militares, empresarios, políticos y otros estrategas- de Canadá, Estados Unidos y México, incluidos tres asesores del presidente electo Calderón, según versión del Center for Research on Globalization, pretende "profundizar la integración de América del Norte", siguiendo lo que es una tendencia planetaria, ampliamente ejemplificada en la ahora Comunidad Europea, y que ha arrojado excelentes resultados en los niveles de vida de los habitantes de esa región.

Pero las pretensiones imperiales, respecto a toda América, no radican en proveer de mejores condiciones de vida a los millones de seres involucrados. Al contrario, lo que se busca es lograr el control de los recursos naturales cuantiosos, como son los hidrocarburos, el agua, el uranio, entre otros, para que, al concretarse la conformación de una sola nación continental, éstos queden bajo comando de las transnacionales y sus amanuenses, en todas y cada una de las porciones territoriales que ahora son los países latinoamericanos. Una prueba fehaciente de ello fue el empeño para acabar con la Coalición por el Bien de Todos, que se reflejó en las reacciones y actitudes de los personeros del imperio y sus periódicos, quienes dieron por perdedor -antes de que se emitiera una resolución- al candidato a la presidencia de la formación partidaria que puede sostener a México como nación.

No es de fácil asimilación para muchos la comprensión de tan oscuro futuro para el país. Un repaso veloz de lo ocurrido hasta ahora, en los más de diez años de vigencia del TLC, nos permiten visualizar ciertos hechos. Las jornadas de lucha de la Confederación Nacional Campesina por crear condiciones favorables de competencia en el ámbito agrícola, que permitan que los productos hechos en México se vendan en las grandes tiendas departamentales, han sido infructuosas. Pero aún viene lo peor, "sin que se les mueva un pelo" a las autoridades. En el 2008, maíz, frijol y otros productos quedarán exentos de controles. Los productos estadounidenses inundarán el mercado por su alta productividad, ya que los productores del imperio reciben altísimos subsidios.

Y no sólo allí están los problemas. El crecimiento de importaciones de todo tipo, ya sea de productos para el consumo popular u otros, hizo desaparecer miles de empresas medianas y pequeñas. Se les ofrecieron en su momento programas bien elaborados, pero incapaces, por su costo, de apuntalar sus posibilidades de competencia. Las negociaciones con el imperio nos convirtieron en un país de servidores. Sabemos que nuestro trabajo se concentra en el sector terciario. Sin embargo, ahí también habrá competencia y capitales que pueden afectar a los mexicanos incorporados al turismo, transporte y servicios de asesoría y asistencia.

La disyuntiva es grave para quienes comprenden estas perspectivas. Aquí se involucran cuadros importantes de los partidos políticos en ambas cámaras, así como no pocos agrupamientos políticos. Entienden que las instituciones ya no operan. El cuento de la transición se pasmó. ¿Seremos capaces de negociar mecanismos que se asemejen, en el proceso obligado de interconexión con el imperio, a los que la CE aplica para igualar sectores productivos y de servicios antes de lanzarles a una competencia criminal? Ello implica un gobierno consolidado, con un plan bien elaborado de cambios legislativos, negociaciones al interior del TLC y otros asuntos prioritarios. Sobre todo debe ser capaz de definir, con las demás tendencias, la clase de país que queremos para ahora y para mañana.

¿La patria que buscamos será ésta que anuncian los señores del dinero y el imperio? No lo creo. Aun quienes tuvieron y tendrán que salir a buscar el sustento, saltando muros y enfrentando la cárcel o las balas, sueñan con un país distinto, en donde puedan encontrar un empleo bien remunerado, seguridad, tranquilidad para cubrir sus requerimientos educativos y de salud para ellos y los suyos.

Los mexicanos, en su inmensa mayoría, queremos algo distinto. No estamos de acuerdo con las pretensiones de algunos grupos que pugnan por entregar nuestra riqueza, coludiéndose con grandes capitales externos, para lograr sólo las migajas del imperio. Por ello, el inicio de un sexenio gubernamental lo hemos visto siempre de manera pesimista como un oscuro amanecer. Es vital que ahora comencemos por construir un pacto social abierto, que cobije a todos, y donde se discuta lo que deseamos concretar. Allí está la base constitucional que se basa en el tiempo, vidas e inteligencia que se invirtieron en ella. Partamos de ésta, para no fallarle a nuestro pueblo.

Réplica y comentarios al autor: v_barcelo@hotmail.com




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